Capítulo 39
Música —exactamente Aeropuerto , de Camilo, la canción que Jess se ha encargado de que todos conozcan porque me hace pensar en mi cirujano preferido; por eso, Zeus me guiña un ojo, divertido, cuando escucha los primeros acordes—, comida, bebida, gritos, risas, niños, bromas…
El almuerzo que hemos preparado este sábado está siendo magnífico.
Es una pena que Maddie no haya podido venir porque está de viaje en Seattle por trabajo.
La pobre se pierde nuestras reuniones la mayoría de las veces, pero estoy segura de que se lo está pasando genial, además de que ama su trabajo, sabe cómo divertirse.
Y eso hace que a Marc, que escucha cómo Jessica cuenta lo que ha hablado hoy con ella, se le crispe la cara.
Debo aclarar que a Jess le gusta exagerar para hacerlo sufrir.
—Lleva desde ayer por la mañana decorando la boda para la que los han contratado, la pobre se merece salir a despejarse esta noche cuando termine. No entiendo cuál es el problema.
—No hay ningún problema —ataca Marc, a cada segundo más molesto, y le da un trago a su cerveza—, es solo que parece que va más a divertirse que a trabajar.
—Venga, tío. Sabes que eso no es verdad, Maddie se ha esforzado bastante, es una gran trabajadora.
Marc clava sus ojos avellanas en Zeus, que ha decidido romper su silencio en defensa de Maddison por primera vez en toda la conversación.
—Ya, ya, ya ―suelta, frustrado. Se me encoge el corazón por él, lo está pasando mal―. Maddie esto, Maddie lo otro. Maddie, Maddie, Maddie…
—En realidad, Marc, creo recordar que te prohibió llamarla así. Para ti es Maddison.
Nuestro amigo fulmina a Jessica con la mirada, que parece más grano en el culo desde que está embarazada, y luego lleva la vista hacia Dan, que no deja de reír orgulloso ante la situación.
Desde luego estos dos están hechos el uno para el otro.
Sentada en las rodillas de Zeus, y con sus dedos acariciándome la espalda, observo en un segundo plano.
—¿Cuándo cambiarán? —me pregunta Zeus al oído, sabiendo muy bien cuánto me gusta que lo haga.
—Espero que pronto. ¿Cuándo se darán una oportunidad? —intento que mi tono sea bajo, pero…
—¡Nunca! —brama Marc. Está molesto, aunque no era mi intención que me escuchase. Me mira unos segundos más hasta que desvía sus ojos por encima del hombro—. ¿Por qué pensáis que todo el mundo es como vosotros? No creo en las segundas oportunidades porque nunca salen bien.
Siento la rápida tensión en el cuerpo que me sostiene con la insinuación de Marc, incluso a mí me ha dolido que nos diga algo así uno de nuestros amigos.
Sé que está dolido y agobiado, siempre hablamos del mismo tema cuando nos reunimos y entiendo que esté saturado, pero es la primera vez que ocurre esto.
Por eso, a pesar de la rigidez en todos los músculos de Zeus, no es él quien se pone de pie de un respingo.
—¡Oye! ¡No voy a permitir que digas algo así sobre nosotros! —exclamo enfadada—. ¿Qué pasa? ¿Que todo el mundo tiene que ser un inmaduro como tú y dejar escapar a la persona que ama?
Silencio, todos saben que nos adoramos, incluso los compañeros de la clínica de Zeus —los cuales ya forman parte de la familia—, aun así, no consiento tal despropósito. Pero Marc está al límite y no tiene miramientos a estas alturas.
—No me toques los cojones, Ava.
—¡Marc! —El rugido de Zeus rompe el ambiente, se pone de pie y su semblante es tan amenazante que los demás lo miran, a la espera de que tengan que intervenir—. No vuelvas a hablarle así a mi mujer. ¿Te queda claro o tengo que decírtelo de otra forma?
Hacía mucho tiempo que no veía a Zeus temblar de rabia, pero es que últimamente Marc está demasiado irascible.
Aunque no le falta razón, sin embargo, no voy a decírselo en este momento y tendré que hablar con Jess seriamente.
Marc aprieta la mandíbula, se levanta y los demás se tensan.
Por suerte, Samantha se ha llevado a los niños al salón.
—Estoy hasta los cojones de tu tono de autoridad. ―Señala a Zeus, que está con el rostro impasible a mi lado―. Y no vuelvas a amenazarme si no quieres que te cierre la boca de...
—¡Se acabó! —sentencia Dan, y nos mira a todos, aunque se centra un poco más en su mujer—.
A partir de ahora no se vuelve a nombrar a Maddison si no está delante.
Esto se tiene que terminar, ¿de acuerdo?
―Jessica no le responde, así que le coge la barbilla con un cuidado que no pega con la apariencia autoritaria que quiere mostrar, y vuelvo los ojos al ver que se le pone cara de bobalicón―. ¿De acuerdo, gatita?
Esta asiente.
—¡Nunca tendría que haber empezado, joder! —Los ojos de Marc viajan hasta todos nosotros, deteniéndose en mí, y veo el arrepentimiento en ellos—. Eso se acabó hace mucho, ella no quiere saber nada de mí, ¿por qué no os olvidáis del puto tema?
Marc se marcha al jardín y nadie lo sigue. Mi corazón me dice que debo ir, así que me muevo.
