SIERVO DE UNA GILF -5-
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Faltaba media hora para entrar a trabajar, pero allí estaba Ignacio en la puerta.

Mirando el móvil sin parar esperando a que fuera la hora de entrar.

Iba a follar por fin. Tras años de sequía por fin volvería a probar un coño y no un coño cualquiera.

El coño de una atractiva marquesa madura. Su señora feudal, por seguir el rol.

No había dormido tan apenas. Ignacio tenía unas marcadas ojeras que lo atestiguaban. Pero no dormir no había sido lo más duro. Lo que había sido infernal había sido aguantar sin masturbarse.

Durante el fin de semana se despertaba en medio de la noche con la imagen del cuerpo desnudo de Eli y el pene erecto, listo para la batalla.

Su mano iba sola a masturbar su pene. Lo agarraba, pero tenía que resistirse y limitarse a recolocar su pene.

Se tumbaba boca abajo y sus caderas se movían para frotar el pene duro contra el colchón.

Aguantar la tentación había sido todo un suplicio.

Pero en un rato tendría por fin su gran recompensa. Su pene se adentraría en la vagina de aquella GILF.

Ignacio miró el móvil por centésima vez, ya casi era la hora.

Podía entrar antes. Eli le había dado llaves de la casa, pero no quería parecer ansioso o que Eli se enfadara por llegar demasiado pronto y quedarse sin follar.

Cerró los ojos y de pronto sintió el peso del sueño y estuvo a punto de quedarse dormido ahí de pie. Abrió los ojos y sacudió la cabeza. No podía ser que el sueño le llegase justo en ese último momento antes de entrar en faena.

Miró de nuevo la hora. Faltaba un minuto para entrar, o lo que era lo mismo tres minutos para que fuera la hora en la que tenía que estar dentro de la casa.

Sacó las llaves. Llegar un minuto antes no se notaría.

Abrió la puerta exterior y entró. Se aseguró de cerrarla bien. No quería que casualmente alguien aprovechara la puerta abierta y husmeara por el jardín o algún vecino entrara para advertir que la puerta externa estaba abierta y Eli cancelara el desvirgamiento.

Comprobó una segunda vez que la puerta estaba bien cerrada y se echó a andar a zancadas hacía la puerta de la casa. Metió la llave n la cerradura y abrió.

Las armaduras le miraron. Ignacio juraría que una vez una de las armaduras giró levemente la cabeza para verlo mejor al entrar.

Les lanzó una última mirada respetuosa. Sabía que no había nada dentro, nada salvo un soporte de madera.

Avanzó por la casa.

Eli no estaba. No siempre lo recibía, pero si no estaba en la sala contigua estaba desayunando en la cocina.

Pero Eli no estaba en ninguna de las dos zonas. Ni en las habitaciones contiguas.

Ignacio temió que le hubiera pasado algo.

—¿Eli? —Llamó Ignacio. Aunque más bien preguntó por ella en voz baja. Era imposible que la GILF lo oyera si no estaba justo al lado de él y como no estaba ahí mismo no obtuvo respuesta. Así que Ignacio la llamó de nuevo con más fuerza.

—¡Siervo mío! ¡Sube a mis aposentos! ¡Tu ama reclama un buen servicio! —Sonó la voz de Eli.

Ignacio subió las escaleras como una centella y llego a la habitación de Eli, entró sin llamar y se la encontró completamente desnuda sobre la cama.

—¡Mi señora! —Exclamó Ignacio. En su mente había pensado en decirlo con reverencia, pero en su imaginación Eli lo iba a recibir vestida con sus nobles ropajes y no completamente desnuda.

Eli sonrió.

—Mi fiel siervo, sé que eres de disparo rápido, así que en lugar de engalanarme con finos ropajes he decidido no perder tiempo.

Además, seguro que no puedes esperar ni un segundo más.

Podemos saltarnos los preliminares, mi coño ya ha hecho los estiramientos oportunos para recibir tu servil espada de carne —dijo Eli y movió el índice invitando a Ignacio a subir a su cama.

Ignacio se acercó y según se acercaba a la cama iba quitándose la ropa. Calculó mal y la camisa le tapó la visión en el último paso antes de llegar a la cama y tropezó.

—Cuidado, zagal —dijo Eli —. No vayas a morir virgen —bromeó.

—Estoy nervioso —admitió Ignacio.

—Ay, me encanta —dijo Eli feliz —. Deja que te ayude.

Eli ayudó a Ignacio a quitarse los pantalones.

—¿Cómo lo hacemos? —Preguntó Ignacio.

—Siendo tu primera vez, te otorgaré el honor de tumbarte y disfrutar —dijo Eli y agarró el pene y lo sacudió unos segundos, pero lo soltó enseguida temiendo que eyaculara demasiado pronto.

—A sus órdenes, marquesa —dijo Ignacio.

Ignacio se tumbó y Eli se colocó rápidamente sobre él.

—¿Preparado? —Preguntó Eli y agarró el pene de Ignacio, colocó el glande a un milímetro de los labios vaginales.

—Estoy deseándolo —dijo Ignacio. Eli sonrió y comenzó a descender, haciendo que el pene de Ignacio se fuera adentrando en su vagina —. Oh. Me encanta, esto es estar en el cielo.

—Pues no ha hecho nada más que empezar, aunque igual no duras nada y esto ya casi es el final —dijo Eli con malicia y comenzó a mover las caderas y a jadear.

Los pechos de la GILF comenzaron a brincar de un lado a otro.

