Capítulo 47
La orquesta empieza a tocar Lift me up de Rihanna cuando mi preciosa chica aparece agarrada del brazo de su padre.
El mío deja su mano sobre mi hombro derecho y hago todo lo imposible por contenerme, pero las lágrimas caen sin que pueda evitarlo.
Aunque tampoco pienso esforzarme para no llorar al ver cómo la mujer que amo se dirige hacia mí para casarse conmigo.
No puedo dejar de mirarla y de venerarla. Ava es preciosa, está radiante.
Echo un vistazo a nuestros amigos y observo a Jessica llorando.
Vuelvo a centrarme en ella, que me está sonriendo, entonces Iris y Aidan se unen al desfile detrás de ella y todo a mi alrededor desaparece.
No necesito nada más, todo mi mundo está caminando hacia mí y no podría sentirme más dichoso.
Me paso el pulgar por los ojos. Iris saluda a todos, menos cohibida por la emoción del momento, lleva la cesta con las alianzas en una mano y la otra agarra a Aidan, que sonríe.
A veces lo suelta para que tire pétalos, pero cuando se va directo a su abuela para darle un puñado, Iris corre tras él para llevarlo de vuelta a su posición.
Se llevan pocos meses, pero está claro que las niñas a esa edad son más maduras y nos saben llevar…
Bueno, en realidad, a cualquier edad les pasa.
Ava se vuelve para observarlos, está riendo y yo no puedo contenerme. Soy un padre orgulloso.
Cuando por fin llegan a mí, beso a mis pequeños, que se colocan con mi padre y Jorge, y me fijo en cada detalle de Ava.
—Hola —susurra cuando sostengo su mano una vez que me la da su padre.
—Hola, honey . —Apoyo la frente en la suya y me muero por besarla, pero me contengo. Con delicadeza, pasa sus dedos pulgares por mis mejillas y se deshace de mis lágrimas.
Unos minutos después, cuando el cura está hablando sobre el matrimonio, la fidelidad, el amor y todo lo que se habla en una boda, noto a Ava algo inquieta.
Hay un silencio absoluto, solo se escucha al hombre que tenemos delante, pero yo no estoy prestando atención, pues Ava está apretando demasiado mi mano.
—¿Qué ocurre? —le pregunto lo más bajo que puedo, sintiéndome horrible por estar cuchicheando con ella en este preciso momento, pero es que estoy preocupado.
—Nada.
Vale… todo.
— Honey . —Miro a mi alrededor sutilmente y veo que mi padre me reprocha con la mirada lo que hago.
Ava no responde, está mirando al frente; sé que debería estar haciendo lo mismo, pero me es imposible.
Me carcomen los nervios, quiero detener esto y saber qué coño le pasa, entonces, como si se hubiesen escuchado mis pensamientos, el sacerdote termina su charla y nos observa con atención.
—¿Han venido a contraer matrimonio por su libre y plena voluntad?
—Sí, padre, venimos libremente —respondemos al unísono.
—¿Quieren anunciar sus votos? —pregunta de nuevo.
Nosotros asentimos. Ava se coloca frente a mí y coge mis manos.
—No voy a mentir, lo que voy a decirte no está preparado ni estudiado.
—Asiento despacio y aprieto sus manos con cariño—.
Llevo toda la vida pensando que no tengo que enamorarme, porque si lo hacía acabaría sufriendo.
Siempre he creído que el amor va ligado a que en algún momento tendría que despedirme porque así es la vida de caprichosa, pero te conocí.
Dios, te conocí, derribaste todos mis prejuicios ante el amor y fue el momento más maravilloso de toda mi vida.
Eres la persona por la que mi corazón late desbocado desde el primer segundo en que te conocí, por la que siempre lo hará, y el hombre más maravilloso que jamás pensé que pudiera merecer.
Se toma unos segundos, en los que yo parpadeo varias veces para contener un poco más las lágrimas.
La orquesta sigue sonando muy bajo, tanto, que es casi inaudible, pero yo reconozco la canción: Dandelions de Ruth B, y la gente emite sonidos de emoción en algunas partes del discurso.
Por no hablar de las damas de honor y algunos de mis caballeros que no hacen otra cosa que limpiarse los ojos con cuidado y disimulo.
Ava suelta aire con delicadeza antes de continuar.
―Eres el novio, el prometido, y sé que el marido perfecto, atento y tierno que todo el mundo desearía tener; el reto más explosivo de toda mi vida.
Amo cada cualidad y talento tuyo, pero sabes que mi perdición son tus defectos, esos que te hacen tan especial.
Zeus, eres todo lo que está bien en esta vida.
Eres un padre maravilloso que hace que nuestros hijos sean felices y se sientan amados y protegidos.
Nuestros pequeños son muy afortunados de tenerte.
―Ava baja una de mis manos hasta la altura de su abdomen y sonríe con una ternura que me encoge el pecho―.
Y estoy muy feliz por estar ampliando nuestra familia.
De repente, a mis espaldas todos empiezan a silbar, a aplaudir y a reír encantados.
