Capítulo 27
Lo avisé hace dos meses; después, se lo repetí hace unas semanas.
Le expliqué, en varias ocasiones, que tenía pensado el viaje a Madrid para últimos de septiembre, por eso nos vamos mañana, pero Jayden no ha dejado de complicarme las cosas desde entonces.
La sangre me hierve al mirarlo, acaba de dejarme a Aidan después de unos días con él, porque ese era el plan: pasaba todo el fin de semana con el niño para que pudiéramos salir el lunes.
Sin embargo, está plantado en la puerta del apartamento, rojo por la ira y soltando de todo por la boca.
—Me importa una mierda lo que diga tu abogado —sisea colérico sin dejarme hablar.
Aun habiendo respetado los términos, pues no quiero que la separación sea una lucha contante, no le es suficiente. El descerebrado me hizo hablar con mi abogado para que este me corroborase que podía irme de vacaciones con mi hijo fuera del continente siempre que el padre lo supiera.
—¿Ves normal separarme de Aidan y llevártelo a otro país?
¡Dios! Aprieto los dientes, con ganas de hacer que desaparezca de mi vida.
—No me lo llevo. ―Modero el tono, pues nuestro hijo duerme en la planta de arriba, y parece que nada más me importa a mí―. Solo vamos de vacaciones.
—Una semana a otro puto continente ―repite, sin argumentos porque lo conozco lo suficiente como para saber que no es eso lo que le tiene así, pero no sabe cómo abordar el tema y nombrarlo a él.
Pongo los ojos en blanco, cansada. Lo fulmino con la mirada, me ha hecho firmar un papel en el que aseguro que mi hijo volverá el día que le expuse y no me quedaré allí. Está siendo un cabronazo.
—No me toques las narices, Jayden. Sabes que al final solo serán cuatro días.
Hay un silencio hasta que decide sacar a la luz lo que realmente le importa de todo esto.
—¿Él os acompaña? —pregunta furioso. Escucho un gruñido cerca, detrás de la puerta, y la cierro un poco—. Por supuesto que sí, ¿verdad? Claro que sí, maldita sea, quiere robarme mi familia.
Sí, Zeus nos acompaña, pero no ha sido algo planeado.
Simplemente le conté que estaría fuera una semana.
Le expliqué lo que había pasado con el viaje inicial y la modificación de este, luego él bromeó con acompañarnos y, en un impulso, le pedí que lo hiciera.
No lo dudó y me aseguró que arreglaría antes unas cosas en la clínica.
Varios días después me comentó que podría escaparse con nosotros, aunque si había alguna emergencia, tendría que volver.
Me percato de que Jayden ha dado un paso más hasta mí y lo empujo con una mano para que se aleje. Está muy cerca de que la situación empeore y no voy a permitirlo ni en mi casa ni con mi hijo cerca.
—Escúchame con atención porque solo lo voy a decir una vez.
―Lo señalo con el dedo, enfadada y triste por esto.
Sé que le duele, pero he sido clara, sincera y respetuosa, ¿por qué no lo es él también?
―. Lo único que tenemos en común es a Aidan, así que deja de meterte en mi vida.
No vuelvas a decirme gilipolleces parecidas, te recuerdo que tienes un hijo que te adora, a ti , a su padre.
Jamás dejaría que nadie te quitara ese lugar, Jayden.
Pero ten muy claro que el niño crece y, si sigues comportándote como un cretino conmigo siempre que lo recojas o lo dejes, con el tiempo se acabará dando cuenta y tú solito serás quien lo aleje de ti.
Cierro de un portazo en cuanto se va y me apoyo en la puerta.
Puedo ponerme en el lugar de Jayden, entiendo su dolor y el miedo ante la situación, pero creo que he sido lo suficiente flexible con respecto al niño.
Lo ve y se lo lleva cuando quiere y puede.
De pronto, unas manos cálidas me rodean la cintura, haciendo que abra los ojos.
Zeus pega su cuerpo al mío despacio, transmitiéndome su fortaleza.
Es la primera vez que pasa aquí la noche, creí que sería buena idea ya que salimos mañana muy temprano. Sus labios me besan el hombro.
―No me pidas que me quede al margen cuando te falta así al respeto ―pide sobre mi piel. Su voz es tan calmada que me dice lo molesto que está. Pero el colmo ya hubiese sido que se encontraran cara a cara, así que le pedí que no se entrometiera―. No puedo permitir que te hable así, honey .
―Las cosas ya están lo suficientemente difíciles. Además, sé cómo llevar a Jayden.
Sus ojos negros me estudian, me alza la cara sujetándome la barbilla para que esté justo delante de la suya.
El aire que expulsa me golpea en la boca y un cosquilleo me viaja por todo el sistema nervioso.
Zeus es increíblemente bueno en la cama, pero enfadado es colosal y mi cuerpo reacciona ante la anticipación.
―La próxima vez no voy a quedarme callado. ―Me coge una mano y me guía escaleras arriba. En la puerta del dormitorio se vuelve hacia mí y pega su cuerpo al mío―. Estás muy tensa, deja que me ocupe de ti.
Dios, sí.
***
Cuando abro los ojos, apenas he descansado.