— Honey , necesita espacio.
—Es nuestro amigo, lo está pasando mal. Y no nos hemos reunido para discutir.
Salgo al jardín y veo a Marc está recostado en la pared del fondo.
—¿Podemos hablar? ―llamo su atención, pero no me responde con palabras sino con un movimiento leve de cabeza.
Camino despacio hacia él―. Siento lo que ha pasado.
―Me pongo a su lado y apoyo la cabeza en su brazo, Marc es muy alto.
Sonrío aunque no me ve―. Por cierto, qué bien has sabido disimular con eso de que no ha habido nada entre vosotros.
Marc se tensa a pesar de habérmelo contado él en su momento —bueno, y Maddie también—, solo que ellos no saben que el otro ha venido a mí.
―Es lo mejor, teniendo en cuenta que ha sido ella quien ha cortado toda relación conmigo.
―Se pasa la mano por la barba perfectamente recortada, baja la cabeza e intercambiamos una mirada cargada de confidencias y sentimientos―.
Ahora sí que la he perdido. ―Su voz se apaga en la última palabra.
El silencio entre nosotros es doloroso, hasta que habla de nuevo―.
Con todos tan pendientes y hablando siempre de Maddison va a ser imposible olvidarme de ella.
Un movimiento en la puerta llama mi atención, Zeus nos escucha.
Solo nosotros estamos al corriente de las novedades entre los dos cabezotas que tenemos por amigos y escuchar que quiere olvidarse de Maddie me apena mucho.
Estoy a punto de decir algo para consolarlo cuando el hombre que altera cada célula de mi cuerpo carraspea y descruza los brazos para caminar hacia nosotros.
Marc levanta la vista, pero ya ninguno parece enfadado con el otro.
—Bueno, supongo que cuando les cuente que acabo de descubrir que soy padre de una niña dejarán de estar tan pendientes de vosotros.
Marc cuadra la espalda, haciendo que nos separemos. Está estupefacto.
—¿Qué?
—Zeus tiene una hija con Amanda ―explico al ver que Zeus no contesta.
—¿Qué coño…? —Daniel nos sobresalta, se acerca y mira a su amigo con intenciones nada buenas—. ¿Qué cojones, Zeus? ¿Amanda? ¿Me puedes explicar qué coño significa eso de que tienes una hija con Amanda?
Intercambian una mirada típica entre amigos que bien puede significar «¿En qué puto lío te has metido?
», y noto cómo afecta a Zeus. Mueve los pies sin desplazarse del sitio, se pasa una mano por la boca, algo nervioso.
Tras mirarme un momento de reojo empieza a explicar lo que pasó. Dan lo escucha con atención.
—Iris —repite cuando Zeus le dice el nombre de su hija—. ¿No pudo contártelo cuando fuiste a verla en verano?
Me quedo sin aliento al oírlo. Dan lo ha soltado de forma inconsciente, afectado por la sorpresa. Zeus cierra los ojos, maldiciendo. Está claro que no entraba en sus planes que me enterase de nada. Me vuelvo despacio hacia él con el pulso martilleándome en las sienes.
—¿Quedaste este verano con Amanda? ¿En los días en los que no dejabas de repetirme cuánto me querías?
— Honey , deja que te lo explique. ―Le echa una mirada iracunda a Dan y este se marcha al interior de la casa con Marc.
Da un paso hacia mí y yo solo puedo retroceder.
No me gusta cómo suena ese «deja que te lo explique»; de hecho, suena fatal.
En este instante no necesito que me explique nada, para mí está todo muy claro.
Pero Zeus me conoce tanto que, en cuanto niego con la cabeza porque no quiero escucharlo, se acerca a mí y me coge por los brazos con delicadeza.
—No quedé para nada de lo que sé que pasa por tu mente, solo quería romper todo lo que ella creyese que había entre nosotros.
Además me la encontré por casualidad el día que fuimos a comprar.
—No le creo, aunque quiero, no lo hago. Él lo nota.
Lo sé por cómo clava un poco más sus dedos en mis brazos, suplicante—.
Por favor, mi amor. Tienes que creerme. Nosotros volvíamos a darnos una oportunidad, solo quería decirle que había vuelto contigo, que no podíamos volver a tener relación.
Lo miro con los sentimientos a flor de piel. Pienso y pienso, no me gusta nada que se hayan visto y mucho menos que me lo oculte. Odio que Zeus tenga secretos conmigo. ¿Es que ha olvidado que fueron los secretos los que nos han separado?
―No me lo ibas a contar, ¿por qué? ¿Es que te has enamorado de ella?
Su reacción hace que me arrepienta de inmediato de haber dicho eso.
Puede que no haya actuado cómo me habría gustado, pero no se merece que le diga algo así.
Zeus se encarga de hacerme sentir amada cada día.
Su rostro se oscurece y el tic de dolor en su mandíbula me obliga a dar un paso hacia él.
Sus iris están más negros que de costumbre cuando dejo mi mano en su mejilla.
―No vuelvas a decir algo así, joder ―sisea entre dientes, pegando su cuerpo al mío. Hay una mezcla de rabia y deseo en sus movimientos que me calienta de forma abrumadora―. Yo no me enamoro de otra mujer que no sea la mía. No quiero ni miro a ninguna, para mí solo existes tú.
―Está bien, no…