Siempre Seremos Nosotros (Sempiterno 3) Capítulo 32
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Capítulo 32

Amber me mira con los ojos como platos, incluso diría que se le han revuelto las ondulaciones con el giro de cabeza. A mí se me ha disparado el pulso y me ha obligado a levantarme de mi silla giratoria por la exaltación y la alegría.

Hasta hace un segundo le estaba explicando a mi cuñada cómo trabajaremos cuando esté instalada en Pelham Manor a partir de mañana.

Aunque todavía no me ha confesado por qué la emociona tanto ese lugar.

Desde que fui a ver a Zeus a su clínica, hace unos días, nos hemos puesto en marcha y con ello Amber y yo, por fin, hemos decidido ampliar la plantilla.

Pero, claro, lo que menos nos esperábamos, mientras buscábamos un integrante nuevo para Photo Oasis, era recibir semejante noticia.

―¿Qué me dices? ―Sigo apoyada en la mesa y mis ojos se han llenado de lágrimas de felicidad.

Amber no está mejor.

―¡Que sí! ¡Que estoy embarazada! —exclama Jess pletórica.

Reacciono por fin y abrazo a mi mejor amiga con todo el cariño que soy capaz de demostrar. Mi corazón está rebosante por ellos. Madre mía, ¡embarazada! Me separo para verle mejor la cara, sin poder contener la emoción a estas alturas. Amber se acerca y la abraza también.

―¡Ay, chicas! ¡Como sigáis así, lloro! Tengo las hormonas descontroladas.

Amber se debate entre la risa y el llanto. No sabemos cómo reaccionar, pero Jess sabe que estamos felices por ellos. Si alguien se merece un final feliz son Dan y ella, van a ser unos padres maravillosos.

—¿Acabas de enterarte? —pregunto emocionada, acariciándole la barriga aún plana. Ella niega con la cabeza pendiente del movimiento de mi mano.

—Lo sabemos desde mediados de septiembre.

Se ve que este bichito se agarró enseguida.

—El corazón se me derrama en el pecho por el amor que siento en este momento.

Jessica abre la caja de bombones que ha traído para Amber y para mí y se come dos seguidos—.

Queríamos tomárnoslo con calma. Hasta que el médico no nos ha asegurado que todo está yendo bien no hemos dado la noticia. Nos da un poco de miedo que…

—No, no, no. Ni lo pienses. —La detengo, asustada por lo que se le pasa por la cabeza—. Todo va a ir genial. Vais a ser unos superpapás y tendréis un bebé al que adoraremos.

No voy a consentir que mi amiga se pase todo el embarazo asustada. No puedo imaginar lo que sentirá en este momento, pero no voy a dejar que no disfrute del proceso.

—Ava lleva razón. ―Amber la abraza de nuevo―. Ahora tienes que disfrutar de la experiencia con tu marido.

Jessica asiente, muy emocionada. La observo mientras coge el teléfono de su bolso y parlotea sobre lo emocionado que está Dan, e inevitablemente pienso en cómo sería que Zeus y yo…

—¡Hola, guapísimas!

La voz de Maddison, a través del móvil, inunda la habitación y me saca de mis pensamientos. Miramos la pantalla y la vemos sentada en el borde del escritorio de su oficina.

—Tenemos que darte una noticia —dice Jess.

―Marc decide largarse de la ciudad, por fin.

―¡Maddison! ―la reprende Amber, ocultando la sonrisa. Esos dos son imposibles.

—¡¿Qué es?! Me mata la intriga.

Intercambiamos una mirada cómplice y Jess forma una sonrisa brillante.

—¡Estoy embarazada!

Hay un silencio, Maddie se levanta de la mesa y se centra en el móvil. La sorpresa y la emoción se apoderan de su rostro.

—¡Oh, Dios mío! ¿¡Qué!?

Estallamos en gritos y risas, sin parar de hablar, hasta que Maddie se ve obligada a terminar la llamada y Jess tiene que irse a revisar unas cosas en el restaurante.

—Entonces, ¿mañana no vendrás a trabajar? —quiere saber Amber cuando nos quedamos a solas.

Niego con la cabeza. Todo esto del traslado me ha hecho pensar y hace una semana le planteé una nueva forma de trabajar.

El estudio va fenomenal y como ahora nos centramos más en proyectos empresariales, decidí alquilar un local en Pelham y gestionar el estudio desde allí.

No cambiará nada, seguirá siendo cosa de las dos, incluso vendré a Manhattan para trabajar dos veces a la semana, aunque voy a tener que delegar un poquito más en Amber.

Ella se encargará de este estudio, junto al nuevo profesional que contratemos, mientras yo no estoy.

—No, necesito buscar un local para poder montar allí mi despacho.

―No creo que te haga falta. ―La escucho murmurar con una sonrisa extraña, pero antes de que pueda decir algo, el teléfono de su despacho suena y se va.

No me da tiempo a hacer mucho cuando vuelve y se coloca delante de mí.

—Ha llamado alguien para la oferta. Dice que nos ha enviado su currículum, ¿le echamos un vistazo?

—Por supuesto.

Entro en el correo del estudio y, efectivamente, el documento está ahí. Lo abro y nos ponemos a leer. Resulta ser un hombre con mucha experiencia, se llama Ed y vive muy cerca.

—No está nada mal.

—¿Lo cito y lo entrevisto?

—Perfecto —asiento, pues confío en ella—. Mañana me cuentas. —Miro la hora—. ¿Te importa si me voy cinco minutos antes? Tu hermano va a recogernos a Aidan y a mí, quiere enseñarnos ya la casa.

Amber se ríe y, por un momento, veo en sus ojos que está compinchada con su hermano, aunque no sé exactamente en qué. Sin querer darle muchas vueltas, me despido de ella.

Un cosquilleo me recorre de pies a cabeza cuando veo a Zeus apoyado en su coche con Aidan en brazos.

Después de hablar conmigo, le expliqué a Penny que Zeus iría a recogerlo.

Los recuerdos me golpean con fuerza, cuántas veces ha estado Zeus esperándome aquí, cuántos besos, cuántas miradas…

Aunque esto es mucho mejor que el pasado.

—¿Por qué sonríes? —pregunta Zeus cuando estamos cerca. Después, me besa en los labios y me da a mi hijo.

—He recordado algo. ―Es lo único que digo y achucho a mi pequeño antes de meterlo en el coche.

***

Casi una hora más tarde, estamos en Pelham Manor, frente a la casa donde ha estado viviendo Zeus.

Es preciosa, de dos plantas y está rodeada de un jardín impoluto y bien cuidado.

Dejo al pequeño en el suelo y este sale como una flecha en dirección al jardín, seguido de Cronos, al que también ha traído.

Se pone detrás de mí y noto sus manos en mis hombros.

Me besa un lateral del cuello y me rodea con sus brazos.

Feliz, y con una sensación de paz en mi pecho, me dejo caer sobre él un poco, sin dejar de admirar lo que tengo delante.

Me prometió una casa familiar donde hacer nuestro amor más grande, me prometió una vida juntos y no alejarse de mí jamás.

Y, de algún modo, a pesar de estos años de distancia, siento en lo más profundo de mi corazón que lo ha cumplido todo.

—¿Estás preparada para nuestro futuro juntos?

Me giro un momento y asiento con las lágrimas distorsionándome su imagen. Después, pego mis labios a los suyos con el corazón retumbando de amor. Aidan chilla riendo con Cronos y nos volvemos hacia ellos.

—Jamás en mi vida he estado tan preparada.