Siempre te querré (Trilogía Recuerda 1) 25
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ASHLEY

Corro lo más rápido que me permiten mis pies, alejándome del vestuario, de Dorian, de Sasha, de mis impulsos absurdos de darle otra oportunidad, en busca de un lugar donde esconderme un instante.

No quiero que nadie me vea llorar y las lágrimas parecen empeñadas en deslizarse por mis mejillas sin tregua.

¿Cómo he podido ser tan estúpida?

Todavía no me creo que haya bajado para felicitarlo y decirle que esperaba con ansia la cita de esta noche, como si me hubiera tragado todos y cada uno de sus intentos de recuperarme.

Camino a toda prisa por el gimnasio vacío para esconderme en la oscuridad, bajo las gradas, en un recodo tenuemente iluminado por la ventana y muy alejado de miradas indiscretas.

La imagen de Sasha sobre él se repite en bucle en mi mente, como si quisiera grabarse a fuego en ella para mostrar la verdadera cara de Dorian.

Ha sido como enfrentarme a la peor de mis pesadillas.

Lo de las listas de canciones ha sido tan bonito…

Recuerdo la primera vez, dos semanas atrás, cuando me puso temas para pedirme perdón.

Se me aceleraron los latidos por lo romántico que me resultaba.

Cada canción era tan capaz de despertar mis sentidos, de sumirme en una nueva y renovada ilusión…

To das hablaban de arrepentimiento, de amor, de deseos de recuperarme.

¿Ha sido todo mentira? ¿No me quiere? ¿Es una nueva treta?

Decir que siento cómo mi corazón se desmigaja es apenas una metáfora pobre. En realidad, es como si Dorian acabara de meter un martillo en mi cuerpo y estuviera convirtiendo en añicos cada pedazo de mis huesos, de mis fibras, de mis músculos, de mis órganos. Ya no me queda nada dentro, solo vacío.

El amor es demasiado doloroso.

Hoy he cedido. Me lo he creído, he estado tan cerca de besarlo y no dejarlo marchar nunca más…

Lo he hecho tras escuchar su alegría ante la posibilidad de que lo perdonara; esas canciones tan llenas de emoción, tan cargadas de efusividad…

Por eso he elegido Eternal Flame , un tema con un gran significado para él.

Quería vivir el cuento de hadas sin pensar en las consecuencias, permitirme ser feliz el tiempo que me queda en este lugar. Necesito llevarme recuerdos bonitos, vivir. Descubrir qué es el amor de verdad. ¿Y se ha liado con Sasha?

Corro hacia la oscuridad bajo las gradas para refugiarme y llorar a gusto, sin darle la potestad de sentirse vencedor de nuevo.

—¡Ash! —escucho su voz un poco ahogada, como si estuviera corriendo, por eso aprieto el paso y uso la ausencia de luz como escudo—.

Espera. No es lo que tú crees. —Llega hasta mí con rapidez, me agarra del brazo y me apoya contra las gradas, colocando su cuerpo frente al mío para impedir una huida desesperada.

La luz es bastante parcial, pero lo suficientemente nítida para ver su expresión ansiosa.

Solo hay una ventana a pocos centímetros sobre nuestras cabezas, pero los escalones nos esconden del mundo—. Por favor, créeme.

—¿Por qué debería confiar en ti? Acabo de verte con Sasha…

Me enfrento a su mirada reteniendo las lágrimas como puedo en mi interior. Podría zafarme de su agarre en un segundo, vencerlo gracias a mi entreno e irme de aquí, pero su voz, su expresión, sus ojos que brillan en la penumbra…

¿Y si dice la verdad?

—No la quiero cerca de mí ni voy a tener ninguna relación con ella.

—El desespero se cuela en su tono—. Se me ha tirado encima y no puedo apartarla sin pensar en las consecuencias.

—Avanza hasta situarse a casi un milímetro de mi cara, me acaricia la mejilla con un dedo y gime—.

La he fastidiado contigo varias veces y me merezco tu desconfianza.

Pero no te estoy mintiendo, Ash. Quiero salir contigo, no tenerte me mata.

Por favor, cree en mí cuando te digo que solo me interesas tú y quiero ser monógamo por primera vez en mi vida si es contigo.

Incluso estoy dispuesto a tragarme todas las pelis de Ryan Gosling si es lo que necesitas para quedarte a mi lado.

—Esa súplica desata un estremecimiento en mi cuerpo que esconde esperanza.

Deseo tanto que sea verdad…

—Explícamelo, porque no lo entiendo. —Me tiemblan los labios al tenerlo tan cerca, es como si su presencia fundiera la razón, lo que he visto, el dolor.

Quizá solo quiero creerlo y le estoy dando la potestad de romperme de nuevo, pero ¿y si dice la verdad?

—. Si no quieres nada con Sasha, ¿por qué no la detienes? ¿Qué te impide ponerla en su lugar?

—Es la hija del alcalde y dueño de la fábrica de papel, uno de los hombres más ricos y poderosos de Alabama.

Me suelta el brazo para coger un mechón de mi pelo y enrollarlo en uno de sus dedos mientras con la otra mano usa el índice para acariciarme los labios.

Y sí, quizá debería apartarlo, no perdonarlo con tanta facilidad.

