27 #2
La idea de estar alejada de Dorian es dolorosa.
Cuando pienso en fechas concretas, en dónde estaré de aquí a doce meses en un día como hoy, se me vacía todo por dentro.
Quizá por eso he decidido vivir el presente, ser capaz de absorber solo la parte positiva del momento, sin escuchar el reloj avanzando hacia un punto de no retorno.
Y de momento evito confesarle mi verdadera identidad.
Mi padre solía asegurar que en cualquier situación, por muy mala que fuera, siempre hay algo positivo a lo que agarrarse.
Cuando me dispararon y perdí al abuelo, a mi madre y a mi hermano, él me enseñó a buscar alguna cosa buena entre tanta oscuridad, a asirme a los momentos compartidos con ellos, a lidiar con mi pena.
A veces sigue tan dolorosa como ese día o como el de la explosión, pero si no hubiera pasado, tampoco habría conocido a Dorian.
Aunque, si me dieran a elegir, preferiría tenerlos conmigo.
Si mi abuelo no me hubiera protegido cuando mi tío nos disparó, no estaría en Alabama, ni tendría una amiga de verdad. Ni un novio. Ni habría pasado los mejores años con papá, Simon y Garrett.
Cierro los ojos para no enfrentarme a los otros «si no», esos capaces de llevarme por derroteros negativos, por el sendero de la autocompasión.
A papá no le habrían gustado estos últimos pensamientos.
Él era luz, energía, color. Una persona sonriente, agradable, optimista.
Siempre intentaba contentar a los demás, regalarles una pizquita de ese buen humor, ayudarlos a mirar su existencia con ilusión.
Albert le arrebató al amor de su vida. A veces lo escuchaba llorar en secreto, cuando caminaba de noche de puntillas hasta su habitación durante el primer año tras el tiroteo para espiarlo tras la puerta.
Lo necesitaba para entender que él también sufría porque mi dolor era demasiado grande para concebirlo.
¿Habría renunciado él a mi madre para proteger el legado familiar?
Llevo unos días dándole vueltas a esa pregunta, hablando con el póster de mi habitación a diario, preguntándole si hago bien pensando en hablar con Dorian, en darle la oportunidad de decidir nuestro futuro conociendo la historia completa.
Juliette apoya la moción de contárselo todo cuanto antes y permitirle tomar nuestro camino con un conocimiento pleno del peligro, como ha hecho ella.
Mentirle a Dorian es mezquino y podría destruir lo nuestro.
Así que tomo una decisión. Voy a darle serenidad hasta la final de la temporada de fútbol y entonces será el momento de nuestra charla, de abrirme a él por completo, de desnudar mi verdad.
Me levanto de la cama y observo la margarita que hay en la almohada de Dorian.
Hoy nos vamos de acampada al lago Shelby con Ralph, Juliette y mi familia, por eso decidimos dormir separados, para estar descansados esta mañana.
La relación de Sutton con Miles se consolida con el paso de las semanas y este fin de semana de descanso de partido hemos decidido salir todos juntos, pasarlo en el lago y llevarnos a nuestras amistades.
También va a venir Jason, el amigo de Ernesto.
Hemos reservado tres de las tiendas ya montadas en la zona de campistas y mañana tenemos programadas varias actividades: paseos en bicicleta, kayak, paddle surf y tumbarnos en la arena de la playa o recoger conchas.
Hace un mes conseguí convencer a Sutton de que había ganado un premio con un boleto de lotería, unos cuantos miles de dólares para darse algún capricho, y este me parece perfecto.
La temperatura de este principio de noviembre está siendo muy agradable.
Y me gusta la idea de irme de acampada. Aunque parezca mentira, va a ser mi primera vez.
Me va a tocar dormir con Juliette y estar apartada de Dorian, pero ya encontraremos la manera de estar juntos.
Miro el manoseado póster de mi padre con emoción.
—Nunca me olvidaré de vosotros, os quiero un montón —susurro casi sin voz, con una sonrisa—.
Pero aquí he encontrado a mi segunda familia.
Y el amor. Te hubiera gustado Dorian, papá.
Quizá no siempre actúa de la forma más correcta, pero ha cambiado muchísimo por mí.
O quizá solo se ha quitado la coraza. Pero ahora puedo ver su interior.
Es cariñoso, bueno, perfecto. Y soy feliz con él. Mucho.
—Yo también. —El susurro de Dorian me acelera el corazón. Siento sus manos abrazarme por la cintura, su torso contra mi espalda, su aliento en mi oído—. Nunca pensé que podría gustarme salir con una sola chica, pero tú eres especial.
—¿Cuánto rato llevas aquí?
¿Cuánto ha escuchado?
Su cercanía me abotarga los sentidos, pero sigo en alerta por si ha visto que le hablaba al póster, por si puede descubrirme, por si acabo de destapar mi verdad antes de tiempo. ¿Cómo se lo tomará cuando se lo explique?
—El suficiente para saber que hablabas con tu padre.
—Ciño mis brazos sobre los suyos y aguanto la respiración por si ata cabos, pero sus siguientes palabras me relajan—.
Me ha gustado tu discurso y que le hables como si estuviera en la habitación.
Algún día has de enseñarme una foto de él para ver si os parecíais —susurra—. ¿Lo echas mucho de menos?
—No puedes imaginarte cuánto. —Deposita un beso en mi mejilla y me balancea un poco—. Incluso a veces le hablo en voz alta. Ya ves.
