SIERVO DE UNA GILF -6-
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Ignacio llegó al día siguiente esperando un recibimiento como el del día anterior. Pero Eli vestía como de costumbre, como si no hubiera pasado nada. Quizá eyacular tan rápido había hecho que la GILF perdiera interés en él.

Ignacio se puso a fregar el piso de abajo y Eli llegó y le entregó un papel. Ignacio abrió el papel y comprobó que era la típica lista de la compra. Nada inusual.

Como buen siervo, terminó de fregar el trozo que le quedaba y fue fregando de nuevo el camino hacia la puerta para poder salir.

Realizó la compra con diligencia y regresó a la casa de la marquesa. Colocó la compra y fue a por la bayeta y la cera para abrillantar armaduras.

—Ignacio —llamó Eli. Su voz parecía provenir del salón.

Ignacio entró y se encontró a Eli con una fina bata de seda de color azul cielo con ribetes de oro.

La bata estaba entreabierta, lo que dejaba vislumbrar que la madura estaba completamente desnuda.

La bata estaba abierta lo justo para exhibir el esternón pero los pechos quedaban cubiertos por la seda, no así su coño que quedaba expuesto.

—Mi señora —dijo Ignacio y su pene comenzó a hincharse.

—Necesito una limpieza especial —dijo Eli y se subió sobre la robusta mesa de madera oscurecida. Una mesa de tamaño suficiente para 20 comensales —. Aquí. Usa tu lengua —ordenó Eli y abrió sus piernas a la vez que señalaba su clítoris con el índice.

—A sus órdenes —dijo Ignacio y soltó la bayeta y dejó la cera en el suelo sin demasiado cuidado.

Ignacio se encorvó para meter su cabeza entre las piernas de la sesentona y comenzó a usar la lengua. Eso no lo había entrenado, pero iba a esforzarse en dar lo mejor de sí.

La punta de la lengua de Ignacio recorrió la piel del pubis de Eli. Emanaba aún el aroma afrutado del gel de ducha que la madura había usado mientras él hacía la compra. La lengua comenzó a jugar con el pequeño clítoris de la marquesa.

—Esto no se te da nada mal —felicitó Eli —. Sigue así, lo haces muy bien. Pero ahora méteme los dedos como ayer. Fóllame con tus dedos mientras me limpias con la lengua —ordenó Eli.

Ignacio obedeció. Fue a meter los tres dedos, pero no entraron con facilidad. Así que decidió empezar con solo un dedo.

Eli comenzó a acariciarle el pelo, pero no tardó en agarrarle del pelo y tirar de él como si fuera un matojo de hierba que quisiera arrancar.

Dolía, pero le encantaba. No podía parar de meter sus dedos dentro de la vagina.

Ya metía los 3 dedos, metiéndolos y sacando a toda velocidad.

Su lengua lamía con ansía el clítoris, pero ya no se centraba solo en esa zona, también bajaba por los laterales de los labios vaginales para recuperar los fluidos de su ama.

Unos fluidos deliciosos que lo excitaban todavía más.

Eli dejó de tirar de su pelo y empujó su cabeza con las dos manos.

La nariz de Ignacio se aplastó contra el pubis de la mujer.

Su lengua tenía más dificultades para recorrer la piel que él deseaba lamer, pero podía moverla.

Lo que sí continuaba moviendo con libertad era los dedos, unos dedos que empezaban a fatigarse, pero que aún se movían con energía.

—Oh, sí. Así. Ya llega —jadeó Eli.

Los fluidos vaginales salieron con más fluidez y de pronto una explosión de líquido le golpeó, metiéndose un poco en su nariz. La presión de las manos de Eli se liberó justo en ese momento, en el cual Ignacio se retiró hacía atrás por instinto.

Se sonó la nariz para expulsar el líquido que le había entrado.

Miró a Eli, la cual le sonrió con malicia.

—Duras poco follando, pero esto lo sabes hacer bien. Al fin y al cabo, limpiar es tu oficio —dijo Eli en tono burlón —. Pero un buen trabajo merece una buena recompensa. ¿O has manchado los pantalones?

Ignacio se miró la entrepierna. No recordaba haber eyaculado mientras disfrutaba del coño de la GILF, pero se bajó los pantalones y comprobó que no había nada blanco ahí. Eso sí, sus testículos iban a estallar en cualquier momento.

—No, pero no se sí aguantaré 3 segundos siquiera —dijo Ignacio.

—Tengo hambre, un aperitivo rápido entonces —dijo Eli y se bajó de la mesa, se arrodilló delante de Ignacio y se metió el glande en la boca.

La lengua de Eli acarició con un abrazo al glande dentro de la boca, a su vez con la mano izquierda estrujó el escroto de Ignacio. Pudo sentir el movimiento de los testículos. El joven eyaculó. 2 segundos. Eso es lo que había resistido. El semen llenó la boca de la madura.

Eli echó la cabeza hacía atrás, mostrándole el semen a Ignacio. Cerró la boca y engulló.

—Disparas muy rápido, pero has generado una buena cantidad de leche de un día para otro.

Al menos eres lechero. Pero hay que mejorar mucho tu velocidad de disparo.

Aunque bueno, eso es segundario para mí.

Sabiendo usar los dedos y la lengua puedes complacerme —dijo Eli —.

Lávate la cara y ponte a limpiar el piso de arriba —ordenó.