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…donde no puedes seguirme

Busqué pruebas en la biblioteca, huellas de la mujer rubia.

Tenía que averiguar si seguía viva. ¿Quién era?

¿Dónde estaba? ¿Por qué ocupaba yo su lugar?

¿Era ella lo que él debía solucionar —en un sitio sin cobertura— para poder dedicarse por completo a nosotros ?

¿Qué era Vik, una especie de Barba Azul?

¿Y la secta? ¿Cómo de peligrosos eran? Necesitaba recabar datos. No manejaba demasiada información sobre las sectas. Esas noticias siempre las pasaba por alto.

Chica rescatada de las garras de una secta.

Era algo que a la brillante hija de la doctora Anne Cassidy nunca iba a ocurrirle. Por Dios. Con su matrícula de honor sabría reconocer una secta en cuanto la viera.

A la brillante hija de la doctora Cassidy no se le ocurrió pensar que las sectas no parecen sectas. Hasta que descubres que lo son. Así que a lo mejor no era tan brillante.

—Quiero comprenderlo —le solté en la cena.

—¿El qué?

—Lo de la secta.

—Willa. Las palabras son peligrosas. No uses esa. Si de verdad necesitas ponerle un nombre, piensa en ello como en una fraternidad.

Claro que sí. Qué inofensivo.

—Pues la fraternidad. ¿De qué va? ¿A quién veneráis? ¿A Dios ?

—No. Dios no pinta nada en este asunto.

—¿Pues en qué creéis? A ver, tendrá alguna finalidad toda esta… organización sin ánimo de lucro.

Pinchó un trozo de pescado y se lo llevó a la boca sin prisa. Me di cuenta de lo que hacía: se tomaba su tiempo antes de responderme. Dosificaba la información.

—Creemos los unos en los otros.

—¿Qué eres, un libro de autoayuda?

Se rio. Una risa real, que rebajó un poco la tensión del momento.

—Tu ingenio fue una de esas cosas que hicieron que me enamorara de ti.

—No me estás dando nada, Vik, y lo sabes. Háblame . Haz que lo entienda.

Se lo pensó unos segundos.

O puede que solo me evaluara mientras decidía hasta qué punto debía contarme.

—No hay mucho que decir. —Soltó el tenedor, y también un suspiro—. Solo somos un grupo de personas que comparten la misma visión del mundo.

—¿Que es…?

—Todo puede ser mejorado.

—Qué propósito tan noble.

—Estás siendo irónica.

—Y tú, muy críptico. Dime qué hacéis de verdad.

—Tomamos las decisiones correctas.

—¿En nombre de todos?

—Es como funciona el mundo, Willa. Desde antes de los faraones. Siempre hay alguien decidiendo por los demás .

—Sí, claro. La ley de la selva, ¿no? Los fuertes dominan a los débiles.

Contuvo una sonrisa.

—No pretendemos dominar. Intentamos ser eficientes. Nada más.

—Cuando me lo cuentas tú suena a mensaje corporativo. Pero lo que yo oí en esa primera cena… Lo de que la regeneración es necesaria, que el sistema está podrido...

—El mundo se renueva todo el rato. Y nadie lo ve como algo malo. En la naturaleza no existe la culpa. Existe la supervivencia.

—Simplifiquemos el ecosistema: para que algo sobreviva, otra cosa tendrá que morir.

—No cuestionemos el equilibrio natural.

Tomé un sorbo de vino.

Dejé la copa sobre la mesa.

Clavé la mirada en la suya.

Pasaron segundos. Años… ¿Qué era el tiempo? Solo un concepto que intentaban arrebatarme.

—¿Hablamos claro?

Sonrió.

—Si te empeñas.

—Te diré lo que pienso de todo esto.

—Adelante.

—Creo que vives en un mundo de cazadores y presas.

—¿Preferirías uno destinado a extinguirse?

—Tal vez. Todo lo que nace tendrá que morir, ¿no?

—¿Por qué?

Fruncí el ceño y lo calibré en silencio durante unos segundos .

—¿Es que no creéis en la muerte?

—Creemos que después de morir hay otra forma de seguir viviendo.

Juntos por toda la eternidad.

Todo cobraba sentido.

Me había casado con un pirado.

*****

En la biblioteca no había nada. O yo no sabía dónde buscar.

