SIERVO DE UNA GILF -12-
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Ignacio temió que los miraran raro en la recepción del hotel.

Que le preguntaran que hacía compartiendo habitación con una mujer que podía ser su abuela (o su madre si solo se fijaban en el aspecto y no en las fechas de nacimiento).

Aunque claro, igual pensaban eso, que iba de vacaciones con su abuela (o su madre).

Aunque los apellidos no coincidían. Podía ser su tía abuela.

O quizá quien atendiese en la recepción tenía mejores cosas que hacer que ver si tenían algún apellido coincidente que demostrara que eran parientes.

El hombre que les atendía en la recepción comprobó que el pago estuviera correcto y los datos necesarios también. Les dio las tarjetas de la habitación y les deseó una feliz estancia.

Un minuto después estaba atendiendo a la familia que hacía cola detrás de ellos. Quizá en el universo de ese hombre, ellos dos ya no existían.

Ignacio llevó las maletas al ascensor y Eli lo siguió.

—No sé si mandarte con las maletas por las escaleras —bromeó Eli y se acercó al oído de Ignacio —. Así se te pondría un culo bien duro.

—Hay que subir 14 pisos —soltó Ignacio alarmado.

Eli soltó una risita comedida.

—Tranquilo, no voy a hacerte eso. No quiero que llegues cansado a la habitación y con las manos agarrotadas. Necesito tus dedos. Hay que estrenar la habitación como es debido —susurró Eli.

Las puertas del ascensor se abrieron y salieron dos amigas de unos treinta años en bikini, llevaban sombrero de paja y gafas de Sol.

En cuanto las chicas salieron del ascensor, Eli entró e Ignacio la siguió.

Unos minutos más tarde llegaron a la habitación.

No era una habitación normal. Era una suite de un hotel caro. Al llegar, la habitación del hotel tenía un recibidor decorado con vasijas y un mueble con dos jarrones jaspeados con rosas frescas. El espejo que había al lado les devolvió su imagen.

A continuación, llegaron a un gran salón con lámparas de araña y varios sofás de un ocre elegante.

Había una mesa baja de madera noble. Hacía los lados, la habitación del hotel se fragmentaba en más habitaciones.

Una sala tenía una zona de mesa de billar y dos dianas distintas para jugar a los dardos.

Había un pequeño cuarto de baño con ducha y luego tres habitaciones de gran tamaño, cada una con su propio baño privado.

Sin duda, una habitación pensada para que una marquesa como Eli se llevara a su corte. Aunque en esa ocasión toda su corte consistía en un joven siervo.

Ahí no terminaba la suite, pues también tenía un pequeño balcón en una de las habitaciones y desde el salón podría salirse a una terraza.

La terraza por sí sola ya debía ser más grande que las habitaciones comunes.

La mitad de la terraza tenía una cubierta para proteger los días de lluvia a la mesa y las sillas colocadas ahí.

Tenía espacio para una veintena de personas.

Al lado había un fregadero y una barbacoa.

Ignacio miró al horizonte. Se veía el mar. Salió a la zona descubierta en la terraza y se apoyó en la barandilla y cometió el error de mirar hacia abajo. Instintivamente se echó hacía atrás. Estaban demasiado altos.

Volvió a mirar al mar. Se veía incluso los barcos y si forzaba la vista incluso se atisbaba la silueta de tierra más allá. Quizá algún peñón o las islas.

—Aquí hay buenas vistas —dijo Eli que se apoyó en la barandilla de la terraza sin ningún temor.

—Sí, aunque es peligroso asomarse. Aquí hace mucho viento —dijo Ignacio, pues justo un instante después de separarse de la barandilla había habido una ráfaga de viento.

Eli se echó a reír.

—No me digas que te dan miedo las alturas —dijo Eli.

—No. Pero es que esto está muy alto —dijo Ignacio.

—Pues he estado en habitaciones mucho más altas —dijo Eli —. Lo bueno es que aquí no tenemos edificios delante desde los cuales puedan vernos. Sería ordinario que me fuera a tomar el Sol desnuda en la playa, pero en esta terraza no hay ningún problema.

—¿Vas a quedarte a tomar el Sol? —Preguntó Ignacio.

—Sí, pero aún no. El Sol pega demasiado fuerte a estas horas.

Además, me tienes que poner tú la crema solar y terminarás follándome.

Y si me follas acabaré sudada y se perderá algo de la protección, además que quiero ducharme después del sexo...

Así que podemos follar ahora, luego me ducho y ya me pones tranquilamente la crema solar y así salgo con el Sol picando menos.

—Me parece un plan perfecto —dijo Ignacio.

—Tú, todo lo que implique follar conmigo te parece perfecto —dijo Eli con tono burlón —. Vamos, mi joven siervo. Tenemos que ir probando las camas de las habitaciones a ver en cual se folla mejor.

—¿Una cada día? —Preguntó Ignacio.

—Una cada día —respondió Eli —. Y habrá que repetir en algunas.

—Suena muy bien —dijo Ignacio.

Eli soltó una risita comedida.

—Ya lo creo. Venga, vamos a probar la primera habitación —ordenó Eli.

