…aunque no debas
Se echó novia a las pocas semanas. Una actriz de cine que subía millones de fotos de ellos dos juntos.
Lo etiquetaba en todas. Fiestas, estrenos de películas, restaurantes, yates…
Hacían muy buena pareja. Ellos estaban en su mundo dorado, con sus alfombras rojas y su vida extravagante, y yo en el mío, gris y real.
No hay nada más gris y real que Inglaterra en pleno invierno.
Alex me pidió otra cita. Había roto con su novia mientras tanto. Esta vez le dije que sí.
Fuimos a uno de mis restaurantes favoritos. Me dejó escoger el lugar. Me gustaba eso, que no intentara imponerme nada.
Pedimos pasta y vino.
Era un napolitano auténtico, cerca de mi casa.
De postre hubo fresas al vino. En enero. Me parecieron lo más exótico que había visto en semanas fuera de la pantalla, lo cual decía bastante del estado ruinoso de mi vida.
Alex sujetaba mi mano por encima de la mesa. Estaba tranquila, casi feliz.
Entonces, vibró el móvil.
Era él. Él.
Vik: Hola, Willa .
Después de casi dos meses. Hola, Willa. Sin más.
Y a mí se me disparó el pulso.
Me concentré en la mano en Alex. En las fresas. En el vino. En el olor a ajo que salía de la cocina.
Lo intenté, pero lo oía en mi mente.
Hola, Willa.
Grave, tranquilo, con los labios casi pegados a mi oreja. Me estremecí. Era ridículo. Ni siquiera sabía cómo sonaba su voz.
Lo único que tenía claro era que mi cuerpo reaccionaba ante aquella fantasía como nunca había reaccionado ante nada real.
Al otro lado de la mesa, mi cita seguía en una conversación de la que yo me había desconectado.
No iba a contestarle. No iba a hacerlo.
—¿Te lo puedes creer?
Parpadeé y me obligué a seguir ahí.
—Cuesta hacerlo.
—El principal problema es que…
Lo ignoraría. ¿Qué sentido tenía responderle?
—Lo siento, ¿me disculpas un segundo? Tengo que atender esta llamada. Es del trabajo. No tardo nada, lo prometo.
—Tranquilo.
Salió a la calle y yo me abalancé sobre el móvil.
Yo: ¿Qué te cuentas, Vik?
Vik: No mucho. Solo que no puedo dejar de pensar en ti. ¿Sigues sin saber por qué dejaste medicina ?
Yo: Sigo pensando que no es asunto tuyo.
Me mandó un guiño.
Alex regresó enseguida. Me dijo que ya podíamos marcharnos. La cuenta estaba pagada.
Cogí la cazadora y lo seguí. Decidí guardarme el móvil. Era lo mejor.
Fuera hacía un viento húmedo. Alex me cogió de la mano y echamos a andar hacia mi apartamento. Apenas le prestaba atención.
En el ascensor, me besó. Su lengua sabía a fresas y a vino. El móvil me pesaba en el bolsillo.
Entramos. Él se quitó el abrigo, la chaqueta y se aflojó el nudo de la corbata. Yo solté mi cazadora sobre una silla y me deshice de los botines.
—Voy a abrir otra botella de vino —le dije, de camino a la cocina abierta—. No deberíamos follar esta noche.
—¿Por qué no? ¿Estás con la regla?
—No. Pero es nuestra primera cita.
Se echó a reír. Lo hizo con ganas.
El móvil vibraba todo el rato. Tenía varias notificaciones. Una era de él.
Vik: ¿Qué plan tienes para hoy?
—¿Pongo una peli? —me preguntó Alex desde el sofá.
Era difícil estar en dos mundos a la vez.
Fui hasta él, le di la copa y un beso en la mejilla sin afeitar.
—¿A qué viene esto? —me preguntó, divertido .
Yo nunca daba muestras de cariño innecesarias. Era hija de mi madre. Mi madre, la que podía extirparle a alguien un tumor del cerebro sin parpadear. Sin que le temblara el pulso.