—Ahora nos tienes a nosotros, Ash. Somos tu familia, y no vamos a permitir que te quedes sola nunca más.
Si él supiera… Los remordimientos me invaden.
Por un instante tengo en la punta de la lengua darle rienda suelta a mi situación y suplicarle que se arriesgue por mí.
Pero decido agarrarme a la fecha prevista, esperar, no destruir este momento con posibles reprimendas.
Inspiro una gran bocanada de aire y al soltarla por la boca me arrimo más a él.
—En unos meses te vas a ir a la universidad y yo me quedaré fuera del sistema —comento por primera vez desde que estamos juntos. Nunca habíamos hablado del futuro—. Nuestros caminos se separarán entonces.
—Jamás consentiré que te vayas de mi lado.
—Lo dice con un tono un poco más firme de lo normal, reafirmándose en sus palabras y bastante molesto por la idea de separarnos.
Ojalá el mundo fuera tan simple como sus frases—.
Te vas a venir conmigo a Texas, te instalarás en Austin con Ralph, con Juls y conmigo.
Si no quieres ir a la universidad, te buscarás un trabajo.
Pero ya puedes ir quitándote de la cabeza la idea de ir a ningún lado sin mí. Somos un equipo, no lo olvides nunca.
Mis labios esbozan una sonrisa ingenua, de esas a las que les gustaría seguir su plan, arrinconar a los Reynolds y su imperio para ser una simple McGregor.
Por un instante lo imagino, acaricio la posibilidad de no volver a adoptar mi verdadera identidad para vivir al límite al lado de Dorian.
Pero también sé que es un imposible. ¿Cuánto tiempo tendría sin notar el peso de mis perseguidores?
¿Sin atragantarme con mi conciencia? ¿Sin sentirme culpable? ¿Sin que me encontraran?
—Me encantaría —musito, porque es verdad, a pesar de no ser posible.
—Lo haremos.
Unos segundos después la voz de Sutton nos llama para desayunar y nos apremia para ir rápido. Está nerviosa, es la primera salida familiar con Miles y quiere que todo salga perfecto.
En una hora estamos repartidos en dos coches para emprender la marcha.
Dorian, Juls, Ralph y yo vamos en el Mustang de mi chico, escuchando música rap, riendo, contando anécdotas y sintiéndonos muy unidos.
Hay tantos instantes memorables en mi actual realidad, que a veces me cuesta no sentirme abrumada.
Soy inexperta en temas de amor, amistad y relaciones con personas de mi edad.
Y son tantas las emociones que me sobrevienen…
La mano de Dorian se mueve entre el cambio de marchas, la mía y mis muslos al descubierto, gracias a los shorts .
Cada una de sus caricias me despierta una oleada de calor.
Lo miro en múltiples ocasiones, percatándome de los cambios producidos en ambos los últimos meses, como si de verdad quisiéramos sacar adelante lo nuestro y olvidar las rivalidades para centrarnos en los sentimientos.
Cuando llegamos al lago y distribuimos las tiendas de campaña, Sutton me lleva a un lugar un poco apartado para hablar conmigo a solas.
—La tienda grande es para nosotros cuatro, y está apartada de las vuestras —explica con una sonrisa cómplice—. Intentad no ser demasiado obvios cuando hagáis el cambio de pareja. Los niños no deben enterarse si queremos seguir manteniéndolo en secreto.
Sus palabras me dejan perpleja. Tardo un instante en procesar el cien por cien de su significado y, cuando lo hago, abro muchísimo los ojos y la boca, y creo que todos los poros de mi piel se abren para llenarme de sudor.
—¿Qué insinúas? —Necesito asegurarme.
—Nunca había visto a Dorian tan feliz. —Su sonrisa se amplía, volviéndose ilusionada—. Veo cómo te mira y cómo lo miras tú a él. No necesito más para aprobar lo vuestro. Solo os pido que vayáis con cuidado puesto que, si alguien más lo descubre, podría convertirse en un desastre .
—Lo quiero —susurro, no sé muy bien por qué, pero entiendo que no puedo mentirle.
—Se te nota. —Me da un suave apretón en una de mis manos—. Y él también te quiere a ti, aunque quizá necesita tiempo para asimilarlo. Ha sufrido mucho y le cuesta creer en el amor.
—Lo sé. —Asiento con las lágrimas deseando salirse de mis ojos.
—Hablo contigo porque mi hijo es difícil, pero necesitaba explicaros que os entiendo y os apoyo.
Doy un paso adelante en un gesto impulsivo y le doy un beso en la mejilla, abrazándola.
—Gracias. —Me retiro con la emoción burbujeando en mi pecho—. Jamás olvidaré lo bien que te has portado conmigo.
Lo digo en serio. Sutton se ha ganado un lugar en mi corazón para siempre, va a formar parte del pequeño círculo a quien quiero y protejo.
Encontraré la manera de arreglarle la subsistencia a nivel económico cuando me vaya y, una vez neutralice la maldita amenaza, la invitaré a formar parte de mi vida.
Corro a la tienda compartida con Juliette y me encuentro a Dorian esperándome en la entrada.
—¿Qué quería? —pregunta con curiosidad, limpiándome una lágrima de la mejilla—. Te ha hecho llorar…
—Lo sabe —explico—. Sabe lo nuestro y lo apoya.
Su móvil vibra en ese instante. Y al mirar la pantalla, su expresión cambia.