Necesitaba encontrar a mi amiga, la del velo. Era la única persona en la que podía confiar en la isla. La última vez la había visto en casa de David. Necesitaba volver ahí.

La ocasión se presentó unos días después.

—David da una fiesta esta noche. Le diré que no te encuentras bien.

—No lo hagas. Quiero ir.

Se giró y me miró con una arruga entre las cejas.

Le costaba identificar mis intenciones. Yo era como el mundo de su madre: igual en apariencia, torcida por debajo.

Le preguntaba por su ideología.

Me bebía el zumo sin protestar.

Dejaba que me besara en los labios —él no había intentado nada más. Se lo habría concedido.

Pero Vik debía de saber que tenía mis propios intereses. No se fiaba de mí, y no terminaba de relajarse. Me conocía. Sabía que no le sería fácil doblegarme.

Era por lo que me había escogido .

Él era un cazador. No quería que la presa se rindiera sin más. Quería que corriera.

Y yo no corría. Yo estaba siendo muy buena chica, lo cual lo inquietaba.

La parte de mí que siempre lo observaba todo desde fuera, la Willa fría y analítica, veía lo descolocado que estaba.

Y lo disfrutaba.

*****

La mujer estaba ahí. Levantó la mirada un segundo y la reconocí.

Pero para llegar hasta ella, primero tenía que mezclarme con los demás. Acercarme demasiado pronto nos hubiera puesto en evidencia a las dos. Debía aprender a tener paciencia. A pensar como un cazador.

—Willa. Cariño. Me alegro de ver que te has recuperado tras el… ya sabes.

—Dilo. A mí me gusta poner nombre a las cosas.

Lía, de impecable blanco, compuso una sonrisa incómoda.

—Bueno. El… El aborto —susurró.

Increíble, joder. ¿Eso era lo que les había contado Vik? ¿Que no podía salir de casa porque estaba devastada?

Después de indignarme, vi el lado bueno. Me daba cierta ventaja.

—Sí. Estoy recuperada. Físicamente, al menos.

—Estoy segura de que todo saldrá bien la próxima vez. Lo conseguiréis .

—Vik se esfuerza mucho.

Lía se lo comió con los ojos. Él estaba hablando con David, pero me miraba cada tres segundos.

—Ya lo sé.

¡Oh, Dios Santo! Seguro que montaban orgias. Eso era muy de las sectas. Tanto contacto con la naturaleza ancestral despierta la libido.

Me sacudí y decidí conseguir una copa, ahora que ya no estaba embarazada.

*****

Todo el mundo intentó consolarme por mi pérdida. Eran súper cariñosos. Estaban a un paso de arrastrarme a sus lupercales.

El último en acercarse fue John.

Me pilló a solas. Otro cazador que estudiaba el perímetro. Sí que era un mundo de cazadores y presas.

—¿Cómo estás? —me susurró. Sus labios casi rozaban mi oído.

Él sabía lo del DIU. Y no me había delatado.

O sí.

Cuando todo el mundo miente, es difícil discernir la verdad. Tenía la sensación de que en aquella fiesta todos llevábamos una especie de máscara. Nadie sabía qué ocultaban los demás.

—Estoy bien.

—¿Qué ha ocurrido realmente?

—No estaba de humor para estos simposios .

—Willa, tengo que preguntártelo. ¿Te retienen aquí en contra de tu voluntad?

Analicé su mirada. Un gris de lo más persuasivo, el de sus ojos. Me instaba a confiar en él. A decírselo todo.

¿Qué hacía John en la isla? ¿Ejercía la medicina? ¿O era uno de ellos? ¿Era un caballo de Troya?

—No. Claro que no.

Asintió, compuso una pequeña sonrisa y me dejó en paz.

Vi que David se llevaba a Vik al interior de la casa. Era mi momento.

—Tengo que hablar contigo —le susurré a la mujer del velo mientras fingía escoger algo del bufé libre.

Negó con la cabeza.

—He descubierto que son una secta.

Abrió los ojos de par en par, me agarró por la muñeca y me arrastró tras unos arbustos. Ella parecía saber dónde podían vernos u oírnos y dónde no.

—Ten cuidado. Y hagas lo que hagas, obedece. No tienes ni idea de dónde te has metido.

—¿Quién eres? ¿Cuál es tu nombre?

—¿Qué importa eso?

