Siempre te querré (Trilogía Recuerda 1) 25 #2
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25 #2

Todavía estoy en las nubes al salir del instituto para caminar por el descampado donde aparcamos los coches. No veo a nadie, ni soy consciente de mis pasos ni de nada que esté a mi alrededor. Solo puedo pensar en Dorian.

—¡Serás puta! —Siento el empujón a la vez que la voz de Sasha me llega por la espalda—. Como le busques problemas a Dorian, te voy a joder.

Le dedico una mirada airada, volviendo a la realidad.

Su expresión es de auténtica maldad. Conozco a las de su especie.

En mi antiguo colegio privado estaba lleno de arpías de su calaña, pero con muchísimo más dinero y poder que ella.

Por eso podían hundir verdaderos puñales traperos.

Aunque no puedo desestimar su capacidad de herir a Dorian.

—Se puede cuidar solito. —Me encaro a ella—. Deberías buscarte un novio que te quiera y no chantajear a un tío para que salga contigo. Es patético.

Vuelve a empujarme, esta vez con saña, pero no consigue moverme ni un milímetro puesto que mi cuerpo está diez veces más fuerte que el suyo.

—Tu «hermanito» está loco por mí —declara con vehemencia—. Solo necesita un empujoncito para darse cuenta y disfrutarme. Así que déjalo en paz.

Una carcajada me sube por la garganta al darme cuenta de sus palabras y de lo absurdo de la situación. Muestran desesperación. Y sé que Dorian es mío. Acabo de besarlo hasta la extenuación, voy a salir con él, me ha elegido…

—Lo que tú digas —comento dándome la vuelta para marcharme—. No te olvides de invitarme a la boda.

Me alejo de ella con pasos ágiles, dejándola con una expresión de puro odio y totalmente descolocada. No tardo demasiado en localizar a Juls y a Ralph. Ambos me miran atónitos tras el numerito con Sasha. Igual que algunos de los chicos de mi escuela y del equipo rival.

—¿Qué ha sido eso? —pregunta mi amiga separándome de su chico para que no nos oiga.

—Se cree que Dorian está enamorado de ella. —Pongo los ojos en blanco y bajo la voz—. Si supiera que acaba de besarme y magrearme en el gimnasio, lo fliparía.

Las cejas de Juliette suben hasta toparse con su frente y abre mucho la boca.

—¿Estáis locos? —se exalta—. Ash, es peligroso que te vean con él. Tómatelo con calma, sin dejar pistas por ahí, ¿vale? ¡No podéis besaros en lugares públicos!

Le coloco una mano sobre el hombro para detenerla.

Entiendo su reacción. Si alguien se entera de mi relación con Dorian, podrían volver a meterme en el sistema y apartarme de Elberta once meses antes de lo previsto.

Además, si trascendiera y alguna vez el equipo de mi tío o el propio Albert se enteraran, Dorian podría acabar muerto.

—Tranquila, no nos ha visto nadie —susurro con una sonrisa en los labios al descubrir cómo me emociona que se preocupe tanto por mí—. Y te prometo tener más cuidado a partir de ahora.

—Eso espero. —Asiente con nerviosismo—. De verdad. Tienes tu casita en el bosque para hacer manitas. No lo estropees todo por un calentón.

—No lo haré .

Ralph acerca el coche que comparte con sus hermanos para llevarnos a casa y termina con nuestra conversación privada.

Esta noche tienen planes. Van a aprovechar que Reese está fuera de la ciudad con su nueva novia para pasar la noche juntos y llegar hasta el final.

Quizá por eso Juls ha reaccionado así, está como un flan por todo.

Por primera vez desde la muerte de sus padres, Reese ha decidido tomarse un fin de semana de descanso y cerrar el diner .

Sé que las amenazas de Ralph han cesado los golpes, pero la agresividad de ese chico sigue sobre Juliette de forma verbal.

Está enfadado con el mundo y lo paga con ella, aunque la perspectiva de que su novio cumpla las amenazas lo mantiene muy alejado del cuerpo de Juls.

Ojalá no vuelva a las andadas…

La buena noticia es que su chica, Emmy, está colada por él y ha logrado lo impensable: llevarlo a un psicólogo y que no beba tanto.

Y Reese está muy feliz con ella. Solo han pasado un par de semanas desde que iniciaron su relación, es pronto para emocionarse, pero he depositado todas mis esperanzas en ella, en la terapia, en que al fin el hermano de Juliette se dé cuenta de sus problemas y ponga remedio, por el bien de ambos.

Nos despedimos de Ralph a la entrada de mi casa para prepararnos. Él nos recogerá en media hora y me acompañará al lugar estipulado para que pueda irme con Dorian al restaurante.

—¿Estás segura del conjunto de ropa interior que me compraste? —pregunta Juliette a media voz al llegar a mi habitación y cogerlo de la bolsa que antes ha traído a hurtadillas—. Es muy atrevido.

La abrazo para calmarla y demostrarle mi apoyo total.

—No estás obligada a nada, Juls —digo sin soltarla—. Ralph ha esperado mucho, no le costaría hacerlo un poquito más.

