Capítulo 21 #2
—Lo siento, honey . Las cosas no tendrían que haber salido así. Lo siento, lo siento.
Su voz ahogada me cosquillea encima del pelo.
Me muevo entre sus brazos y consigo sentarme en su regazo.
Sin mediar palabras le cojo la cara y lo beso como llevo queriendo hacer tanto tiempo.
Le demuestro cuánto lo he echado de menos, cuánto lo quiero aún.
Terminamos de desvestirnos entre caricias, entre susurros que me roban el alma.
Las manos de Zeus se aferran a mi cintura y hundo los dedos en su pelo, pero, antes de que me dé cuenta entrelaza nuestros dedos y se fija en el anular.
Un destello le cruza la mirada y algo primitivo se apodera de él.
De pronto, me levanta para deslizarme por su erección con una lentitud casi dolorosa.
—Di mi nombre.
Su voz es apenas un susurro, pero está cargada de deseo y excitación. No lo dudo ni un segundo y obedezco, consiguiendo que me embista con fuerza desde abajo sin darme tiempo a acostumbrarme a su grosor ni a su largura. Gimo con cada empuje, con cada lametón de su tibia lengua en mis pezones.
—Siempre has sido mía, nena.
—Zeus, sí…
Me captura los labios en un beso lascivo, intenso y húmedo que me lleva al borde del abismo. Como no me suelta la mano, tengo que aferrarme a sus hombros con la que me queda libre.
—Llevas nuestro anillo de compromiso tatuado en el dedo —gruñe rodeándome con el brazo libre.
Me muerde un pecho haciéndome suspirar—.
Tienes mi nombre en tus costillas. —Asiento, muerta de deseo, con los inicios de un orgasmo devastador subiéndome por los pies.
Me succiona el otro pecho—. Y ahora voy a volver a marcarte, cariño.
Grito de placer y, aunque ha intentado amortiguarlo con besos, se oye.
De pronto, recuerdo que no hemos usado protección, pero confío en él, jamás me pondría en peligro.
Después, suelta mi mano solo para enredarla en mi cabello y tira de él para que lo mire, para que me pierda en la oscuridad y el amor de sus ojos.
Le cojo el cuello para sujetarme y me relajo al máximo contra su cuerpo, con las embestidas, los mordiscos y los juramentos lascivos que me profesa hasta que no puedo más y me dejo llevar por el momento.
Me tenso de pies a cabeza una milésima de segundos antes de explotar en el mayor placer.
Zeus me besa, sin dejar de moverse, de llevarme al límite, de arrancarme jadeos ahogados hasta que maldice. Siento su calor derramarse en mi interior, sus dedos me aprietan los costados y la sensación es increíble, por fin vuelvo a sentirme yo misma.
***
A la mañana siguiente, cuando consigo salir de la cama de Zeus —debo reconocer que no me he resistido demasiado—, nos juntamos de nuevo en el jardín trasero después del desayuno. Marc está enfadado y todo por culpa de Jess, la más víbora de todas.
—Solo es un rollo, no pinta nada aquí —responde Maddie cuando Jess le pregunta por qué no ha traído a su nuevo amigo.
—Nada nuevo, uno más a tu larga lista de escarceos.
Nuestras cabezas se giran como a cámara lenta hacia Marc y observamos cómo la ira baña sus bonitos ojos avellana.
—¿Qué has dicho? —murmura Maddie con la voz envenenada.
—Estoy hasta los huevos de oír que te tiras a todos los que se te acercan. Madura de una vez.
Ahogo un jadeo, hundiéndome entre las piernas de Zeus que está sentado detrás de mí en la tumbona.
Después de lo de anoche, no quería volver a actuar como si nada.
Somos adultos y, pese a que acabo de separarme, quiero ser feliz.
Y no puedo serlo en otro sitio que no sea entre los brazos de Zeus, al que, por cierto, le suena el teléfono por tercera vez.
—Es una pena que tengas que estar llamando mi atención constantemente, Marc. Supérame, joder.
Maddison se levanta y se va al interior de la casa, seguida por Amber que deja a su marido en la tumbona.
La escena llama mi atención y la desvío por completo del tecleo de Zeus en su móvil.
Me levanto de un salto. Adoro a Marc, ha conseguido encontrar un pedacito de mi corazón solo para él, pero no puedo pasar por alto que se ha pasado con sus palabras.
Zeus me acaricia el muslo y bajo la mirada, por fin ha soltado el teléfono.
—Ahora vuelvo.
Asiente sin decir nada y me marcho con mi amiga.
Jess viene detrás. Subimos las escaleras y las encontramos en el dormitorio de Amber.
Maddie llora desconsolada, Marc sigue siendo su debilidad y, pese a que se esfuerza sobremanera en olvidarse de él, sigue afectándole.
Jessica y yo nos sentamos en la cama y nos dedicamos en cuerpo y alma a apoyarla e intentar animarla.
***
Tras pasar las chicas unas cuantas horas a solas, Malcolm nos interrumpió y nos planteó ir a almorzar al pueblo.
Maddie aceptó, necesitaba salir un rato.
Por eso ahora estamos sentados en la terraza de un restaurante con vistas al lago después de un almuerzo con un final mucho menos sangriento del que me esperaba, teniendo en cuenta la retahíla de insultos de los que se ha desprendido Maddie hacia Marc durante el tiempo que hemos estado en el dormitorio de Amber, y de las miraditas de Jess.
Aunque hace calor, se está muy bien aquí. Echo un vistazo hacia los niños y a Samantha, que los supervisa, y no puedo evitar echar de menos a mi hijo. Sé que le gusta estar con sus abuelos, pero también le habría encantado pasar estos días con sus primos en la piscina. Suspiro, un poco triste.
—¿Qué te pasa? —Su voz se cuela como una melodía en mi oído.
Zeus está sentado a mi lado y nada puede hacer que se aparte. Intenta tocarme todo el rato, como ahora, que tiene el brazo en el respaldo de mi silla y me acaricia el hombro con los dedos.
—Echo de menos a Aidan.
—Oye… —Se inclina hacia mí para que lo mire, su rostro es muy dulce cuando me habla—. Podemos traerlo cuando quieras.
Parpadeo un momento, olvidándome de las voces de mis amigos al hablar y reír, de los niños a unos metros y del bullicio de los comensales. Solo estamos Zeus y yo y, una vez más, ha hecho que me enamore un poquito más de él. Entonces, su rostro cambia, mostrándome un tinte de lujuria en él.
—Deja de mirarme como si… —Lo beso para interrumpirlo, divertida.
—¿Como si fueses el hombre de mi vida? —digo sobre su boca.
— Honey … —gruñe solo para que yo lo oiga y una sonrisa endemoniadamente sexy le curva los labios antes de besarme.