Capítulo 46
Después de vestirnos, hemos salido de casa de mi padre y Dan me ha traído a la hacienda, donde se celebrará nuestro gran día.
Es un lugar increíble que Bianca encontró a las afueras de la ciudad.
Ava se enamoró de él en cuando lo visitamos la primera vez; bueno, quizás yo también me imaginé casándome con ella aquí.
Estoy en la parte de atrás y me dedico a revisar si está todo en orden.
Debo reconocer que estoy impresionado con la empresa de Maddison, de la cual ahora es jefa de equipo, han hecho un trabajo asombroso.
Hace frío y, teniendo en cuenta las temperaturas y los cambios en el clima, Bianca decidió climatizar el jardín con una carpa de madera blanca. Pienso en mi madre; sería tan feliz con este día, con Iris, con Aidan, con Ava. Estoy seguro de que los adoraría.
—¡Zeus! —Me doy la vuelta y me encuentro a Aidan corriendo hacia mí. Con una sonrisa, pues es el niño de mis ojos, me agacho y abro los brazos para cogerlo—. ¿Mami? ¿ O está?
—Mamá está de camino. —O, al menos, eso espero. Sonrío con el corazón alterado de repente. Estoy ansioso por verla—. ¿Quieres ver las flores?
El pequeño asiente y sin bajarlo de mis brazos camino por el jardín.
Todavía hay gente corriendo de un lado a otro, ultimando detalles.
En el escenario que hay a un lado del altar está la orquesta que se encargará de la música durante la ceremonia y el baile de los novios. Después, la relevará una banda.
El pasillo por el que caminará Ava hacia mí está repleto de pétalos de rosas.
A los lados de este se han dispuesto las sillas donde se sentarán los invitados, en ellas hay un ramillete de rosas rojas, blancas y rosas junto a un sobrecito en el que hemos guardado unas notas de agradecimiento por estar hoy aquí compartiendo con nosotros este gran momento.
El altar tiene un arco con flores blancas y tiras de lazos de seda, y las mesas del exterior, bajo la carpa, están bien colocadas, decoradas y ordenadas.
Escucho bullicio cuando llego a la tarima de madera y me vuelvo para ver qué es.
Descubro que son los invitados que están empezando a llegar.
Me acerco a ellos y me dedico a saludar y agradecer que estén aquí.
Charlo con Federico, un compañero de universidad de mi padre que ha venido con su mujer y su hija Lara.
Es un cardiólogo español de renombre en Nueva York y vive en la ciudad desde que conoció a su esposa cuando esta hacía un viaje de vacaciones a Málaga.
Axel aparece justo en el momento en el que el hombre va a decir algo y se presenta encantado al reconocerlo.
Las presentaciones terminan con Lara y, luego, se centra en mí.
—Perdona la interrupción, pero Marc acaba de decirme que ya están de camino.
Saber que Ava viene hacia aquí me provoca una mezcla curiosa de nervios y tranquilidad; una combinación extraña, pero muy satisfactoria a la vez.
—Entonces habrá que ir reuniendo a los invitados y que empiecen a sentarse. ―Axel asiente de acuerdo con mis palabras y se gira hacia la familia con la que hablaba. Mira a la hija un poco más de lo necesario y se despide de nosotros con educación.
A lo lejos veo que Dan, Dylan, Izan y Malcolm está dedicándose a recibir a los demás y hablan con ellos animadamente.
Sonrío al ver que Lucas hace que una de las invitadas ría por algo.
Supongo que también cuenta como entretenimiento para los invitados.
Hugo está ocupándose de los que vienen de España.
Aidan se remueve en mis brazos, chillando y riendo, cuando Lucas llama su atención a lo lejos.
Así que dejo que se vaya con su tío el abogado .
Aún recuerdo la cara de Lucas cuando los niños, a través de una videollamada, se refirieron a él de esa forma.
Ava me sermoneó poco después, pero valió la pena.
En el momento en el que me aseguro de que Aidan está con él, observo que varios coches empiezan a llegar.
Poco después, las damas de honor aparecen y se unen a nosotros.
—¡Qué emoción, hermanito! —Amber me abraza y atiende a Joey cuando este corre hacia ella.
—Hola, tío Zeus. Estás muy guapo.
Con una sonrisa abrazo a Samantha, que está preciosa con su vestido claro, lleva el pelo recogido y con ese peinado se parece mucho a su madre. Aunque todos dicen que se parece a mí.
—Y tú estás preciosa.
De un momento a otro me parece que el lugar se queda en silencio cuando escucho el motor de otro coche. Su coche. Lo veo desde mi posición y me congelo en el sitio. Tengo los latidos del corazón estallando en mis oídos.
—Tío, como no te pongas ya allí, me casaré yo con ella ―bromea Dylan, haciéndome espabilar.
Ya está aquí mi mujer, joder.
—Por favor, la novia ha llegado. Tenéis que ir colocándoos. Zeus, por favor. ―Me coloco en mi lugar cuando me lo pide el cura.
La orquesta se prepara, mis caballeros van a su sitio y Dylan me coge del codo al pasar por mi lado.
―Todo va a salir bien. ―Parpadeo varias veces, de repente, estoy acojonado. Tengo miedo de cagarla, de fallarle otra vez, de no hacerla feliz, de no poder darle lo que se merece y… —Zeus, ¿estás bien?
Lo enfoco de nuevo.
—Y si… ¿y si no es feliz, Dylan?
Veo de reojo cómo los demás se ponen en sus sitios y Dan me observa desde su posición, justo a mi lado. Es mi primer caballero.
—¿Te quedas conmigo, O’Donnell? —me pregunta Dylan.
Niego con la cabeza y frunzo el ceño ante lo que estoy sintiendo por estar dejándome ver tan vulnerable por primera vez en mi vida. Dylan sonríe de esa forma suya y me da un apretón en los hombros.
—No conozco a Ava desde hace tanto como los demás, pero me ha hecho falta muy poco tiempo para darme cuenta lo que sois juntos. De lo que es ella contigo. Y, amigo, Ava no es precisamente una mujer infeliz.
Respiro hondo por lo que me dice. Tengo una suerte de cojones al tener estos amigos. Le palmeo el brazo y me aprieto los lagrimales unos segundos. Tiene razón, mi chica es feliz. Me obligo a respirar, poniéndome en posición como los demás y miro al frente, esperando que llegue.
Y, entonces, pasa.