Siempre te querré (Trilogía Recuerda 1) 27
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ASHLEY

La vida puede ser maravillosa, un recorrido alucinante por un arcoíris de colores, un subidón constante.

Si lo hubiera sabido antes… Estos últimos dos meses y medio han sido impresionantes.

Felices. Cargados de deseo, como si mi existencia entera transcurriera dentro de un almacén de fuegos artificiales, lista para encender una mecha, para disparar uno a cada segundo, viendo cómo se elevan en el cielo hasta explotar en luces multicolores.

Jamás había estado enamorada, y no me imaginaba cómo me afectaría explorar ese sentimiento de la mano de alguien como Dorian.

Porque es un chico impetuoso, kamikaze, valiente y lleno de energía.

Porque se pasa el día sorprendiéndome con sus ideas locas.

Porque, a pesar de no ser capaz de pronunciar las dos palabras clave, siento su amor por mí en cada beso, en cada caricia, en su forma de tratarme, de buscar ideas para no mantener lo nuestro en la rutina y no pasarlo tan mal en público, cuando los deseos de tocarnos nos hormiguean en las manos y la distancia impuesta por la situación nos separa.

Viene a mi cama cada noche, me hace el amor y después nos dormimos abrazados. Algunas mañanas me despierto sola, con una nota enganchada en la puerta. Con letra grande, donde suele escribir algo seguido de la palabra «Recuerda» y tres puntos suspensivos .

«Recuerda… mis besos». «Recuerda… mi sonrisa». «Recuerda… te veo en clase». «Recuerda… te sonrío». «Recuerda… te echo de menos…».

Y un gran sinfín de otras notitas llenas de palabras preciosas. Cuando les doy la vuelta, siempre hay alguna frase llena de sonrisas: «Eres increíble», «Ha sido alucinante», «Contigo siempre quiero repetir», «Voy a besarte en cuanto te vea».

Otras el despertador nos sorprende todavía abrazados, medio desnudos, con nuestros cuerpos anhelantes y necesitados.

Y nos exponemos a dar rienda suelta a nuestros instintos a pesar del lugar, del peligro a ser descubiertos, de restar minutos al gimnasio.

Somos dos adictos al otro. No podemos permanecer desenganchados demasiado tiempo y nos arriesgamos en extremo para quemar esa necesidad.

A veces siento un tirón en el brazo al caminar por el pasillo del instituto y, al segundo, me encuentro enredada con Dorian en algún oscuro rincón, con sus labios sobre los míos, pegándose a mi cuerpo. Acallamos los gemidos en la boca del otro, nos tocamos aprovechando los minutos.

Debería detenerme a evaluar los riesgos, puesto que los hay y son inmensos, pero, por una vez, no quiero pensar, no quiero frenarme, no quiero ser Madison, ni cuidadosa ni precavida. Solo anhelo vivir al máximo mientras saboreo la felicidad plena de amar y ser amada.

Hemos vuelto a las carreras los dos, a entrenar juntos, a llevar los coches a mi garaje de la casita del bosque para mejorarlos, a pasar cada minuto posible sin separarnos.

La parte de que siga ganando, Dorian no la lleva bien, para él es importante superar récords para demostrarle a su padre que es el mejor, pero lo hemos hablado muchas veces, le he enseñado trucos, lo he entrenado, y cada día es mejor piloto; eso lo ayuda a ver mis victorias de otra forma.

Aunque a veces me mira con una sombra en sus ojos y entonces me sorprendo con un estremecimiento de pánico al vislumbrarla porque siento que esa chispa podría arder en algún momento y arrasar con todo.

La gente no cambia así de un día para otro, a pesar de amar de verdad.

Sé que, en algún momento de los meses pasados, Dorian se dio cuenta de sus sentimientos por mí y que poco a poco se ha desligado de su coraza para mostrarme su verdadero interior.

Pero hay instantes en los que no puedo evitar sentirme en la cuerda floja, como si presintiera que su equilibrio interior no es del todo estable.

Y entonces siento que no me lo ha dicho todo, que solo me muestra una cara y oculta otra capaz de destruirme.

Sasha está ahí, interponiéndose entre los dos, jugando con él, dañándome con sus insinuaciones. Y la actitud de Dorian hacia ella es eternamente complaciente, como si estuviera interesado en sus insinuaciones.

Quizá debería prestar más atención a esos indicios, no consentir que el miedo me arrastre a un lugar indeseado. Pero amo, creo y confío. Él lo vale.

En el fútbol está imparable. Ha llevado a los Warriors otra vez a los playoffs y esta temporada resultan imbatibles, con sus múltiples anotaciones liderando la clasificación del estado desde el inicio de la liga a mediados de octubre.

Ya ha echado las solicitudes de universidades y está esperando la aparición de los ojeadores de la Universidad de Texas para asegurarse la beca.