—Lo sé. Pero lo deseo —susurra—. Estoy enamorada de él, llevamos juntos casi toda la vida. Y ya va siendo hora de dar el paso. Siempre he querido que Ralph fuera mi primera vez.

—Hombre, Juls… Ya que estamos, no te conformes con una vez esta noche. —Le guiño un ojo separándola de mí—. La primera suele ser una mierda.

—Somos tan inexpertos los dos… —Suelta un suspiro—. Va a salir fatal. Sé que Ralph lo hizo una vez, pero no ha seguido practicando.

—Tú ponte eso. —Señalo el conjunto de ropa interior—. Y que la naturaleza haga lo suyo. Además, Dorian es su amigo, seguro que han tenido una de esas charlas de «enséñame latín».

Suelta una risotada calmándose un poco y nos pasamos un rato imaginándonos entre risas la situación. Dorian y Ralph hablando de sexo, uno ávido por aprender y el otro yendo de sobrado.

—¿Qué hay de Dorian y tú? —pregunta mirándome con solemnidad—. Lleváis más de un año mareando la perdiz, y ya lo conoces, no es un tío paciente ni sin experiencia como nosotros. Y si no estás segura…

—Estoy enamorada de él —admito sentándome en la cama un segundo—. Desde hace mucho. Y quizá lo suyo solo sea un capricho, o vete tú a saber. Pero parecía sincero cuando me ha dicho que quiere intentarlo. Y necesito creerlo.

Se coloca a mi lado, me coge la mano que tengo en el regazo y sonríe.

—Está loco por ti.

—Quiero llegar al final con él esta noche, no desperdiciar más tiempo. No tenemos mucho… Necesito tenerlo, crear recuerdos, ser una chica normal mientras dure. Porque si de verdad me quiere, podríamos tener una posibilidad en Dallas.

—¿Se lo vas a contar? —Me aprieta la mano.

—Es demasiado arriesgado. —Niego con la cabeza con un estremecimiento—.

Contigo tenemos un plan bastante infalible porque estás dispuesta a renunciar a muchísimas cosas, pero Dorian quiere estudiar en la universidad, jugar al fútbol, llegar a los Dallas Cowboys.

—Tenso un segundo los labios—. Se merece intentarlo, tener su futuro, no estar en el punto de mira de Albert.

Si seguimos con lo nuestro, deberá ser en secreto. De otra forma es peligroso.

Suelta un suspiro al masticar mis palabras y entenderlas.

—Acabaremos con el capullo de tu tío. Pero mientras eso no ocurre, deberías explicarle la verdad a Dorian. Si no lo haces, no vas a poder seguir con él.

Pasamos unos segundos en silencio antes de levantarnos para seguir arreglándonos. Su afirmación me quema en el alma.

Me pongo un vestido rojo bastante sexy sobre un conjunto de ropa interior del mismo color.

La semana pasada fui a Foley con Juliette de compras y me regalé varias cosas por si llegaba este momento.

Apenas me doy unos toques de maquillaje, prefiero ir al natural y no ser una sombra de la Madison pública.

Cuando llega la hora, ambas estamos nerviosas y emocionadas a la vez. Esta noche, Ernesto duerme en casa de su abuelo y Sutton va a salir con el profe de mates, y seguramente no controlará nuestra hora de llegada. Me paro frente a su habitación, donde está arreglándose para su cita.

—Nos vamos. —Llamo a la puerta y me asomo para despedirme—. Pásalo bien.

—Vosotras también. —Sutton me dedica una de sus sonrisas—. Os veo mañana. No os paséis del toque de queda.

—Cuenta con ello.

Salimos a la calle para encontrarnos con Ralph y subirnos al coche.

La excusa de Dorian es celebrar junto a sus compañeros de equipo la «fiesta postpartido».

Consiste en ir todos juntos al descampado frente al río a beber, bailar, muchas veces en lo alto del depósito de agua, acompañados de música estridente, chicas y diversión.

Hemos quedado en mi casa del bosque para usar mi coche y así no dejar pistas de nuestras intenciones.

Estoy un poco paranoica en ese sentido, lo reconozco.

Pero en mi vida ser muy precavida nunca es demasiado.

Cuando llegamos a la casa y lo veo frente al garaje, se me encoge el pecho.

Está apoyado en su Mustang, mirándonos con una expresión anhelante.

Los faros lo iluminan para mostrar su cuerpo perfecto enfundado en unos vaqueros apretados y una de esas camisetas ceñidas que muestran sus músculos trabajados.

Siento una oleada de calor cuando sus labios se curvan en una sonrisa.

Quiero besarlos, sentirlos, mordisquearlos.

No sé cómo voy a lograr dominar mis instintos toda la noche porque Dorian me provoca una pasión desconocida y esa sensación de que el reloj avanza inexorablemente hacia un punto sin retorno, me aboca a desear lo inimaginable.

No quiero esperar para sentirlo. Me da igual lo que venga después. Esta noche quiero vivir. Solo me importa tenerlo, atesorar recuerdos, alcanzar la felicidad plena por una vez. Convertirlo en mi primera vez porque, a pesar de mis antiguas creencias, ansío que sea memorable.

Y decido ir a por todas.