¿Eso es propio de las bodas? Yo estoy repasando y memorizando cada palabra que me ha dedicado mientras los invitados gritan como si estuviesen en un concierto.
¿Qué me he perdido? Las damas de honor se están tapando la boca, pero no se mueven ni un centímetro de su lugar, mi suegro está llorando y mi padre va hacia él para abrazarlo y palmearle la espalda.
Quiero preguntar qué ocurre, pero entonces Izan rompe las reglas y viene hacia mí y me abraza.
Eso lleva a los demás a apretarme entre ellos.
—¡Enhorabuena, tío! —exclaman, pero todavía no hemos dicho el sí, quiero .
Miro a Ava, que ha estado en brazos de mi padre y del suyo hace unos segundos, y observo que sus manos están… ¡¿Qué?! Me quito de encima a todos y me acerco a ella de inmediato, rodeándola con un brazo con el corazón a mil por hora.
— Honey , ¿estás…? ―Ella asiente despacio, con los ojos húmedos y los labios curvados en una asustada sonrisa. He dejado de pensar, las lágrimas se me escapan sin control. La estrecho contra mi cuerpo y sus brazos rodean mi cintura. Dejo mi frente sobre la suya―. Dilo, mi amor.
Ava traga saliva, intentando tomar control de su mente y su cuerpo, tan agitados como yo.
—Estoy embarazada.
Mis ojos recorren su rostro, haciendo un viaje al pasado, a ese momento en el que la vi sentada en las sillas del aeropuerto.
Cuando le derramé el café. Nuestro primer encuentro.
El club de Dan. La noche en el Empire State.
La visita a la Estatua de la Libertad. La búsqueda de Williams. Las escapadas a los Hamptons…
Esta mujer se coló en mi ser y no pienso separarme de ella jamás.
Sin poder refrenarlo, la beso. No me importa que esté saltándome las normas, la beso con todo el amor que tengo exclusivamente para ella. Soy tan feliz.
—No quiero romper este mágico momento, pero…
Ava y yo miramos al cura, nos sonreímos y volvemos a colocarnos en posición tras disculparnos. Este asiente antes de continuar.
—¿Tiene algún voto, Zeus?
Ah, sí. Joder. Asiento, lo había olvidado con la emoción. Una instrumental de People de Libianca suena de fondo y un sentimiento profundo y cálido se abre paso ante mí, lo tenía estudiado, pero a la mierda. Nada de mis sentimientos por ella son premeditados.
—Quiero decirte que estás preciosa. Siempre lo estás, pero hoy...
―Trago saliva―. Sabes que las palabras cariñosas las dejo para nuestra intimidad, pero deseo gritar que te amo, que eres el amor de mi vida y que has vuelto a conseguir que salga de mi zona de confort.
Aquí me tienes; llorando, nervioso, sumamente feliz y loco de amor.
—Me quedo en silencio unos segundos y enjugo sus lágrimas—.
Porque eso es lo que tú me haces, me vuelves tierno y dulce, y vivo para demostrarte mi amor por ti cada día.
Me haces querer esforzarme para estar siempre a la altura y te juro ante todos que jamás te defraudaré.
Porque te amo hasta la saciedad, honey .
Ava se limpia los ojos antes de abrazarme. La estrecho, aspirando su aroma, sintiendo su suave piel y el calor de su cuerpo. Nos separamos para dejar que la ceremonia continúe, ahora con las manos entrelazadas.
—Zeus O’Donnell, ¿quieres recibir a Ava Ferrer como esposa y prometes serle fiel en la prosperidad y la adversidad, así como amarla y respetarla todos los días de tu vida?
—Sí, quiero. —Y coloco el anillo en su dedo, deslizándolo sobre la alianza que vivirá siempre en su piel.
—Ava Ferrer, ¿quieres recibir a Zeus O’Donnell como esposo y prometes serle fiel en la prosperidad y la adversidad, así como amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?
—Sí, quiero. —Con manos temblorosas, coloca el anillo en mi dedo.
—Entonces, os declaro marido y mujer. Puedes besar a la novia, otra vez.
Los invitados estallan en risas y no dudo un segundo en besar a mi mujer.
Paseo la lengua por su labio de forma indecente.
Sigo teniéndola en mis brazos cuando unos chillidos felices llaman nuestra atención, cogemos a nuestros hijos en brazos y volvemos a pegarnos en un abrazo familiar, son mis favoritos. Paso los nudillos por su mandíbula.
―¿Estás preparada para pasar toda la vida conmigo, honey ?
Esos ojos grises que me cautivan brillan de una forma que me vuelve loco y sus labios se mueven en una increíble sonrisa.
Me coge la mejilla con la mano, asintiendo repetidas veces.
Todo tiene sentido ahora: por qué nada encajaba antes de conocernos, por qué mi corazón no latía igual, por qué nada me robaba el aliento de esta forma.
Ava y yo somos el uno para el otro, nuestro destino.
El pasado, el presente y el futuro que nos queda por vivir.
Por eso siempre seremos nosotros.
FIN