SIERVO DE UNA GILF -9-
43%

-9-

Eli se pasó la semana disfrutando de la técnica de los seis dedos de Ignacio y luego hidratando su coño con el semen del joven.

El lunes el plan no fue diferente, pero el martes Ignacio llegó y se encontró a Eli tomándose un café con Fina en la cocina.

—Hoy te toca entrenamiento con Fina, así que no vas a follar —dijo Eli y lanzó una mirada a Fina para que lo confirmara.

—Así es, hoy tu cosita no va a entrar en ningún coño. Eso sí, quiero que me folles con tus dedos. Pero primero el entrenamiento —dijo Fina y dio un sorbo de café.

—Sube a la habitación reservada de mi amiga y espérala desnudo —ordenó Fina.

Ignacio obedeció. Subió a la habitación que Eli guardaba para su amiga y se desnudó. Se sentó desnudo sobre la cama y su pene comenzó a inflamarse. Se hinchaba ante la perspectiva de poder manosear los enormes pechos de Fina.

La mano derecha de Ignacio acarició el pene y a punto estuvo de comenzar a masturbarse.

Pero se detuvo. Si ya duraba poco, solo le faltaba masturbarse.

Que llegara Fina y justo eyaculara al verla entrar...

Sería vergonzoso incluso para su ya ridícula resistencia.

Aunque había conseguido rascar casi un minuto con Eli.

Aguantaba casi lo mínimo aceptable ya. O al menos, lo que él consideraba como límite para no ser catastróficamente vergonzoso.

Los minutos se sucedieron sin que Fina apareciera. Su pene comenzó a deshincharse por el aburrimiento. La dura erección se convirtió en una triste flacidez. Unos minutos más tarde escuchó las voces de Fina y Eli acercarse y su pene reaccionó con un latido y recuperó un poco de tamaño.

Las dos maduras aparecieron en la puerta y lo miraron con una sonrisa.

—Míralo que guapo está desnudo —dijo Eli —. Divertíos.

Eli hizo un elegante gesto con la mano a modo de despedida y se fue a otra habitación. Fina entró y comenzó a desnudarse. Aquellos enormes pechos provocaron una reacción instantánea en el pene de Ignacio que se transformó en una torre de acero.

—Así me gusta, que estés bien duro —dijo Fina y se tumbó junto a Ignacio. Notó el aroma del perfume. Un perfume nuevo. En lugar del de mujer mayor del otro día llevaba uno juvenil con aroma a vainilla.

—Entonces no vamos a follar —afirmó Ignacio.

—Hoy no, pero vas a verme desnuda. Ya lo estás haciendo —dijo Fina con una sonrisa —. Y puedes tocarlas. Sé que te encanta ver y tocar mis tetas. Empieza a masturbarte para mí.

Ignacio empezó a masturbarse. Apretó con firmeza su pene y fue meneando la mano con velocidad creciente.

—¿Dónde quieres el semen? —Preguntó Ignacio.

—¿Ya? Si llevas literalmente cinco segundos —dijo Fina.

—Aún no, pero en poco tiempo sacaré la leche, ya lo sabes. Lo pregunto para saberlo con antelación —dijo Ignacio sin parar de masturbarse ni de mirar las tetas de Fina.

—Si quieres puedes eyacular en mis tetas o en mi boca o sobre mi coño o... Bueno, donde quieras. Pero tienes que resistir. En cuanto notes que vas a soltarlo todo, para e intenta aguantar —pidió Fina.

Ignacio siguió masturbándose y de pronto soltó la mano y dejó el pene erecto delante de Fina.

—Si paro creo que puedo aguantar —dijo Ignacio.

—Pero si ahora vuelves a tocarte, ¿aguantarás o continuas en el segundo antes de la eyección? —Dijo Fina y tocó el pene de Ignacio con su pezón. Frotó el pezón contra el glande solo durante tres segundos y paró. Ignacio parecía resistir con todas sus fuerzas.

Fina movió sus pechos con las manos. Lo hizo para que Ignacio viera el movimiento de las tetas, pero sin tocarlo.

Del pene de Ignacio floreció algo blanco.

No estaba eyaculando con fuerza, ya que eso hubiera lanzado el semen a la estratosfera.

El semen brotaba del glande de Ignacio como el agua que sale de una roca de forma calmada.

El semen fue cayendo por los laterales del pene y cayendo sobre el pubis de Ignacio.

—No he podido contenerlo —se excusó Ignacio.

Fina chasqueó la lengua.

—Ha sido un experimento interesante. Lo bueno es que Eli dice que después de eyacular aguantas un par de minutos —dijo Fina.

—Hay veces que llego a aguantar 4 minutos, quizá incluso 5 —dijo Ignacio a toda prisa.

