Siempre te querré (Trilogía Recuerda 1) 17 #3
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—Sabía que Albert volvería a por mí, que cualquiera podía aliarse con él, que quiere mi herencia y está dispuesto a todo para conseguirla.

—Me separo de ella para mirarla a los ojos—.

Ser dueña de la compañía petrolífera más importante de Texas y de los Dallas Cowboys es una carga demasiado grande para mí, pero el testamento de mi abuelo era claro, y yo me convertí en su única heredera.

Por suerte, Simon era un obseso de la seguridad, se dedicaba a eso de forma profesional, y en una de sus frecuentes visitas había instalado un sistema de cámaras en la casa y no hizo falta mi presencia en el tribunal para condenarlo.

Eso me ayudó a fingir que no recordaba nada de esa noche.

Pero lo hacía, todavía lo hago en mis pesadillas.

Me detengo un segundo para secarme las lágrimas y recuperar el aliento. Juliette me otorga tiempo para reponerme.

—Leí un montón sobre el caso cuando desapareciste, las redes sociales se llenaron de la historia.

—Su mirada está llena de dolor, como si lo compartiera conmigo—.

Tu tío escapó después del tiroteo y llevan buscándolo desde entonces.

La policía lo considera el principal sospechoso de la explosión en el coche de tu padre.

Asiento sin controlar mi llanto. Ella se queda en silencio mientras me recompongo, sin atosigarme, hasta que retomo el relato sin cambiar el tono tembloroso de mi voz.

—Cuatro meses antes de cumplir los dieciséis, mi tío apareció de nuevo en escena.

Vino a mi encuentro a la salida de la escuela, disfrazando sus rasgos.

—Tengo un nudo en la garganta—. Lo reconocí enseguida, pero en vez de miedo, sentí rabia.

—Las imágenes de ese día vuelven a despertar mi ira—.

Me amenazó, me dijo que si no empezaba a salir con su hijo Carl y me casaba con él al cumplir los dieciséis, previa autorización de mi padre, mataría a todos cuantos me importaban y conseguiría que mi primo se quedara con mi custodia.

Carl acababa de cumplir los diecinueve, tenía dinero, una estabilidad económica y ya había conseguido la custodia de su hermana Candy tras la muerte de su madre.

Me tapo los ojos anegados en lágrimas, con el resquemor de la culpabilidad acosándome.

—No le hice caso. ¡Fui una estúpida! —Aprieto mucho los puños para encontrar las fuerzas y pronunciar mis siguientes alegatos—.

Tres días después, el coche de mi padre voló por los aires con Simon, Garrett y él dentro.

Por eso escapé al enterarme, para no darles tiempo de venir a por mí, y me convertí en Ashley McGregor hasta alcanzar la mayoría de edad.

Callo unos segundos.

—Mi padre había ideado un plan de escape por si llegaba el momento de huir —susurro—. Fue muy difícil irme sin enterrarlos ni despedirme de lo que quedaba de ellos… Pero era mi única opción; si mi primo me encontraba, mi vida estaba acabada.

—Tía, parece una de esas dark romance de la mafia…

Me permito una carcajada repleta de lágrimas.

—Ojalá fuera solo eso…

—Entonces no tendría su punto, ¿no crees? —Me guiña un ojo—. Venga, sigue. Estoy muerta de curiosidad.

—Ya no podían arrebatarme nada más, no tenía otras personas a las que querer, pero, si habían sido capaces de matar a mi familia, estoy convencida de que tenían un plan para quitármelo todo y conseguir sus objetivos.

Mi única salida era desaparecer, descubrir qué traman y erradicar la amenaza.

Pero todavía no lo he logrado. —Suelto un suspiro de exasperación—.

Cuando cumpla los dieciocho podré volver, reclamar lo que es mío, redactar mi propio testamento y enfrentarme a ellos.

Ahora los abogados mantienen la guerra legal y el consejo dirige la compañía.

—Le dedico una mirada penetrante—. No pueden encontrarme, Juls. Si algún día sucede estaré perdida.

Siento su reconfortante abrazo y escondo mi cara en su hombro derecho para exorcizar mi dolor, mi rabia, mi desespero.

—Y ahora nos quieres a nosotros —susurra comprendiendo el resto de la historia, esa que no he pronunciado—. Por eso te vas.

—No puedo poneros en peligro. No me lo perdonaría jamás.

Ella señala la botella de José Cuervo, me tiende el salero y procede a darle un trago.

—Prepárate para una noche larga, Maddie.

Te aviso, vas a tener que encontrar argumentos muy sólidos para convencerme de que tu única salida es largarte mañana.

—Suspiro, dándome cuenta de cómo mi intención de protegerla por encima de todo empieza a flaquear.

Me ha gustado cómo suena mi nombre en sus labios—.

Porque te digo desde ya que no te dejaré marchar.

Por primera vez en la vida me siento capaz de tener una vida normal, y no sé si puedo renunciar a ello, si seré capaz de salir de aquí sin mirar atrás, si conseguiré renunciar a Juliette o si abandonar a Dorian es una opción viable para mi corazón.

Solo necesito media hora, media botella de tequila y una amiga decidida a no dejarme huir para empezar a dudar.

Y la culpa es de su insistencia en que entre Dorian y yo hay todo un mundo de emociones a punto de explotar y de su firme intención de no separarse de mí bajo ningún concepto.

¿Por qué un poquito de alcohol, una amiga y mis puñeteros sentimientos pueden hacerme bailar así la cabeza?