Siempre Tuyo Siento decirte Carol #2
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Siento decirte Carol #2

Me doy la vuelta, y lo dejo allí sonriendo.

No he notado que lo haya puesto nervioso con mi conversación, aunque sí que ha pasado un poco de vergüenza.

Lo he dicho en serio, es una pena porque es muy guapo, y el uniforme le queda como anillo al dedo.

Tiene que estar buenísimo, aunque… no es Gabriel.

¿Qué me pasa? ¿Ahora no puedo ni pensar en otro hombre que no sea él?

Me cojo el vestido para subir las escaleras, y entro de nuevo para buscar a Berta y a Asia.

Necesito contarles mi momento con el aparcacoches.

Doy con ellas enseguida, las cojo a cada una de un brazo, y me las llevo hacia la mesa de aperitivos.

Por el camino veo que Gabriel tiene un harén de mujeres a su alrededor, para no variar.

—Id yendo vosotras, ahora en un rato voy yo —me dice Asia.

—¿A dónde vas? —le pregunto.

—Voy a pasarme a ver a unas amigas que he visto antes.

—Vale, pero no tardes, que no quiero contar lo que me ha pasado dos veces.

Me pongo a contarle a Berta la charla que he tenido con Hugo, mientras devoro aperitivos, uno tras otro. Se ha puesto muy pesada para que se lo contara, y no es tan largo de contar como para tener que repetírselo a mi hermana luego. Se empieza a reír conforme se lo voy contando.

—¿Y cómo se te ha ocurrido decirle algo así?

—Yo qué sé —le digo con la boca llena—. Me he encontrado antes con Gabriel, y necesitaba desahogarme, y ha sido al primero que he pillado.

—¿Ya habéis tenido vuestro primer encuentro? —me pregunta con los ojos como platos—. Cuéntame, ya.

—No hay nada que contar, solo me ha dicho que me follaría encima de esta mesa —le digo como si nada, señalando la mesa de los aperitivos—, yo le he confesado que sí que me daría morbo, le he dado un beso muy pequeñito en el cachete, insignificante, casi imperceptible, y ya me he ido afuera a que me diera el aire.

—Pero qué puta eres —me dice con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿Puedes dejar de decir palabrotas, por favor?

Niega con la cabeza, y seguimos comiendo, calladas.

Yo, procesando el encuentro con Gabriel, y luego con Hugo.

Y ella, procesando todo lo que le acabo de contar.

Todo es perfecto ahora mismo. Yo comiendo, las dos en silencio, hasta que veo que mira por detrás de mí y abre los ojos tanto que creo que se le van a salir de las órbitas de un momento a otro.

—¿Qué pasa? —le pegunto, y sin esperar respuesta, me giro y miro hacia donde ella está mirando.

Mierda. ¿Asia está hablando con Gabriel, otra vez?

—La mato —susurro dejando el canapé que me estaba comiendo en la mesa, y dirigiéndome hacia donde están ellos.

Gabriel sigue rodeados de mujeres, pero se le ha sumado mi hermana y un par de chicas más que desconozco quiénes son.

Supongo que serán las amigas que Asia ha mencionado antes.

Voy a matarla. O mejor aún, voy a asesinarlo a él, y luego haré desaparecer su cuerpo.

Tengo bastante experiencia con todas las películas y series que he visto de asesinatos.

—Hola, perdonad si interrumpo —digo nada más ponerme al lado de mi hermana, con Berta pisándome los talones.

—No interrumpes para nada, Carolina —me corta Gabriel—. Asia me estaba diciendo que tiene muchas ganas de ir a una de las fiestas tan impresionantes que damos Dante y yo.

Nada más decir eso, aparece su amigo y socio a su lado, y noto como me va a estallar la cabeza por lo cabreada que estoy en este momento.

—Asia no puede ir a esas fiestas porque solo tiene dieciséis años —le digo de mala gana.

—Vaya, pues entonces tendrás que esperar un par de años más, Asia —le dice mirándola—. Le tengo que dar la razón a tu hermana.

—Asia ¿me acompañas? —le pregunto, pero más que una pregunta es una imposición—. Papá nos está buscando.

—Vete tú, ahora voy yo —me dice mi hermana con una sonrisa.

