…en la desobediencia #2
—Solo digo la verdad, Viktor. Tú no buscas a Dios. Y, sin embargo, Él siempre está ahí esperándote. El Señor es muy paciente con sus hijos descarriados.
Me pregunté si aquella mujer sabía hablar de algo que no fuera la fe.
—Me lo has dicho decenas de veces, y lamento hacerle esperar tanto.
—Qué blasfemia. Su padre tampoco es creyente.
Ni su abuelo. Ni su bisabuelo antes que él.
Es terrible. Han estado buscando otras… formas de llenar el vacío —me explicó sin perder la sonrisa—.
Pero solo la luz divina puede luchar contra las tinieblas.
Viktor, ¿me harías el favor de traer el postre de la nevera? Os he preparado mi tarta especial.
Vik se limpió con la servilleta de tela, la soltó sobre la mesa y compuso una sonrisa de buen hijo.
—Por supuesto.
Se fue, no sin antes lanzarme un guiño cómplice, y entonces su madre se inclinó hacia mí.
—Creo que le haces bien, Willa. Sois una pareja tan hermosa y se os ve tan bien juntos que me siento esperanzada.
El mundo está lleno de tentaciones. Dios nos pone a prueba todo el rato.
La mayoría fracasamos. Un solo pensamiento te condena.
Y mi pobre hijo está condenado desde antes de nacer.
Llegó a este mundo manchado por los pecados de toda la familia.
Su abuelo era terrible. Su padre segó una vida.
Lo declararon defensa propia. Una farsa. Matar es matar, ¿no crees?
—Sin duda, matar a alguien, al margen de cómo ocurrió, pesa sobre la consciencia. Si alguien tiene una .
Mi respuesta la complació.
—Pareces una buena chica. Confío en que ayudes a Vik. Yo lo intenté con su padre, pero fracasé. No fui digna y me culpo a diario. Tú, en cambio, pareces más fuerte que yo. El Espíritu te hará digna. Rezo por ello a diario.
Yo rezaba por entender algo…
—¿Y cómo debo ayudarlo, Evelyn?
—Llámame Eve. Escucha lo que te digo. Hay mucha oscuridad en él.
Está demasiado lejos de Dios. Tendrás que traerlo de vuelta.
Nadie puede escapar del ojo de la verdad.
Y dijo el Señor: Yo soy el Dios de Israel; convertiré vuestras fiestas en llanto, haré que el sol se ponga a mediodía y toda la tierra quedará a oscuras.
Sonaba espeluznante.
Me había dejado absorber tanto por la fuerza de su mirada castigadora que pegué un brinco cuando apareció Vik con el postre.
Evelyn se recostó en la silla y levantó el rostro hacia él con una sonrisa encantadora.
—Le decía a Willa lo bien que os veo juntos.
Él me miró. Largo rato. Le aguanté la mirada.
Su madre puso la mano encima de la mía y me dio unos golpecitos cómplices, sin perder la sonrisa. Era la cena más extraña a la que había asistido nunca.
Al menos me había ganado el privilegio de llamarla Eve.
**** *
—Madre, si no te importa, voy a llevarme a Willa a dar una vuelta —dijo Vik después del postre—. Quiero enseñarle este lugar.
—Por supuesto. Disfrutad de la noche. El Señor ha sido generoso al regalarnos este verano, ¿no crees?
—Sí. Démosle las gracias. Buenas noches.
—Buenas noches, Viktor.
Se inclinó sobre ella y la besó en la mejilla. Yo me despedí con una sonrisa torpe.
Noté aquellos ojos verdes siguiéndome con aplomo. Me sentía localizada. Observada. Elegida.
Vik me cogió de la mano y toda la intranquilidad retrocedió de golpe.
—¿Estás bien?
—Sí. La comida estaba deliciosa. Ya sé de quién has heredado tus talentos culinarios.
Sonrió, bajó al embarcadero y me ofreció la mano para que lo siguiera.
—Vamos a… ¿navegar?
—Sí. Será divertido.
—Pero es de noche.
—¿Y?
Puse la mano en la suya y bajé de un salto.
—¿No se supone que no hay que navegar de noche?
—Eso ¿según quién?
—No lo sé. ¿Según la gente sensata?
—Willa. —Sonrió, me enganchó el pelo tras la oreja y me rozó los labios con el pulgar—. Tú y yo no somos gente sensata. Además, en este lago se puede navegar a cualquier hora. Lo conozco de memoria .
—Justo lo que diría alguien media hora antes de ahogarse.
Se rio de verdad, a carcajada limpia, algo que Vik no hacía demasiado a menudo.
—Sube.
Subí. Siempre siguiéndolo.
Me senté donde me indicó y él arrancó el motor. La lancha se separó del embarcadero despacio. Luego, aceleró, seccionando el lago en dos estelas blancas.
La casa empequeñeció hasta convertirse en una línea de luces tenues. Estaba acostumbrada a cielos de cristal y acero. Ahí había un millón de estrellas.
Miré hacia adelante. No vi nada, solo a Vik al timón, tranquilo mientras penetraba en aquella oscuridad como si la conociera de memoria.
Sentí un escalofrío. En mitad del lago la temperatura no tenía nada que ver con la de la orilla. Me pregunté cómo de fría estaría el agua y cuántos metros conseguiría nadar antes de ahogarme.
—Vik. ¿Vamos a alejarnos mucho más? Hace frío. Voy en tirantes.
Apagó el motor y vino hacia mí. Se sentó a mi lado, pero no me abrazó. Estaba distinto. No sonreía.
—¿De qué habéis hablado mi madre y tú?
