Siempre te querré (Trilogía Recuerda 1) 8 #2
22%

8 #2

Sasha es la tía más buenorra del instituto, y quizá de Elberta, o incluso del estado de Alabama —bueno, lo era antes de Ash…

—. Tiene un cuerpo de infarto. Y esos pechos…

Por no hablar de los labios carnosos y llenos…

y de esas piernas kilométricas… Va a ir a una buena universidad con una beca de animadora, todos los tíos se endurecen con solo una mirada suya.

Pero su cerebro es de mosquito. Y encima es mezquina.

Sería capaz de cumplir sus amenazas. Por eso la soporto y le doy largas. Pero no me la voy a tirar ni muerto.

Muevo la mirada hasta encontrarme con la de Ash, fija en mí, con un destello provocador en sus ojos que me alcanza y me produce un cosquilleo intenso. Y, como siempre que nuestros ojos se encuentran, la tía que está besándome me parece insubstancial, como si no fuera capaz de calentarme con ella.

Separo a Ava con la mirada posada en mi querida «hermanita» y levanto las comisuras de los labios para esgrimir una sonrisa llena de superioridad y mostrarle mi absoluta credibilidad en alzarme con el título esta noche.

Ella me devuelve el gesto, como si ambos estuviéramos dispuestos a todo para conquistar el pódium.

—Te toca en dos carreras —anuncia Ralph apareciendo de repente cuando Ava abandona mis piernas. Baja mucho la voz para adoptar un tono de mofa—. Deberías ir a prepararte y dejar de comerte a Ash con los ojos.

—Voy a arrastrar a esa capulla por el suelo, le voy a hacer sudar y desear no haber pisado este pueblo en su vida —declaro sin despegar la mirada de ella, aguantando y desafiándola a que sea ella la que la aparte primero.

Me levanto y me voy donde están los coches junto a mi amigo—.

Ni se imagina contra quién va a competir.

—Tú tampoco. —Crispa mucho la voz, con un resquicio de ansiedad—. Deberías tomártela en serio. No va de farol.

—¿Qué te has fumado? —Mi tono es fulminante—. ¿Estás insinuando que puede ganarme?

Juliette llega junto a Ash y ella me lanza un último gesto de suficiencia antes de ponerse a hablar con su amiga, sin perder nuestro juego de miradas.

—Juls me ha dicho que es muy buena, tío. Una puta pasada, en realidad —admite—. Ha apostado por ella, y Rod también.

—¿Me estás vacilando? —Esa afirmación en labios de Ralph me obliga a girar la cabeza para mirarlo a los ojos—. ¿Rod? ¿El rey de «solo haz la apuesta ganadora» ?

—La vio correr —susurra—. En su primera vuelta hizo un tiempo de treinta y seis segundos.

¡Joder! Pateo el suelo con una rabia creciente.

—¿Batió el récord de mi padre sin haber pisado antes el circuito? —Lo miro atónito, con la inquietud apoderándose de mí de una forma implacable.

—Lleva desde los once al volante, vivió con un padre de acogida que corría en la NASCAR y antes de rodar aquí por primera vez, se descargó el plano del circuito para estudiarse el trazado.

—Suelta un suspiro exasperado—. Juliette me ha pedido discreción, pero es importante que sepas a quien te enfrentas.

No vas a ganar, tío, Ashley es la caña al volante, y un piloto de la NASCAR le da mil vueltas a tu viejo.

—Gracias por contármelo, tío —mascullo sintiendo una ira que traspasa las fronteras de lo tolerable—. Me emplearé a fondo, pisaré fuerte el acelerador y la dejaré atrás —aseguro.

No le digo nada más, me guardo las palabras malsonantes que acuden a mis cuerdas vocales y se secan antes de pronunciarlas.

Al barrer el espacio con mis ojos y volver a fijarme en ella, descubro la expresión de triunfo en su cara, como si supiera el alcance de la conversación con mi amigo y estuviera encantada.

Quería que me enterara de su habilidad antes de subirme al coche para ganar el primer asalto, pero está loca si piensa por un minuto que va a intimidarme.

Aunque haya batido ese récord y sea tan buena, no le voy a dar ninguna satisfacción, ni siquiera verme acojonado por las revelaciones de Ralph. Pienso luchar hasta el final.

Levanto el mentón con hostilidad y me doy la vuelta para meterme en el coche. Veinte minutos después nos dirigimos a la línea de salida. Ella con su Pontiac GTO y yo con mi Mustang GT. Ambos dispuestos a todo para conquistar el pódium.

Pongo música a toda potencia en mi iPod conectado a los bafles, arranco el motor y observo a la chica con minifalda que sostiene la bandera en alto. Cuando la baja, salgo a toda velocidad.

Durante las ocho primeras vueltas vamos bastante empatados.

Veo de forma fugaz el rostro divertido de Ashley al adelantarla o cuando recupera la primera posición.

Y entonces, tras pasar la línea de meta por octava vez, aprieta el acelerador y empieza la verdadera carrera.

Su rostro se contrae y muestra ferocidad.

Su coche vuela. ¡Joder! ¡Es como un puto rayo sónico!

