Siempre te querré (Trilogía Recuerda 1) 37 #2
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—Lo sé. —Asiente, entendiendo esos lazos que compartimos, y suelta un pequeño suspiro antes de cambiar de tercio y decidirse a seguir adelante con nuestro programa para hoy—. Vamos, terminemos con esto cuanto antes. Hemos de celebrar mi mayoría de edad y conseguir que mi hermano firme esos papeles.

Parece más tranquila, aunque sigue estrujando los pantalones con los puños. Si Reese se niega a firmar, seguiremos adelante con el plan B, pero estoy convencida de que no dudará en rubricar su nombre en los contratos.

Cuando decidimos irnos juntas, sabíamos que la única manera de no tener interferencias era darle a su hermano la posibilidad de apuntarse a la universidad de sus sueños, y solo podíamos lograrlo encontrando a un comprador a la altura para el diner y otro para la casa familiar de los Monroe.

Por eso nos hemos encargado de encontrar candidatos.

Buscábamos instantes en los que Reese no estuviera para mostrar el local, y conseguimos mantener en secreto nuestras intenciones para evitar reacciones anticipadas de Reese.

Además, Juliette quería esperar para contárselo a su novio.

Se va a ir de Elberta antes de lo previsto por ellos para establecerse en Dallas gracias a una oferta de trabajo a la que contestó un par de semanas atrás y para la que realizó una entrevista por Skype con Rupert Evans, mi contacto en Reynolds Oil.

Lo preparé todo hace meses, de manera que nadie pudiera relacionar la llegada de Juliette a la empresa como becaria, gracias a la intervención de mi colaborador secreto.

Una vez que tome el control de la compañía, dentro de unos meses, la contrataré como mi asistente personal tras un proceso de selección interno que no levante ningún tipo de sospecha.

Porque una de mis exigencias será que mi asistente personal viva en la casa anexa a la mansión Reynolds, donde residían Garrett y Simon.

Así la tendré conmigo y podremos dar rienda suelta a nuestra amistad en secreto, porque en público ella solo mostrará su descontento con mi trato frío e impersonal.

—Si todo sale bien, en pocos meses estaré viviendo en tu casa. —Me abraza frente al diner —. Y podré ver a Ralph los fines de semana y cuando él pueda venir a Dallas.

—Vamos, Reese va a aceptar tu propuesta con los brazos abiertos, ya lo verás.

Entramos al lugar donde he pasado muchas tardes durante mi paso por Elberta. Incluso he ayudado a Juls en varios de sus turnos. Me despido también del local, con el corazón encogido porque el tiempo de libertad está a punto de acabarse.

Han pasado tan rápido estos casi dos años…

Reese nos recibe limpiando la barra. Estos últimos meses, desde la entrada de Emmy en su vida, ha cambiado. Ya no tiene esa mirada cargada de resquemor, ni huele a alcohol ni ha vuelto a denigrar a mi amiga con palabras, pero le guardo rencor por el pasado.

—Hola —saluda cuando ocupamos dos taburetes frente a él—. ¿No tenéis instituto?

—Nos han soltado ya. —Juliette se aprieta los labios con ansiedad—. Hemos venido porque tengo una propuesta para ti.

—¿Una propuesta? —Reese levanta las cejas y habla con ese tono duro de siempre.

Juls está muy nerviosa. Le agarro la mano que tiene en la barra porque sus dedos repiquetean, y ella afirma con la cabeza dándose valor.

—He encontrado un comprador para la casa y otro para el diner .

—Lo suelta de golpe, sin mirar a su hermano y con la voz titubeante—.

Sacaremos suficiente dinero para empezar una nueva vida.

Con tu parte podrás estudiar en la UCLA, como siempre has querido.

—Él abre la boca para replicar, pero ella se lo impide—.

Emmy se irá contigo, estoy segura. Los estudios de tatuaje en Los Ángeles tienen otro nivel y ella es muy buena en lo suyo, allí podrá cumplir su sueño de abrir su negocio.

Además, los compradores ofrecen unas cantidades bastante interesantes y no vas a necesitar una beca demasiado importante ni financiar los estudios.

Se aprieta los labios con los dedos otra vez, ansiosa.

—¿Has vendido la casa y el diner ? —exclama Reese.

—Bueno, sin tu firma no puedo, la verdad.

—¡Joder, Juliette! ¿Te has vuelto loca? —Muestra una actitud bastante agresiva y mi amiga se contrae, como si creyera que va a pegarla. Le cojo la mano y me hago cargo de la situación.

—El único zumbado de aquí eres tú —espeto.

Abro la mochila y saco de ella los documentos de las ventas—.

Vas a firmar esto, te vas a largar a California y no joderás nunca más a tu hermana, ¿estamos?

Juliette ha conseguido un trabajo en Dallas, se va dentro de una semana, la perderás de vista.

Y tú, con ese dinero, podrás cumplir tu sueño. Así que firma de una vez.

