Capítulo 39 #2
―No, nada está bien si mi mujer cree que deseo a otra.
―Pega su cara a la mía. Su aliento cálido me cosquillea en los labios y hace que me olvide de mis dudas―.
Solo iba a decirle que se apartara, que se había acabado, que la única a la que le pertenezco había vuelto.
Iba a contártelo, pero no hemos tenido ni un momento de descanso y he estado tan ocupado siendo feliz por primera vez en años que no me había acordado de ella.
―Lo siento, Zeus.
Me rodea con un brazo, pegándome a su cuerpo, y me besa con deseo contenido, con hambre y promesas que me alteran el pulso. Cuando se separa, deja su frente en la mía.
―Tú no tienes que disculparte por nada. Lamento no haber dicho nada al respecto. ―Asiento sobre sus labios, respirando su aliento.
―Oye, chicos, perdonad que os interrumpa. ―Levantamos la cabeza hacia Amber―. ¿Por qué está Amanda en la puerta?
Cierro los ojos, me había olvidado y eso que era el único objetivo de esta reunión.
Habíamos quedado con ella para que trajese a Iris, si a la niña le apetecía.
Ella y Zeus se han visto en más ocasiones, de forma esporádica, y le hemos presentado a Aidan.
Han congeniado fenomenal, a ambos parece que les gusta pasar tiempo con el otro.
Con respecto a Iris y Zeus… la cosa va lenta, ella es muy pequeña, todavía no sabe el verdadero significado sobre que él es su padre, pero tampoco la agobiamos, solo queremos que nos acepte, ya tendremos tiempo de explicárselo mejor.
―Gracias, Amber, ahora mismo vamos. ―Mi cuñada asiente y entra en la casa, dejándome de nuevo a solas con él―. Jamás dudaría de tu amor por mí, Zeus. ―Me estrecha más y me besa―. ¿Estás listo?
―Contigo a mi lado siempre lo estoy.
Cuando cruzamos la cocina todos están conversando como si no hubiese ocurrido nada y respiro tranquila al ver que Jess ríe con Marc.
Llegamos a la puerta, Amanda nos saluda y se despide de su hija.
Todavía estamos con los trámites de la custodia, pero Amanda no ha puesto ninguna objeción a que podamos ver a Iris siempre que a la niña le apetezca, aunque Zeus está ansioso por poder tenerla más tiempo con nosotros.
Es fascinante como su actitud ha ido mejorando con el tiempo.
Me derrito de amor al ver como Zeus la saluda, con cuidado y sin presionarla.
Ella solo lo observa, a veces pienso que no son conscientes de lo afortunados que son por tenerse.
Me agacho para estar cerca de ella, viendo a su padre reflejado en todos sus rasgos.
Iris acaba brindándonos un «hola» suave, pero audible, y un «sí» cohibido cuando le preguntamos si quiere jugar con Aidan y sus primos.
La dejamos en el salón, rodeada de los chillidos de felicidad por parte de mi hijo, una reacción que sé que emociona mucho a Zeus.
Lo noto en la forma en que sonríe cuando los niños están juntos.
―¡Vamos! ―Cojo su mano y entramos en la cocina juntos.
Conseguimos que nos presten atención, se van acercando y mi sonrisa se ensancha al ver cómo ha crecido nuestro grupo de amigos. Dylan, que está al fondo, me guiña un ojo haciéndome reír por lo bajo.
―Bueno, chicos, escuchadme, por favor. ―Todos se centran en Zeus al oírle―.
Este almuerzo no es como otros a los que estamos acostumbrados.
Ava y yo queremos contaros algo. ―Dan y Marc, que ya lo saben, le transmiten seguridad a su amigo desde donde están.
Y James, aunque está conmocionado, guarda silencio porque habíamos acordado que lo haríamos así―.
Nuestras vidas han cambiado de forma considerable desde aquel día en que me fui.
―De repente, se gira hacia mí, delante de todos, y creo que voy a morirme al ver el amor absoluto en sus ojos―.
Tomamos caminos diferentes durante tres años, hemos vivido nuestras vidas por separado…
pero, Dios, honey , volvemos a estar juntos y no pienso marcharme nunca de tu lado.
