Capítulo 28
Aunque intenté quedarme en un hotel estos días en Madrid, pues no me parecía correcto dormir donde los padres de Ava después de lo que había ocurrido entre su hija y yo, voy dirección a casa de Sonia y Jorge en un coche de alquiler.
Ava hizo una llamada a sus padres cuando estábamos a punto de llegar —ahora se llevan mucho mejor desde que aclararon sus diferencias por culpa del pasado— y Sonia puso el grito en el cielo.
Tanto por enterarse de que su hija y yo hemos vuelto, como por mi interés en hospedarme en un hotel.
Echo un vistazo a Aidan por el espejo retrovisor, es la viva imagen de su madre, aunque tiene los ojos, el color de piel y las pecas de Jayden.
Está jugando con unas figuritas, que no he tardado en entender que son sus preferidas.
Es la primera vez en mi vida que utilizo un coche familiar y es una sensación totalmente nueva, pero me hace sentir muy bien.
—¡Ya hemos llegado! ―exclama Ava, llamando la atención del niño, cuando me detengo delante de la casa de sus padres.
Me bajo del coche con una sonrisa, cojo al pequeño en brazos y los tres nos acercamos hacia Sonia y Jorge que acaban de salir a recibirnos.
El niño grita al verlos y la abuela nos recibe emocionada.
Al principio, parece que Aidan está demasiado a gusto conmigo —el sentimiento es mutuo—, pero me esfuerzo para que se vaya con Sonia, hace meses que no se ven.
Esta, al estar cerca de mí para coger a su nieto, me sonríe.
—Me alegro de volver a verte.
Asiento, afectado, pensaba que me odiarían. Supongo que Ava se ha encargado de eso.
—¿Qué tal, muchacho? —Jorge me tiende la mano y lo saludo con un estrechamiento amistoso—. Estaréis cansados, vamos dentro.
Ava se acerca a mí para pasarme un brazo por la cintura y la pego a mi cuerpo cuando un viento frío nos alcanza.
Una sensación de calidez al entrar me chiva que la calefacción está puesta.
La casa es bonita, acogedora y espaciosa.
Miro a mi alrededor y veo un pasillo —deduzco que conducirá a las habitaciones— y la cocina antes de volver a centrarme en ellos.
Hablamos sobre el viaje hasta que Jorge me hace un gesto para que lo siga a la cocina.
Me siento en una silla y este se gira de una forma tan seria hacia mí que pienso que me va a echar la bronca.
—Sabemos lo que pasó entre vosotros. —Contengo el aire como pocas veces hago—. No tenemos nada en contra de ti, son cosas que pasan. El amor a veces es duro. Me alegro de que estés de nuevo aquí porque sé que Ava ahora es realmente feliz.
Un alivio me recorre el cuerpo, como si fuera un joven que acaba de pedir la mano de la hija.
Asiento y casi estoy a punto de disculparme por desparecer, aunque acaba de decirme que no hay problemas entre nosotros, cuando Ava entra en la cocina seguida de su madre y Aidan, quien me pide que lo coja en brazos.
—¿De qué hablabais?
—De nada, hija —le dice Jorge.
Ava me mira sabiendo que su padre no le dice la verdad, pero como quiero seguir con la tregua con su familia, me enfoco en el niño que está intentando contarme algo que ha descubierto con su abuela. A mi madre le encantaría Aidan, tan espabilado, hablador y nervioso.
***
—Estamos cansadísimos. ―Bosteza Ava mirando a su madre. Nos encontramos acomodados en el sofá, con el peque dormido y tumbado sobre ella. La imagen me provoca mil sensaciones distintas―. Lo mejor será irnos a descansar. Mañana quiero enseñarle algunas cosas a Zeus y ver a los chicos.
Ya siento sus labios en los míos por el beso que pienso cobrarme.
—Es normal, tesoro. Vamos, cariño —Sonia se vuelve hacia su marido—, dejemos que vayan a dormir. Mañana será otro día.
Me levanto despacio, cojo al pequeño en brazos y rodeo a Ava con el brazo libre.
La sigo hasta su dormitorio, que sigue teniendo un toque juvenil, metemos a Aidan en una cama que hay para él a un lado y me siento en el borde del colchón de matrimonio.