—Nos han quitado la libertad y el tiempo. No permitamos que nos quiten también los nombres.

Se bajó el velo. Era mayor de lo que esperaba. Le eché más de cuarenta.

—Me llamo Sarah.

—Hola, Sarah. Yo soy Willa.

—Lo sé. Hablan de ti a todas horas. A David no le gusta que estés aquí.

—Y yo que pensaba que quería follarme …

—Quiere hacerlo. Quiere follarnos a todas.

—Pareces conocerlo bien.

—Lo conocí antes de esto. Me casé con él en la universidad. Yo fui la primera mujer de su Eden.

Me quedé boquiabierta. Ella era Eva. La verdadera.

—¿Y cómo acabaste…?

—¿Haciendo trabajos forzosos? Como todos. Empecé a cuestionar las reglas. Luego Vik trajo a Lía. Se suponía que se la quedaría para él, pero al final la rechazó. Y David, que no había dejado de mirarla como te mira a ti, decidió que la quería, y que yo ya no valía nada.

—Dios mío. ¿Soy la culpable de que estés así?

—La única culpable soy yo. Ayudé a crear este infierno. Ahora estoy pagando por mis errores.

—¿Por qué lo hiciste?

—¿Tú qué crees? Porque lo amaba. Creía en él. Ten cuidado, Willa. Estás en un lugar muy peligroso.

—Sé que son poderosos.

—¿Poderosos? Te has quedado corta. Aeternum decide dónde habrá una revolución o una guerra, qué político debe morir y cuándo empezará la próxima crisis económica.

Willa, no son poderosos. Ellos son el poder que hay detrás del poder.

Y no consienten que no te sometas. Si estás hablando conmigo, está claro que no lo haces.

Ríndete. No hay salida. Podrías acabar como yo, o peor. Él te quiere.

—Si me quisiera, no estaría aquí.

—Rechazó a una de los suyos para estar contigo.

No te imaginas las implicaciones de algo así.

Tenemos prohibido casarnos con gente de fuera, y ningún matrimonio puede celebrarse si David no da el visto bueno.

Vik desobedeció todas las reglas. Por ti .

Tienes poder sobre él. Juega bien esa carta.

Te da ventaja. Ponte algo morado. Si él ve que eres de Vik, no intentará reclamarte para sí.

Es un depredador. No te conviene que te dé caza. Y deja de tontear con el médico.

—¿John es uno de ellos? ¿O puedo confiar en él?

—¿Aún no lo entiendes? ¡No puedes confiar en nadie! ¿Crees que puedes confiar en mí? Te entregaría sin pestañear a cambio de mi vida o la de mi hija.

Tragué saliva.

—Antes llevabas velo morado. ¿Por qué te han quitado de casa de Vik?

—Porque te miré y no se fían de mí. Hay cámaras en todas partes. Este lugar es una ratonera.

—¿Te castigaron?

No contestó.

—¿Por qué me ayudas?

—Me recuerdas a mi hija.

—¿Dónde está tu hija?

—En uno de sus campamentos. Los niños se educan ahí desde los siete hasta los dieciocho. Les lavan el cerebro. Es como nos controlan. Si conseguimos salir de la secta, jamás volveremos a verlos. Está prohibido mantener contacto con ex miembros. Nuestros propios hijos nos repudiarían.

—¿Cuánto hace que te la quitaron?

—No lo sé. No cuento los días.

—¿Dejaste tú el mensaje en la Biblia?

—Sí.

—¿Y el pelo rubio del sumidero ?

—Es de Lía.

—Al menos sigue viva.

—Esa nos sobrevivirá a todos. Es una ferviente. Una puta zorra.

—Lo parece.

—Sé cómo ella. O acabarás siendo como yo. La élite tiene privilegios. El resto somos esclavos. Trabajos forzosos, control de la conducta y la natalidad, aislamiento, tortura… En casos extremos, cuando no respondes al tratamiento, desapareces sin más.

—¿Hay una resistencia?

—No —me soltó con absoluto convencimiento—. Nadie se resiste. Ni se te ocurra intentarlo. Sé.Como.Lía. Obedece. Y no me busques más. Nos estás poniendo en peligro a las dos.

Se fue y yo me quedé ahí, asimilándolo.

¿Tortura?

Me doblé hacia adelante y vomité en los arbustos.