Sígueme …en lo que venga #2
56%

…en lo que venga #2

Se rio y volvió a besarme. La cabeza me daba vueltas. La música vibraba a través de mi cuerpo y del suyo. Las luces estallaban y se apagaban de golpe. Durante unos segundos solo teníamos la oscuridad. Era perfecto. Estaba con la única persona con la que quería estar.

—Esos tíos de ahí no dejan de comerte con los ojos —me susurró al oído.

—¿Celoso? —coqueteé.

—No.

Fruncí el ceño.

—¿Por qué no?

—Yo puedo tenerte. Ellos, no. Sígueme.

Mujeres en ropa interior bailaban en el interior de unas jaulas.

—¿Qué es este sitio exactamente? ¿Es un club? ¿O es otra cosa?

—Es lo que queremos que sea.

*****

Nos casamos al día siguiente, en los Cotswolds.

Alquiló una mansión de piedra rodeada de colinas que parecían pintadas.

La ceremonia se celebraría en el granero.

Habíamos invitado a doce personas. Seis míos y seis de Vik.

A ambos lados de la alfombra roja, los árboles estaban llenos de bombillas doradas.

Parecían luciérnagas. Vik insistió en casarse conmigo al atardecer.

Cuando llegué con mi vestido blanco sin adornos y mi ramo de lavanda, el granero se quedó en silencio durante unos segundos.

Luego, los acordes de un piano flotaron desde algún lugar que no veía. Mi cerebro tardó unos segundos en procesar. Uno. Dos... Al reconocerlo, me tapé la boca con las manos y me eché a reír como una idiota.

Chris Martin caminaba hacia mí cantando Fix You .

Chris Martin me iba a llevar al altar.

Se detuvo, con el micro en la mano, y me ofreció su brazo.

Miré a Vik al fondo del granero. Sonreía con esa sonrisa suya, la que guardaba solo para mí. La que decía tú y yo no necesitamos putas palabras.

Eché a andar. Había flores por todas partes. La luz se filtraba entre las vigas y partía el aire en franjas doradas. Vi que Maya tenía lágrimas en los ojos. Asintió cuando le sonreí.

Chris le ofreció mi mano a Vik. Él la cogió, tan solemne que contuve el aliento. Estaba muy apuesto.

El pastor Davis abrió la Biblia.

—Donde tú vayas, yo iré. Donde tú te quedes, yo me quedaré.

Apenas presté atención al sermón. Tenía los ojos clavados en mi futuro marido y no podía parar de sonreír.

Vik dijo sus votos con sencillez.

—Te vi y lo supe. Solo podías ser tú. Te prometo estar. Siempre. En lo que venga. Por toda la eternidad.

—Vik, no se me dan bien los discursos. —Hice una pausa. Parpadeé. Intenté que no me flaqueara la voz—. Solo quiero decirte que he dejado de huir. Estoy aquí y me quedaré para siempre.

El pastor Davis dijo algo sobre lo que Dios ha unido, que el hombre no separe.

Y ya estábamos casados.

**** *

—Con todos ustedes, el señor y la señora Baumann.

Había un DJ. Probablemente, alguien famoso. Coldplay ya había terminado su actuación.

Vik me abrazó. Nos tocaba abrir el baile.

—Hola, esposa.

—Hola, esposo.

Me acarició el cuello con los dedos. Todo el mundo nos miraba, pero me daba igual. Tenía que besarlo.

Lo hice, y él se aferró a mí como si no pensara volver a soltarme jamás.

Sonaba Love is Blindness , de U2. Supuse que la había escogido a propósito. Vik nunca dejaba nada al azar. Prestaba atención a los detalles. Sabía lo que quería en todo momento. Él siempre supo que me quería a mí. Entre millones de opciones, era la única.

—Ha sido una noche… —Me detuve. Me costaba expresarlo.

—¿Eres feliz?

—Sí. ¿Y tú?

—Yo soy feliz desde que te conozco.

—Te quiero, Vik. Joder, te quiero.

—Y yo te quiero a ti, Willa. Nos pertenecemos el uno al otro. —Rozó mi anillo, el de su bisabuela, y sonrió con tristeza—. ¿Lo entiendes ahora?

—Sí. Ahora, sí.

**** *

Las mujeres del aeropuerto llevaban velo. No tenía ni idea de dónde demonios estábamos.

—¿Vamos a quedarnos aquí?

— Nop.

—¿Qué estás haciendo, si puede saberse?

Mi marido , apoyado en el mostrador, llevaba un buen rato rellenando formularios.

—Estoy alquilando una avioneta.

Eché un ojo a los papeles. No entendí nada.

—¿Hablas… lo que sea eso?

Contuvo una sonrisa. Dios, ¿cómo podía ser tan guapo?

—Lo he hecho muchas veces. Me lo sé de memoria. Listo.

Se lo entregó al hombre que nos atendía y a cambio recibió unas llaves.

—No vas a decirme adónde vamos de luna de miel, ¿a que no?

—Claro que no. Sígueme.

Lo seguí. Me llevó a una zona en la que había cajas fuertes. Al teclear un código, una de ellas se abrió. Vik guardó ahí su móvil.

—Dame el tuyo.

Le fruncí el ceño.

—¿Por qué?

—No se permite tecnología adónde vamos.

Lo miré divertida.

—¿Vas a llevarme a un retiro espiritual?

—Voy a llevarte a un sitio en el que solo existimos tú y yo .

—Qué romántico. Un momento. Voy a llamar a Maya para decirle que me quedo sin móvil.

Esperó paciente.

Maya no descolgó.

—Estará trabajando —me dijo al ver que hacía una mueca.

—Seguro.

—Ponle un mensaje.

—Sí.

Yo: Tía, Vik y yo estaremos incomunicados durante un tiempo. Me lleva a un retiro espiritual. O algo… Namasté .

Pulsé enviar, se lo entregué y él lo guardóen la caja antes de cerrarla.

Sonó un pitido.

*****

Vik pilotaba la avioneta con la misma seguridad con la que lo hacía todo. Yo tenía las uñas clavadas en el asiento. El trasto no dejaba de zarandearse. ¿Era normal que el viento lo moviera tanto?

—Madre mía, Vik. ¿Seguro que sabes lo que haces?

—Willa, relájate. Yo controlo la situación en cada momento.

Intenté relajarme mirando las vistas. Todo mar. Mar turquesa. Mar azul. Mar profundo. Nadie nos oiría gritar Mayday .