He movido algunos hilos de forma secreta para ayudarlo. Con extremo cuidado… Sin dejar rastro… Sin que nadie pudiera conectar los puntos. Incluso he buscado la forma de otorgarle una beca a través de una fundación para que no pase ningún tipo de ahogo durante sus años en Austin.

Cuando sea el momento, se lo haré llegar. Si todo va bien, los ojeadores no tardarán en ficharlo para su universidad soñada.

Dorian haría cualquier cosa por asegurarse esa beca.

Los partidos lo alejan de casa muchos fines de semana, pero como Ralph también juega, Juls y yo vamos a verlos a cada uno de los estadios, animándolos, llevando sus sudaderas, transmitiéndoles nuestro compromiso con ellos.

Aunque en mi caso es en secreto. Quizá no me ha dicho «te quiero», pero muchos de sus actos lo demuestran y tengo suficiente.

El sexo con él es un descubrimiento diario de la capacidad de mi cuerpo para dar y obtener placer, de hasta dónde estoy dispuesta a acceder a sus propuestas cada vez más subidas de tono.

Porque estar con Dorian es como una escalada a la cima de la excitación, y me siento desinhibida, confiada, plena, llena de avidez por alcanzar cada una de las empinadas cimas.

La primera noche lo hicimos tres veces, y cada una fue mejor que la anterior. Dorian me enseñó a ser todavía más intrépida, cómo aumentar mi satisfacción y a dársela a él siguiendo sus consejos. Y mi cuerpo flexible y musculado consigue adaptarse con excitación a todas sus propuestas.

Soy atrevida en ese campo, no me amedranto con facilidad y le doy alas a Dorian para enseñarme cada día algo distinto, para experimentar juntos, para no caer en la rutina. Ojalá logremos toda una existencia para seguir juntos.

Juliette es mi ávida oyente cuando nos encontramos para comentar mis múltiples orgasmos.

Es extraño, pero no me siento cohibida al explicárselo todo, como si nuestra amistad hubiera pasado a otro nivel.

Es bonito confesarlo sin sentirme avergonzada o juzgada.

Y escuchar sus proezas también me apasiona, ya que así lo compartimos todo. Las dos somos tan felices…

Ojalá nada reviente la burbuja hasta el momento decisivo; es como un sueño hecho realidad, como si por una vez fuera libre de disfrutar de verdad, como si mi corazón rebosara de emoción, ilusión, felicidad…

Mis cuatro únicos puntos oscuros son la ausencia de noticias de Albert, la sensación a veces de que Dorian no es del todo sincero conmigo, la búsqueda del momento ideal para confesarle mi verdad y la pesadez de Sasha en su plan de conquistarlo a costa de cualquiera.

No entiendo por qué está tan obsesionada en conseguirlo, pero su insistencia me molesta.

Se le tira encima a la menor ocasión, le lanza insinuaciones sexuales con demasiada asiduidad y parece en celo cuando él está cerca.

Los celos se me comen. Sé que Dorian solo me quiere a mí, y me ha demostrado su compromiso alejándose de las otras.

Pero verlo tan cerca de ella… Saber que no quiere jugarse su futuro poniéndola en su sitio…

He buscado en todos sus dispositivos alguna manera de pararle los pies, pero es una chica precavida y no deja ningún rastro digital de sus fechorías.

Sin embargo, sí tengo mucho material sobre su padre.

Y lo he encontrado con una investigación muy superficial porque no es quien me interesa.

Si quisiera, podría hundirlo y, si indagara más a fondo, estoy convencida de que reuniría un arsenal de pruebas de sus múltiples chanchullos.

Pero no voy a caer en ese juego si no se presenta una necesidad absoluta de actuar; el alcalde Meyer puede ser un corrupto, como muchos de su clase, pero no me ha hecho nada, y no voy a consentir que mis celos actúen por su cuenta y riesgo sin un motivo de peso.

Dorian ideó un plan para concedernos una tregua.

Unos días después de nuestra primera vez, consiguió, con la complicidad de Ralph, que sus compañeros de equipo lo retaran a una apuesta de seis meses de celibato mientras Sasha estaba presente, jugándose su reputación si no cumplía.

Y ella entendió la situación a la primera puesto que, si algo tiene mi novio, es orgullo, y no quiere perder nunca.

No sé cuánto tiempo mantendrá a Sasha alejada, pero de momento funciona. Espero que no se le acabe la paciencia. Si me toca demasiado las narices, voy a actuar, le pondré una trampa o hundiré a su padre. Haré lo necesario para mantenerla lejos de mi chico.

La semana pasada fuimos al baile de Halloween sin pareja y fue bonito estar ahí de nuevo con él, aunque esta vez Sasha se hizo con la corona junto a Dorian.

Me parece mentira los cambios tan grandes desde el año pasado.

Aunque, a veces, al pensar en el avance inexorable del tiempo, no puedo evitar sentirme ahogada por la realidad que nos acecha en ocho meses y medio.

Ojalá el próximo año haya derrotado a mi tío y podamos celebrarlo juntos también.