Siempre te querré (Trilogía Recuerda 1) 37
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ASHLEY

El móvil suena a toda potencia en posición despertador.

No tardo ni un segundo en abrir los ojos y percibir a Dorian pegado a mí, calentándome la espalda, abrazándome y haciéndome sentir demasiado.

Anoche cedí a mi necesidad de él. Quizá me equivoqué, pero nuestra última conversación fue sincera, con el corazón en la mano, y me alegro de haber podido ofrecerle mi visión de la situación, aclarársela, porque mañana me voy a ir y se merecía una explicación.

—Buenos días —murmura besándome el lóbulo de la oreja y después bajando sus labios hacia mi cuello—. ¿Has dormido bien?

Alargo la mano para agarrar el móvil y apagar el molesto sonido mientras aprovecho para poner un poco de distancia entre sus labios y mi piel.

—Genial —digo levantándome.

—¿Dónde vas? —Su tono es molesto—. Vuelve a la cama, no he acabado de darte los buenos días.

—Tenemos que estar en el instituto en una hora. —Me encamino al baño—. Y he de llamar a Juls para felicitarla. Vete a tu habitación, Dorian. Nos vemos en un rato para desayunar.

—¿Esta noche no ha significado nada para ti?

—Dijiste que me ibas a dar tiempo.

Soy dura, lo sé, pero no me puedo permitir dar un paso en falso ni detenerme a evaluar mis sentimientos.

—Vale. —Baja la mirada con dolor y no tarda en irse a su baño.

Cuando me quedo sola y escucho su ducha, me encierro y aprovecho para llamar a Juliette.

Hoy es un día importante para ella, va a atarlo todo para irse a Texas y empezar con la segunda parte de nuestro plan, esa que acabará convirtiéndola en la ayudante personal de Madison Gardner de aquí unos meses.

Su voz emocionada me da las gracias tras mi efusivo «¡Felicidades!

». Y cuando le cuento lo sucedido con Dorian, se alegra por mí.

—Necesitas un polvo de despedida. —Se carcajea—. Bueno, quien dice uno, dice cuatro o cinco… Incluso podrías plantearte lo de llevártelo contigo.

—¡No te pases! —Por un segundo me permito un toque de humor—.

Ahora en serio, Juls. No sé si es buena idea seguir con esto.

Esta noche me sentía tentada a quedarme y sabes que no puedo.

Dorian es peligroso, adictivo… Pensar en irme sin despedirme es durísimo.

Pero no hay más remedio, es mi destino. Las dos lo sabemos.

—Precisamente por eso esta noche te lo vas a tirar todas las veces posibles y vas a disfrutar de él.

—Hace una pequeña pausa—. Ash… Madison. ¡Joder!

Me cuesta llamarte por tu verdadero nombre, pero ya me acostumbraré, señorita Gardner.

—Una risotada y un suspiro—. Estás enamorada de él y él lo está de ti.

Entiendo tu postura, que no lo creas cuando te asegura que esta vez será diferente, porque Dorian está demasiado traumatizado para no caer una y otra vez en los mismos patrones, pero necesitas pasar esta noche con él. Y lo sabes.

—Sí y no —titubeo pensando en las connotaciones de sus palabras—.

Hay instantes en los que lo veo claro, pero otros me llenan de dudas.

¿Y si cuando pase la noche no soy capaz de irme?

¿Y si soy tan tonta como para seguir en esta relación tan destructiva?

Porque vamos a volver al mismo sitio de siempre, lo sé.

Quizá ahora Dorian está convencido de que puede cambiar, y podría si se lo propusiera de verdad. Pero tengo tan claro que volverá a hacerme daño… Necesita tiempo, terapia, luchar contra sus demonios, y eso no pasa de la noche a la mañana.

—Te quiere. —Su voz suena triste porque ambas sabemos que estoy en lo cierto—. Lo suficiente para luchar. Pero tienes razón, es demasiado inestable y ahora está destrozado por haberte perdido. Hará y dirá lo necesario para conquistarte de nuevo.

—Y una vez me tenga, volverá a sentirse inseguro y a preguntarse por qué se deja llevar por los sentimientos y a querer ser el mejor en todo.

—Espiro con dolor—. Y empezaremos de nuevo ese bucle de una relación altamente tóxica.

—Me miro al espejo un segundo para convencerme de mis siguientes palabras—.

No quiero eso, Juls. Nunca más. Bastante voy a tener con regresar a casa, tomar las riendas de los negocios mientras esos buitres intentan arrebatármelo todo con su política del miedo.

Necesito estar serena para soportarlo, no sufrir ni pasarme el día especulando sobre cuándo me va a herir Dorian ni si me traicionará de nuevo.

—Quizá algún día lo vuestro sea posible. —Suspira—. Piénsate lo de esta noche, podría ser tu última oportunidad de estar con él en muchísimo tiempo. Aprovéchala, no seas tonta.

—Lo pensaré.

Y eso hago mientras me ducho, me visto, me maquillo un poquito, me quedo un rato largo mirando mi aspecto en el espejo, despidiéndome de Ashley, asumiendo que ha llegado la hora de un cambio, de regresar a Madison, de cerrar el paréntesis de estos casi dos años…

Evito desayunar con él. Lo hago de pie frente a la barra de la cocina, mirando la pantalla de mi teléfono e ignorando sus ojos fijos en cada uno de mis movimientos.

