Siempre Seremos Nosotros (Sempiterno 3) Capítulo 44
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Capítulo 44

Una cosa es decir que el tiempo vuela y otra muy distinta es ser consciente de ello.

Las casi dos semanas que teníamos para organizar la boda ―días llenos de planificaciones, citas, pasteles, colores, flores, invitaciones, fotos, bebidas, comidas, mi traje, el de mis caballeros, el de Ava, el de las damas de honor― han pasado en un suspiro.

Hemos estado muy estresados, no importa que nuestros amigos nos hayan ayudado ni que los padres de Ava se vinieran antes a echar una mano también; ha sido un caos desde el primer día hasta el último.

Pero, por fin, podemos respirar. O no, porque ahora que soy consciente de que mañana es nuestro gran día, siento que tengo un nudo enorme en la garganta.

Echo un vistazo por la cocina, está hasta arriba de gente.

No ha faltado ni uno de los nuestros y, de repente, la casa es pequeñísima.

Los niños juegan por ahí, con todos pendientes a ellos, y Jorge y su mujer interaccionan un poco con Williams, aunque la cosa sigue fría.

Por lo que me ha contado Ava, sus padres vinieron a pasar con ella las vacaciones de Navidad aquel año que yo me fui y en esos días ella aprovechó para que conocieran a Marga y a Williams. Estos dos fueron cordiales, pero, al parecer seguían recelosos con Jorge, por lo que les pidió a Ava que entendiera su postura.

Ella lo hizo. Años después, cuando Marga murió, los padres de Ava volvieron para estar con ella y Williams estaba tan afectado que decidió perdonarlos, aunque reconoció que nunca podría tener una relación estrecha con ellos.

Aun así, el hombre es respetuoso y adora a su nieta, así que hace un esfuerzo por ser educado.

Le doy un sorbo a mi brandy , dejando ahora mi atención sobre mi futura mujer.

Parece más calmada que hace unas horas, todo esto está afectándole mucho.

Ha pasado unas semanas horribles, había días que estaba excesivamente feliz, pero la mayoría de ellos se los ha pasado llorando, lamentándose por no prestar demasiada atención a Aidan —algo erróneo por completo, pues Ava es una madre envidiable—, por si no está a la altura para Iris —otro error, pues la adora—, o porque cree que no tenemos una vida sexual activa.

Cosa que desmiento totalmente, porque justo estas semanas está muy muy demandante en ese sentido y solemos hacerlo a cada momento libre que tenemos. Está más insaciable que nunca.

—Ava, acabo de ultimar el detallito que nos tenía la cabeza loca hasta hace unas horas.

«¿Cuál de ellos?», me apetecer bromear cuando Maddie pasa por mi lado con el móvil en la mano.

—Menos mal, no sabes lo preocupada que me tenía no poder tener los manteles en ese tono pastel que tanto me gustó.

Alzo las cejas, divertido por el «problema».

Voy a darle otro sorbo a mi copa cuando Iris viene corriendo hacia nosotros, tirándose sobre Marc que ha tenido los suficientes reflejos como para percatarse de que Seth persigue a los más pequeños y mi hija necesitaba ayuda inmediata.

Suelta una carcajada profunda cuando Marc la alza, alejándola de su primo.

Joey hace lo mismo con su padre y me da un vuelco al corazón cuando Aidan corre hacia mí.

Seth, agotado, pone los ojos en blanco y cuenta hasta tres para que soltemos a los niños y volver a empezar.

Nos hemos reunido para hacer una despedida de solteros. No tenía previsto nada y Ava tampoco, solo se han presentado aquí hace unas horas y nos han puesto la casa patas arriba.

―¿Os habéis asegurado de que el cura es oficial?

La voz de Jessica detiene el murmullo incesante, espesando el silencio.

Me fijo de inmediato en Ava e intercambiamos una mirada.

Mierda. Lo último que necesita es más estrés.

Arizona deja de acariciarle la barriga a Jessica, a Maddison casi se le cae el teléfono, mi hermana ha ahogado un grito dramático de los suyos y Sonia se ha puesto pálida.

Maddie le dice algo a Marcela y salen al jardín.

―Por supuesto que sí ―digo convencido, pero luego recuerdo que de eso se encargó Marc y desvío la mirada hacia él―. ¿No?

―Pues claro que sí, ¿qué os creéis?

Lucas reprime la risa, como siempre de forma inoportuna.

Es asombroso como un capullo como él puede ser el mejor amigo, tío y abogado que conozco.

Adora a Ava, se desvive por los niños —Iris inclusive—, me ayuda siempre que puede y es mejor profesional que muchos de los que trabajan para mí.

Por eso le he pedido muchas veces que se mude aquí, pero nunca me da una respuesta cerrada.

―Si es que lo dije, era mucho mejor que nosotras nos hiciéramos cargo de todo.

―Gatita… ―Dan advierte a Jess, aunque ni siquiera se molesta en aseverar el tono, es imposible.

Ava se levanta de su sitio, camina hacia mí y se coloca sobre mi regazo. Aunque sonríe, noto lo tensa que está.

—¿Estás totalmente seguro? —me pregunta entre dientes.

— Honey , está todo bajo control.

Le froto los brazos para que se calme, ya empiezo a verle los ojos muy vidriosos y no quiero verla llorar de nuevo. Consigo que asienta y casi empieza a relajarse cuando hacen otra pregunta.

—Seguro que mañana hace buen tiempo, ¿no?

Todos los presentes nos centramos en Hugo que está en medio de la cocina con Marina mirando el teléfono, imagino que el tiempo.

Dylan pasa corriendo detrás de los niños, haciendo que Axel dé un paso atrás antes de que se tropiece con él.

Izan suelta una carcajada al ver el semblante de nuestro compañero.

Lo que yo he dicho, esta casa es un caos.

—Segurísimo, Hugo ―digo, aunque estoy nervioso porque no controlo el tiempo―. Maddie y Bianca se han encargado de todo.

No conocemos muchos detalles de cómo ha quedado todo, pues el punto fuerte de la empresa donde trabajan es el factor sorpresa.

«Ellas recogen la información, interactúan con los clientes y hacen la magia », palabras textuales de Ava.

Además, confío en Maddie. Miro de reojo a Marc, no hemos vuelto a hablar de ellos en ninguna reunión, pero eso no hace que desaparezca lo que ha pasado entre ambos y sé que está intentando arreglar las cosas; sin embargo, Maddison no está muy receptiva.

—No agobiéis más a los chicos, que bastante tienen encima ―nos reprende de buenas a primera Williams, por fin un poco de comprensión―. Esto era una reunión para pasarlo bien y los estáis poniendo pálidos.

—Will lleva razón ―dice mi padre, que se lleva muy bien con él.

Los demás parecen animarse y se arremolinan a nuestro alrededor mientras van cogiendo sus copas. Dan le echa más zumo de manzana a Jess en el vaso.

—¿Quieres un poco de vino?, ¿o mejor mucho? —pregunto a Ava acercándome a ella—. Así lo pasamos bien cuando los niños se duerman.

Pero, igual que he dicho que Ava está insaciable, en este momento no está muy entusiasmada.

―Llevo todo el día con el estómago revuelto.

―No pasa nada, son los nervios. ―Le rodeo la cintura con un brazo y le beso la mandíbula.

—¡Por la boda más esperada! ―exclama Lucas, levantando su copa, haciendo que todos riamos.

Nuestros amigos y familiares unen las suyas, beben y mientras todos gritan, yo solo estoy atento a que los carnosos labios de mi chica cubran los míos con ese ardor y esa pasión tan característicos de ella.