-18-
Ignacio se despertó relativamente pronto. Eli por su parte, seguía durmiendo.
Pasaron dos horas más antes de que Eli se despertara.
—Buenos días —saludó Eli a Ignacio con la boca seca —. Hazme el favor y traéme un poco de agua.
Ignacio fue corriendo al minibar y sacó una botella de agua mineral y cogió uno de los vasos de vidrio grueso que había en una mesa junto a otros elementos de cortesía.
Ignacio sirvió el agua en el vaso y se lo entregó a Eli. Eli fue dando sorbos al agua y al final dejó el vaso medio vacío en la mesita de noche.
—Ya no llegamos al desayuno buffet —dijo Ignacio, comprobando de nuevo la hora en el móvil.
—No pasa nada, podemos pedir que nos traigan algo de comer a la habitación —dijo Eli encogiéndose de hombros —. Perder el desayuno gratis no es ningún problema para una marquesa.
—Como sois las damas nobles, siempre haciendo alarde de dinero —siguió el juego Ignacio.
—Y alarde de poder —dijo Eli —. Poder y benevolencia. Vas a ser el primero en desayunar.
—¿Unas crepes? —Preguntó Ignacio, que se le habían antojado crepes con chocolate.
—Una almeja —dijo Eli con malevolencia —. Aunque me temo que no va a estar fresca, ha estado macerando.
—¿Es una orden? —Preguntó Ignacio.
—Es una orden —afirmó Eli y comenzó a subirse el vestido.
Ignacio se arrodilló y quitó las bragas. El olor a coño era penetrante. Demasiado fuerte, lo que por un lado le hacía retroceder, pero por otro lado lo excitaba más.
Ignacio se zambulló y su lengua comenzó a lamer los pliegues de piel del coño.
La lengua surcó los labios vaginales, dando vueltas como si fuera un circuito de carreras donde su lengua cada vez iba más rápido.
Su lengua de pronto se salió del circuito imaginario, pero no se salió fuera por accidente.
Su lengua se fue directa al clítoris de Eli con toda su intención.
Ignacio hizo vibrar la lengua en el clítoris y sus dedos se comenzaron a meter en la vagina de Eli.
—Te había dicho comer, no meterme los dedos —dijo Eli —. Pero no pares, no puedes resistirte a darme buenos orgasmos, ¿eh?
Ignacio detuvo su lengua un momento para poder usarla para vocalizar.
—Siempre los mejores orgasmos para mi señora —dijo Ignacio y volvió a usar la lengua con el clítoris y además sumó otros dos dedos dentro de la vagina de la GILF.
—Tienes unos dedos mágicos —gimió Eli.
Ignacio no dijo nada. Su lengua estaba ocupada con el clítoris, sus seis dedos ya bailaban dentro de la vagina de Eli.
Eli gemía y gemía. Entonces llegó lo esperado.
El terremoto. Las piernas de Eli temblaron y un tsunami empapó a Ignacio.
Un poderoso chorro dejó su boca y barbilla empapadas.
Sacó sus dedos, totalmente húmedos y arrugados.
—Un buen desayuno —dijo Ignacio.
—A mí me apetece un café caliente con leche —dijo Eli tras recuperarse del orgasmo —. Pero sin el café, solo la leche bien caliente.
—Tengo leche de primera categoría —dijo Ignacio —. Solo para maduras VIP.
—Estoy deseando probar esa leche tan buena que dices tener —dijo Eli relamiéndose.
Ignacio se desvistió y se subió a la cama de Eli. Eli le agarró el pene y comenzó a menearlo suavemente mientras su lengua acariciaba el frenillo del glande. Un momento después, la mitad del pene de Ignacio estaba bien metido en la boca de Eli.
Ignacio acarició el pelo de Eli mientras que la mujer comenzó a acariciarle el escroto.
La lengua de Eli era hábil y pronto se unió el cuello. Eli comenzó a mover su cuello con precisión, sacando y metiendo el pene del joven en su boca.
—Ya está casi la leche —dijo Ignacio.
Eli estrujó los testículos de Ignacio como si pretendiese exprimirlos. Y pareció funcionar, pues el semen salió a presión en ese preciso instante. El semen golpeó la lengua de Eli con fuerza. Una oleada tras otra de semen que le llenaron la boca hasta casi desbordársela.
Eli le mostró el resultado a Ignacio al apartar el pene. La boca de Eli parecía una autentica piscina de leche grumosa.
Eli cerró la boca y comenzó a tragar. No podía tragar tanto semen de una sola vez, así que iba tragándoselo poco a poco.
—Ufff, hoy estabas muy lechero —felicitó Eli —. Un desayuno muy abundante.
—Me he sorprendido hasta yo, de sacar tanto semen —dijo Ignacio orgulloso. No había estado ahorrando semen, así que era sorprendente que saliera tanto.
—Voy a ducharme, pide algo para desayunar —dijo Eli.
—¿Fruta? —Preguntó Ignacio.
—Sí, algo de fruta. Aunque me apetece algo de chocolate también —dijo Eli.
—¿Fresas con chocolate? Aunque yo iba a pedirme crepes con chocolate —dijo Ignacio.
—Pide de las dos cosas —dijo Eli y se levantó para irse al cuarto de baño.
Ignacio fue al teléfono para cumplir con la misión de pedir el desayuno.