Siempre te querré (Trilogía Recuerda 1) 4 #2
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No hay nadie en casa cuando entro y escucho el extraño silencio de esta hora.

Es raro no ver a Ash en la cocina recién duchada, escuchando música flojita mientras come sentada en esa postura tan incómoda que suele adoptar, con una pierna doblada en la silla y la otra levantada contra la mesa.

Siempre va descalza, como si le gustara sentir el suelo bajo sus pies.

Suele llevar el pelo mojado, mal aguantado con una pinza gigante de color marrón, de la que se sueltan varios mechones rubios platino mientras las gotas le caen en los hombros desnudos, a excepción de las finas tiras de los crop tops que dejan al descubierto su vientre plano y trabajado.

Los shorts vaqueros, altos de cintura y muy cortos, ocultan su tatuaje, pero, cuando la observo, lo recuerdo con una agitación extraña.

Cada día dejo las cosas en mi cuarto y bajo a comer con ella en absoluto silencio al principio, sin demasiados deseos de entablar una conversación.

Nos pasamos unos minutos lanzándonos miradas repletas de hostilidad y de deseo y, al final, siempre acabamos charlando de mil cosas.

Hoy no está y, contra todo pronóstico, me molesta su ausencia.

Al subir a mi habitación escucho el sonido de la ducha de mi antiguo cuarto. Quizá ha salido tarde del taller .

Maldigo en voz alta por mis absurdos deseos de mantener nuestra rutina, dejo la bolsa sobre mi cama y bajo a la cocina dispuesto a comerme mi sándwich de pollo, pero no está preparado.

Seguro que mi madre tenía prisa esta mañana.

No tardo demasiado en sacar los ingredientes y ponerme con la tarea.

Estoy famélico, hoy ha sido el último sábado de entrenamiento antes de las clases y el entrenador Madox nos ha machacado con ganas.

Y todavía me queda una larga y extenuante sesión en el gym esta tarde.

En el móvil busco una lista de reproducción animada y me siento a la mesa con el plato y un brick de leche entera.

Esta vez seré yo quien elija las canciones, aunque he de reconocer que Ashley tiene un gusto musical muy parecido al mío.

Cuando me dispongo a darle el primer bocado al sándwich, al ritmo de una canción de Post Malone, escucho su molesta voz alzarse sobre la música.

—Vaya, simpatía a máxima potencia. —Camina hasta la nevera sin perder la ironía de su voz ni olvidarse una mueca airada dedicada a mí en exclusiva—. Aquí el rompecorazones se prepara su comida y pasa olímpicamente de la mía.

—¿Intentas usarme de cocinera? —La fulmino con la mirada—. Tienes dos manos, puedes armarte tú solita un sándwich. ¡No es tan difícil!

—Lo recordaré la próxima vez que se me ocurra pensar en ti y preocuparme de tu comida.

—¡Cómo si lo hubieras hecho alguna vez!

Suelta un suspiro condescendiente y me manda una mirada que podría derretir los polos.

—¿Quién crees que te ha hecho el sándwich cada día? —Lleva los ingredientes a la encimera y empieza a trajinar con ellos—. ¿Tu madre? ¿O la hada madrina de las cocineras que ha decidido regalarte su magia?

—Ahora me dirás que es cosa tuya…

—Tranquilo, no vas a encontrarlo listo nunca más. —Me dedica una sonrisa de suficiencia—. Aprendo las lecciones muy rápido. Y contigo todavía más. Ser amable está sobrevalorado cuando se trata del egocéntrico señor Dorian Stone.

Un minuto después la tengo sentada en su posición habitual a mi lado, dispuesta a hincarle el diente a su comida; se ha traído un refresco de cola y le da un sorbo antes de iniciar nuestro duelo diario de miraditas.

Parece un poco agobiada, pero no tengo ni idea de por qué.

Muchas tardes desaparece con su bicicleta al salir del taller y no sé dónde pasa las horas de después ni a qué dedica su tiempo.

Aunque tampoco me importa demasiado. Bueno, eso no es del todo cierto, podría estar quedando con algún tío para hacer guarradas y eso sería una molestia significativa para mi madre. Solo me fastidia por eso.

Arrugo los labios con una rabia absurda.

Mi móvil emite una vibración para mostrar un mensaje de Ralph: « A las seis en el Maxis . Trae a Ashley » . Resoplo al leerlo y le contesto que ni de coña, con una leve taquicardia; no podemos dejar colgados a los del equipo. Pero él me presiona, insistente como siempre.

—¿Problemas en el paraíso? —se burla ella al escuchar un nuevo resoplido mientras mis dedos teclean con furia.

—Métete en tus asuntos. —Me hastía esta variación en nuestro programa diario. A esta hora tocan miraditas, charla agradable, música rap …, ¡no un sermón!

—Simpático para no perder la costumbre. —Me lanza una sonrisa mordaz—.

¿Sabes? Me la traen floja tus líos con las animadoras o con tus amigos.

Así que relájate, rompecorazones. —Coge el móvil que ha colocado sobre la mesa y se pasa unos segundos mirando la pantalla—.

Logan Brown me ha invitado a la fiesta de esta noche en las hogueras —explica con más cautela de la normal, como si esta conversación fuera lo que la tiene mosca—.

Ha venido a buscar a su hermano al taller y hemos estado charlando. Me va a llevar a cenar al diner .