—A nada. Hagámonos un selfie .
—Muy bien.
Me senté en su regazo, lo volví a besar, esta vez muy cerca de la comisura de la boca y saqué la foto sin mirar a la cámara.
Se la mandé a Vik mientras Alex buscaba una película.
Contestó enseguida.
Vik: ¿Vas a acostarte con él esta noche?
Yo: ¿Y tú con ella?
Vik: Quizá.
Yo: Quizá yo también lo haga.
Vik: Bien.
No volvió a decir nada hasta la madrugada. Entonces:
Vik: Estabas guapísima con ese vestido. Ojalá te lo hubieras puesto para mí.
Me arrastró de vuelta, cuando me había prometido a mí misma que no volvería a caer.
*****
Empezamos a escribirnos a diario. Me costaba despegarme de la pantalla .
Vik era gracioso, listo y tenía esa extraña cualidad de hacer que todas las demás personas a mi alrededor parecieran menos interesantes que él.
Nuestras conversaciones duraban horas. Nunca me preguntaba banalidades. No quería saber qué llevaba puesto ni me pedía que lo ayudara a correrse. No recibí ni una fotopolla por su parte.
Lo encontré admirable. Me había topado con cada alimaña que las redes podían ofrecer. Él era diferente. Me gustaba que lo fuera.
Me gustaba más de lo que me convenía.
No estaba loca. Sabía que no era real, que Vik era una fantasía que solo existía en el mundo virtual.
Pero saberlo no me impedía abalanzarme sobre el móvil cada vez que se encendía la pantalla.
Y se encendía todo el rato.
Vik: ¿Qué haces?
Yo: Mirar el móvil. ¿Y tú?
Vik: Pensar.
Yo: ¿En qué?
Vik: ¿A todos los ingleses os gusta Shakespeare?
Yo: No lo sé. No conozco a todos los ingleses.
Vik: ¿Te gusta a ti?
Yo: ¿Puedo serte sincera?
Vik: Siempre.
Yo: Jamás he leído a Shakespeare. Hacía trampas en el instituto. Buscaba el comentario literario en internet y me lo aprendía de memoria. Hoy en día puedes saber el argumento de cualquier historia sin habértela leído .
Vik: Qué alivio. Creía que era el único. Nunca entendí a Shakespeare.
Yo: ¿Qué parte no entiendes?
Vik: La parte en que se supone que tengo que fingir que lo entiendo delante de gente que tampoco lo entiende.
Yo: Esa es la peor parte. La detesto.
Vik: ¿Qué parte te cuesta a ti?
Yo: La parte en la que todo el mundo muere y se supone que es bonito.
Vik: Ya. Esa parte es odiosa.
Yo: Me voy a la cama.
Vik: ¿Por qué?
Yo: Es tarde. Estoy cansada.
Vik: Ojalá viviéramos dentro de la misma franja horaria.
Yo: Pero no es así. Buenas noches, Vik.
Vik: Buenas noches, Willa.
Soñaba con él. Tenía fantasías eróticas. Hablábamos de todo, de la vida, de la muerte. De todo, menos de nuestras parejas, a quienes estábamos traicionando en cierto modo.
Yo sabía que él aún salía con ella.
Él debía de saber que yo estaba con Alex. Nunca subía fotos nuestras como pareja, pero había pequeños detalles. Dos copas de vino blanco al lado de un bol de fresas. Dos entradas para un concierto.
Vik tampoco subía fotos de su novia. Era ella la que no dejaba de etiquetarlo. Él, no. Él me escribía a mí.
Vik: ¿Qué querías ser de mayor ?
Yo: Cirujana. Ya ves lo bien que me salió.
Vik: ¿Y antes de eso?
Yo: ¿A qué te refieres?
Vik: A qué querías ser antes de que alguien te dijera lo que debías querer.
Siempre me dejaba reflexionando.
Un día decidí preguntar yo.