La madura entró de nuevo en la suite y eligió la primera habitación.

Una habitación amplia con dos grandes camas que podían dar cabida a dos matrimonios, aunque juntos los unos con los otros podían dormir ocho personas sin problemas.

Eli comenzó a desnudarse y el joven la imitó.

La GILF se subió a una de las camas y comenzó a gatear. Ignacio se subió detrás.

—¿Empiezo con los dedos o con mi miembro especial? —Preguntó Ignacio.

—Mmmm. Déjame pensar... —Dijo Eli y se sentó —. Cómeme el coño un poco y te dejo empezar con tu miembro viril.

—Muchas gracias, mi señora —dijo Ignacio con una reverencia. Inclinó su espalda para hacer la reverencia, pero su pene descortés se mantuvo erecto apuntando hacía el techo.

—Comienza con tu deber, lacayo —ordenó Eli y se recostó en la cama.

Ignacio acarició las piernas de la madura y llegó con los dedos a la vagina. La tanteó un poco antes de introducir la lengua y comenzar con sus entrenadas habilidades orales.

Carlos acompañó a la lengua con sus dedos.

—Mmm, Ignacio. No hace falta que uses ya los dedos. Si empiezas no te dejaré parar hasta que me des un orgasmo. Ya puedes follarme con tu polla —dijo Eli.

Ignacio sonrió. Su pene y sus testículos siempre sufrían cuando se quedaban esperando impacientes su momento.

Ignacio se abalanzó sobre Eli y la ensartó con su pene.

Eli gimió.

—No saldría nunca de tu coño —soltó Ignacio.

—Eso sería si tuvieras suficiente aguante —bromeó Eli —. Vamos a probar otra postura. Quiero que me folles a cuatro patas.

Ignacio sacó su pene de la vagina de Eli y la madura se incorporó. Lo hizo lentamente como si quisiera torturarle con la espera. Su pene anhelaba con todas sus fuerzas adentrarse de nuevo en esa vagina.

Eli se colocó al fin a cuatro patas e Ignacio se colocó de inmediato tras ella. El pene localizó en un instante la entrada a la caverna del placer y se adentró sin esfuerzo.

Ignacio entró lentamente y al llegar al final la comenzó a sacar con la misma parsimonia, disfrutando de cada milímetro de vagina.

No sacó el pene del todo, sino que lo sacó hasta dejar solo el glande dentro.

Se mantuvo así un segundo y volvió a adentrarse lentamente en la vagina de su jefa.

Lo repitió en tres ocasiones. Luego dejó el glande solo unos segundos y meneó violentamente las caderas para penetrar de golpe a Eli.

Esa embestida la hizo soltar un gemido de sorpresa y placer.

Ignacio no siguió con la técnica de follar despacio. Comenzó a follar con ganas. Sin parar. Sudaba y Eli gemía sin parar.

No iba a contenerse. Sabía que si paraba conseguiría subir un minuto o dos el acto sexual, pero ir haciendo paradas implicaba cortar aquel placer y reanudarlo desde un punto más abajo.

No paró. Siguió y siguió. Cuando sus testículos le alertaron de que iban a estallar no se contuvo.

Lo dejó salir todo. Ignacio eyaculó con fuerza. Con más fuerza que nunca.

Eli sintió esa gran oleada de semen golpeándole las profundidades como un sunami.

—Qué buena follada, cielo —felicitó Eli —. Pero ahora no pares. Aprovecha que aún la tienes dura.

Ignacio obedeció. Sus caderas comenzaron a moverse de nuevo. Eli gemía y gemía y de pronto sus piernas se tambalearon.

Le había dado el orgasmo a la GILF. Pero no iba a parar, él estaba a punto de obtener su segundo orgasmo.

Siguió y siguió y liberó toda la presión que habían conseguido acumular sus testículos en esos escasos minutos de la segunda follada.

El semen inundó una vagina que ya desbordaba el semen de la anterior eyaculación.

—Follar en esta cama te sienta bien —dijo Eli complacida —. Incluso aunque no usaras ahora tus dedos ya me habrías dejado complacida. Pero ¿por qué no más placer? Usa tus dedos como tú sabes.

Ignacio retiró su pene de la vagina y Eli volvió a tumbarse.

Ignacio se acostó junto a ella para besarla y estrujar sus pechos con una de las manos, mientras la mano derecha comenzaba el ritual dactilar.

La mano izquierda no se divirtió demasiado con los pechos de la madura, pues enseguida tuvieron que unirse a la mano derecha en la vagina.

Quien relevo a la mano izquierda en el cuidado de las tetas de Eli, fue la boca de Ignacio.

Eli gemía mientras los dedos del joven le otorgaban placer. Y, en menor medida, la boca que lamía sus pechos también le otorgaba su pequeña dosis de placer.

Eli gimió y gimió ante la habilidad con las manos de su joven siervo y al final estalló en un sonoro orgasmo.

—Ufff, mi querido jovencito —dijo Eli con la respiración agitada —. Cada vez lo haces mejor. Voy a tener que descansar un momento antes de ir a la ducha.

Ignacio sonrió satisfecho y se dejó llevar por el sueño al lado de Eli.