18
DORIAN
Abandono el hogar de mi abuelo en cuanto puedo, sin deseos de quedarme a cenar, pensando en mi noche loca y sintiéndome como una mierda por haber quedado con Lara cuando mi madre esté en el séptimo cielo, acompañada de las copas que suele permitirse solo los domingos en la cena familiar.
Quiero ir a ver cómo está Ashley. Antes tenía muy mala cara, como si de verdad estuviera mal, y necesito averiguar qué narices le pasa. ¿Quizá está rayada por mi escapada sexual? ¿Es por eso por lo que me siento como si la estuviera traicionando? ¿Se me está yendo la chaveta?
Me he pasado la última hora dándole vueltas a su huida, como un tío patético de esos que suelen babear detrás de una tía. Pero no es eso. A mí no me interesa en términos románticos, solo quiero evaluar cómo volver a nuestra interacción anterior para meterla en vereda de una vez.
¿Verdad?
Pues, si es así, no entiendo por qué me siento como un capullo integral.
Camino con rapidez, dándome un par de collejas mentales por ser tan blando, por pensar en ella en esos términos, por preocuparme.
Resoplo obligándome a cambiar de actitud.
La noche con Lara va a ser épica, la tía es sexy de narices, con sus larguísimas piernas perfectas, sus pechos jugosos y una elasticidad que promete posturas de lo más sugerentes.
Pero cuando pienso en todo lo que quiero hacerle, la dichosa cara de mi «hermanita» de acogida se cuela por mis pensamientos como una maldición.
Y sé que es a ella a quien quiero en mi cama.
Quizá solo es porque mi subconsciente me advierte del error de ir esta noche a la caravana.
Si tengo intención de ligármela de verdad, de demostrarle mi interés por ella, tirarme a otra no es la mejor solución.
Pero no tiene por qué enterarse, y uno no es de piedra.
Al entrar en casa escucho música a todo volumen y carcajadas en el piso de arriba. De Ashley y de Juliette. Subo las escaleras de tres en tres, un poco mosca por su diversión a estas horas y por haberme engañado.
Estaba preocupado por ella de verdad. ¿Y están borrachas?
Las escucho cantando a viva voz, arrastrando mucho las palabras, sin dejar de reír entre sus desastrosos intentos de entonar.
Cuando abro la puerta de la habitación de Ash, flipo con el dantesco espectáculo.
Están saltando sobre la cama, con los rostros encendidos y una zapatilla en las manos imitando a un micrófono, dándolo todo para seguir las letras de antiguas canciones de Eminem.
Se traban en los pareados, descojonándose al llegar a las palabrotas, como si fueran niñas; botando sin parar, con esas sonrisas ebrias tan delatoras.
Ash lleva unos pantaloncitos muy cortos, con goma en la cinturilla, y una sencilla camiseta de tirantes que le marca hasta los pezones.
—¿Se os ha ido la pinza? —Camino enfurecido hasta el aparato de música para apagarlo—. En un par de horas mi madre y Ernesto estarán aquí. ¿Cómo se os ocurre beber en casa?
Los ojos de Ashley me encuentran y veo cómo una gran sonrisa aparece en su rostro para iluminar hasta la última brizna de sus pupilas ardientes.
—¡Dorian! —Se muerde el labio y baja de la cama para avanzar zozobrando hasta mí.
Agarra con fuerza ese colgante con la bala que siempre lleva, y suele tocar cuando está nerviosa—.
Tú eres la razón por la que cometo locuras.
—Arrastra un montón la voz. Me abraza por el cuello y acerca la boca a mi oído produciéndome una erección imposible de domar.
Huele a tequila y a su perfume floral—. Eres tan guapo, sexy , increíble…
¿Por qué quieres tirarte a Lara esta noche? ¿No soy suficiente para ti ?
—¡Estás borracha! —Le coloco las manos en los hombros para intentar separarla porque se ha juntado tanto que aumenta de forma considerable mi deseo, hasta el punto de volverlo insoportable.
—Mucho. —Mueve la boca hasta colocarla en la comisura de mis labios—. Pero me siento taaaaaaaan bien. Y mucho mejor contigo aquí. —Suelta una carcajada, arqueándose hacia atrás, y luego regresa a mis labios para sacar la lengua y lamerlos con la punta—. Quiero comerte enterito, Dorian Stone.
¡Joder! Ese gesto dispara un latigazo entre mis piernas y aumenta mi deseo hasta el infinito.
—La vuelves loca. —Juls se ríe con intensidad, me lanza un beso con los morros, sin perder la sonrisa, se estira en la cama y se abraza a la almohada con los efluvios claros de la ebriedad—. Y ella te vuelve loco a ti, ¿verdad, Dorian?
Una risita de Ash precede a una nueva invasión de su lengua en mis labios.
—¿No te gustaría cambiar a Lara por mí esta noche? —Sus susurros y lametazos me están poniendo a mil—. Soy mejor opción, te lo aseguro. —Una de sus manos desciende por mi torso hasta la cinturilla de mi pantalón y mi cuerpo parece a punto de explotar—. Ya me diste mi primer beso…
¿De verdad fue su primer beso? ¡Joder! La separo colocándole las manos en los hombros y alejándola al máximo de mí. Si sigue así, me la va a traer floja si está borracha o no. Me está llevando al límite.