—Pues… de la oscuridad que hay en ti —dije sin disimulos.
Entonces sonrió, casi deleitado, como si fuera justo lo que se esperaba.
—¿Y qué más?
—Del pecado. O eso creo. No lo entendí muy bien .
—No me extraña. Delira más de la cuenta.
—¿Siempre ha sido tan…?
—¿Fanática?
—Ferviente.
—Sí. A mi padre le pareció divertido casarse con alguien como ella. Luego se pasó toda la vida follándose a mujeres que no se le parecían en nada.
—¿Cómo se conocieron tus padres?
—Su Iglesia recaudaba fondos para las víctimas de un huracán y mi madre iba puerta por puerta llamando a las grandes compañías de la zona para sacarles una donación.
Cuando cree que actúa en nombre de Dios se vuelve implacable.
Así llegó al Grupo Baumann, donde la recibió mi padre. Él siempre dijo que fue un flechazo.
—Parecen tan diferentes...
—Ni te lo imaginas. Para mi madre, cualquier cosa es una señal divina o un pecado. Se siente culpable por absolutamente todo. En su iglesia predican que el cuerpo es una trampa y ella vive obsesionada con la pureza, sexual, moral, social… Es agotador. Y después está mi padre, que es un depravado.
—¿Qué clase de depravado?
—De la clase que tú imaginas. Varias mujeres lo han acusado de abuso. Todas retiraron la denuncia. Y ahí está, presidiendo el consejo. He oído que tiene dos esclavas sexuales y que las hace gatear encadenadas por la oficina. A veces les da con el látigo. A plena vista. No le importa un carajo.
Volví a estremecerme. Esos niveles de depravación no se daban en mi mundo .
Que yo supiera, claro.
—¿Y cómo fue criarse en medio de los dos?
—Hice lo que pude.
—No estás tan mal —susurré mientras le acariciaba la mejilla rasposa.
Me rodeó el cuello con una mano. Su boca encontró la mía y todo lo demás dejó de importar. Su familia, el pasado… Desaparecieron. Ya no volvimos a hablar más de ello.
*****
Eve debía de estar durmiendo cuando regresamos. O, en todo caso, se había encerrado en su habitación. Los pasillos estaban en silencio. La moqueta se tragaba el sonido de nuestras pisadas.
Vik me cogió por la muñeca y me llevó en dirección contraria a mi habitación.
No dije nada por miedo a alertar a su madre. Ya me imaginaba lo que se proponía. Para citar a Evelyn: su pobre hijo estaba condenado.
—Bienvenida a mi santuario.
—No debería estar aquí y lo sabes.
—Estás en el único lugar en el que deberías estar. Ahora dime qué te ocurre. Llevas toda la noche jugando con el lóbulo de tu oreja. Algo te ronda por la cabeza. ¿Qué es?
—Nada. Estoy bien. En serio.
—Sé exactamente cuándo mientes, Willa. Por si te interesa saberlo. Siéntate en la cama. Separa las rodillas .
Tenía la capacidad de pasar de un tema al otro muy deprisa.
—Vik, ¿y si se entera?
—Tú no te preocupes por ella. Deja que me preocupe yo.
Abrió una botella de whisky y tomó un trago. Luego rodeó mi mandíbula con los dedos, echó mi cabeza hacia atrás y vertió una buena cantidad en mi boca.
Me atraganté y empecé a toser.
—No te pongas nerviosa todavía. Aún no he empezado.
—Vik, no creo que…
—Mírame. Así. No apartes la vista.
—¿Qué te propones?
—Quiero que hagas algo por mí esta noche. Es algo nuevo. Tranquila, te gustará.
Oí el sonido de la cremallera bajando. Supuse que se estaba quitando los pantalones. No moví los ojos para comprobarlo. Me había pedido que no apartara la vista.
—Oye, no sé si es buena idea hacer esto aquí. Deberíamos respetar la voluntad de tu madre.
Una sonrisa lenta, de lado, asomó en su rostro apuesto.
—Puedes irte, si quieres. Pero los dos sabemos que no vas a hacerlo, Willa. Cuando dices que no quieres algo es cuando más lo deseas. Ahora vas a hacer exactamente lo que te digo. Y lo vas a disfrutar.
Al día siguiente aún lo notaba dentro. Salí a la terraza con una taza de café en la mano y ahogué una exclamación.
Su madre había cortado todas las rosas. Ni idea de por qué. Estaban todas ahí, amontonadas en mitad del jardín. Rojas y carnosas, todavía húmedas. Una auténtica masacre .
Entré en casa tan deprisa que choqué con Vik en el pasillo. Iba en traje, estaba a punto de irse.
—Llévame contigo a California.
—¿Qué?
—Me quedaré en el pasillo mientras te reúnes. O en una sala con aire acondicionado y… ¿crucigramas?
Frunció el ceño de forma bastante cómica.
—¿Qué te ocurre?
—Nada. Solo quiero estar contigo. Deja que te acompañe.
—Pero si volveré esta noche. ¿Seguro que no prefieres quedarte aquí y disfrutar de esto? Puedes tomar el sol, leer, dar largos paseos por el bosque… —se burló—. Incluso puedes nadar en el lago si no te alejas de la orilla. Y más vale que no te alejes.
—Ya. No, prefiero estar contigo.
Y lo más lejos posible de las tijeras de podar de Evelyn...
—Muy bien. Le diré a mi madre que no cuenten contigo para la comida ni para la cena.
—Mm-hm. Tardo dos minutos en vestirme.
—Tranquila. La reunión empezará cuando llegue.
Por supuesto, majestad.