16. Oscuridad
¿Que me olvide para siempre? Querido Diego, esto no ha hecho más que empezar.
Sabía de sobra que su reacción sería esa, pero no puedo ni quiero dejar pasar esta oportunidad.
Al fin y al cabo, si no es cierto, como espero, ya se le pasará el cabreo.
Y en caso de que la acusación sea cierta, sintiéndolo mucho, no puedo tener por compañero de cama a un asesino, aunque sea tan guapo.
—Bueno —les digo a mis invitados—, que los doctores se hayan marchado es una reacción lógica por su parte, tanto si son inocentes como si no lo son. Lo mejor será que acabemos este delicioso postre que, como ven, tiene un nombre muy apropiado para la ocasión.
—En realidad, yo he perdido el apetito —manifiesta Ángel, apartando el plato con la torrija.
—Igual es que también tienes algo que esconder —le contesto.
—Es increíble, lo tuyo no tiene límites, Sandra —me dice entonces Gloria, la compañera de Ángel, en su defensa—. ¿En serio piensas que vamos a estar aguantando aquí toda la mierda que quieras echarnos encima? No tenemos por qué responder ante ti .
—En realidad sí lo tenéis que hacer, soy la jefa del programa.
—Veremos por cuánto tiempo más —dice Gloria poniéndose en pie—. ¿Vamos, Ángel?
—¿Por qué no nos tranquilizamos un poco? —señala Adrián—. Propongo que…
—Nos vamos —le corta Gloria mirando a Ángel.
—¡Claro que nos vamos! —contesta él—. Y mañana pienso poner una queja en dirección. No tienes la impunidad que piensas.
—Querido, deberías saber que no es bueno tenerme como enemiga. —Vuelvo a fastidiar a Gloria llamándolo querido—. La impunidad te la da la audiencia —digo riendo—. Y lo que va a ocurrir mañana es que la voy a reventar.
—Tarde o temprano tendrás tu merecido —me contesta Gloria con todo el odio del que es capaz—. Buenas noches.
Y ambos se van.
—¡Vaya tela, Sandra! —dice Fran rompiendo su silencio—. Desde luego que sabes organizar cenas entretenidas.
—Ni que lo digas. Y yo que pensaba que el bombazo era lo de mi entierro ficticio —dice entonces Adrián—. La que has montado lo deja a la altura del betún. Pero, ¿qué hay de cierto en todo esto de los asesinatos?
—Es lo que debe investigar nuestro subinspector. Mis fuentes son siempre fiables y, por supuesto, no puedo desvelarlas .
—Siento recordarles que debemos pasar a recoger cosas del estudio y que allí pronto cerraran las puertas. Así, si van acabando, lo mejor será que salgamos cuanto antes.
—Es cierto, Esther —le contesto—, vamos ya.
De nuevo en la calle, estamos paseando hacia el estudio donde nos despediremos por esta noche.
La cena comenzó con ocho personas y nos hemos quedado solo cuatro.
Esperaba la reacción de los dos doctores, pero no la de Gloria y Ángel.
Sé que ambos me guardan resentimiento por no haber logrado mi puesto en el programa, pero aun así los he visto demasiado nerviosos y agresivos cuando hemos hablado de los posibles delitos.
Igual debo indagar más en sus vidas. Si es un bombazo televisivo que dos invitados a un programa sean culpados de asesinato, no lo es menos que ocurra lo mismo con los reporteros del programa.
Mi ayudante, Esther, y Adrián caminan juntos delante.
Ambos parecen haber congeniado bastante bien.
Esther es callada, pero muy eficiente; no se le escapa ningún detalle.
Siempre con esos vaqueros ajustados y su coleta alta, presenta un aspecto muy juvenil, aunque debe de pasar los treinta años.
Está conmigo desde el inicio del programa, ya hace más de dos años.
Al parecer había estudiado un módulo de producción cinematográfica, aunque apenas había trabajado aquí y allá.
La conocí por casualidad, pero me cayó bien al momento.
Cuando me dieron el puesto y necesité un ayudante, enseguida pensé en ella.
Se encontraba realizando pequeñas tareas por el plató. Sin duda alguna fue un acierto .
Fran camina a mi lado; no está muy hablador.
Imagino que está un poco abrumado por el encargo que le ha caído en la cena.
Deberá comentarlo con sus superiores, pero es de esperar que los casos sean suyos en el momento le facilite los detalles que tengo para que pueda comenzar con la investigación.
Aunque va meditabundo, sus ojos no paran de posarse en el culo de Esther.
Parece que le ha quedado cierta fijación desde esta tarde, cuando lo vi mirando.
Fran es magnífico en la cama y siempre está dispuesto a un revolcón.
En una ocasión me confesó que para su esposa el sexo era un mal necesario.
Ella se hubiese contentado con hacerlo un par de veces en su vida, con el resultado de sus dos retoños.