Se me acelera el corazón con un subidón de ira. ¿Cómo se atreve Logan? ¿De qué narices va? Mi primer pensamiento debería ser de triunfo por perderla de vista, pero no lo es. Imaginarla morreándose con ese capullo, o yendo más allá, me enciende con una cólera fuera de lugar.

—Cuidado con Logan —suelto sin controlar mi cabreo—. Es de los que se meten entre tus piernas y luego se olvidan de ti.

—Justo lo que busco para mi primera vez.

—Le da un bocado al sándwich y lo mastica despacio, sin cambiar su expresión seria, ni mostrar ni un ápice de remordimiento por sus palabras.

Pensar en Logan desvirgándola me interna en el modo «me lo voy a cargar de un par de hostias»—.

Una experiencia rapidita y sin el estrés del después.

Porque el tío me habrá sacado un peso de encima y se largará contento mientras yo estaré lista para mi amor verdadero.

—¿En serio quieres una primera vez así? —Mis ojos se clavan en los suyos con una aceleración de mi respiración y, por alguna razón incomprensible, siento que no deseo ver cómo se lía con Logan.

En nuestras conversaciones diarias hemos sacado muchos temas, pero nunca habíamos tocado el sexual hasta ahora—.

Ninguna tía se lo plantea así. Todas quieren flores, cena, baile, una habitación decorada…

—Yo no soy como la mayoría de las tías, deberías saberlo a estas alturas de la película.

—Le da un sorbo a su bebida de cola y luego se pasa la lengua por los labios, con una sonrisa un poco triste, internándose en nuestra tregua tácita y hablándome con franqueza y sin rastro de hostilidad—.

No me van esos rollos romanticones. Soy más práctica.

—No crees en el amor…

—Más bien huyo de él y de las convenciones de una relación.

—Se pasa la lengua por el labio superior para lamer unas migas y mi entrepierna despierta.

Me paso más rato del aceptable mirándole los labios, la lengua, su gesto—.

De aquí unos años sí querré enamorarme, pero ahora prefiero algo más fácil y menos comprometido.

En realidad, solo se trata de perder la virginidad, no de prometer amor eterno…

Joder…

—Es un punto de vista interesante —admito—. O sea, mientras no aparezca tu príncipe azul, no buscas citas absurdas, sino más acción, ¿no?

—Hombre, las citas tienen su punto. —Suelta una carcajada y rueda la bala que le cuelga del cuello, pero por debajo de la camiseta, como si la quisiera proteger de miradas ajenas—.

Está bien conocerse y no ir de aquí te pillo, aquí te mato.

Pero tampoco es necesario todo ese rollo de unicornios rosas que cagan arcoíris.

—Arruga la cara con disgusto—. Yo prefiero tener amigos con derecho a roce y olvidarme de las relaciones de pareja.

Como mínimo hasta que encuentre al adecuado de verdad.

—Y tu idea es que te desvirgue uno al azar —añado con ganas de picarla.

—La primera vez duele muchísimo. ¿Por qué la gente se empeña en darle tanta importancia?

—Le da otro mordisco al sándwich y lo mastica despacio—.

Solo quiero sacármelo de encima cuanto antes, con alguien que no sea importante; pasar el trago y disfrutar con el tío que me interese de verdad cuando llegue el momento, así no habrá tensión ni nada parecido.

Desvirgar a una chica os pone nerviosos, así que ¿para qué complicar las cosas?

—Visto así…

—A los tíos también debería atraeros iniciaros con alguien aleatorio para quitaros esa espinita y mostraros más seguros cuando estéis con la definitiva, ¿no crees?

—Me guiña un ojo y me revienta su tonito de sobrada, como si supiera mucho acerca de la vida sexual de los demás.

Pero en realidad no tiene ni pajolera idea—.

La primera vez siempre es una mierda, Dorian, digan lo que digan.

A mí me afecta bastante poco dónde y con quién sea, lo trascendental será cuando esté con un hombre por el que sienta algo, esa sí será mi primera vez de verdad.

—Se muerde el labio y me guiña un ojo—. ¿Cómo fue la tuya?

¿Estabas colado por ella o fue más bien instructiva?

—¿Y a ti qué coño te importa?

Sonríe con malicia, como si estuviera realmente interesada en conocer la respuesta.

—No seas tímido, rompecorazones. Solo te lo pregunto en plan científico.

—Fue con alguien que no me importaba —admito, sintiéndome tentado a ser sincero con ella—.

Pero tú deberías pensártelo un poco antes de dar el paso con Logan.

Si te acuestas con él, va a pregonarlo por el instituto, y eso joderá tu reputación antes de empezar las clases. Él sí que es un cabrón egocéntrico.

—Gracias por la advertencia. —Me lanza un beso—. La tendré en cuenta. Aunque deberías analizar tus palabras un poco más, porque esa definición de Logan te va como un guante.

—Tómatelo en serio, Ashley. Este pueblo es pequeño, las habladurías son lo peor —insisto—. Y Logan es una mala elección.

Me dirige una mirada pícara, como si mi advertencia no la hubiera afectado ni un poco. Fuerzo una sonrisa mientras toqueteo la pantalla de mi móvil para buscar una lista en mi Spotify y cambiar de tema, tragándome mi malestar.

Cuando la música inunda la cocina, le hablo acerca de la fiesta de esta noche, mirándola y sintiendo la ira escalar posiciones en mi interior al pensar en nuestra conversación de hace un momento.

Su forma de ver el sexo y el amor parece viciada por el dolor, como la mía. En el fondo nos parecemos mucho.