Fina sonrió con ternura.

—Vamos a comprobarlo —dijo Fina —. Túmbate bien que te voy a cabalgar.

—Entonces al final sí que follo —dijo Ignacio ilusionado.

—Sí, pero luego tendrás que compensármelo —dijo Fina.

Ignacio agarró la almohada y la acomodó en la cabeza y se estiró bien en la cama. El pene le palpitaba, manteniendo la dureza para poder ser cabalgado.

Fina se movió con algo de torpeza. Un cuerpo tan grande no podía moverse con la misma soltura y agilidad que Eli en una superficie como era una cama.

Fina se colocó sobre Ignacio y fue tanteando la entrada de su vagina con el glande de Ignacio hasta que acertó la posición y bajó de golpe.

La vagina de Fina engulló sin problemas el pene de Ignacio.

Con el pene dentro, Fina recolocó sus piernas y se echó hacía delante para apoyar las manos a los lados de Ignacio.

Los enormes pechos de Fina cayeron sobre la cara de Ignacio, dándole suaves caricias.

Ignacio agarró los pechos que se desparramaban sobre su rostro y comenzó a amasarlos. Fina, por su parte, comenzó a cabalgar al joven.

La madura se movía despacio y casi parecía que aprovechaba el rebote que le ofrecía el colchón en cada movimiento.

Fina comenzó a gemir y el joven comenzó a jadear.

Lo cierto es que el peso de Fina se notaba, la abultada barriga de la madura presionaba sobre el vientre del chico y también sobre parte del tórax, reduciendo la capacidad de expandirse de sus pulmones.

Necesitaba más aire, pero en lugar de respirar por la boca el joven se afanaba en lamer aquellos pechos descomunales.

Estaba ya algo aturdido, pero el placer lo tenía atrapado en esa dinámica.

—No está mal, jovencito —gimió Fina —. Si aguantas un poco más igual llego al orgasmo yo.

Ignacio lograba resistir. Quizá con menos oxígeno en lugar de resistir menos, resistía un poco más. Pero realmente no podría aguantar mucho más, la mente comenzaba a nublársele y sus testículos ya se movilizaban.

Fina se echó un poco más hacía adelante, descargando más peso sobre su cuerpo y comenzó a frotar la grasa que recubría su clítoris contra el pubis de Ignacio mientras se movía adelante y atrás, haciendo que el pene frotara las paredes vaginales.

—Venga campeón, que ya casi estoy. Lo vas a conseguir —gimió Fina.

Ignacio no resistió y llenó de semen el coño de Fina. Siempre solía entrarle un poco de sueño después de eyacular, pero ahora el sueño lo noqueó.

Fina por su parte no paró. Siguió moviéndose. Estaba más excitada tras haber sentido el semen del joven llenando su vagina. El orgasmo estaba cerca. Con las tetas encima de la cara de Ignacio no podía ver que estaba ko. Pero sí sentía que el palpitante pene del joven comenzaba a languidecer.

Sudorosa, Fina forzó sus caderas y sus rodillas para llegar al orgasmo. Una corriente recorrió todo su cuerpo y una explosión de placer la embriago. Exhausta se recostó con todo su peso sobre Ignacio.

—Muy bien, jovencito —felicitó Fina, pero Ignacio no dijo nada —. ¿Ignacio?

Fina se incorporó y miró a Ignacio parecía dormido y comenzó a zarandearlo mientras lo llamaba por su nombre.

Ignacio entreabrió los ojos.

—¿Eh? ¿Dónde estoy? —Preguntó Ignacio confundido.

—Ay, Dios. Menos mal. Creía que te había pasado algo. Me he tumbado encima de ti y yo soy bastante gruesa y tú no eres demasiado corpulento. Hace años me pasó con un hombre de mi edad que tuve que llamar a la ambulancia. Que susto —dijo Fina y soltó una risita nerviosa.

—Me he quedado dormido —dijo Ignacio algo atolondrado —.

Nunca me duermo después de eyacular. Quiero decir después de follar, aunque tengo un poco de sueño justo en ese momento.

Para dormir, antes sí que usaba la técnica de masturbarme y dormirme después de eyacular —comentó Ignacio que iba despejándosele la mente.

—Si te ves con fuerzas, ahora quiero probar la técnica de los seis dedos. Me encanta y quiero ver sí aún puedes usar tus dedos mejor que la última vez —dijo Fina —. Tú te has llevado dos orgasmos y yo solo llevo uno.

—Es justo que te de otro orgasmo —dijo Ignacio —. Dame un segundo que recupere el aliento y te doy tu orgasmo.

Ignacio se lo tomó con calma y empezó a usar su habilidad con Fina. La vieja tenía su orgasmo asegurado.