Yo: ¿Eras feliz de niño?
Vik: Tenía una casa en un árbol. Me encerraba ahí cuando las cosas se ponían feas.
Yo: ¿Se ponían feas a menudo?
Vik: Bastante.
Yo: ¿Qué ocurría abajo?
Vik: Mi padre pensaba que yo estaba sordo.
Yo: Lo siento.
Vik: No lo sientas.
Yo: Mis padres también tenían broncas a veces. Yo salía a correr cuando se ponían a gritar.
Vik: ¿Aún lo haces?
Yo: Más que nunca.
Vik: ¿De qué huyes ahora, Willa?
Yo: De mí misma. ¿De quién te escondes tú, Viktor?
Vik: De todo el mundo. Menos de ti.
Eran conversaciones sinceras e interminables. Le conté cosas de mí que jamás le había contado a nadie. Ni a Maya siquiera .
Él sabía que aborté a los dieciséis años porque me daba miedo decirle a mi madre que estaba embarazada.
Que un pseudo amigo me drogó en una fiesta hará unos tres años y que no recordaba nada de aquella noche.
Que creía que había ocurrido algo malo, pero que prefería no saberlo.
Que nunca había amado a nadie. Que me preocupaba ser como mi madre, una psicópata.
Que cada año me parecía más a ella. Que había escogido esa vida porque no me exigía nada real.
Podía aparecer, actuar y desaparecer cuando quisiera, sin dejar rastro.
Vik no me juzgó. No me consoló. Solo me escuchó.
Y sacar toda esa mierda de dentro me vino bien.
Él, por su parte, me contó que venía de una familia con más dinero del que nadie necesita.
Que su bisabuelo había comprado una petrolera por una miseria y la había convertido en un imperio.
Que las generaciones futuras no tuvieron méritos propios, se habían dedicado solamente a despilfarrar la fortuna familiar.
Me describió a su padre como una figura oscura y autoritaria a la que intentó no parecerse durante años.
No estaba del todo seguro de haberlo conseguido.
Algunas veces no sabía si era capaz de hacer daño a alguien a quien quería.
Daño de verdad. Lo dudaba, y una duda así le parecía peor que cualquier certeza.
Él no vivía de su fondo fiduciario. Tenía una empresa de tecnología que había levantado con un préstamo. Al igual que su bisabuelo, empezó de cero y convirtió el negocio en un imperio. Lo último no lo mencionó. Lo busqué yo en Google .
Un día le dije que fantaseaba con desaparecer. No morir, solo empezar de nuevo sin tener que ser yo misma.
Vik: Estoy enamorado de ti, Willa.
Me lo soltó sin más al cabo de unos cinco meses, mientras yo parloteaba sobre un musical que acababa de ver.
Yo: No puedes enamorarte de alguien a quien nunca has visto en persona.
Vik: Estoy enamorado de tu alma.
Yo: Qué profundo.
Vik: No te rías de mí. Lo digo muy en serio.
Yo: Vik…
Vik: ¿Willa?
Me lo imaginé tranquilo, sonriendo.
Yo: No hablemos más de esto.
Vik: Deja de correr, Willa. En algún momento tendrás que parar.
Yo: No sabes lo que estás diciendo.
Vik: Claro que sí. Dejaste medicina porque te recordaba demasiado a tu madre. La odias. Crees que mató a propósito a tu padre.
Yo: Yo nunca dije eso.
Vik: Lo piensas.
Yo: No sabes una mierda sobre mí .
Vik: Te conozco. Siempre reaccionas así cuando alguien se te acerca demasiado. Te pones a la defensiva.
Yo: ¿Crees que te estás acercando? Pues déjame que te diga algo. Alex y yo hemos decidido irnos a vivir juntos.
Tardó en contestar. Puede que un minuto entero.
Vik: Te fallará. No está a la altura.
Yo: No quiero seguir con esto. Lo que sea esto.
Vik: De acuerdo.
No insistió.