Creo que Fran se disculpa a sí mismo pensando que si recurre a otras mujeres, es porque en su casa no tiene cubiertas sus necesidades sexuales vitales.
Cada persona busca una excusa cuando engaña a su pareja.
También los hay como yo, que no necesitan excusas, que no tienen escrúpulos.
—Fran, no me gustaría que tuvieses ningún rollo con mi ayudante.
Y, en ese momento, consigo que su mirada pase del culo de Esther a mis ojos.
—Pero ¿qué diablos dices, Sandra?
—La quiero mucho para que nadie le pueda hacer daño y tú ya tienes bastantes frentes en tu vida, ¿no te parece?
—Sí, tengo bastantes, más de los que quisiera, y tú no haces más que complicarme la vida .
—No te quejes, si resuelves estos asesinatos, vas a pasar a ser el inspector Amat. De esta te ascienden seguro.
—¿No has pensado que igual no todos queremos ascender a toda costa?
—Mira, Fran, en esta vida no puedes quedarte para siempre en el mismo estado, solo hay dos sentidos. Hacia arriba o hacia abajo. Es tu elección ir en un sentido u otro, pero siempre, elijas el que elijas, implica sacrificios.
—Una cosa son sacrificios y otra son cadáveres por el camino.
—Exacto, Fran, y eso es cosa tuya, es justo lo que tienes que investigar.
Entra, por favor —le señalo la puerta, pues ya hemos llegado al estudio y Esther y Adrián ya han entrado.
Al mismo tiempo, le digo en voz baja—: No te vuelvas, pero a tu izquierda, tras un árbol, me parece ver escondido a Juan Carlos, el tipo de antes.
—¡Maldita sea! —grita Fran sin hacerme ningún caso y volviéndose hacia la persona escondida—. ¡Eh, usted, venga aquí! —Pero el aludido sube a un coche que estaba junto a él, arranca, y huye de inmediato—. No me gusta nada ese tipo. Mañana lo investigaré a fondo y le haré una visita.
—No te preocupes, ya te digo que es inofensivo, aunque es muy pesado. Venga, pasa de una vez y espérame en mi camerino, ahora entraré a recoger mis cosas y, si quieres, me acompañas a casa. Primero voy un momento al plató.
Tengo la costumbre, tras cada programa, de quedarme en el plató vacío unos instantes, a solas, mirando la cámara apagada y recapitulando los mejores y peores momentos del programa.
Eso me ayuda a corregir detalles para el siguiente programa.
La tensión del directo contrasta cuando me encuentro en el mismo lugar, pero sin los focos, los invitados y el resto del personal.
Estando sola me adueño, todavía más si cabe, de ese espacio que es el plató.
Así vuelvo con más fuerza para la siguiente emisión.
Ya estoy aquí, sola en medio del plató, en mi sitio de costumbre.
Empiezo a sentir esa sensación, se me hincha el pecho y vienen a mi mente los recuerdos de los momentos del programa.
Pero justo en ese instante, cuando mis sentidos reciben todos esos estímulos, justo entonces, se va la luz.
Mientras espero a Sandra en su camerino, varios pensamientos se amontonan en mi mente.
Mis remordimientos por un lado y mis deseos por otros.
¿Cómo puedo ser tan celoso y tan infiel al mismo tiempo?
Este aluvión de pensamientos me atormenta e inquieta, hasta el punto de que me llevaron no hace mucho tiempo a la consulta de un psicólogo.
Por suerte no era ninguno de los de esta noche.
Al parecer, no comparto con nadie mis problemas, los voy almacenando hasta que revienta el envoltorio.
Pistantrofobia me diagnosticaron, entre otras cosas o, lo que es lo mismo, miedo a confiar en los demás.
Pero, ¿cómo voy a confiar en los demás con el trabajo que tengo?
Y, sobre todo, ¿cómo voy a confiar en los demás si no puedo confiar en mí mismo?
Esta noche debería haber cenado con mi mujer y mis hijos, y, en lugar de ello, he acudido a una cena con desconocidos que ha desembocado en dos posibles homicidios.
Ahora debería irme a casa y aquí estoy esperando a Sandra.
Una mujer que solo se quiere así misma, a la que le importa más su carrera que cualquier persona y que solo me utiliza para su propio beneficio.
Bueno, y para follarme, que al fin y al cabo es para lo que yo también la quiero a ella.
Un nuevo corte repentino del suministro eléctrico me saca de estos pensamientos inquisidores.
Al final, voy a pensar que es cierto lo de que la cadena de televisión no paga las facturas de la luz.
Llevan toda la tarde con estos cortes. Se oyen voces alborotadas del poco personal que aún quedaba en el estudio.
Unas piden tranquilidad y otras dicen que seguro que pronto se restablecerá el servicio o se pondrá en marcha el generador de emergencia.
Lo cierto es que apenas transcurren unos minutos cuando una vez más vuelve la luz.