Siempre te querré (Trilogía Recuerda 1) 31 #2
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Una risa de Sasha traspasa el silencio y decido acallarla colocándome los auriculares en los oídos al sentir cómo mi corazón late descarriado.

Debería haberme preparado para algo así.

Sabía que hoy vendría a comer, era lógico que estuvieran juntos en su habitación después de una larga sobremesa y de la llegada de Miles.

Pero no lo procesé, o simplemente no quise hacerlo.

Subo la música agarrando el móvil con fuerza en la mano. Estoy en la cama, con la espalda apoyada en la almohada, la cabeza en la pared y los ojos cerrados. Noto un tirón en los auriculares para quitármelos y al parpadear lo encuentro frente a mí, mirándome con una ansiedad palpable en el ambiente.

—Lo siento —susurra Dorian con una expresión tan arrepentida que me altera, a pesar de luchar contra esa reacción. Se sienta a mi lado y me abraza sin ser invitado. Tiemblo al sentir de nuevo su calor, su torso pegado al mío, su olor…—. Me obligó a aceptar esta comida. Yo no quería que viniera.

—Suéltame. —Compongo un rictus desafiante para esconder cómo el calor me invade al sentir su tacto de nuevo y combato un poco contra él para separarlo de mi cuerpo aterido, pero, por alguna extraña razón, no lo hago con el ímpetu suficiente—. Vuelve con tu novia y olvídate de mí.

Por primera vez desde su traición me dejo llevar y le hablo con ira, con el corazón repiqueteando a toda potencia en mi pecho y la respiración a punto de colapsarse .

—Ese es el puto problema —susurra, ansioso—.

No puedo olvidarte. Estás en mi cabeza veinticuatro siete, joder.

Te quedas en mis pensamientos incluso cuando estoy con ella.

—Resopla con exasperación, mascullando las palabras con furia y a la vez con dolor—.

Y no lo entiendo. Creía que podía sacarte de ahí, pero no puedo.

—¿Ahora debería sentir pena por ti? —Le empujo consiguiendo que me suelte y él se pasa la mano por el pelo en un gesto ansioso. Mira un segundo hacia la puerta de la habitación.

—Le he dicho que iba al baño porque cuando me has mandado ese mensaje, no podía esperar para hablar contigo, pero no tengo mucho tiempo.

—Yo no te he pedido que vengas corriendo —le espeto con animadversión, muerta de celos y de cabreo conmigo misma—.

Y ni te imagines por un momento que pienso perdonarte, Dorian.

Eres la peor persona del mundo, no te mereces nada.

Pero necesito cerrar de una vez lo nuestro para seguir adelante sin ti.

—Me chantajeó. —Su voz suena derrotada, como si por una vez hablara de verdad con el corazón en la mano—. Conseguí nuestros tres meses a cambio de atarme a ella al terminar la apuesta. Necesitaba estar contigo como mínimo ese tiempo…

—Si te crees que me importa, estás equivocado. —Cuando estoy a punto de volver a colocarme los auriculares para indicarle con gestos que se vaya, me agarra de nuevo y me acerca a él, consiguiendo un estremecimiento total de mi cuerpo.

—No tardé demasiado en arrepentirme —añade con ansiedad en la voz casi susurrada para evitar que nadie nos escuche.

Siento desesperación en ella, como si estuviera todavía más inmerso en su inestabilidad.

Me queda claro que está desequilibrado—.

El primer día en Nueva York, me di cuenta de que no podría olvidarte.

Y lo intenté. Con todas mis fuerzas. Pero, joder, estabas siempre ahí.

No podía quitarte de mi cabeza, ni siquiera cuando estaba con Sasha…

—Reprimo un gemido—. Por eso vine a tu habitación al regresar, para explicártelo, para asegurarte que cortaría con ella para estar contigo.

Porque te quiero, Ash. Estoy enamorado de ti.

Niego con la cabeza, sintiendo las lágrimas resbalar desde mis ojos.

—¿Y creías que iba a funcionar? —Lo miro con toda la rabia que soy capaz de reunir, aguantándome como puedo las ganas de llorar; él no se merece mi dolor—. No volveré contigo, Dorian. Una relación es más que amor, ¿sabes? Es respeto, confianza, lealtad…

—Al volver de Nueva York, le dije a Sasha que me daba igual el dinero, la beca o cualquier otra cosa —me corta con aceleración—, pero entonces fue su padre quien me coaccionó.

Tiene capacidad para destruirnos y cuando intenté dejar a Sasha me amenazó con jodernos a todos si cortaba la relación.

Tiene algo contra mi madre, mi abuelo y mi tía.

Papeles o algo así. Me dijo que, si se me ocurría abandonar a su hija, iba a destrozarnos la vida.

—Sus ojos muestran un desespero sin límites—.

Has de creerme. Me di cuenta de que la había cagado, lo vi enseguida.

No quería alejarme de ti, pero mi futuro era importante y…

Escuchamos una puerta abrirse y a Sasha caminar rumbo al baño del final del pasillo.

—¿Dorian? —Su voz me golpea y reacciono al instante—. ¿Dónde estás? ¡Tardas mucho!