Echándole un ojo a la habitación, descubro fotos donde aparecen Jess y Hugo.
—¿Qué tal? —me pregunta Ava sentándose en mi regazo.
—De maravilla.
―¿Te sientes cómodo aquí? Sé que mi madre puede ser…
Le robo un beso y sonríe.
―Si tú estás conmigo, no necesito nada más.
Me estrecha entre sus brazos y reprime un bostezo en un gesto que me parece adorable. Sus ojos se mueven por mi rostro, son tan bonitos como siempre.
―Me haces sentir como si nunca hubiera pasado nada, es como si no nos separasen cuatro años de sucesos.
― Honey , pretendo que te olvides del pasado, que me perdones por todo. Quiero ser el hombre que te mereces.
Me da un beso en la nariz y se pega más a mí.
―Hemos cometido errores, pero ninguno ha hecho que sienta que no me mereces. No quiero, ni nunca he querido, a nadie más que a ti.
Su voz es apenas un susurro que choca con mis labios, atrayéndome a ellos para besarlos de nuevo.
La agarro por la cintura con fuerza cuando ahonda en el beso y tira de mi pelo.
Joder, quiero hundirme dentro de ella ahora mismo.
Acaricio sus brazos con cariño, toco sus pechos por encima de la ropa tragándome los jadeos que eso le produce y, cuando estoy a punto de sentarla a horcajas sobre mi polla dura y ansiosa, me detengo.
―Voy a parar ahora mismo ―comento dejándola con cuidado sobre la cama, sintiéndome violento por lo que he estado a punto de hacer―. Aidan duerme al lado, nena.
Ella me mira los pantalones, todavía con la respiración descontrolada, pero termina soltando una risita que ahogo con mi mano, aunque no ha sido demasiado alta. Me quita la mano y se acerca a mí.
―Me hace muy feliz que mires tanto por él. ―Nuestras miradas se enfocan en el cuerpecito que duerme plácidamente en la cama de al lado y siento mi corazón bombeando más rápido de lo habitual―. Tienes que creerme cuando te digo que ya eres el hombre que me merezco.
***
Me levanto con una erección de mil demonios, claro que despertarme con el culo de Ava apretado contra mi entrepierna no ha hecho más que empeorarlo. Me meto en el cuarto de baño para lavarme la cara cuando escucho ruido al otro lado, luego, una puerta que se cierra y después la del baño se abre.
―Mi madre se ha llevado a Aidan para darle el desayuno.
Mis ojos van desde ella hasta el pestillo echado de la puerta del dormitorio, Ava cierra detrás de ella. Se acerca de forma lenta y sensual hacia mí y, tras secarme la cara, me apoyo en el lavabo para observarla con detenimiento.
―Necesitaba un momento a solas contigo ―dice sobre mis labios una vez que está pegada a mi cuerpo. No me resisto a rodearle la cintura.
Ava es una mujer muy atractiva y me vuelve loco que sea solo mía.
Toco sus curvas y esas caderas moviéndose contra mí con sensualidad.
Deposito un beso en su pelo y aspiro su aroma.
No deja de besarme, de calentarme. Me hace gruñir a cada segundo hasta que no puedo contenerme y la siento sobre la encimera del lavabo.
Ahogo sus gemidos, pasando las manos por sus pechos hinchados y sus pezones erectos.
Desciendo esa misma mano para quitarle las bragas de encaje que lleva, paseo mis dedos por sus pliegues húmedos sin dejar de rozar su boca con la mía.
―Dime que eres mía, nena.
―Soy tuya, solo tuya, para siempre.
Le muerdo el labio, me bajo el pantalón del pijama y gruño de forma primitiva cuando mi punta toca su cálida humedad.
Juego con ella, le golpeo el clítoris mientras la beso, la chupo y le muerdo la piel de todas sus zonas accesibles para mí en este momento.
En un movimiento, me rodea con las piernas y se desliza mi erección hasta el fondo, robándome la capacidad de respirar por un instante.
―Madre mía, mi amor ―murmura con los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás―. Muévete, Zeus, acaba conmigo aquí mismo.
Dios santo. Clavo los dedos en la piel de sus caderas y la penetro con dureza.
Golpeo mi cuerpo contra el suyo, la agarro para que no se deslice y la beso para que sus gritos no se oigan por toda la casa.
