SIERVO DE UNA GILF -10-
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Fina aparecía varias veces a la semana. Los días que iba Fina entrenaban un poco de resistencia.

Ignacio se masturbaba y paraba para luego continuar, intentando aguantar más.

No había hecho grandes progresos, pero no importaba.

Él se llevaba sus orgasmos y podía follar con Fina unos minutos.

Fina por su parte se llevaba sus orgasmos también.

Ignacio conseguía darle uno con el pene, follándosela.

Pero la mayoría de los orgasmos que le daba a Fina era gracias a sus dedos.

Eli también se llevaba su dosis de orgasmos. Su jefa lo dejaba bien seco también. El día que no follaba con Fina, follaba con Eli. Salvo los fines de semana, que eran para darle descanso a los testículos tan sobreexplotados.

Las semanas se sucedieron con esa rutina. Ignacio limpiaba y hacía la compra durante su jornada, esas eran sus únicas tareas. Luego tenía su pausa para almorzar y por su puesto sus pausas para follar. Por si fuera poco, cobraba bien. Ese trabajo era un sueño del que no quería despertar.

Ignacio estaba fregando los platos, ese día ya había cumplido su entrenamiento con Fina.

Terminó de fregar y dejó el último plato en el escurridero.

Había fregado bastantes platos, no porque estuvieran sucios sino porque Eli cada mes le mandaba fregar toda la vajilla.

Decía que en el armario iba cogiendo polvo poco a poco y que cada cierto tiempo había que limpiar todo, aunque no se hubiera usado.

Ignacio salió de la cocina y fue a por el trapo para abrillantar la barandilla de las escaleras. En ese precioso instante bajaba Fina con el pelo húmedo tras la ducha.

—Bueno, guapo. Ya nos veremos —dijo Fina —. A ver si en un par de meses podemos retomar tu entrenamiento. Voy a echar de menos esos dedos que tienes.

Fina se acercó a Ignacio y le dio un beso en la boca. Sus lenguas no tardaron en entrelazarse. La mano de Ignacio fue al enorme culo de la madura y lo estrujó.

—¿Y eso? ¿No vas a venir hasta dentro de unos meses? —Preguntó Ignacio decepcionado. No es que Eli no fuera suficiente para él. Pero le encantaba follar con Fina y en la variedad estaba el gusto.

—¿No te lo ha dicho Eli? —Preguntó Fina.

—¿Qué tenía que decirme? —Preguntó Ignacio y comenzó a sentir miedo. ¿Iba a despedirlo?

—Eli se va de vacaciones y necesita a su fiel siervo a su lado —dijo Fina.

—¿Vacaciones? —Murmuró Ignacio mientras procesaba la información. De pronto abrió mucho los ojos —. ¿Me voy de viaje con la marquesa?

Fina se encogió de hombros.

—Es lo que ha hecho otras veces. Aunque no siempre se ha llevado a su chico con ella. Igual aún está considerando si llevarte con ella o no —dijo Fina —. Bueno, guapo. Ya nos veremos.

Fina dio otro húmedo beso a Ignacio y se marchó.

Ignacio dudó si debía subir a preguntarle a Eli por las vacaciones.

Necesitaba una respuesta, pero si Eli aún no había decidido si llevarle o no, no quería que se enfadara con él.

Al fin y al cabo, no quería ser el siervo cotilla que se enteraba de las cosas de su ama por medio de otras mujeres.

Aunque era culpa de Fina que supiera lo de las vacaciones, pero Eli no le había dicho nada así que es algo que no debía saber.

Debía limpiar. Eso es lo que esperaba de él Eli en ese preciso momento. Se centraría en dejar la barandilla de las escaleras brillantes para que Eli estuviera contenta con él.