Siempre Seremos Nosotros (Sempiterno 3) Capítulo 38
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Capítulo 38

La misma noche en la que Amanda soltó la noticia, Zeus decidió ponerse en contac to con una clínica privada que nos envió por correo, de forma anónima, un kit con todo lo necesario para reali zar la prueba.

Básicamente un bastoncillo que había que pasar por la boca de él y otro que Amanda utilizó para Iris y que nos trajo a casa a la mañana siguiente.

En cuanto tuvimos todo, Zeu s mandó los result ados a la clínica y nos aseguraron que en tres días los resultados estarían en casa y así ha sido.

Ahora mismo tenemos el sobre delante de nuestras narices.

Una carta blanca, fina, cerrada y con el sello de la clínica que contiene una respuesta que lo cambiará todo.

Y no solo si el resultado es positivo. Estoy convencida de que, aunque Zeus intente mostrar que está al margen, que todo esto no le afecta, sé que algo en él se removería si acaba siendo negativo.

Lo sé porque hemos hablado mucho del tema en estos días, incluso me ha pedido recomendaciones y me ha preguntado —más de lo que suele hacerlo— sobre mi maternidad y lo que es ser madre.

Aunque, por más que lo he intentado, está fuera de mi alcance darle consejos sobre cómo actuar si de un día para otro te enteras de que eres padre.

Así que puedo asegurar que, en este preciso momento, Zeus se sentiría devastado si el resultado no es positivo.

—¿Lo miramos ya? —pregunto con tranquilidad, acariciándole el hombro.

Le echo un ojo a Aidan, que está sentado en el suelo con Cronos tumbado muy cerca de él. Tiene un juguete en cada mano y habla bajito. Cuando vuelvo la mirada hacia el hombre al que amo, este también está mirando a mi hijo y sonrío.

—Si fuese positivo —comienza diciendo y observa los movimientos del pequeño. Unos segundos después, el negro obsidiana de sus ojos me recorren el rostro despacio—, dejaremos de ser tres. Ya no solo estaremos tú, Aidan y yo. Habrá otra niña en casa…

—No será una niña cualquiera, Zeus ―lo interrumpo con cautela―, será tu hija.

No se acostumbra a ese término, lo sé porque siempre se le apena el rostro cuando lo escucha.

Sus ojos se vuelven tristes y veo la vulnerabilidad que le provoca.

Ojalá pudiera quitarle un poco de dolor, arrebatarle la inquietud y la inseguridad que se han instalado en él desde que conocimos a Iris.

Me coge la mandíbula con cariño y me atrae para besarme los labios en un beso rápido.

—Lo sé, pero… —Clava los ojos de nuevo en el sobre, revolucionándome el pulso, que me martillea en los oídos. De repente, me lo da y lo cojo sin pensarlo, aunque algo asustada—. Por favor, honey , léelo tú.

Respiro hondo. El sobre parece arderme en las manos, es como si tuviese un artilugio peligroso entre mis dedos.

No sé si quiero leerlo o no, ¿qué pasará si es positivo?

, ¿y si es negativo?, ¿cómo afectarán los resultados a Zeus?

Solo lo sabremos cuando lo leamos, por lo que comienzo a abrir el sobre.

Estoy muy nerviosa, aterrada más bien, pero es lo que toca.

La vida no es siempre como pensamos, como la soñamos, y tenemos que enfrentar situaciones que o nos destruyen o nos hacen más fuertes.

Y, pase lo que pase, pienso convertir esto que nos está pasando en la segunda opción.

Miro un momento a Zeus, agarro su mano y le beso el dorso.

Desdoblo el folio, sintiendo los nervios en el estómago.

El corazón se me detiene cuando leo el resultado en silencio antes de hacerlo en voz alta.

Al acto, se me eriza la piel y se me instala una sensación gélida en los huesos; sin embargo, no sé por qué.

No estoy molesta con lo que desvela, sí con Amanda y su forma de haberlo gestionado, pero no de que Iris forme parte de nuestra familia ni mucho menos.

Quiero llorar por Zeus, por su dolor, por su inquietud, por su miedo ante lo que se nos viene y por cómo le asusta que esto nos cambie.

Pero debe saber que estaré siempre junto a él, que ni la más abominable catástrofe podrá volver a separarnos. Y mucho menos lo hará su hija.

—Positivo.

Me duele el alma al escuchar el quejido lastimero que emerge de su garganta.

Lo abrazo con fuerza. Dejo caer mi espalda en el respaldo del sofá y aprieto con cariño su cabeza en mi pecho cuando lo escucho llorar.

Presenciar este llanto tan desconsolado por primera vez en él me asusta.

Jamás lo he visto así y no estaba en absoluto preparada para hacerlo nunca.

Estamos en silencio bastante rato, solo se escucha a Aidan parloteando con diferentes tonos de voz con sus juguetitos y a Cronos dormir.

Meto mis dedos entre su pelo y me fijo en las marcas blancas que muestran cuánto hemos cambiado y cómo ha pasado el tiempo por nosotros.

Le beso la coronilla, el cuello, el hombro y lo hago levantar la cabeza para poder besarlo en los labios.

Lo adoro, le quiero como jamás pensé que querría a alguien y necesito que sienta mi calor, que estoy aquí.

—Vamos a afrontarlo juntos y haremos todo lo posible por hacer feliz a Iris.

Zeus asiente, me besa y se incorpora. Se pasa las manos por la cara y el pelo, visiblemente frustrado, pero se recompone con rapidez. Aidan deja los juguetes en su caja y camina hacia nosotros, pidiéndole a Zeus que lo coja, como siempre. No lo duda y lo sienta en sus piernas.

