4
DORIAN
Faltan cuatro días para el inicio del curso y estoy hasta las narices de los intentos de mi madre para que saque a pasear a mi nueva «hermanita».
Ashley es insoportable. Me reta constantemente y me devuelve las pullas multiplicadas por mil, sin amilanarse ante nada, como si estuviera de vuelta y media de todo.
Solo logramos hablar como personas civilizadas durante veinte minutos a la hora de comer, cuando estamos solos en casa.
Y es extraño porque, después de una conversación fluida y agradable, volvemos a abrazar la hostilidad y el silencio, como si ese paréntesis no hubiera existido.
Solo me faltaba tenerla pegada como un grano en el culo en el instituto.
Nunca había tratado con una tía como ella.
Los tiene muy bien puestos, eso se lo he de reconocer, y sus gustos son más parecidos a los míos de lo que cabría esperar, pero me niego a darle la satisfacción de rendirme a sus pies.
Se necesita mucho más para vencerme. Te lo digo desde ya. Aunque me pone un montón.
Ernesto la adora, y ni te digo mi madre.
Ernesto es un crío sensible, con pocos amigos y demasiados problemas en el cole.
Durante años lo protegí, encajé bastantes golpes por él y lo mantuve a salvo.
Y a veces me siento en deuda con Ashley por cómo se preocupa por él, pero ni de coña voy a decírselo.
En el taller ha causado furor… Tiene un don para arreglar motores, eso no lo puedo negar.
Pero me jode su presencia casi impuesta en mi vida, se mete en mi cabeza a todas horas.
Y me paso el día contando los minutos que faltan para comer con ella mientras descubro una parte oculta de su personalidad que solo me enseña a mí, o a ese tío que come con ella, porque me cuesta reconocerme en él.
No compartimos todos los turnos en el taller, ella pidió la mañana y lo mío son las tardes.
Pero claro, al ser la estrella actual, Rod la ha metido en el equipo del circuito.
Ahora coincido con ella demasiado. Hasta Ralph sabe que es la puta ama de la mecánica.
Travis, su hermano mayor, trabaja para Rod desde hace dos años, y está que lo flipa con ella.
En tres semanas se los ha metido a todos en el bolsillo.
Yo me niego.
Ralph está pesado de narices, quiere que la lleve a la farra de esta noche en las hogueras, después de invitarla a cenar, pero a mí revienta.
La fiesta de fin de vacaciones es la más desfasada del año y van a venir las tías de último curso.
No quiero que Ashley se entrometa en mi vida.
Ya tengo suficiente con lidiar con Sasha.
Por desgracia, podría joderme la posibilidad de conseguir una beca de fútbol; su padre es una de las personas más influyentes del estado y le concede cualquier capricho a su «niña mimada».
De momento no se muestra demasiado incisiva ni pesada, solo me lanza insinuaciones aquí y allá, respetando mi distanciamiento.
Pero temo que eso cambie en algún momento; tengo clarísimo lo que busca de mí. ¡Un maldito novio!
—Ashley es guapísima, tío —insiste por enésima vez Ralph—. En cuatro días estará en nuestra clase y la tendremos liada. Te la van a quitar, te lo digo yo. Si la traes esta noche y cenamos con ella antes de ir a las hogueras, podrías adelantarte al resto.
—Ni de coña.
—Sabes que Logan irá detrás de ella. Y si vieras cómo habla Travis… —silba—. Llámala e invítala a cenar con nosotros. No dejes que nadie te la quite.
—¡Ni de coña! ¡No tienes ni idea de cómo es!
—Sé lo bastante. Sabe de motores, no se le caen las bragas contigo como al resto, y te mola un huevo. Es tu chica.
—Si no supiera que no hablas en serio, te daría una hostia.
Me molesta su insistencia y esa forma en la que describe a Ashley, como si de verdad me interesara.
—El amor es así, tío. —Compone una mueca burlona—. Quieres estar con ella, abrazarla, besarla… Y he visto cómo la miras…
—¿Amor? —Endurezco los músculos, cabreado—. ¡Joder! ¡Estás fatal! No puedes meternos en la misma frase. ¡Es de enfermo total!
—Que te declares un hater del amor no significa que seas inmune a él o a Ashley McGregor.
—Toquetea la pantalla de su móvil ignorando de forma deliberada mis últimas palabras—.
¡Mira las fotos que le hiciste desde mi teléfono!
Como vive en tu casa, no puedes arriesgarte a tenerlas en el tuyo, pero bien que se las hiciste.
Y, sí, joder, está cañón. Qué piernas, qué culazo, qué cuerpo.
Si tú no la quieres, puedo quedármela yo.
La semana pasada le pedí prestado el móvil a Ralph y la fotografié en momentos cumbre de las reparaciones.
En algunos se había quitado el mono e iba vestida con sus shorts cortísimos y una de esas camisetas tan ceñidas que me ponen a cien.
El recuerdo de cuando la vi desnuda el día de su llegada me sacude y vuelve a calentarme.
Y me molesta el interés de otros chicos en ella y cómo ha descrito Ralph su próxima aparición en el instituto.
