5 #2
—Vendrán a reponer la máquina de snacks, que está casi vacía. No hay patatas fritas, y aquí, aunque muchos quieren ser fitness, los aperitivos grasientos y los refrescos son lo primero que se acaban, jajajaja. A ver si ponen ya unas cervezas, que para aguantar estas jornadas tan duras de trabajo… —
Nuevamente rompimos en carcajadas, sin embargo, algo dentro de mí, me decía que la rutina diaria iba a cambiar, y pronto, pero… no me esperaba lo que ocurrió. Ninguno lo esperábamos.
—Una pregunta… Eso que decíais de que aquí no suele venir nadie de fuera del centro… ¿Con qué frecuencia suele romperse esa premisa? —Pregunté.
Los monitores parpadearon una milésima de segundo y de repente todo volvió a parecer “normal”. Lo que en segundos parecía un coche volvió a ser una carretera totalmente vacía.
—Ya está, la informática es lo que tiene. Cuando se queda colgado el sistema de cámaras… no es la primera vez que durante varios días se queda fija una misma imagen, o directamente, desaparece la cámara del monitor. —¿Y a nadie le parecía raro eso?
Velasco estaba llamando por teléfono a los informáticos, encargados del restablecimiento de las cámaras.
Un minuto escaso más tarde, se volvió a guardar el teléfono y nos dijo.
—Y así, todo. Los que supuestamente tienen que mantener estos sistemas funcionando perfectamente están, en sus casa, cobrando una pasta, para decirte que, si falla, apagues y vuelvas a encenderlo. —
En el monitor tres, donde se encontraba el límite de las instalaciones, tampoco estaba el supuesto animal, o sombra, o lo que fuera que estaba tirado en el suelo.
De hecho, ni la hierba, ni la vegetación de la esquina este, donde hace unos segundos se encontraba la sombra, estaba hundida, aplastada o revuelta.
Un pequeño calambre recorrió mi cuerpo, un espasmo en la zona de la columna vertebral y la piel erizada, como si fuera un sexto sentido me puso en prealerta.
Algo me decía que… estaba ocurriendo algo, pero…
todo parecía normal. Mis paranoias parecían que me querían jugar una mala pasada.
Con lo bien que nos lo estábamos pasando…
creía que estaba volviendo a una media normalidad. Me acerque un poco más a los monitores.
—Te vas a quedar ciego. No te arrimes tanto coño. No vas a ver nada. Aquí, de vez en cuando, se va la luz, se oyen tintineos extraños, los equipos informáticos se cuelgan… son cosas que pasan.
—Si, sobre todo cuando hay tormenta. ¿Te acuerdas aquella vez que nos quedamos aquí encerrados durante tres días porque las puertas no respondían?
Vaya mierda de cerraduras eléctricas y vaya mierda de seguridad.
Se fue la luz con la tormenta Filomena, en 2021, y como los de mantenimiento no estaban, porque estaban calentitos en sus casas, y no podíamos contactar con los servicios locales…
por temas de seguridad y esas tonterías…
casi morimos de hambre y frio. Menos mal que pudimos llamar por teléfono a las familias para informarles que haríamos horas extras.
La mujer de este estaba histérica. Pero no por él, o por como estuviera, sino porque tenía cena familiar y tuvo que aguantar a su suegra ella sola, jajaja. —
—Oye, no te pases, que mi madre es una santa. —
—Un ángel, jajaja, tu madre es un ángel…
¡bajado del cielo a pedradas! Jajajaja, y tu padre un mártir.
La única santa allí era su mujer. Tuvo que aguantar a sus padres, sus suegros, los cuatro niños y al perro durante los tres días.
¿Te acuerdas que las calles estaban con una altura de medio metro de nieve?
no podían bajar a la calle y adentrarse en ella ni cuatro pasos, no se veía que había debajo de tanta nieve ni por donde estabas pisando, Jajajaja. —
El tira y afloja de lo que ocurrió durante la tormenta Filomena duró un par de minutos. Los últimos que tendríamos de relax en las siguientes horas, pero eso, no lo sabríamos todavía.
—¿Hay hoy tormenta? —Pregunté.
—¿Qué? —
—¿Que si hay tormenta?, hoy, ahora, ¿hay tormenta? —
—¡No! —Respondieron los dos al unísono.
—¿Cuantas veces han parpadeado antes las luces?
—Pues… un par de veces, creo ¿por qué? —Dijo Rafael.
—Cuando ocurre normalmente lo de las luces ¿solo ocurre un par de veces? —
—Pues… hostias, no las cuento ¿por qué? —
—Porque cuando parpadean las luces suele ser por picos de tensión, bajos o altos.
Esos picos de tensión, desde mi desconocimiento, porque no soy electricista, se suelen dar por descargas eléctricas cercanas, por ejemplo, durante una tormenta, y ocurre cada vez que descarga un rayo e impacta en el suelo.
Una por impacto. Lo cual encajaría perfectamente en tu explicación, salvo porque no hay una sola nube en el cielo.
—No dejo de mirar los monitores, cada vez más cerca.