Nada va a separarme de ti otra vez. ―Se me encoge el pecho y las ganas de llorar me palpitan en los ojos.
Después, hace un movimiento que, si no estuviese pendiente de cada una de sus expresiones, podría haber sido imperceptible. Y con él me roba el sentido.
»Eres la mujer perfecta para mí. Me has brindado más de lo que pensaba que algún día tendría y me has dado a Aidan, ese diablillo que me ha robado el corazón de un plumazo, igual que su preciosa madre.
―Me coge la barbilla con cariño y yo ya estoy llorando a mares, pero cuando se inclina despacio hacia mí, acariciando nuestra alianza, tatuada en mi piel para siempre, estoy desbordada por completo―.
Mi mundo pierde el rumbo si tú no estás en él y nada de lo que he hecho, ni de lo que estoy a punto de hacer, tendría sentido si no fuese contigo… por ti.
Zeus me pasa un brazo por la cintura, levanta su mano libre y me muestra una caja turquesa, con un lazo, que reconozco perfectamente. Pero todo carece de importancia excepto él, este hombre que me vuelve loca y me hace suspirar, arriesgar, amar…
―¿Quieres casarte conmigo, mi preciosa y maravillosa chica del aeropuerto?
Recuerdo esas palabras porque me las he repetido sin descanso todo este tiempo que lo he echado de menos, porque han sido mi pensamiento más doloroso, pero real y verdadero, durante años; y, por fin, Zeus me las está repitiendo.
Las lágrimas me recorren las mejillas, los demás vitorean por detrás mientras él saca una réplica exacta de la alianza que tengo en el dedo.
―No tenía el antiguo ―murmura, muy nervioso, con las manos temblando mientras desliza el anillo. Luego clava la mirada en la mía y sus labios apenas son un roce contra los míos―. Todavía no me has respondido.
Suelto una risa, mezclada con un llanto ahogado. Me tiro a sus brazos.
―¡Sí, por supuesto que sí!
Me abraza, me eleva y me besa con un pasión y, luego, me deja despacio en el suelo, pero sin soltarme.
―¿Qué te parece si vamos a por nuestros hijos para celebrarlo? —murmura para que solo yo lo oiga.
Asiento, Dios, no puedo dejar de llorar.
Vamos a por los niños, los cinco salen del salón, donde estaban jugando, pero Zeus coge a Aidan con un brazo y a Iris con el otro, el alivio de que no se haya negado le recorre el rostro.
Cuando entramos de nuevo en la cocina, el barullo se detiene de un tirón y todos los ojos están clavados en la niña.
―Como dije antes, esto no era un almuerzo común, algunos ya sabíais que iba a pedirle matrimonio a Ava.
―Me fijo en las miradas cómplices de Dylan, Marc, Dan y Jess, y me siento muy feliz―.
Pero nadie sabía que os presentaríamos a alguien.
―Todos están confusos estudiando a la pequeña―. Quiero que conozcáis a mi hija, Iris.
Un silencio absoluto cae sobre nosotros como un jarro de agua fría, Amber ahoga un grito de sorpresa y abre los ojos desmesuradamente.
Jessica me estudia desde su posición, pero no me juzga por no haberle informado de esto, nunca lo hace.
La reacción de los demás cohíbe a Iris y, por primera vez desde que lo conoce, se abraza al cuello de su padre, buscando consuelo.
Zeus me mira sorprendido, sin embargo, no duda en abrazarla.
―Tranquila, princesa, papá está aquí ―le susurra y las lágrimas corren por mis pómulos de nuevo.
El sonido de una silla al arrastrarse corta la tensión.
La mejor amiga que pueda existir en el mundo camina hacia nosotros y le acaricia la espalda a Iris, presentándose.
Nosotros escuchamos las palabras de Jess bañadas en afecto.
Dan es el siguiente y tras ellos todos expresan su muestra de cariño a la nueva integrante, sin preguntas, sin titubear.
Amber es la última, la congoja se le nota en cada una de sus expresiones, pero le acaricia el pelo a su sobrina con una dulzura infinita.
―Bienvenida a la familia, Iris O’Donnell.