SIERVO DE UNA GILF -8-
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Ignacio llegó al día siguiente a la casa de Eli y la madura le estaba esperando al lado de una de las armaduras. La GILF estaba completamente desnuda, salvo por los ligueros negros y los zapatos de tacón.

—Fina me ha dicho que usase seis dedos con ella —dijo Eli en tono pícaro —. Esa técnica no la has usado conmigo. Y no vas a ponerte a limpiar hasta que no me enseñes esa habilidad.

—Como desee mi señora —dijo Ignacio con una reverencia. ¿Qué mejor forma había de empezar una jornada laboral?

—Vamos a mi habitación —dijo Eli.

Ignacio la siguió. Su pene ya estaba erecto y su cuerpo parecía querer moverse por sí mismo, agarrar a Eli y darle una tremenda follada de 2 o 3 minutos ahí mismo.

Ponerla a cuatro patas y hacerla gemir. Pero se contuvo.

Debía obedecer y esperar a llegar al cuarto.

Su pene, por mucho que quisiera salir, debería quedarse atrapado en los pantalones sufriendo hasta que Eli le concediera la libertad.

Pero sus dedos sí que iban a gozar de la vagina de aquella atractiva madura.

Llegaron a la habitación y Eli se sentó, apoyando su espalda contra el cabecero de la cama y abriéndose de piernas para Ignacio.

—Antes de meterme los dedos tendrás que meterme la lengua —dijo Eli.

—A sus órdenes —respondió Ignacio y se subió a la cama. Lo único que se quitó fue los zapatos, a pesar de que Eli estaba con los tacones sobre la cama.

Ignacio metió su cabeza entre las piernas de Eli y comenzó a lamer los labios vaginales de la madura.

La lengua se movió rápido e incursionó en la vagina un segundo antes de ir en busca del clítoris.

Ignacio se deleitó lamiendo el clítoris y aunque Eli aún no le había dicho que le metiera los dedos, Ignacio introdujo el dedo corazón en el coño de la marquesa.

Eli suspiró y le acarició el pelo.

—Adelante, méteme todos los dedos —pidió Eli.

Ignacio siguió lamiendo el clítoris y comenzó a introducir dedos. Añadió el dedo índice y luego el anular. Siguió con tres dedos un rato hasta que el coño de Eli estaba completamente preparado para el abordaje de los dedos de la mano izquierda.

Ignacio paró de pronto de lamer el clítoris y dejó quieto los dedos dentro del coño de Eli.

Escupió tratando de ser discreto, lo cual provocaba que el pelo rebelde se quedara en su boca.

Eli tenía el coño depilado, pero los pelos seguían creciendo y alguna vez algún pelo astuto sobrevivía, como ese que había terminado en su boca.

—Pufff, pufff —siguió Ignacio con sutileza.

—No pares —ordenó Eli.

Iginacio decidió sacar los dedos del coño de Eli y quitarse el pelo de la boca con esos dedos húmedos. Saboreó los deliciosos fluidos vaginales que impregnaban sus dedos un momento antes de devolver esos dedos al coño de la madura.

—Perdón, es que un pelo... Pero ahora voy con todo —dijo Ignacio y volvió a poner su lengua a trabajar en el clítoris. Los seis dedos que estaban a remojo en la vagina de la madura comenzaron a moverse como habían hecho el día anterior con Fina.

Los dedos se coordinaban para ir al unísono, pero de vez en cuando se desacoplaban e iban cada trío de dedos a su ritmo. Ignacio además movía sutilmente las falanges de sus dedos para causar más sensaciones placenteras en la madura.

Eli agarró del pelo a Ignacio y apretó su cabeza contra su coño.

—Sí. Así. Eso es —comenzó a gemir Eli.

Ignacio no tardó en recibir el impacto del squirt en la cara y recibir las caricias de las piernas temblorosas de la sesentona mientras gozaba del éxtasis de un buen orgasmo.

—¿Saco los dedos? —Preguntó Ignacio.

—Sí, y méteme el más gordo de los que tienes. Ese que tienes entre las piernas —dijo Eli —. ¿Cómo tienes los huevos?

—A punto de estallar — respondió Ignacio mientras se afanaba en bajarse los pantalones.

—Date prisa, quiero que todo quede en mi coño —ordenó Eli.

Ignacio blandió su duro pene y fue corriendo a metérselo entre las piernas a Eli.

El pene de Ignacio parecía un misil dirigido al objetivo, alcanzó la vagina al primer intento y la penetro sin la más mínima resistencia y justo cuando llegó al fondo estalló en una explosión de leche.

—Casi no llego —dijo Ignacio.

Eli se echó a reír.

