Siempre te querré (Trilogía Recuerda 1) 22
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DORIAN

Dicen que la mejor defensa es un ataque, que cuando la vida te asesta un revés, has de recomponerte y golpear de nuevo para no desvanecerte.

Cada día soy más consciente de hasta qué punto la cagué con Ashley.

Y de mi mierda de sentimientos por ella.

Han pasado tres meses y medio desde mi patético intento de recuperarla en el gimnasio, en uno de los peores cumpleaños que recuerdo, y todavía sigue alejada de mí y de todo cuanto antes la motivaba.

Tres putos meses y medio y seguimos en tablas.

Las vacaciones de verano avanzan sin más, la situación con Ashley no me permite disfrutarlas. Nos tratamos con educación, como ella quería, pero me matan su apatía, sus pocas ganas de guerrear y su pose de derrota.

A pesar de la tensión sexual y de la atracción que emanamos, apenas hemos cruzado un par de saludos al día.

Correctos, sencillos, impasibles. Si ella entra en mi radio de visión, la atmósfera cambia; emite unos rayos de sensualidad que me llevan al límite de mi exaltación hormonal. Pero verla tan destrozada me mata.

El tiempo, en vez de rebajar mi deseo, lo ha aumentado, y más trabajando con ella codo con codo en el taller, oliendo su aroma a todas horas, encontrándomela en el gimnasio, en casa, en cualquier lugar donde miro.

Lo peor es no tener la potestad de hablar con ella como antes, de interactuar, de despertar las chispas en sus ojos.

Su verano consiste en trabajo, desapariciones —a su casita del bosque, lo sé porque la he seguido muchas veces— y horas junto a Ralph y Juliette. El mío en entrenos, taller, carreras y salidas con los colegas que me saben a poco.

La echo tanto de menos…

Cuando no podemos tener algo, nos atrae como la luz a un mosquito.

Tras siete meses intentando arrancármela del pecho, me doy por vencido. Siento algo muy fuerte por ella. No hay más. Y mi avidez traspasa las fronteras de lo normal. Es apoteósica. Infinita. Jodida.

He dejado de tirarme a otras, ya que solo pienso en Ashley. En su piel, en su olor, en sus labios, en sus curvas, en su voz…

Lidio a diario con la plasta de Sasha y sus constantes insinuaciones.

La muy imbécil se cree que mi celibato responde a mi intención de reformarme por ella.

Durante los últimos meses ha estado saliendo con un chico de último curso, Elijah Timson, el capitán del equipo de béisbol, y nos había dejado en paz, tanto a mí como a Ash, porque estaba volcada en su relación y en la popularidad adquirida a su lado, pero desde hace dos semanas ha vuelto a las andadas conmigo. Él la dejó por otra.

La temporada de fútbol terminó en diciembre con una victoria épica para los Warriors. Después seguí entrenando, aunque no con el mismo ritmo. Y volqué mis esfuerzos en mejorar con el coche, en ganar velocidad, en llenarme los bolsillos con cada pódium. Pero sin ella no es lo mismo.

¿De verdad me estoy ablandando así? Lleva un año aquí.

Y no ha habido un solo día en el que no soñara con ella.

No soporto verla sin su energía natural, sin esa bravuconería que le daba brío a mi existencia.

Quiero despertar el brillo de sus ojos de nuevo cuando se posen en los míos, sin mentiras, sin venganzas, sin engaños.

¿Estoy loco si admito que quiero recuperarla?

¿Si ansío tener una relación real por primera vez en mi vida?

No acabo de entender cómo soy capaz de plantearme algo así.

El amor siempre ha sido un sentimiento doloroso para mí.

Lo veía inalcanzable, lejano, imposible, y me lo prohibía.

Erigí un muro en mi corazón. Pero ella lo ha derrumbado.

Incluso mi madre ha superado al capullo de mi viejo y hace un mes empezó a salir con Miles Forbes, mi profe de Matemáticas.