—Asia, hazle caso a tu hermana —le susurra Berta, que ya me esta viendo la cara, y parece que me conoce mejor que mi propia hermana.

—Luego vuelvo —se disculpa Asia.

—Luego no vas a volver —le digo cuando ya nos hemos alejado un poco del grupo—, ya te lo digo yo.

—Pero ¿qué te pasa, Carolina? —me pregunta parándose en seco—. Vale que no me dejáis ir a esas fiestas, pero ¿qué no me dejes hablar en un evento con quien me de la gana?

—Asia, no deberías de acercarte a Gabriel.

—Ni a Dante —me sigue la corriente Berta. Menos mal.

—¿Qué os pasa a las dos con Gabriel, y con su amigo? ¿Qué os han hecho para que los tratéis así?

—Ya lo entenderás cuando tengas edad.

—Estoy harta de que siempre me digáis eso y de que me tratéis como a una niña.

—¡Es que eres una niña, Asia! —le grito en medio de todos.

—Siento decirte, Carolina, que ya no soy la niña pequeña que te adoraba y que te tenía en un pedestal —me dice con el semblante más serio de lo que nunca la había visto—. Llevas prohibiéndome muchas cosas desde hace tiempo, no sé porqué no me das un poco de libertad.

—Porque me importas, Asia. Eres mi hermana, te quiero, y quiero protegerte.

—Sabes que no me vas a poder proteger de todo ¿verdad?

—Lo sé… —le digo entristecida, sabiendo que tiene razón. Punto para Asia…

—Voy a buscar a papá y a mamá —me dice negando con la cabeza, y dejándome allí en medio, solo con Berta.

Vuelvo a la realidad, miro a mi alrededor, y veo que la gente de alrededor me están mirando, incluido Gabriel. Joder. La acabo de liar en público. Miro a Berta, ella me niega con la cabeza, apenada, y salgo corriendo hacia el baño.

Me mojo la nuca e intento relajarme, pero no lo consigo al ver que me suena el móvil y que es un mensaje del “Señor X”.

En media hora, en el Inferno . “Señor X”.

No me jodas. Lo que me faltaba. Voy a ir, pero no porque tenga ganas, ni porque quiera follármelo, sino porque quiero aclararle que esto se acabó. Y estoy muy cabreada. Puedo salir muy mal parada, lo sé. Pero ahora mismo me da igual todo. Necesito poner orden en mi vida, y en mis pensamientos.

Salgo del baño y me excuso con todos diciendo que no me encuentro bien y que me voy a ir a casa.

Todos aceptan, menos mi hermana que no me ha dirigido ni una mirada.

Ya me encargaré de eso luego, o mañana. Le digo a Berta que disfrute de la fiesta, y mis padres le dicen que luego la llevan ellos a casa.

Ella acepta quedarse un rato más, pero se niega a que la lleven. Cogerá un taxi.

Le pido mi llave a Hugo cuando salgo (que no he querido ni apenas mirarlo a la cara) y voy directa a por mi coche. Necesito andar un poco antes de ponerme a conducir como una loca y acabar empotrada en algún lado.

Llego al Inferno cinco minutos antes de lo que me ha dicho el “Señor X”, paso por delante de la entrada principal que esta abarrotada de gente para entrar, y voy a los aparcamientos de la parte de atrás. Me bajo del coche, lo cierro y voy a la puerta trasera.

—Sabía que no te ibas a casa.

¡Mierda!

—Berta, te lo puedo explicar…

—¿Por qué has venido aquí, Carol?

—Escúchame…

—¡No! Escúchame tú a mí —me interrumpe—. Vale que te haya seguido el rollo con lo de tu hermana en la fiesta, vale que no admitas que Gabriel te vuelva loca y que me lo estés ocultando a saber porqué, pero ¿que me mientas en la puta cara?

—Berta…

—No, Carolina —vuelve a interrumpirme—. Ahora no me apetece hablar contigo.

Se vuelve a meter en el taxi en el que ha aparecido, y se va dejándome con la palabra en la boca.

Esto va de mal en peor. Mi hermana, Gabriel, el “Señor X” y ahora Berta.

La noche no puede ir a peor. Bueno, no voy a hablar muy fuerte, porque aún queda un rato hasta llegar a mi casa, y a saber qué más me puede pasar.