—Déjalo ya. —Consigo evitar que vuelva a tocarme y separar su mano de mi pantalón, pero ella mantiene la lengua en movimiento, se repasa el labio superior con una expresión tan lasciva que me cuesta controlar las ganas de llevármela a mi habitación con intenciones nada honestas—. No me acuesto con tías borrachas.
Ella esboza un puchero tan disgustado que estoy a punto de mandar a la mierda todas y cada una de mis reglas.
—¿No quieres follarme? —A pesar de mantenerla a distancia, con mis manos sobre sus hombros, ella sigue sonriendo e intentando acercarse, provocándome, consiguiendo que los pantalones me aprieten—.
Soy como una bomba de relojería conectada a un cable de retardo, pero con una conexión directa con la muerte.
Y esta noche necesito sentirme libre de cargas, como si al desnudarme pudiera dejar la mecha en stand by por unas horas.
Para despedirnos… —Vuelve a pasarse la lengua por el labio superior—. ¡Necesito un a despedida a la altura!
Alarga un brazo con la intención de tocarme de nuevo, pero me separo hacia atrás porque solo ver el gesto ya he sentido una nueva descarga de calor en el cuerpo.
—Deliras. —Sacudo la cabeza sin entender ni una palabra de su discurso, rehuyéndola—. No tengo ni puta idea de qué acabas de decir.
—Ojalá fuera así… —Durante unos segundos la devastación arrasa su cara, pero enseguida hipa y regresa la perversa expresión sensual y sugerente—.
Pero es la verdad. Soy tóxica para ti. Como un panda gigante, que parece adorable, pero en realidad tiene una mordedura letal.
—Levanta un brazo para llegar con uno de sus dedos a mi torso.
A pesar de mis intentos de resistirme, siento un chispazo cuando lo logra y recorre mi camiseta con lentitud—.
Y, aun así, quiero pasar una noche a tu lado, que me abraces, que me mimes, que te metas en mi corazón…
Que crees recuerdos para después… Que durante unas horas solo seamos tú y yo… Que seas el primero…
Su rictus vuelve a descomponerse.
—¡Me encantan los pandas! —murmura Juliette con los ojos medio cerrados—. Si los tratas bien y no los asustas, no te muerden. Deberías intentarlo, Dorian. A lo mejor así se quedaría con nosotros.
Las últimas palabras han sido apenas un susurro.
Una risita de mi amiga precede a un ronquido, y se apaga de repente, presa de un sopor etílico. Está KO.
—Deberías llamar a Reese para avisarlo. Juls no va a levantarse en horas.
—Ash se muerde el labio reprimiendo una risita—.
Lo haría yo, pero seguro que se daría cuenta de cómo hemos pasado la tarde.
—Otra risita—. ¡Nos hemos pimplado una José Cuervo mano a mano!
—Señala la botella de tequila vacía en el suelo, al lado de un vaso de chupito y los restos de varias limas chupadas—.
¡Estaba buenísimo! —Su dedo baja hasta la cinturilla de mi pantalón y me corta la respiración—.
Es un poco amargo, pero más fácil que tú.
Como mínimo con el tequila no soy una cerilla capaz de hacerlo volar por los aires. En cambio contigo…
Le suelto uno de los hombros para agarrar su muñeca y apartarla de mi cuerpo. Quizá sea un capullo, pero no me aprovecho de tías borrachas. Por muy cachondo que me pongan.
Le echo un vistazo a Juliette. Está espatarrada boca abajo en la cama, ocupándola toda, abrazada a la almohada. Gruño mientras marco el número de su hermano en el móvil. Está claro que hasta mañana no va a levantarse y, cuando lo haga, tendrá una resaca de mil demonios, como mi querida «hermanita»…
Su expresión es adorable ahora mismo. Me mira con atención, con sus ojos chispeantes, mordiéndose el labio de abajo y las mejillas muy sonrojadas. Necesito una gran dosis de autocontrol para no darle lo que pide a gritos.
Reese se cabrea un poco cuando lo informo de que Juliette se ha quedado dormida en la habitación de Ashley, ya que se encontraba mal. Pero acaba aceptando mi propuesta de no despertarla.
—Es un capullo —masculla Ashley señalando el móvil cuando cuelgo—.
Una persona despreciable. —Arruga la cara como buscando unas palabras—.
A ver… Si me quedo aquí, yo también sería ruin, pero no expresamente.
Es difícil resistirse a los sentimientos, ¿verdad?
—Vuelve a sonreír y se aproxima a mí, a pesar de mis intentos para alejarla—.
Pero cuando aparecen… Son tan intensos… Y tan adictivos…
Y tan imposibles de entender… —Se muerde el labio con un rictus angustiado—.
Y me desatan las ganas de quedarme… A pesar de ser un panda gigante. Quizá podría no morderte. ¿Verdad?
Vuelve a hablar en código porque no entiendo una mierda de lo que dice.
—Duerme la mona. —Sacudo la cabeza—. Mañana estarás hecha un desastre, pero como mínimo ya no dirás más idioteces.