33 #2
Hace veinte años Melissa se metió en la cama del heredero más vulnerable del condado y salió convertida en la dueña silenciosa de la fábrica. Tyler acababa de perder a sus padres y ella no quería amor, ni política ni responsabilidad: quería blindarse el futuro.
Lo consiguió. Lo demuestran las firmas, los papeles y los registros impecables. La fábrica pasó a ser suya mientras él seguía dando la cara. Fruto de un chantaje puro y duro.
El único problema fue el embarazo. Porque Melissa no quería hijos. Martha Meyer sí. Así que cerraron otro trato: la criatura a cambio de protección. Sasha nació como moneda de cambio y nadie volvió a hablar del tema.
Todo funcionó hasta que apareció el cáncer. Y entonces Tyler entró en pánico. Porque cuando Melissa muriera, perdería el control. Por eso movió cielo y tierra para conseguir el testamento antes de que fuera tarde.
¿Y sabéis quién hereda la fábrica? Dorian y Ernesto. No Sasha.
—Me parece extraño que se lo deje todo a unos familiares con los que nunca ha tenido demasiada relación —pienso en voz alta—.
¿Qué hay de su hija? ¿O de Sutton? Son amigas desde el instituto, es su contacto de emergencia, lo lógico sería dejárselo todo a ella, ¿no? O a Sasha. ¿Pero a Dorian y a Ernesto?
Tras enterarme de lo del testamento, he investigado la amistad entre Sutton y Melissa hasta donde alcanza la red y no he encontrado nada sospechoso.
Si lo sabe, lo ha guardado tan bien que no ha dejado rastro digital.
Conocía su enfermedad, igual que los chicos, aunque no tenía ni idea de la gravedad, ni de su relación con Tyler Meyer.
—Muchas veces la gente actúa de forma incoherente —comenta mi amiga—.
Ahora deberíamos centrarnos en cómo vamos a solucionar esta mierda.
Meyer ya ha matado y extorsionado para hacerse con el pastel.
¿Qué será lo siguiente? —Chasca la lengua—.
Se quitó de en medio a Jason porque, de alguna manera, se enteró de la situación y lo chantajeó como padre de los chicos y futuro albacea de una parte de la herencia.
Ahora quiere tener a Dorian cogido por los huevos y casarlo con su hija para conseguir que la fábrica vuelva a su familia.
—Lo de Jason fue fácil. Le tendió una trampa y acabó entre rejas. Uno menos. —Suspiro—. Y la jugada de liar a Dorian con Sasha es magistral en realidad. Podría presentarle a Albert, son tal para cual —añado con sarcasmo.
—Solo le queda ocuparse de Sutton, el reverendo y Emily, los posibles tutores de Ernesto cuando llegue el momento de heredar.
Por eso los ha implicado en varias de sus tramas sucias.
—Suelto un quejido exasperado al pensar en la pérfida mente de Meyer—.
Ha usado a Emily y su trabajo de responsabilidad en la fábrica para prepararlo todo, como si ella fuera el cerebro de sus chanchullos, la mano ejecutora.
Y, si eso no fuera suficiente, también la culpabiliza de un robo a la compañía con la confabulación de su madre y su hermano.
He visto esas pruebas y todavía tiemblo de rabia porque Tyler ha elaborado un plan perfecto para inutilizar a sus posibles rivales o llegar a un acuerdo y conseguirlo todo a través de un chantaje de proporciones épicas.
Pero también tengo muchos hilos de los que tirar para probar que fue él quien incriminó a la familia de Dorian en la trama, y sé que puedo destruirlo cuando haya reunido las suficientes evidencias.
No me cabe ninguna duda de que lo haré. Sé cómo y tengo los medios.
—Mientras Melissa esté viva no hará nada, solo moverá ficha como hasta ahora —deduzco—.
Pero en los últimos informes médicos no creen que dure demasiado, supongo que por eso Meyer amenazó a Dorian.
Así que deberíamos actuar cuanto antes. —Paso unas cuantas pantallas para volver a repasar los datos—.
Hay una cuenta en las Bahamas a nombre de los tres para probar la evasión de fondos, traspasos regulares de dinero, pruebas de la implicación de Emily y su familia…
—Asiento con contundencia—. Puedo cambiar de nombre la cuenta, usar lo que tengo contra el alcalde y buscar pruebas para demostrar quién es el verdadero culpable de la situación.
No es algo rápido. Necesito tiempo. El muy capullo lleva preparándolo desde hace mucho y necesito emplearme a fondo si no quiero dejar huellas. Pero sé que puedo hacerlo.
—Melissa está jodida… Por eso Tyler ha acelerado las cosas con Sasha y no puede permitirse que Dorian dude.
Ahora que tiene dieciocho años puede decidir, y ha preparado lo de su familia, para chantajearlo…
—Siento la urgencia en la voz de mi amiga y presiento sus próximas palabras—.
Un hombre desesperado puede causar mucho sufrimiento.
—Se detiene un segundo, me lanza una mirada ansiosa y coge aire antes de escupirlo—.
Necesitamos a Dorian de nuestra parte. No puede cometer ningún fallo antes de meter a Meyer entre rejas y tu conversación de hoy apunta a que no está calibrando bien sus próximos pasos.
Es capaz de cualquier cosa en su estado.
Si corta con Sasha ahora, el alcalde puede acabar con todos.
—Vuelve a inspirar buscando una reacción en mi mirada—.
Hay que contárselo antes de que se precipite, explicarle nuestro plan y pedirle ayuda.
—No. —Aprieto los dientes.
—Piensa bien hasta dónde quieres revelarle acerca de ti y habla con él.
—No puedo —repito con la angustia apresándome.
El cursor parpadea en la pantalla como un latido nervioso. Fuera, el viento golpea las ramas contra la ventana. Todo parece esperar mi respuesta.
—Lo sé. —Su mirada asevera esa afirmación—. Pero no te queda otro remedio. Meyer ha de sentirse seguro o podría ponerse nervioso y cometer alguna locura no predecible. Lo necesitamos. Lo sabes tan bien como yo. Además, es el heredero, se enterará tarde o temprano.