—Mira quién se ha cansado de jugar. —Le hace reír con cosquillas.

No puedo dejar de sonreír y el corazón se me acelera por la felicidad. Amo a estas dos personas por encima de todo.

—¡Mami! —Aidan se carcajea e intenta, con sus deditos, hacerle cosquillas a Zeus y este finge que lo consigue y empieza a reír—. ¡ Zeu ! ¡Ya!

Estamos un rato disfrutando de nosotros, de nuestra pequeña familia que se agrandará en muy poco tiempo.

—Vas a ser un padre increíble, mi amor.

Zeus se acerca con el pequeño jugando en sus brazos.

—No sabes cómo me gusta y me duele a partes iguales que me digas eso.

Sus palabras llaman mi atención y lo miro atenta. ¿A qué viene eso? A mí me reconforta saber que Iris será muy feliz al tenerlo en su vida y que será una niña dichosa por ser su hija. Igual de afortunado que Aidan por formar parte de su familia.

—¿Por qué lo dices?

Se piensa bien las palabras en lo que parece una eternidad, entonces, le acaricia el pelo al niño y su mirada se pierde.

—Porque no nos une. Adoro a nuestro pequeño, adoraré a Iris, pero… ―Clava los ojos en mí y se me encoge el estómago con lo que me revelan―. Quería vivir estas cosas contigo: disfrutar de tu embarazo, de la experiencia juntos... Yo…

Puede que tengamos hijos con otras personas y que la vida nos haya llevado a ser padres antes de pensar en los niños que tendremos en común, pero eso no significa que no nos unan. Está muy equivocado si cree que no estamos aprendiendo a ser padres juntos.

—Zeus, cariño, eso no es así. ―Cojo su mano y se la acaricio con el pulgar―.

Vas a ser un padre increíble para Iris, ella es la que está aquí ahora, a quien tenemos que disfrutar en este momento, pero lo serás también para los que nazcan fruto de nuestro amor.

Estamos gozando de cada instante que compartimos.

Quizá no estuvimos juntos en el nacimiento de Aidan, ni en el de Iris, pero estaremos presentes en el resto de sus vidas y lo haremos unidos.

Creciendo, aprendiendo de nuestros hijos, de los que ya tenemos y de los que vendrán en un futuro.

Su mirada es tan intensa, cálida y envolvente que me acoge como si estuviese abrazándome.

No dejo de observar cada movimiento en los músculos de su cara, en cómo Aidan le roza la cicatriz mientras espera a que Zeus se mueva.

A veces pienso que mi hijo siente lástima por esa herida del pasado e intenta infundirle cariño con sus caricias.

—No sé qué haría sin ti, honey . ―Me rodea con un brazo y me atrae hacia él.

—Nunca lo descubrirás.

***

Al día siguiente, cuando nos recomponemos un poco de la noticia, decidimos ir a ver a James a su casa, pues Zeus quiere contarle lo que pasa antes que a nadie.

Aidan corre de aquí para allá toqueteándolo todo, mientras nosotros tres nos sentamos en el sofá del salón.

Zeus opta no irse por las ramas y le suelta la bomba tan de sopetón que incluso a mí me sobresalta.

Su padre se ha quedado sin habla y ha abierto los ojos mucho más de lo normal.

Aunque, como me esperaba, su reacción toma por sorpresa a Zeus.

—¿¡Voy a ser abuelo, otra vez!?

Zeus y yo intercambiamos una mirada. Yo sonrío y él parece que va a desmayarse ante la efusividad de su padre.

—Eh… supongo que sí —responde a su padre con cautela.

Eufórico, James se ríe y coge a mi pequeño en sus brazos haciéndolo gritar a carcajadas. Sin soltarlo, ha hecho que Zeus se levante y lo ha abrazado, quedándose así tanto tiempo que se me han empañado los ojos por la emoción.

—Hijo, qué feliz me haces.

Zeus me ha mirado por encima del hombro de su padre, sé que pensaba que no se alegraría por cómo se ha dado la situación, aunque yo confiaba en que se equivocaría.

Puede que estemos confusos, pero estoy segura de que Iris va a integrarse muy bien en la familia y todo el mundo va a quererla.

Sonrío encantada y le he subido el pulgar para quitarle algo de tensión al momento.

—¿Y cómo vais a hacerlo? —pregunta James unos minutos después, sentado de nuevo.

—Bueno, Amanda se ha mudado a la ciudad, pero todavía no nos hemos puesto de acuerdo. Mis abogados están con los trámites pertinentes.

Pienso en Lucas, que se puso como loco al enterarse. De felicidad, claro, aunque se molestó ante la idea de lo que había hecho Amanda. Iris será una O’Donnell con muchos tíos protectores.

―Quiero contárselo a los demás, por lo que…

―Una reunión familiar sería sensacional ―interrumpe James.

—Si soy sincero, no es que me apetezca mucho celebrar con todos que la madre de mi hija me ha ocultado su existencia durante estos años…

El tono de Zeus es bastante tenso, no le hace gracia que a su padre le haya puesto tan contento la situación. Pero, entonces, James decide darle una lección, con sabias palabras que a mí también me hacen ver las cosas desde otra perspectiva.

—Es que no vas a celebrar que Amanda no haya actuado como debía, Zeus. Si no que tienes una hija, que hay una nueva O’Donnell, y que Ava y tú habéis ampliado vuestra familia. ¿Acaso eso, independientemente de las circunstancias, no es motivo suficiente para celebrar?

Miro a Zeus, de acuerdo con su padre y, por fin, después de cinco días, un destello de esperanza e ilusión cruza su mirada seria e imperturbable de la que me enamoro cada día.