Pero el tiempo es tan efímero y estoy tan enamorada de él, que necesito escucharlo, darle el beneficio de la duda tras el último mes y confiar en él, a pesar de sus actos previos.

¿Me convierte esto en una pusilánime? ¿O solo soy una chica con sueños y esperanzas?

—Los contactos de su padre abarcan la directiva de la Universidad de Texas —prosigue— y, si ella quiere, podría destrozar mi futuro. Lo tiene comiendo de su mano, hará cualquier cosa por ella.

La vulnerabilidad de su voz me impacta. Es la primera vez que admite la posibilidad de no conseguir sus metas.

Me gustaría decirle que puedo mover los hilos necesarios para conseguirle su beca, incluso sería capaz de buscar la manera de regalarle la cantidad necesaria para financiar sus años universitarios.

Tener tanto dinero no sirve para nada si no puedes ayudar a tus personas favoritas.

Ojalá pudiera explicárselo. Pero soy consciente de mis limitaciones actuales y, a la vez, entiendo sus argumentos.

El padre de Sasha es un hombre poderoso, aunque ni siquiera roza el nivel de poder al que estoy acostumbrada. Si quisiera, podría machacar a ese hombre. Pero ahora no puedo permitirme ese lujo.

Miro a Dorian con entendimiento. Está luchando por no quedarse en este pueblo, por sus sueños, por su futuro. Y debe haberle costado un mundo abrirse así a mí, mostrarme que no es invencible. Porque admitir que teme a Sasha no es fácil para alguien como él.

—Intenta extorsionarte —susurro—. Pero ha de haber alguna manera de pararle los pies.

—Mientras salía con Elijah nos dejó en paz a los dos.

—El dedo que tiene en mis labios me produce un hormigueo intenso—.

Quizá deberíamos buscarle a otro novio a su altura para alejarla mientras tú y yo…

—Baja la otra mano para agarrarme por la cintura y ceñirme tanto a él que nuestros cuerpos están pegados—.

Encontraré un modo de mantenerla a raya, ya que solo me interesas tú. Nunca había sentido algo parecido.

—No te toleraré más «acercamientos» a Sasha, eso tenlo claro.

—De momento, puedo manejarla. Solo necesito que lo entiendas. Va a ir detrás de mí y a intentar meterme en su cama, pero no voy a ceder. —Sus susurros me acarician con necesidad—. ¿Vas a poder con ello?

Asiento con una sonrisa.

—Si seguimos adelante con esto, no podremos hacerlo público.

«Y después tampoco», pero eso no se lo digo, me lo guardo para mí. No quiero sentir el peso de la fecha de caducidad, de esa sentencia sobre cualquier relación que pueda establecer con él.

—Quiero intentarlo. —Acerca sus labios a los míos y me habla pegado a ellos—. Mis listas iban en serio. Todas y cada una de ellas.

—Esta noche tenemos una cita…

—No voy a decepcionarte nunca más. —Me da un beso suave agarrándome todavía más fuerte—. Quiero esto, quiero estar contigo, te quiero a ti en mi vida. Créeme.

Deja de hablar para invadir mi boca con su lengua y yo se lo permito, ya que siento su misma necesidad, el mismo anhelo, las malditas mariposas en el estómago de las que hablan los libros románticos.

Escucho los fuegos artificiales. Y hasta podría asegurar que estoy flotando en el país de las purpurinas y los unicornios.

Sus manos se introducen por la camiseta para acariciarme la piel de la espalda y conseguir mi total entrega a él. Me mordisquea los labios, los lame, los besa, me toca… Y me siento arder. Como si me hubiera convertido en una fogata.

Jadeo con resuellos audibles cuando baja la boca por mi cuello y llega a mis pechos con las manos.

Me arqueo, acompañada por las respiraciones aceleradas, necesitando más, estremeciéndome con sus movimientos en mis pezones, ansiando tenerlo dentro de mí.

Pero no podemos seguir con esto aquí, podrían descubrirnos y entonces careceríamos de tiempo.

—Dorian —susurro con la voz entrecortada—. Deberíamos parar.

Gruñe por toda respuesta, pero deja de acariciarme para devorarme la boca de nuevo, como si estuviera hambriento.

Durante un largo minuto nos besamos sin ser capaces de separarnos.

Nos cuesta mantener las manos quietas, pero nos obligamos a detenerlas para no subir más la temperatura, ya de por sí muy caliente.

Resopla.

—Cuando estás cerca solo pienso en tocarte —admite acariciándome el pelo, reticente a dejarme ir—. Va a ser una tortura buscar rincones escondidos para besarte.

—¿Y qué hay de la emoción de lo prohibido? —Me muerdo el labio que él lame enseguida.

Tras un par de recaídas más, logramos frenar nuestro arrebato.

Él sale primero. Solo me importan sus labios, sus besos, sus promesas.

Diez minutos después abandono la oscuridad del gimnasio para emprender el trayecto hasta casa, donde voy a arreglarme para la cita.

Me he pasado todo el rato tocándome los labios con un gesto ausente, todavía impactada por haberlo besado así, por tenerlo de verdad para mí.

Porque lo creo y he vislumbrado algo real en él.