Siempre te querré (Trilogía Recuerda 1) 30 #2
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—Si no sales conmigo, voy a destruirte —soltó Sasha tras mi intento de explicarle que no quería seguir así—.

Mi padre es miembro de la junta escolar y puede hundir a tu madre y a Miles sin despeinarse.

Le diré que te has aprovechado de mí, que me has forzado y conseguiré que tu vida sea un infierno.

—Ahí empecé a temblar—. ¿Crees que conseguirás tu preciada beca si mi padre le retira la donación que le ha prometido a la Universidad de Texas?

No son tontos, Dorian. Tú les puedes hacer ganar dinero, pero nunca será tanto como el suyo.

Hay futbolistas buenos a montones, la complicidad de alguien como el alcalde Meyer no tiene precio.

Y, si le digo que me has hecho daño, ¿a quién supones que creerá?

¿Y hasta dónde sospechas que será capaz de llegar?

—¿Y crees que chantajearme es la mejor forma de tenerme?

—Vamos a probarlo de otra manera —susurró acercando su mano a mis labios—.

Si sales conmigo, voy a conseguirte esa beca, una cantidad de dinero nada desdeñable de parte de mi padre en una cuenta para tus gastos durante la universidad, y tanto tu madre como Miles van a conservar su trabajo para siempre.

Si sigues conmigo en la universidad, nunca te faltará de nada.

Y si acabas casándote conmigo, serás una estrella en los Dallas Cowboys.

— Me dedicó una sonrisa siniestra—. Vamos a mover todos los hilos necesarios para allanarte el camino. ¿Mejor?

La miré con un poco de asco; me sentí mezquino al saber que iba a aceptar su propuesta. Porque, aparte de mi futuro soñado, me estaba ofreciendo en bandeja una forma de poner un cierre definitivo a mi relación con Ashley.

No importaba lo que le daría a cambio; el amor nunca estaría en la ecuación y ser el novio de la hija de alguien poderoso me ayudaría a progresar, a mostrarle a mi viejo una vida cargada de victorias en vez de a un chico derrotado por enamorarse de una huérfana sin porvenir ni dinero.

—Con una condición. —Mi voz sonó dura e inflexible—. Hasta mi cumpleaños vas a mantenerte alejada de mí y en menos de dos semanas recibiré la carta de aceptación en la Universidad de Texas, junto con la beca completa.

—La dichosa apuesta… —Resopló, pero me tendió la mano—. Trato hecho. Pero si me la juegas, voy a ir a por ti, a por tu madre y a por todos y cada uno de los miembros de tu familia.

—No te traicionaré.

—Más te vale. —Se acercó para darme un casto beso en los labios—. Compraré dos billetes para pasar cinco días en Nueva York. Nos iremos el día de tu cumpleaños. Ese será el principio de nuestra historia…

Sasha ha cumplido su parte, ha conseguido mi beca, mi aceptación en la universidad y mi dinero para gastos como una donación de una fundación que ayuda a futuros deportistas si ven su talento y les falta capital —aunque nunca me lo ha especificado, cuando me lo anunciaron por email supe que era de su parte—.

No me ha molestado ni una vez en estos meses, ni siquiera se ha insinuado, y me mandó los billetes la semana pasada.

Ahora me toca desempeñar mi papel.

Miro por última vez a Ashley en la cama, con esa expresión de paz. He sido un auténtico cabrón por querer disfrutarla durante un tiempo, pero no podía dejarla marchar sin saborearla, sin tenerla un poquito.

A partir de ahora va a ser difícil vivir en esta casa a su lado, viéndola cada día, a cada hora, en cada recodo de mi existencia, sin poder tenerla. Pero es mi decisión y voy a ser consecuente con ella.

Cuelgo el letrero en la puerta, salgo de la habitación con cuidado de no despertarla, entro en la mía y cojo la maleta que dejé preparada anoche, escondida en el armario. Encima hay una muda para ponerme tras una ducha rápida.

Sasha me vendrá a buscar en veinte minutos y cuanto antes salga de aquí, antes podré escapar de su reacción, de ver sus ojos desgarrados, de sentir cómo necesito tocarla y saber que ya no es mía.

Le dejo una nota a mi madre en la cocina al bajar las escaleras para avisarla de mi marcha y de dónde estaré hasta el domingo.

Cuando salgo de casa y subo al flamante Mercedes descapotable de la capitana de las animadoras, es como si entrara en el infierno, en el mío personal, al que me he condenado por decisión propia.

—Felicidades, cariño. —Sus labios sellan el saludo y su lengua se adentra en mi boca produciéndome una oleada de repugnancia y remordimientos que no puedo detener—. Te he preparado muchísimas sorpresas. ¡Vas a alucinar!

Como puedo, compongo una sonrisa, porque escuchar cómo algo dentro de mí se quiebra es como si una avalancha de dolor me apresara.

—Estoy deseando verlas —digo con la mayor entereza que soy capaz de reunir.

—La mejor es una suite en el Palace. —Su mano intenta levantar mi entrepierna sin éxito—. Esta noche sellaremos nuestro compromiso, después de una cena de cumpleaños épica.

Asiento fingiendo un entusiasmo inexistente. Siento cómo acabo de condenar mi corazón, pero ahora toca endurecerlo, convertirlo en granito, convencerlo de la necesidad de luchar por mi futuro y por no volver a sentir amor jamás.