Ignacio no podía creerse que estuviera follando por fin.

Tras tantos años de sequía volvía a sentir un coño.

Y esta vez era diferente, no solo porque el coño fuera el de una marquesa, la cual a su vez era su jefa y tenía la edad suficiente para ser su abuela.

Había una diferencia más: era la primera vez que follaba sin condón.

La primera vez que su pene sentía la humedad y el calor de un coño directamente.

Era increíble.

Demasiado increíble.

No aguantó más y eyaculó.

Eli notó el semen y paró de mover las caderas y se quedó con el pubis pegado al de Ignacio. Cerró los ojos y se deleitó sintiendo el semen inundar las profundidades de su vagina.

—Has durado muy poco, tal y como temía. Pero lo bueno es que tu polla sigue bien dura para mí —dijo Eli —. Y me has soltado una buena cantidad de leche. Puedo sentirla dentro de mí.

—Puedo seguir duro más rato y aún me queda leche en los huevos —aseguró Ignacio.

—No esperaba menos de un juvenil amante —dijo Eli —. Espero que la segunda vez aguantes al menos un minuto más.

Eli reanudo sus movimientos de cadera. Sabía mover las caderas.

—Me miras mucho las tetas, sé que estás deseando tocarlas —jadeó Eli —. ¿A qué esperas? Agarra los pechos de tu señora.

—Sí, mi señora —dijo Ignacio.

Ignacio agarró aquellos pechos tan deseables y los estrujó con cuidado, cómo si temiera que si apretaba demasiado estallaran o se quedaran desfigurados.

—Más fuerte, aprieta mis tetas con más fuerza —ordenó Eli.

Ignacio obedeció

—Oh, me encantan tus tetas —jadeó Ignacio —. Pero no puedo resistir mucho más...

—Ya vas a soltarlo todo otra vez —afirmó Eli e hizo un movimiento de cadera que hizo que los testículos soltaran todo lo que tenían.

—¿Qué ha sido eso? —Preguntó Ignacio tras recuperarse del orgasmo.

—Secretos de la nobleza —dijo Eli llevándose el índice a los labios. El pene de Ignacio seguía palpitando en su vagina —. Una mujer que sabe usar su cuerpo tiene sus trucos. Hay movimientos que puedes obligar a un hombre a eyacular, aunque contigo de momento cualquiera sirve —dijo con malicia.

—Lo siento —se disculpó Ignacio.

—No te preocupes, esto es divertido también. No todo es un semental que te folle sin parar durante horas —dijo Eli —. Además, tu instrucción aún no ha terminado. Hasta que no me des un orgasmo no vas a salir de esta cama.

—No sé si podré seguir follando hasta dentro de un rato —se lamentó Ignacio.

Eli chasqueó la lengua.

—Es una pena que en pocos minutos tu soldado quede fuera de combate —se lamentó Eli —. Pero hay más soldaditos en tu regimiento, cada dedo es uno y esos siempre están duros por dentro.

—¿Los uso como si fueran una polla? —Preguntó Ignacio.

—Es una buena forma —dijo Eli —. Pero también puedes acariciar por fuera... Pero bueno, no vas a aprenderlo todo el mismo día. Y también tendrás que aprender a saber cuántos meter, y a alternar velocidades.

—En el porno los meten rápido —dijo Ignacio.

—Puede servir —dijo Eli —. Empieza.

Ignacio penetró con dos dedos a Eli, pero enseguida añadió un tercer dedo a petición de la GILF.

—¿Así bien? —Preguntó Ignacio mientras movía rápidamente los dedos, metiéndolos y sacándolos. Los dedos estaban ya impregnados con los fluidos vaginales de Eli y su propio semen.

—No está mal —jadeó Eli —. Puedes intentar hacerlo más rápido. Yo te iré pidiendo que bajes el ritmo o lo subas. Tu solo obedece.

—Sí, mi señora —dijo Ignacio. Y no paró de follarse a la madura con sus dedos —. Aunque esto cansa más de lo que esperaba.

—Toma, para que recuperes fuerzas —dijo Eli y le acercó uno de sus pechos a la boca.

Ignacio cerró sus labios entorno al pezón y comenzó a chupar como si fuera a salir leche y le renovara las fuerzas.

Era excitante y en parte realmente le daba fuerzas renovadas, pero su brazo se iba cansando —.

Sube más el ritmo, vas despacio —dijo Eli —. ¿Ya cansado? Camia de mano.

Ignacio obedeció.

La mano izquierda era más torpe, pero estaba llena de energía de modo que podía mejorar a la mano derecha en ese momento.

—¿Te gusta? —Preguntó Ignacio soltando el pecho de Eli.

—Sí, cariño. Ya estoy a punto de llegar. Ahora no pares. Sí, así me gusta —jadeó Eli.

La madura se estremeció y soltó un pequeño gritito contenido a modo de gemido orgásmico.

—¿Lo he logrado? —Preguntó Ignacio. Nunca había conseguido dar un orgasmo a una mujer hasta ese momento.

—Sí, mi leal siervo —dijo Eli y le dio un húmedo beso en los labios —. Dúchate en el baño de sirvientes. Yo me ducharé en el mío. Otro día nos ducharemos juntos, pero eso será cuando tengas más práctica.

Ignacio quería quedarse allí. Pero tenía que obedecer a su jefa. Tenía que cumplir su trabajo y limpiar la casa, aunque el ahora mismo deseara ir a la ducha a limpiar a su señora.