Me suelto con un movimiento enérgico y me pongo en pie, con la ira burbujeando por mi cuerpo. Lo fulmino con la mirada, me seco las lágrimas, agarro mi móvil y el bolso y me acerco a la puerta.

—Ve con ella —susurro con los dientes apretados—. O podría destrozarte, ¿no?

—Renunciaré a todo si es preciso, le haré daño a todo el mundo.

—Su mano me detiene a medio camino y, aunque me habla en susurros, siento la impotencia en su voz—.

Me cargaré mi vida entera. Aunque lo arrase todo.

Aunque nos hunda. ¿Lo entiendes, Ash? —Se pasa la mano libre por el pelo en un gesto ansioso—.

¡Joder! Solo has de pedírmelo y no habrá nada que me detenga.

Me deshago de su agarre con un gesto brusco y salgo al pasillo corriendo, sin mirar a Sasha ni detenerme. Mi corazón parece a punto de explotar y las lágrimas luchan por apoderarse de mis ojos, por inundarlo todo, por arrojar la riada de sentimientos desatados en mi interior.

—¿Has visto a Dorian? —pregunta ella cuando me ve—. Ha ido al baño, pero no está ahí.

Niego con la cabeza y me escapo hacia el exterior con un simple «me voy con Juls» para Sutton, hacia la luz, hacia el aire que quizá logre rebajar el temblor de mi cuerpo, el hormigueo, ese deseo incapaz de entender la situación.

Su confesión se repite en mi pedaleo tras subirme a la bicicleta.

No le encuentro un sentido claro, pero la rumio, dándome cuenta de que el alcalde Meyer se ha entrometido en la situación y de su grado de corrupción en este caso.

Y también percatándome de que quizá estemos todos en peligro y de la determinación en las últimas palabras de Dorian, de sus intenciones, de su velada declaración de amor.

Me centro en descubrir esa parte de la conversación, en seguir las pistas y dedicarme a rastrear la red, a piratear, a ocupar mi mente en otra cosa que aplaque ese dolor, esa necesidad y esas ganas de perdonarlo nada sanas.

Tyler Meyer es un político y un hombre de negocios.

Su fábrica de papel tiene empleada a mucha gente del pueblo y de los cercanos.

Es una empresa próspera, con beneficios elevadísimos, sobre todo gracias a los contactos del alcalde y a algunos de sus tratos sucios.

Lo sé, lo investigué. Pero ¿qué tiene contra Sutton, el reverendo y Emily?

¿Cómo podría hundirlos? ¿Y por qué quiere destruirlos?

¿Qué interés tiene él en contentar a su hija hasta ese punto?

Hay tantas preguntas…

Mi instinto me lleva a la casa del bosque, a la sala de los ordenadores, a rastrear de nuevo los datos para entenderlo. Es una locura, quizá Dorian solo estaba mintiendo. Pero algo en su mirada me ha convencido de que decía la verdad. Se sentía atrapado.

Llamo a Juls antes de subir al altillo escondido, donde tengo mi cueva, y se lo explico todo. Incluso me atrevo a decirle cómo me ha afectado la última frase de Dorian, su intención de hacer explotar la situación para recuperarme.

Tanto ella como Ralph han sido mi refugio este último mes.

Me han ayudado a superar la ruptura, a aceptarla lo mejor posible, a enfrentarme a mi sufrimiento.

Incluso la cagué una noche de borrachera con Ralph y conté un poco más de lo necesario acerca de mi mundo cibernético y la destreza que poseo en él.

Y me vi obligada a revelar una parte de mis secretos, aunque gracias a Juls, el más importante sigue oculto.

Ralph ha resultado ser un chico increíble y confiable que tomó una mala decisión, pero se arrepintió de verdad, y no ha vuelto a cometer un error parecido. Será un gran apoyo cuando nuestro plan de permanecer juntas en Dallas salga adelante, aunque no podremos exponerle la realidad de mi situación.

Juliette me asegura que en cuanto pueda librarse de su turno en el diner vendrá para darme apoyo moral y me traerá provisiones para que no me deshidrate o me muera de hambre.

Incluso en esta situación es capaz de bromear cuando añade: «porque si pretendes que te ayude con esos códigos en las pantallas, lo tienes crudo. ¡No entiendo ni jota!».

Subo y conecto las cámaras de seguridad, dándome cuenta de que en vez de lamentarme y regodearme en mi desgracia este último mes, debería haber investigado a Sasha y a su padre.

Pero no puedo recriminarme eso, no cuando Dorian salió de mi vida de esa forma, sin darme ninguna explicación, sin hablarme, solo dejándome con una nota.

Y sé que, a pesar de estar a punto de buscar la forma de liberarlo a él y a su familia de los Meyer, no puedo perdonarlo.

Desbloqueo el sistema para empezar a bucear entre los datos, para usar los hacks que ya hice en su momento de todos los dispositivos de los Meyer y ver si de verdad existe la información sensible que el alcalde afirma tener acerca de los familiares de Dorian, dispuesta a aplastar a ese hombre si es cierto.

Porque, si alguien juega con la estabilidad de mis personas queridas, encuentro la forma de devolvérsela.

Lo haré con el alcalde Meyer, con Albert, con mis primos y con cualquiera que les haya ayudado, aunque tarde toda una vida.