—Ha sido rápido, incluso para ti —dijo burlona Eli —.

Pero ha estado bien. Con esos dedos puedes permitirte disparar en el primer segundo.

Aunque bueno, para ti que no puedes gozar de follarme el coño quizá no quieras permitirte ser tan endiabladamente rápido.

Yo estoy encantada si me follas el coño así con los dedos, pero para un hombre no es lo mismo.

No tienes las terminaciones nerviosas de la polla en los dedos.

—Necesito aprender a aguantar más —se lamentó Ignacio.

—Al menos has aguantado mientras me follabas con tu lengua y tus dedos —dijo Eli —. Quizá ahora puedas aguantar un poco más follando. Sigues teniendo tu polla dentro de mí y la sigo sintiendo muy dura.

—Sí, es que me pones mucho —admitió Ignacio.

—Pues fóllame con tu miembro viril, te lo has ganado. Fóllame hasta volver a correrte —ordenó Eli.

Aunque Eli que había comenzado estando sentada, se había ido escurriendo, no estaba en una posición cómoda para estar follando sin parar, así que Ignacio sacó su pene y Eli se terminó de tumbar.

Ignacio se echó encima de Eli y la penetró a la vez que estrujaba uno de sus pechos.

—Me encanta tu coño —jadeó Ignacio.

—Mientras seas un siervo leal podrás disfrutar de vez en cuando de mi coño —respondió Eli —. E incluso del coño de Fina.

—Es el mejor trabajo de mi vida —jadeó Ignacio y Eli soltó una risita.

—¿Te gustan las tetas de mi amiga? —Preguntó Eli.

—Ufff, sí. Son enormes —respondió Ignacio sin parar de menear las caderas.

—Las mías son mucho más pequeñas, ¿no te gustan? —Preguntó Eli.

—Me encantan también —respondió Ignacio sudoroso. Eli también sudaba y sus sudores se mezclaban con la fricción de sus torsos cada vez que las caderas de Ignacio embestían el cuerpo de la sesentona.

—A los hombres os pierden las tetas —dijo Eli con desdén —. Y los coños también. Pero el coño te lo has comido y mis tetas no.

Ignacio no dudó y se llevó uno de los pezones de Eli a la boca y comenzó a succionar.

Sus testículos estaban a punto de reventar.

Ignacio cerró los ojos y trató de concentrarse en impedir la eyaculación.

Tenía que aguantar todo lo posible. Pero tener un pecho en la boca era algo demasiado erótico.

Aunque ese no era el mayor problema para resistirse.

El morbo de estar follándose a su jefa, una marquesa adinerada que le triplicaba la edad era insuperable.

Aunque realmente había algo que lo superaba en placer, el coño de esa GILF.

Un coño húmedo, caliente y prieto que hacía que sintiera que su pene se fundiera como mantequilla dentro de esa cueva del placer.

Ignacio resistió. Debía aguantar más.

Los testículos hicieron el amago de activar el protocolo de vaciado.

Pero Ignacio aguantó. 10 segundos más y los testículos dieron una sacudida, pero Ignacio resistió.

5 segundos más tarde, Eli soltó uno de sus gemidos que lo volvían loco y los testículos volvieron a sacudirse, pero esta vez no pudo detenerlos.

El semen recorrió sin descanso los conductos y salió propulsado con fuerza.

El semen golpeó las paredes vaginales de Eli.

—Creo que has aguantado unos minutos —felicitó Eli —. Y me encanta sentir que me llenas con tanta leche. Eras una central lechera —bromeó la madura.

Ignacio sonrió. No había aguantado mucho, pero había logrado resistirse un poco. Quizá pudiera ir mejorando su aguante. Le llevaría tiempo, pero si el entrenamiento consistía en follar con Eli, ojalá tener que entrenar toda la vida.

—Dúchate y al trabajo —ordenó Eli.

Ignacio sacó su pene a regañadientes del coño de Eli y se paró un momento a observar cómo su semen iba brotando y cayendo sobre unas sábanas que luego debería de lavar.

—Te gusta mirarme el coño, ¿eh? —Dijo Eli.

—Me encanta —dijo Ignacio —. Y ver el semen saliendo.

Eli sonrió e hizo un movimiento vaginal que expulsó una cantidad mayor de semen.

—Tienes mucho, seguro que lo miras con orgullo. Si tuvieras una buena resistencia, serías todo un semental —dijo Eli —. Ya ha salido casi todo. Ahora a la ducha y a trabajar.

—Sí, ama —respondió Ignacio y recuperó sus pantalones, aunque no se los puso porque no tenía sentido ponérselos para quitárselos un minuto después en el cuarto de baño.