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A la mañana siguiente, Eli e Ignacio bajaron al restaurante del hotel a desayunar.
Era un desayuno buffet que contaba con varias secciones.
Estaba la sección de fruta donde podías coger cortadas de melón, de piña, de sandía, manzanas, plátanos, peras y varios tarros con mix de frutas cortadas a dados o el de mix de bayas.
Luego había una sección de leches. Leche de vaca y de cabra, entera desnatada o semidesnatada.
Al lado había una sección de leches vegetales.
A Ignacio siempre le había intrigado como se ordeñaba una almendra.
O quizá fuera semen del árbol. ¿Masturbarían a las almendras?
¿Masturbarían a las ramas del almendro para que soltara la leche?
Había una sección con una docena de cereales de todo tipo. Desde el grano en sí hasta el cereal procesado y azucarado que vendían en los comercios.
Otra sección era la del fiambre. Lonchas de jamón serrano, salchichón, chorizo, mortadela y otros fiambres que no supo reconocer. Junto a esta sección estaba también la de los quesos.
Luego estaba su sección favorita. La que contenía rosquillas y cruasanes variados. Con virutas de colores, con chocolate oscuro, marrón o blanco. Incluso había de chocolate rosa. Había más tipos de bollería como las magdalenas.
Luego había una sección caliente con patatas, panceta y huevos lo suficientemente hechos para que la yema no se desparramara.
A unos pasos de ahí había una zona refrigerada. Había varias neveras con la puerta de cristal donde había yogures, gelatina, natillas y bebidas frescas. Al lado había un arcón congelador repleto de helados.
Separado a unos metros había varias mesas con máquinas de café y de té. También había dos hornillos junto a una colección de cestas de pan para tostar el pan.
Por si eso era poco, en el lado opuesto había una zona de cocina.
Estaba como servicio incluido en el buffet por sí querías desayunar otra cosa que no estuviese allí, como una pizza de buena mañana, o por si el punto de los huevos te parecía demasiado hechos y querías que te hicieran unos buenos huevos fritos con la yema cremosa, o por si directamente te daba asco la idea de que otros huéspedes hubieran manoseado tu comida en lugar de usar los utensilios disponibles.
—Tú cógete lo que quieras —le dijo Eli —. Mira vamos a sentarnos en esta mesa.
Eli dejó en esa mesa un plato con unas cortadas de sandía y un bol lleno de frutos del bosque.
Ignacio dudó.
Si por él fuera se cogería medio buffet. La panceta desprendía un aroma demasiado tentador. Aunque le parecía que tenía demasiada grasa especialmente para empezar el día.
Fue directamente a por la bollería. Aunque igual los cruasanes estaban hechos con tanta mantequilla que superaba en grasa a la panceta, si no veía grasa no pasaba nada.
Cogió una rosquilla de chocolate negro, otra de chocolate blanco, otra de chocolate rosa y dos cruasanes sin nada de chocolate. Aunque en el último segundo cogió uno relleno de mermelada y otro relleno de crema de cacao.
Ignacio se sentó en la mesa con Eli.
—Veo que quieres coger energías para todo el día —bromeó Eli —. Pero aquí estás de vacaciones y no tienes que limpiar la suite, de eso ya se encarga el personal del hotel.
—La energía viene bien para otros menesteres —dijo Ignacio y le guiñó el ojo. Justo tras hacerlo se sonrojó y temió que alguien los hubiera escuchado.
—Después de desayunar iremos a dar un paseo por la playa. Aunque quizá vayamos por el paseo marítimo en lugar de por la arena de la playa. Es muy molesto tener que quitársela luego de los pies —dijo Eli.
—Necesitarás crema solar —dijo Ignacio, deseando recubrir el cuerpo de la madura.
—Me pondré un poco en la cara y en los brazos —respondió Eli —. Ay, no me he cogido nada de beber. Tráeme un zumo. De naranja.
Ignacio asintió y se dio cuenta de que él tampoco había cogido nada para beber.
Un buen vaso de leche para conseguir más fuerzas estaría bien. Quizá la leche de vaca o la de almendra le ayudaran a generar su propia leche. Mejor agua, ya tenía bastante azúcar en el plato.
Ignacio cogió un botellín de agua fresca de la nevera y se lo colocó en el sobaco.
Luego fue a por los vasos, cogió dos y fue a la zona de zumos.
Había varias columnas de zumo en teoría recién exprimido.
Puso uno de los vasos debajo del grifo y apretó el botón para liberar el zumo.
Una vez llenado el vaso, regreso con su amada GILF.
—Aquí tienes —dijo Ignacio y le dejó con cuidado el vaso de zumo de naranja al lado del plato que ya se había terminado.
—Gracias, guapo —dijo Eli y bebió un sorbo de zumo.
Ignacio dejó su vaso al lado de su plato que aún tenía casi toda la bollería y se sacó del sobaco el botellín de agua y se sirvió.
—¿No quieres nada más? —Preguntó Ignacio.
Eli dudó.
—Supongo que debería comer algo más para coger energías, aunque ya sabes que yo desayuno poco —dijo Eli y miró hacia la zona de frutas y luego a la de bollería —. ¿Está buena la rosquilla rosa?
Ignacio aún no la había probado, así que rápidamente dejó el cruasán relleno de mermelada y degustó la rosquilla rosa.
—Está buena, muy buena —respondió Ignacio —. Dulce, pero no empalagosa. Muy tierna y suave. Se deshace en la boca. Tiene un toque a chocolate. Creía que sabría a fresa, pero no.
Eli asintió y se levantó.
—Probaré una —anunció la madura.
Eli no tardó en volver con un nuevo plato y una rosquilla rosa.
Estuvieron un rato más en el buffet antes de salir a dar un paseo.