Zeus y yo hemos pasado la mayor parte de la noche enredados el uno en el otro y ahora me pesa todo el cuerpo.
Toco el lado donde ha dormido recordando lo que hemos hecho hace unas horas y me doy cuenta de que la cama está vacía.
Luego, mi cerebro reacciona y soy consciente de que no está, aun así, decido mantener la calma.
No estamos hace cuatro años, ni tengo veintisiete años ni él un suegro loco.
Así que me levanto sin hacer ruido, paso a echarle un vistazo a Aidan, que todavía duerme y al que intentaré despertar en el último momento, y entro en el baño, pero no hay nadie.
En el salón tampoco está, ni en la cocina.
El corazón me late más rápido a cada momento que pasa.
No puedo evitarlo, maldigo para mis adentros. Quizás haya tenido una emergen…
―Buenos días, honey .
Me doy un susto de muerte al oírlo en la puerta del ascensor, ha debido coger mis llaves para subir por ahí. Lleva una bolsa en la mano y dos vasos en una bandeja. Suspiro, aliviada, qué tonta he sido al pensar que se había marchado. Sin soltar nada, viene hacia mí.
―¿Ha ocurrido algo? Pensaba despertarte un poco más tarde. ―Nos estudiamos, él a mí en busca de alguna respuesta y yo a él porque no puedo quererlo más―. ¿Aidan está bien?
Es el hombre perfecto. Afirmo con la cabeza antes de que siga preocupándose por nada y lo ayudo con el que supongo es nuestro desayuno. Trago saliva antes de sincerarme, dijimos que nada de secretos.
―Me he despertado y no te he visto, pensaba que estarías en la cocina, pero…
―Cuando no me has visto, has creído que me había marchado. ―Asiento en silencio y su mano acaricia mi mejilla―. No voy a irme a ninguna parte. Grábatelo en esa cabecita tuya.
Sonrío mucho más tranquila y dejo que me abrace. Hundo la cara en su pecho, inhalando su olor, escuchando su respiración y los latidos de su corazón.
―Lo siento, estoy muy cansada, tengo mil cosas en la cabeza.
―A partir de este momento, olvídate de los problemas. ―Me coge la cara con ambas manos―. Disfruta de este viaje, aprovéchalo para descansar y recargar pilas.
Sigo fundida en sus brazos cuando el aparato para escuchar a Aidan empieza a emitir ruiditos. Lo miro y escucho la vocecita de mi pequeño llamarme. Me giro hacia el hombre que me hace suspirar y le doy un beso en los labios.
―Voy a por él, ¿te importa echarle un poco de leche en un vaso?
Cuando asiente, le explico cuáles son sus cosas y voy arriba.
Preparo a mi hijo, pues una vez que abre los ojos es imposible volver a dormirlo, y bajo a la cocina para desayunar.
Aidan corre por el salón y saluda a su modo a Zeus, que lo recibe con un cariño en el rostro que me derrite por dentro.
Después, me propone que vayamos en su jet , por el tema de las horas, la comodidad y por si tiene alguna emergencia, le será más fácil desplazarse.
Por suerte, casi no me cuesta nada cancelar los billetes que ya teníamos.
Aidan se toma el desayuno, pero como empieza a hacerse el remolón para no comerse todo, Zeus decide ayudarlo.
Por un momento, quiero explicarle que mi hijo es muy independiente y a mí siempre me manda a freír espárragos cuando intento hacerlo, pero se me cae la mandíbula al suelo al ver que le encanta que Zeus lo ayude y le pide más. Es el primer día que interactúan tanto.
―Le gustas ―digo acariciándole la espalda―, siempre quiere hacer las cosas solo.
―Me alegra oír eso, creo que voy a acostumbrarme a que me necesite.
Sonrío, enamorada de la vida por estar rodeada de las dos personas más importantes de mi vida.
***
Cuando llegamos al Aeropuerto Internacional John F.
Kennedy donde Zeus tiene el hangar para el jet , nos guardan el equipaje y, tras asegurarnos que Aidan irá cómodo, partimos hacia Madrid.
En cuanto nos lo permiten, Aidan inspecciona el lugar con los ojos de Zeus sobre él todo el tiempo.
Al cabo de un rato, como mi hijo empieza a coger más confianza, tengo que llevarlo en brazos si no quiero que desmonte el avión.
Hacemos lo imposible por mantenerlo ocupado, cantando, jugando, bromeando, hasta que decide que se ha aburrido de estar conmigo y le pide a Zeus que lo coja, quien no se lo piensa siquiera.
―Zeus, ¿tú venes a ver a los abus ? ―pregunta en español jugando con su pelo. Me he fijado que cuando no sabe expresarse lo hace mejor en mi idioma.
Zeus va a responderle en español también, pero le pido que lo haga en su idioma. Necesito que Aidan no se acomode.
―¿Tú quieres que vaya?
―¡Síííí! ―chilla Aidan en inglés.
Una sonrisa enorme le abre la boca a mi pequeñajo, enseñando los dientecillos, y en un arrebato de felicidad abraza la cabeza de Zeus, estrujándolo.
Empieza a saltar en sus piernas, es imposible que aguante la risa al ver la paliza de abrazos, besos y tirones de pelo que le está dando.
Es una imagen tan tierna que me muero de amor.