Hundo la cabeza en su cuello sin dejar de entregarme, de llevarnos al límite.
Está tan mojada, tan excitada y su piel irradia tanto calor que tengo que apretar los dientes para no correrme ahora mismo.
Me deshago de su camiseta, separándome de su cuerpo, flexionando la rodillas y empujando de nuevo sin dejar de admirar cómo sus pechos rebotan con el fuego del momento, cómo el sudor le recorre ese valle suave entre ellos y leyendo embelesado que me pertenece por todo su cuerpo.
Joder, cuando llego a ese que pone «Solo tuya, Zeus», levanto su culo de la superficie y llego al punto secreto.
Ava se retuerce, clava sus uñas en mi piel enviándome un escozor por todo mi cuerpo, pero no tarda en convertirse en placer.
Su estrechez se hace aún más pequeña, me succiona y no puedo soportarlo más.
Me corro con ella, en una vorágine de sensaciones que me sacuden con violencia.
Los ojos de Ava, grises como la plata, me miran en plena cima del clímax, con las mejillas rojas y los labios abiertos en un último suspiro muy sexy .
Suelta una risa floja de satisfacción y me vibra todo el cuerpo.
La amo tanto que se me sale el corazón del pecho.
Tras relajarnos, nos aseamos y nos vestimos para ir en busca del pequeño que me tiene a sus pies. Aidan ha conseguido robarse mi corazón tan rápido como lo hizo su madre hace tantos años en aquel aeropuerto. Cuando llegamos al salón, lo encuentro en los brazos de Lucas.
―¡Chicos! ―exclama Ava atrayendo las miradas de los allí presentes.
―¡Zeus! ¡Coge! ―chilla Aidan, arrancando carcajadas a todos. Camino hacia él con una sonrisa y le beso la frente cuando lo tengo en mis brazos. Después, extiende un dedo y señala a los invitados―. Mira, tito Ucas , tito Hugo y tita Maina.
Este pequeño nos roba risas a cada segundo y este no es la excepción.
Hugo me presenta a la que es su novia desde hace unos años.
No parece reacio a volver a verme aquí, por lo que imagino que Ava lo tendrá al tanto.
Lucas sabe lo que pasa, es mi abogado más competente y de total confianza desde aquel día, aunque se resista a mudarse a Nueva York.
―Me alegro de volver a verte en persona. ―Le estrecho la mano.
Empezamos a dispersarnos por la casa, Jorge se centra en organizar, Sonia llena tazas con café para todos, Ava le da una tostada a Aidan, que sigue en mis brazos, y Lucas se coloca junto a Marina para ayudarla a poner las cosas para el desayuno en la mesa. Hugo se pone junto a nosotros tres.
―¿Qué te parece? ―Por un momento pienso que se lo dice a Ava, pero cuando caigo en la cuenta de que eso es imposible porque ya la conoce, levanto la cabeza y me encuentro con sus ojos sobre mí.
Miro de reojo a Marina, por lo que Ava me ha contado hace un rato mientras nos vestíamos, Marina es una mujer buena y familiar. Ha estado ayudando a Hugo con su madre, que parece que ha ido mejorando en su depresión, y los hace felices.
―¿Y a ti? ―pregunto tomándolo por sorpresa y haciendo sonreír a Ava.
―Es mi novia, ¿tú qué crees?
―No lo sé, dímelo tú.
Aidan tira de los pelos más cercanos a mi nuca, enviándome un dolor fino por la columna.
Ava lo regaña, pero le digo con la mirada que todo está bien.
El pequeño clava sus ojos verdes en los míos y, de buenas a primeras, suelta una carcajada desdentada y manchada de pan, Ava mete la mano entre nosotros y le da otro trozo de tostada.
Observo hipnotizado cómo sus mofletes se mueven mientras mastica.
―Marina es impresionante, preciosa y cariñosa. Yo… estoy enamorado de ella, tío. ¿Qué te voy a decir?
―¿Te hace feliz?
―Sí. ―Se le suaviza el rostro, mirando a su chica―. Como nunca lo he sido.
Acaricio la espalda de Ava, conociendo esa sensación y sonrío a Hugo.
―Entonces sabes que estás con la persona correcta.