Aunque mi cuerpo es un traidor por sus reacciones.

El calor me abrasa, sobre todo en ese lugar entre las piernas donde quiero sentirlo.

Oler su loción de afeitado y esa mezcla de su champú con el gel de baño y su aroma a hombre.

Escuchar su respiración irregular. Sentir su atención en mí…

Me humedezco los labios, ahogando un gemido y el deseo de olvidarme de todo para no salir de esta casa en días.

—¿Piensas que si me ignoras me olvidaré de ti? —pregunta molesto, tras unos minutos de incómodo silencio—. Porque vas a descubrir hasta dónde estoy dispuesto a llegar para conseguirte de nuevo. No voy a detenerme, Ash. Nunca lo hago cuando de verdad quiero algo.

Muevo los ojos hacia él. Lleva el pelo mojado, una camiseta ajustada y unos de esos vaqueros que cortan el hipo por cómo se le agarran a los músculos y le marcan un culo perfecto. Mi imaginación dispara mil maneras de quitárselos, de pasar las manos por sus pectorales…

Quizá estoy dopada de la testosterona que desprende porque mi voz me sorprende al pronunciar unas palabras disparatadas.

—Prepárame la cena esta noche. Después de la celebración del cumple de Juliette en la cabaña.

—¿Me estás proponiendo una cita? —Se le ilumina la cara y su voz se llena de esperanza.

Sonrío mordiéndome el labio. Quiero una despedida, nuestra última noche, sentirlo de nuevo.

Ha sido una decisión repentina, de esas que a veces nos sorprenden incluso a nosotros, pero llevo mucho tiempo muriendo por él.

Y Juliette tiene razón, si me voy a ir, como mínimo será con un recuerdo perfecto de nuestro último encuentro.

Y lo conseguiré tras una noche de pasión y amor, construyendo un muro de recuerdos contra los malos momentos.

Quizá incluso me tatúe su inicial junto a las otras pérdidas de mi vida y consiga guardarle un lugar privilegiado en mi memoria, borrando todo lo doloroso.

—¿Vale si pido ayuda? —Se levanta para colocarse enfrente, atrapándome entre su cuerpo y la encimera y disparando ráfagas de deseo a mi centro de placer—. No soy muy buen cocinero, pero sí un hacha con el postre. —Avanza la cara hasta depositar un suave beso en mis labios—. Te voy a comer enterita.

Huele a café, a dentífrico, a jabón. A él, a deseo. Su cuerpo pegado al mío me muestra su grado de excitación, y el mío empieza a humedecerme, necesitado.

—Vamos al instituto. —Me muevo un poco para separarlo de mí.

Asiente y se retira, recolocándose la entrepierna.

—Esta noche serás mía —susurra de camino al coche—. Y ya no volveré a soltarte.

La mañana transcurre con normalidad, cada uno por su lado.

Solo tenemos dos horas de clase y ambas son charlas de despedida de los profesores.

Para mí es mucho más que un adiós a la adolescencia, al instituto, a la etapa escolar…

Y cada una de las palabras de las personas que han conformado mi mundo estos últimos dos cursos me llega muy dentro y dispara la melancolía.

Juliette me viene a buscar a la salida, nerviosa por la ejecución de nuestro plan.

Hemos pasado las horas de clase juntas, pero ha bajado a darle un beso a Ralph previo al último partido de los Warriors antes de dar un paso muy grande hacia nuestra nueva existencia.

Lo juegan entre ellos para disfrutar de su último entreno como equipo y decirles adiós a los de último curso.

—¿Estás lista? —pregunto, intuyendo su estado de agitación .

Llevamos meses preparando esta parte del plan, lo hemos estudiado a fondo, y es el pistoletazo de salida para conseguir la victoria.

—No lo sé. —Se pasa las manos por el vaquero—.

Sé que debo hacerlo y es la única forma de empezar desde cero sin la sombra de Reese, el miedo a que vuelva a pegarme, el lastre de ser quien soy…

Pero esa casa siempre ha sido mi hogar y el diner era el negocio de mis padres, lo único que me queda de ellos…

—Suelta un suspiro inquieto—. Me duele venderlo, aunque sea por mi bien.

—Se detiene un segundo para mirarme con nerviosismo—.

Reese ya no bebe, va a terapia, tiene una novia…

¿Y si nos equivocamos? ¿Y si en vez de desprendernos de todo debería seguir aquí?

La abrazo y la reconforto porque entiendo mejor que nadie sus sentimientos al haber estado en su lugar.

—Ahora tienes a una nueva familia. No necesitas a Reese ni el diner para seguir adelante.

—Le señalo el corazón—. Ellos seguirán ahí mientras los mantengas en el recuerdo.

Y tu hermano podrá alcanzar su sueño. Emmy lo seguirá a California y por fin será feliz.

La terapia le está sentando bien. Seguro que pronto olvidas los años malos y te quedas solo con la parte bonita.

—La separo de mi cuerpo para regalarle una sonrisa—.

En Dallas, estarás cerca de Ralph, tendrás un trabajo y estarás conmigo.