—Vamos, tío, no intentes colármela. —Sonrío con suficiencia—. La cagaste con Juliette, pero sigues tan pillado como el primer día. No estás interesado en ninguna otra.
—¡Eso es lo que tú te crees! —Resopla con rabia al pensar en su situación—. La he perdido del todo. Juls no quiere saber nada de mí, así que ha llegado la hora de ampliar horizontes. Un clavo saca a otro clavo, ¿no? Y Ashley está que te cagas de buena.
Ralph, el pequeño de los Brown, siempre ha sido el más lanzado.
Por eso es nuestro proveedor habitual de alcohol y la persona con más recursos que conozco.
Y también por eso perdió al amor de su vida y ahora, tras suplicarle durante meses que lo perdone, está a punto de rendirse y esconder su dolor persiguiendo a otras, esperando a que suene la flauta de ese dicho popular tan absurdo.
Pero ya puede esperar sentado, el muy idiota es un pringado enamorado sin remedio de Juliette y, por mucho que intente olvidarla con otra, no lo logrará.
Me encantaría averiguar qué narices se le pasó por la cabeza para romper así una pareja de toda la vida y cargarse también nuestra amistad desde niños. Echo de menos a Juliette y sus comentarios mordaces; aunque sigo hablando con ella, ya no es lo mismo.
Crecimos los tres juntos, éramos un trío perfecto, ella y Ralph se quieren desde críos. ¿Por qué lo estropeó? Estoy a un tris de abrir la boca para preguntárselo, pero me muerdo la lengua porque no me apetece iniciar una pelea, y Ralph se pone de culo cuando insisto en estos temas.
Amar duele.
—Ashley es una borde de cuidado —insisto para quitarle de la cabeza la idea de que estoy interesado en ella—. No la quiero ni en pintura.
Él se limita a carcajearse.
—Bien, oído cocina, no te importa una mierda con quién salga Ashley. —Suelta otra risotada—. Esta misma tarde iré al taller para tirarle la caña, no estaré rompiendo nuestro código de amigos, ¿verdad?
«¡Será capullo!». Mi instinto me exhorta a golpearlo por su desfachatez, pero me controlo para darle un poco de su medicina.
—A ti en realidad te interesa Juliette, y no la vas a recuperar si te ligas a otra para darle celos o algo parecido.
—No sigas por ahí, hermano. Lo de Juls se acabó, la jodí y ahora ella me odia.
—Aprieta los dientes un segundo, pero enseguida vuelve a su sonrisa jocosa, como si no quisiera profundizar en lo destrozado que está por haber perdido a su novia—.
He de seguir adelante, así que, si no vas a ir a por Ashley, lo haré yo.
Hoy apareceré por taller y conseguiré que Travis haga las presentaciones.
—Me da una palmada en la espalda y sigue con su tonillo ladino y sagaz—.
La citaré en Maxis para pagarle una cena como manda la tradición y lanzarme, ¿estamos?
«No, joder, no estamos». Pero no se lo digo, ya que conozco a mi amigo y no suele aceptar una negativa por respuesta cuando algo se le mete en la mollera.
Y ahora intenta obligarme a admitir que Ashley me interesa, pero ni de coña le voy a dar esa satisfacción.
Es un incordio de tía; sin embargo, la idea de verla con él, o con cualquier otro, me pone de mala leche.
Salimos del vestuario tras las horas reglamentarias de entreno y nos despedimos al llegar a nuestras bicis. Pedaleo con rapidez para llegar a casa cuanto antes. Mi cacharro se estropeó ayer y ha acabado en el desguace.
Aprieto los dientes y pienso en el Mustang GT cupé de 2002 con cambio manual esperándome en el garaje de casa, bajo una lona, destrozado por culpa de la última participación de mi viejo en una carrera y el aparatoso accidente que le costó un subidón de testosterona y concluyó con su contrincante bajo tierra y con él en el trullo.
Pero nos hizo un favor, la convivencia en casa era insostenible.
Hubiéramos acabado los dos encerrados, seguro.
Ese coche va a ser mi nuevo transporte y mi billete para el circuito cuando logre convencer a mi madre. O trolearla. Pero necesito repararlo y ponerlo a punto para correr. Por eso estoy aprendiéndolo todo de los motores y ahorrando hasta el último centavo para comprar piezas.
Mi padre fue uno de los mejores pilotos que ha pisado el circuito de la granja Rowan, y quiero superar sus marcas. Durante toda mi infancia lo único válido que hizo fue enseñarme a conducir y a arreglar un motor.
Llego a casa con rapidez. No tengo ganas de sacar a pasear a la Princesa del Hielo, y mucho menos de ver cómo se lía con alguno de los tíos del insti, pero quizá mi amigo tiene razón y será peor si no la llevo a la fiesta.
El miércoles empiezan las clases, podría ser muy incómodo aparecer con Ashley sin haberla presentado antes en sociedad. Además, mi madre está de culo por la fiesta en las hogueras de esta noche, si uso a Ashley de excusa, se relajará un poco y me quitará el toque de queda, fijo.