—¿A Dallas? —Mira a su hermana con ira—. ¿Vas detrás de ese cabrón? —Las amenazas de Ralph no le sentaron bien.

—No. —Juls se crece de repente—. Voy a empezar una nueva vida lejos de aquí. De ti. De tus puños.

Esa última afirmación desmonta a Reese lo suficiente como para firmar sin decir ni una palabra más. Es como si esa parte de su pasado le importunara, a pesar de sus intentos por ocultarlo.

—Aquí tienes —brama—. Espero que se te atragante.

—Y yo que algún día pueda perdonarte.

Comemos en la cabaña las dos solas, tras subir a la cueva para acabar de cerrar algunos temas, ultimar mi huida de mañana a primera hora y meter un virus letal en el sistema que destruya cualquier prueba de mi paso por aquí. No voy a vender la casa, la conservaré y le dejaré una llave a Dorian.

La llegada de los chicos es agridulce. No dejo de sentirme al borde de la desesperación al pensar en mi marcha, pero a la vez quiero vivir la noche sin lastres.

Ralph se toma bastante mal los planes de Juliette, porque él contaba con tenerla en el piso que van a compartir Dorian y él cerca de la universidad, pero acaba tolerándolo porque ella no ha aceptado un empleo en la otra punta del país, sino en Dallas, a tres horas en coche de Austin.

Y la idea de que tenga dinero para establecerse y separarse por fin de su hermano lo acaba de convencer.

Reímos juntos, la animamos a soplar las velas, le damos regalos y pasamos una tarde inolvidable antes de que Ralph se la lleve a cenar a un restaurante de cinco tenedores como parte de sus obsequios de hoy.

Es una celebración bonita, pero teñida de notas de adiós que flotan en el ambiente.

Juliette me lleva a la habitación del primer piso antes de irse, con la excusa de arreglarse.

Se viste guapísima, y se prepara para la cena y, cuando está a punto, me abraza.

—Si cambias de opinión y decides confesárselo todo o retrasar tu marcha para tener tiempo de mantenerlo en tu vida, estaré aquí para ti. No es necesario que te vayas mañana, todavía hay tiempo.

—Es lo mejor.

—Solo estás huyendo. —Se separa de mí mirándome con una sonrisa triste—. Te da miedo confiar en él, y lo entiendo. Pero quizá esta vez es cierto que cambiará y podréis seguir juntos.

Espiro con nerviosismo.

—Es la única solución.

De camino a casa no puedo quitarme de la cabeza sus palabras, ni la posibilidad de darle otra oportunidad real a lo nuestro ni la sensación de necesidad que me invade mientras pedaleo con fuerza para llegar cuanto antes y disfrutarlo.

Dorian se ha ido antes de la cabaña para prepararlo todo.

Me ha prometido una cena a la altura gracias a la intervención de su tía Emily, a quien le ha pedido unas cuantas recetas para estos días.

Ella lo ha tomado como una muestra de responsabilidad por nuestra parte y ha dado por saldada su intención de vigilarnos por hoy.

He aprovechado el tiempo para ordenar mis cosas, quemar todos los papeles incriminatorios y mantener mi promesa interna de conservar mi refugio del bosque, el coche y la cueva para el futuro, cuando la vida me ofrezca la libertad absoluta.

Al entrar lo encuentro en la cocina, tras los fogones, cocinando solo vestido con unos vaqueros y un delantal de flores.

Ha puesto la mesa, incluso hay un ramo de flores en un vaso y un par de velas aromáticas.

Suena una de sus playlists de cuando jugábamos a describir sentimientos con canciones.

Es la que decidió poner cuando le pregunté qué significaba el amor para él.

Ahora está puesta Eternal Flame , nuestra declaración particular de sentimientos.

Apaga el fuego, se limpia las manos en el delantal y se lo quita para mostrar su torso desnudo y llenarme de avidez .

—Si sigues mirándome así, vamos a pasar directamente al postre —dice mientras se acerca a mí como si fuera un depredador en busca de su pieza—. Porque llevo demasiado tiempo esperando para devorarte y ese brillo en tus ojos parece indicar que estás igual de necesitada que yo.

Cuando llega a mí, me atrapa contra la isla de la cocina y se acerca tanto que dispara mi calor en plan fogata con llamas infinitas.

—Quizá hemos comido demasiado pastel y podríamos hacer un poco de ejercicio para abrir el apetito de nuevo.

Sus labios se posan sobre los míos arrancándome un gemido.

—Podría estar bien.

—Prométeme que no te dormirás en toda la noche, que la harás épica.

—Mañana es sábado, ¡podemos dormir hasta hartarnos!

Me besa y el mundo deja de existir, solo puedo pensar en sus manos, en sus labios, en su cuerpo, en mi anhelo, en su lengua. Quizá debería darle esa oportunidad, hablarle de mi realidad, permitirle conocerme de verdad y decidir si quiere venir conmigo.

No sabe que mañana no estaré.

¿Me iré? ¿Solo disfrutaré de él esta noche?