Mi voz, a cada segundo, denotaba un poco más de preocupación.
—Pueden ser por perturbaciones o pequeños cortocircuitos en la instalación eléctrica del edificio.
Es decir, estar en malas condiciones, cables pelados, pequeños cortocircuitos o sobrecarga en la red.
En ese caso, el titilar de las luces no ocurriría únicamente dos veces y durante microsegundos, sino que durarían todo el tiempo que dure la sobrecarga o mientras se utilice esa sección eléctrica.
—Algo no me gustaba de lo que acababa de ocurrir en los monitores.
Quizás fuera una paranoia, una locura mía o un déjà vu, pero algo me era muy familiar.
Seguí con mi explicación. —O por conmutaciones en la red.
Conexiones temporales de elementos externos a la red eléctrica que produce un micro pico apenas perceptible.
Depende también de los aparatos que se conecten, de la capacidad de absorción de esos picos por la red, y de cuantas veces se encienda o apague el aparato en cuestión. —
—¡Joder con el Thomas Edison este! Menos mal que no sabías nada de electricidad.
—Velasco estaba muy sorprendido. Es cierto que me ayudaban a ponerme al día con el método de trabajo de ese lugar.
Aparentemente, un novato en este lugar. Para ellos, únicamente era un analista más.
No les había dado explicaciones de por qué estaba allí o de dónde venía.
—¡A ver, que te ronda la cabeza! —Rafael no entendía nada. Yo no dejaba de mirar el monitor, y ellos conmigo, aunque estaban desconcertados. La culminación de su desconcierto llegó cuando terminé de contar por segunda vez en voz baja. —177, 178, 179, 180 ¡Mierda! —
—Pero ¿dónde vas? —
Salí corriendo desde la sala de monitores, en el sótano, hasta la segunda planta.
Cauto, por lo que creía que estaba pasando, Tomé precauciones y me agache antes de asomarme por una de las ventanas de la planta superior.
Recordé que, en tiempos mejores, y depende la ocasión, convenía ver sin ser visto.
No veía nada a través del cristal pues los últimos halos de luz del atardecer no ofrecían la luminosidad suficiente para distinguir nada.
Me dirigí a otra de las ventanas, con vistas al norte.
Nada, solo veía un par de banderas ondeando al son de la leve brisa cálida que corría por aquellos lares.
Quedaba por otear a través de una puerta que daba acceso a una pequeña terraza.
Acto seguido aparecieron Velasco y Rafael a mi espalda, jadeando por el esfuerzo que suponía el subir a la carrera dos pisos, sin saber que ocurría.
—Agachaos, y estaros quietos. —Les dije.
Diez minutos más tarde, ya había desaparecido cualquier leve resquicio de luz y el crepúsculo residual no permitía distinguir nada a más de cincuenta metros.
La carretera se intuía a lo lejos, pero a simple vista no se apreciaban vehículos circulando por ella.
No era raro, ya que esa carretera era una pequeña vía pecuaria que no aparecía en ningún mapa ni GPS.
De vez en cuando circulaba por allí algún paisano de la zona con su carreta o su Datsun Sado [5] , pero nada más.
—¡Pero, qué cojones te pasa! ¿Por qué has subido corriendo aquí? —Todavía continuaban jadeando por el esfuerzo. —¿Porque estabas contando abajo?, ¿Y que fue esa disertación sobre las luces que nos soltaste ahí abajo? —
—Hugo, no pasa nada. Esto es un puto chamizo que se está cayendo a cachos y la luz falla.
¡No te vuelvas loco tío! —Rafa cada vez entendía menos.
En ese momento, y no se lo puedo reprochar, creo que pensaron que era un esquizofrénico o un paranoico.
Hacía y decía cosas incomprensibles para ellos.
Pero mi cabeza estaba a otras cosas. Tenía que asegurarme que mi corazonada era correcta, pero por nuestro bien, esperaba que no fuera así.
Que realmente me estuviera volviendo paranoico, loco. Ojalá hubiera sido así.
Los minutos siguientes permanecí callado, hasta que, finalmente susurré.
—Dos picos de luz, dos conexiones externas. El parpadeo de los monitores y, la imagen se repite cada 180 segundos, es lo que estaba contando abajo. —Rafael estaba sobrepasado
—¡Pero qué cojones me estas contando! La imagen se ha refrescado porque las putas cámaras son viejas. La imagen se quedó congelada, no pasa nada, ha vuelto a reengancharse, y siempre se repite porque ahí fuera siempre hay lo mismo, N, A, D, A, ¡NADA! No te hagas pajas mentales. —
De repente, unas tenues luces se encendieron a lo lejos, y tan rápido como se encendieron, se apagaron, en una hilera perfecta.
Cinco, se vieron claramente, y la última se encontraba ligeramente más alta que el resto.
Esperé durante varios minutos con la esperanza de volver a verlas.
La oscuridad ya había engullido la poca luz que daban los nimios farolillos que se encontraban pegados al edificio circundando el lugar.
—Allí hay coches, varios, por lo menos cuatro, y un camión, con las luces apagadas. En los monitores no aparecen. —