Me saca ventaja y coge las curvas de forma suicida, pero perfecta, con un total dominio del GTO y de la situación.

Acelero con fiereza. Sin embargo, no tengo sus agallas al coger las curvas más pronunciadas.

A pesar de mis habilidades, si lo hiciera como ella, me saldría de la pista.

Y cada vez estoy más rezagado y cabreado.

Pero no voy a jugarme la vida como esa loca de delante.

Además, le deberé un favor si tengo excusa para no ir con Ava al baile.

Creo que se está empezando a colgar de mí y eso es peligroso.

Ha llegado la hora de terminar nuestro rollito.

Aprieto con fuerza los dedos en el volante, hasta marcar los nudillos en blanco, con las aletas de la nariz hinchadas y la rabia desbocada.

Cuando quedan dos vueltas, su ventaja es tal que empiezo a maldecir en voz alta al darme cuenta de mi situación.

No hay ni competición, va a ganarme sin dificultad.

Solo imaginar su sonrisa de triunfadora se me agria el estómago.

Intento ganar velocidad, alcanzarla, pero Ashley es buena de verdad. Y, cuando traspasa la meta sacándome bastante distancia, golpeo el volante con fuerza.

El cabrón de Rod se ha guardado sus habilidades para apostar por ella y ganar una gran suma de dinero. ¡Me ha dejado con el culo al aire!

Freno en los boxes, tras acabar la carrera en segundo lugar, y salgo del coche como una bala, directo hacia ella, que ahora mismo está rodeada de gente flipada con su capacidad de conducción.

La odio con todo mi ser.

Me ha chuleado en las primeras vueltas para luego aventajarme como a un gilipollas. Es una conductora temeraria, segura de sí misma y con mucha destreza. ¿Por qué no me lo había mencionado hasta segundos antes de correr? Se acaba de reír en mi cara, y eso no se lo voy a consentir.

Separo con brusquedad a todos los colgados que la rodean para encararme a ella. De mí no se cachondea ni Dios.

—¿Eres una jodida loca? —le espeto invadiendo su espacio personal y acercándome mucho a su cara para escupirle las palabras—. ¿Te crees que estas carreras son un juego?

—¡Uy! Qué mal perder tienes, rompecorazones —suelta con condescendencia, sin amilanarse por mi cercanía ni mi tono desapiadado—. ¿Qué tal te sienta el verde? —Me guiña un ojo—. Te he ganado limpiamente y sin poner mi vida en peligro. Ya sabes lo que significa …

—Esta me la vas a pagar. —Todavía me acerco más a ella, tanto que nuestros cuerpos entran en contacto y su cara está a pocos centímetros de la mía.

Sus ojos centellean, como los míos, al son de la descarga que se desata en mi cuerpo.

Reprimo un jadeo. Joder con la tía esta, me calienta que flipas—.

Cuando menos te lo esperes, te la devolveré.

—Estaré acojonadita perdida hasta entonces —ironiza con la voz más ronca de lo que pretendía—. Pero de momento, machote, ya puedes ir a hablar con la reina del baile para informarla de las novedades. —Me guiña un ojo—. Una apuesta es sagrada. Estoy deseando verte posar para las fotos.

Nos quedamos unos instantes mirándonos en un silencio solo roto por nuestros resuellos ansiosos y necesitados mientras nuestros ojos se devoran con intensidad.

Siento su cuerpo pegado al mío, su roce, su calor.

El ritmo de mi respiración se desboca, como si no pudiera detenerla.

Mis ojos traidores bajan hasta sus labios.

Ella suelta una exhalación y saca la lengua para humedecérselos, y yo trago saliva por el latigazo de deseo que me alcanza.

Cuando devuelvo la mirada a sus ojos, leo un anhelo profundo en ellos, idéntico al mío.

—Capulla —la insulto, obligándome a separarme de ella, con un hormigueo intenso en el cuerpo.

Ella emite un jadeo casi sordo y me fijo en cómo le tiembla el labio inferior. Suelto un suspiro cabreado y me largo hecho una furia, intentando calmarme un poco y mirar las cosas con perspectiva, pero nada consigue detener la ira contra ella y contra mí mismo por desearla con esta intensidad.

Quería superar a mi viejo, ser mejor que él, ganarla, demostrarle quién manda en la pista y sentirme en la cúspide.

¿Y me ha ultrajado como el mierda que soy?

Golpeo el capó del coche al llegar frente a él, abro la puerta, me meto dentro y arranco el motor para irme lo más lejos posible de mi fracaso.

Antes de poner primera e iniciar la marcha, la observo. Nuestros ojos se encuentran y brillan con un deseo perverso.

Un plan se forma despacio en mi mente, preparándome para asestarle un golpe que jamás olvidará.

La destrozaré. Ese va a ser mi objetivo a partir de este momento, y no voy a parar hasta ver cómo se rompe ante mis ojos.

A mí nadie me gana de esta forma ni me arrebata la posibilidad de demostrarle al mundo que soy mejor que mi padre.

Y cuando acabe con Ashley McGregor, va a desear no haberme desafiado nunca.