Si ella ha podido desligarse de nuestras mierdas para atreverse a intentarlo de nuevo, yo debería imitarla.

Quizá la terapia a la que ha ido no sea una mala idea para mí.

Ash ya lo apuntó el maldito día de mi cumpleaños…

Por suerte, he rehecho mi amistad con Ralph, y Juliette ya vuelve a hablarme. Aunque sigue distante. Y más después de mi ida de olla de la semana pasada, cuando rompí mi mundo en dos al empotrarme contra la realidad y obligarme a que por fin la aceptara.

Fue durante el entreno para iniciar la pretemporada de fútbol al ver a Ashley en las gradas hablando con Bobby Larson, una de las estrellas de béisbol del instituto.

La actitud de «mi chica» era excesivamente cariñosa, como de coqueteo.

Se reía de sus palabras, sin rastro de dolor o de tristeza, con ganas, tirando la cabeza un poco hacia atrás y emitiendo carcajadas llenas de ilusión.

Bobby la miraba con lascivia, como si necesitara llevársela a la cama en ese mismo momento.

Cada una de las expresiones corporales de Ashley era una clara visión de sus intenciones.

Se sentía a gusto con él, incluso me atrevería a decir que estaba decidida a darle una oportunidad.

Cuando uno de los dedos de Bobby se dedicó a enrollarse un mechón de su pelo y ella lo miró sin perder la sonrisa, estallé.

Me di cuenta de que quizá ya fuera demasiado tarde y ella estaba de verdad pasando página.

Decir que los celos me invadieron sería quedarse a años luz de lo que sentí.

Fue como si me arrebataran el corazón y lo dejaran hecho trizas dentro del pecho.

En mi puta vida me había enfrentado a un dolor semejante y, de alguna forma, dejé entrar una furia irracional en mi cuerpo.

Un potente instinto de posesión se agarró a mi alma.

No me enorgullezco de mi reacción. Estoy en contra de esos arrebatos, sé que la violencia es la peor defensa.

Pero entonces no razoné, solo la vi con él, su gesto cariñoso, su acercamiento, y me convertí en una bola de fuego.

Porque la quiero. Porque la necesito. Y porque en ese momento me di cuenta de que ella estaba dispuesta a continuar sin mí, a renunciar a lo nuestro.

Y me volví loco. Como una puta cabra.

Salí del campo, me quité el casco, lo lancé al suelo y subí las gradas de tres en tres, con la ira burbujeando en mi cuerpo, nublándome la razón, eclipsando la lógica .

Al llegar frente a Bobby le asesté un puñetazo sin pensar, sin hablar, sin detenerme a valorar por qué coño estaba actuando de esa manera. Ni siquiera le hablé. Simplemente me planté ahí y dejé que mi puño impactara con su cara, empujado por la necesidad de separarlo de ella.

Me pasé tres pueblos, lo sé.

La expresión de Ashley fue primero de asombro y, al segundo, se tiñó de decepción, como si mi acto hubiera desmontado del todo mi imagen frente a sus ojos. Esa mirada me quemó en el alma mucho más que cualquiera de los mensajes de mi padre, esos que siguen llegando de forma muy irregular.

—¿Qué narices te pasa, Dorian? —Se levantó y se puso frente a Bobby con los brazos en jarras y un rictus airado.

—¡Joder! —exclamé al darme cuenta de mis acciones. Di un paso atrás, temblando. De rabia, de desconcierto, de ansiedad—. Yo… yo…

—¿Tú qué? —Los ojos de Ashley se llenaron de centellas—. ¿Te crees que me impresionan esos numeritos de macho alfa? ¡Porque los odio! ¡Con todas mis fuerzas!

—Yo… yo.

No podía hablar, ni entender mi comportamiento ni mirarla a la cara, por eso dediqué mi atención a la mano, a esos nudillos ensangrentados y doloridos.

