14. Postre
La cena está transcurriendo de forma tranquila, fuera los clientes no han aumentado, la pareja que había se ha marchado y en su lugar han entrado tres chicas nuevas que charlan entre ellas sin alboroto.
La mesa más numerosa continúa con sus acaloradas discusiones, ya entrados en las copas, el ambiente va subiendo de tono.
Esto nos proporcionará a nosotros mayor intimidad.
El delito de Torrija acaba de hacer aparición.
Está espectacular. Parece increíble cómo un postre tan humilde como una rebanada de pan se puede transformar en algo tan exquisito.
El pan, bañado en leche y algún licor que no acierto a adivinar, rebozado en huevo, frito en aceite de oliva virgen extra, recubierto en azúcar…
Desprende un suave olor a canela. Todo ello acompañado de una pequeña bola de helado de vainilla.
Aunque el verdadero postre de la cena va a llegar en estos momentos con mis palabras.
—Bueno, queridos —digo mientras me pongo en pie para captar mejor la atención de los presentes—, como les prometí antes de empezar la cena, vamos a tener una noticia especial que acompañará a este postre tan exquisito .
—Que en esta ocasión no me concierna a mí, por favor, creo que ya han tenido bastante —dice riendo Adrián.
—Tranquilo, no es ningún asunto tuyo —le contesto, mientras apoyo la mano en el hombro de Fran, que me mira intrigado—.
Habrán pensado que el hecho de que nos acompañe el subinspector Fran Amat era tan solo porque es un gran amigo.
—Noto cómo Fran me pellizca la pierna por debajo de la mesa y hago un movimiento brusco por el susto que parece pasar desapercibido entre los asistentes—.
Lo cierto es que además de la gran amistad que nos une, le he pedido al subinspector que nos acompañe esta noche porque va a tener que investigar dos delitos que hasta ahora parecen haber quedado impunes.
La cara de los comensales en ese momento es justo la que me esperaba.
—Me parece increíble esta forma de hacer las cosas, no veo nada bien esta encerrona —añade Ángel, más asustado que cabreado.
—No tienes que preocuparte, querido. —Sé que a su esposa le fastidia que lo llame así y justo por eso lo hago—. Ninguno de los dos delitos a los que me refiero te atañe a ti.
—Aun así, no me parece bien esta forma de proceder —vuelve a decir Ángel, aunque da la impresión de habérsele quitado un peso de encima. ¿Tendrá algo que esconder también?
—Déjela continuar, por favor, que nos tiene en ascuas —dice Diego con sorna .
—El primero de los delitos concierne a la doctora Constante —digo clavando mis ojos en los suyos mientras veo su cara de susto.
—No entiendo —dice ella.
—Tiene que ver con un incendio que ocurrió en el orfanato de San Segundo —continúo diciendo.
—El incendio de San Segundo fue hace muchos años, no tengo nada que ver con eso —dice la doctora Alegría nerviosa por la acusación.
—No entiendo qué tiene que ver un inspector de homicidios en un incendio —señala Diego.
—Subinspector —matiza Fran.
—No solo hubo un incendio, también un homicidio al parecer —le corrijo.
—Esto me parece intolerable, Sandra —dice el doctor cabreado, supongo que por defender a Alegría—. Lo mejor será que nos vayamos doctora, no tiene usted por qué tolerar esas acusaciones siendo su invitada. Es bochornoso —insiste, tomando a la doctora por el brazo para levantarla.
—Antes de irse, doctor, quizá le interese enterarse del segundo delito que Fran deberá investigar.
—Te equivocas, no tengo ni el más mínimo interés.
—Pues debería, dado que este le concierne directamente a usted —le digo esbozando una leve sonrisa.
—¿Qué quieres decir ?
—Se trata de su padre, doctor. —La mirada de Diego se transforma en sorpresa abandonando el enfado que manifestaba segundos antes.
—¿Mi padre? ¿Qué pasa con mi padre?
—Según mi información, su infarto no fue casual, sino más bien inducido por algo y, más concretamente, por alguien: usted.
—¿Cómo? ¿Qué estás diciendo? Esta vez te has pasado, Sandra.
No tienes límites ni escrúpulos. Eres capaz de cualquier cosa.
¿Para eso nos has hecho coincidir a los dos en tu estúpido programa?
Un tema insulso para tu reality que en verdad te daba igual, tu única intención es sacarnos en televisión para que nos conozcan y al día siguiente sacar un bombazo: «los doctores del programa acusados de dos asesinatos».
Así ya tienes carnaza para tus telemierdosos en una larga temporada.
No hace falta aclarar su tono, lo que de verdad me fastidia es que me conoce a la perfección y ha acertado de pleno con mis intenciones.
—Lo siento, ante todo soy una periodista y no puedo faltar a la verdad. Si esto es cierto, mi deber es informar. Luego la policía hará el resto. Si son inocentes, no tienen motivo para preocuparse ni molestarse.
—¡La infamia en sí es motivo de sobra! Vamos, Alegría —le dice Diego a la doctora—. No tenemos por qué aguantar esto. Lo mejor es que nos marchemos. Y, Sandra, olvídame, para siempre, aunque si sigues en esta línea tendrás noticias mías .
Ambos doctores se dan la vuelta y se marchan sin mirar atrás.
El rostro de Sandra no se inmuta, tan solo esboza una sonrisa.