SIERVO DE UNA GILF -11-
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Ignacio llegó al día siguiente con sueño a su puesto de trabajo.

No había dormido bien. Había tenido varias pesadillas.

En una de las pesadillas, Eli le daba la carta de despido y ahí se despertaba de golpe.

En otra de las pesadillas, Eli se iba de viaje sin él.

Ignacio, aunque en la pesadilla no había acompañado a Eli, sí que la veía en la playa rodeada de chicos jóvenes.

Luego Eli volvía con dos de esos atléticos chicos y le decía que tenía nuevos siervos, que ya no le necesitaba.

Había tenido varias pesadillas más, aunque estaban más borrosas en la mente y los pocos fragmentos que recordaba iban desapareciendo.

Entró en la casa y comenzó a barrer. Eli debía estar durmiendo como algunas mañanas. Aunque por momentos temía que Eli se hubiera marchado y no estuviese en la casa. Más de una vez estuvo tentado de subir a comprobar si estaba en su dormitorio.

Una hora más tarde, Eli apareció y el joven suspiró aliviado.

—Marquesa —saludó Ignacio con una reverencia.

Eli llevaba un corsé rosa y unas medias fucsias, el sonido de sus tacones morados resonaba a cada paso.

—Joven siervo mío, es hora de darle placer a tu ama —dijo Eli con solemnidad y el joven no pudo estar más feliz.

Eli caminó delante de él, conduciéndolo a un pequeño salón anexo al comedor.

Era un salón con varios muebles con vitrinas donde se exhibían tazas de porcelana, copas de peltre, vasos de vidrio verde y platos de obsidiana, así como cubertería de plata.

También había un estante con libros, una tele de plasma que desentonaba con los muebles señoriales y un sofá de cuero negro como el de algunos videos para adultos que había visto Ignacio.

Eli se sentó en el sofá y abrió las piernas, aunque el corsé tenía una parte puntiaguda en el centro que tapaba el coño.

—¿Qué desea mi señora? —Preguntó Ignacio con reverencia.

—Que mi siervo deje mis pechos relucientes —dijo Eli y comenzó a sacar los pechos del corsé. Las tetas quedaban en una posición curiosa, dada la rigidez del corsé, era como dejarlos asomándose por una fina muralla.

Ignacio no dudó y se sentó a horcajadas sobre Eli y comenzó a besar y lamer aquellos pechos.

Eli por su parte bajó lentamente los pantalones de Ignacio, un poco solo, lo necesario para sacar con facilidad el pene del joven y comenzar a masturbarlo.

—Suficiente, siervo —dijo Eli —. No quiero que me manches el corsé. Me lo tendré que quitar —Ignacio se levantó y Eli se quitó el corsé, luego puso una pierna apoyada sobre el sofá —. Quítame las medias —ordenó.

Ignacio fue enrollando suavemente la media a lo largo de la pierna de la madura, hasta dejar un bulto en el tobillo. Iba a quitarle los tacones, pero Eli movió la pierna y puso la otra para que Ignacio procediera del mismo modo con la otra media.

—¿Ahora te quito los tacones? —Preguntó Ignacio.

Eli dudó.

—Iba a dejarlo así, pero la verdad es que las medias enrolladas quedan feas y molestan un poco —dijo Eli y se sentó sobre el sofá y estiró una pierna para apoyar el pie sobre el pecho de Ignacio.

Ignacio procedió con mimo a quitar los tacones y luego terminar de quitar la media de la pierna derecha. Eli hizo descender el pie lentamente por el torso de Ignacio y luego se detuvo en el pene, acariciándolo con los pies.

Eli sonrió como si acabara de ocurrírsele algo.

La GILF terminó de bajar el pie y colocó el otro sobre el pecho de Ignacio, que igual que antes quitó con cariño el tacón y la media. Eli volvió a bajar su pie lentamente por el torso del joven y se detuvo en el pene del chico.

—Nunca te he masturbado con los pies —dijo Eli y levantó el otro pie para dejarlo a la altura del pene de Ignacio. Los pies se movieron para atrapar el pene entre ellos.

—Es la primera vez —dijo Ignacio excitado.

Eli comenzó a acariciarse el pubis con suavidad mientras masturbaba a Ignacio con los pies.