—No te reconozco, Dorian —dijo girándose hacia Bobby para dedicarle una mueca asustada—. ¿Estás bien? —le preguntó mientras el resto de mis compañeros, el entrenador y los espectadores se acercaban a ver qué había pasado.

—Magullado —siseó Bobby observándome con inquina—. ¿De qué vas, Stone? ¡Solo estaba hablando con ella! Este papel de hermano preocupado no te va, tío.

Sus palabras me impactaron.

«Hermano»…

¿En serio se creyó que mi reacción se debía a ese papel?

Los ojos de Ashley me miraban con rabia. Estaba enfadada conmigo, y no podía reprochárselo; me acababa de comportar como un auténtico desequilibrado.

—Lo siento —musité antes de darme la vuelta para marcharme con rapidez, evaluando por primera vez en mucho tiempo cómo me afectaba ese intenso amor no consumado por mi hermana de acogida y las secuelas que me había dejado criarme con un padre maltratador .

Había actuado como él, con violencia gratuita.

Bajé al vestuario desierto sintiéndome una mierda. Porque, joder, la había cagado tanto, me había equivocado tanto, había forzado la máquina tanto… Y había acabado dándole un puñetazo a un tío sin ningún motivo, solo por verlo con ella.

¿Me había convertido en mi padre?

En ese instante me odié con todas mis fuerzas, me asqueé, me repugné. A pesar de mi forma de ser, de mi fanfarronería, de cada uno de mis actos, me había prometido que jamás sería como Jason Stone. Y lo acababa de imitar…

Me encerré en uno de los baños, con náuseas.

Vomité recordando la cara de desilusión de Ashley, sus ojos llenos de dolor, de incomprensión, de ira al cabo de unos instantes.

Fue como si ese acto violento, tan alejado de la lógica, abriera las compuertas a mis emociones y las disgregara por mi cuerpo causándome estremecimientos, calambres, temblores.

Y el muro de contención se rompió, estalló en mil pedazos.

Me senté en el suelo, al lado de la taza, con la cabeza encerrada entre los brazos, llorando como un imbécil; enfrentarme a todos esos sentimientos reprimidos dolía.

Las palizas, los golpes, las veces que me había plantado frente a mi padre, la forma en la que había destrozado a Ashley, mi amor por ella…

Cada una de esas emociones me arrasaba a oleadas. Las sentía en mi piel, en mis músculos, en mis fibras nerviosas, en mis órganos.

Durante años me había hecho el fuerte, había erradicado el sentir mostrando esa coraza llena de chulería, de fuerza, de seguridad en mí mismo. ¿Y de qué me había servido? Me había enamorado de la chica perfecta y, en vez de aceptarlo, había preferido herirla tanto que la había perdido.

Lo vi tan claro, tan meridiano…

Entonces empecé a aceptar de verdad mis sentimientos por Ash, a darme cuenta de cada uno de mis errores con ella, a trazar un plan para recuperarla, para tenerla, para no permitir que lo sucedido con mi padre me separara de lo importante. Y ella lo es. Lo más significativo para mí.

Han pasado seis días desde el incidente con Bobby. Hoy es once de julio. El cumpleaños de Ash. Y voy a dar el pistoletazo de salida a mi nuevo yo, a un Dorian en busca de conquistar a su chica.

Esta última semana me he mantenido alejado, quería otorgarle un tiempo para calmarse mientras yo acataba las consecuencias de mis actos. Por suerte, soy demasiado importante para el equipo y no me han expulsado, pero voy a estar tres partidos de la pretemporada sancionado.

En cuanto a Bobby… Fui a hablar con él, me disculpé y conseguí que aceptara mi alegato con un apretón de manos.

Es un buen tío y parece interesado de verdad en Ashley.

Decir que eso me jode es un eufemismo, pero mi reacción me hizo entender que lo he planteado mal durante demasiado tiempo, y he decidido luchar por ella con juego limpio, sin violencia, dándole la potestad de decidir con quién quiere estar. Solo espero ser el elegido.