No podía ser de otro modo, Ignacio no tardó demasiado en eyacular.

El semen salió disparado hacía delante y golpeó con fuerza el respaldo del sofá, justo encima de la cabeza de Eli.

Ese semen fue deslizándose lentamente hasta caerle en la cabeza.

Pero no todo el semen salió con tanta fuerza.

Un poco brotó más suave y Eli lo atrapo entre los pies.

Con los pies manchados de semen, los siguió moviendo por el pene, embadurnando el pene de Ignacio con su propio semen.

Eli se llevó una mano a la cabeza y acarició su pelo.

—Me has manchado el pelo, tendrás que compensármelo —dijo Eli con malicia y paró de masturbar a Ignacio con los pies. Abrió bien las piernas y se recolocó un poco en el sofá —. Espero que uses bien tu lengua y tus dedos.

—Siempre los uso a la perfección con mi amada marquesa —dijo Ignacio y se arrodilló.

—Con tu marquesa y con tu querida Fina —dijo Eli —. Aunque vas a estar un tiempo sin verla.

—¿Me vas a llevar de vacaciones? —Dijo Ignacio y justo tras decirlo se arrepintió. No sabía si debía decir que sabía aquello.

—Quizá —dijo Eli —. Solo si demuestras que sigues siendo hábil con los dedos y la lengua.

Ignacio acomodó su cabeza entre las piernas de Eli y comenzó a usar la lengua. Los dedos no tardaron en unirse a la fiesta. Iban llegando de uno en uno. La vagina de Eli los aceptaba a todos con alegría.

Eli comenzó a gemir, aquellos gemidos eran la música que guiaba a su lengua y a sus dedos.

Ignacio lo daba todo, como siempre. Compensaba su eyaculación precoz (aunque poco a poco era menos precoz) con su talento con los dedos.

Eli movió las piernas, rodeándole por detrás y cerrándolas, de modo que apretó la cabeza del joven contra el pubis.

La madura soltó un gran gemido y el squirt empapó la barbilla de Ignacio. Sacó los dedos ya arrugados de la vagina de su GILF y los lamió.

—¿Uso el dedo grande? —Preguntó Ignacio, deseando que la madura le otorgara permiso para penetrarla con el pene.

—Adelante —dijo Eli —. Alimenta a mi coño con tu zanahoria e hidrátalo con tu leche especial.

Ignacio se lanzó a penetrar a Eli. La madura comenzó a acariciarse el clítoris con la mano derecha. Con la mano izquierda se estrujaba uno de los pechos.

Ignacio movió sus caderas. Ahí también había mejorado. Movía las caderas con una cadencia placentera que arrancaba suaves gemidos en la magnífica GILF que tenía delante.

Ignacio de pronto se echó hacía atrás y sacó el pene de la vagina de Eli. Lo mantuvo fuera unos segundos y golpeó suavemente los labios vaginales antes de volver a meterlo y empezar a mover las caderas con cautela.

—Parece que esta vez he conseguido aguantar —dijo Ignacio.

—Muy bien, guapo. Así me gusta —jadeó Eli —. Cada vez más cerca de ser todo un follador.

Ignacio volvió a hacer lo mismo dos veces más. A la tercera, nada más sacarlo, abrió los ojos y metió de nuevo el pene rápidamente. Nada más tocar el glande los labios vaginales ya había empezado a eyacular. El pene empujó el semen según penetraba a Eli a más profundidad.

—Ufff, casi se pierde fuera el semen —dijo Ignacio con el pene bien adentro de la GILF.

—Has intentado aguantar —dijo Eli —. Y ha estado muy bien. Yo estoy casi casi. Si hubieras aguantado esta vez... Hubiéramos llegado juntos. Ahora termina. No pares. Ya casi estoy. Ya viene.

Eli frotó con más fervor su clítoris y el joven movió sus caderas. El pene seguía duro. No tanto como antes de eyacular, pero seguía siendo una herramienta de placer.

Eli soltó otro gran gemido al llegar al orgasmo, sus piernas temblaron y sus fluidos empaparon el pubis del joven.

—¿Me he ganado ir de vacaciones? —Preguntó Ignacio.

—Sí, voy a necesitar a mi siervo —dijo Eli con una sonrisa.