Siempre Seremos Nosotros (Sempiterno 3) Capítulo 19
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Capítulo 19

Las cosas no han sido nada fáciles esta semana, Jayden me lo ha hecho pasar muy mal con respecto a irme unos días con mis amigos y dejarle a Aidan.

No por el hecho de tener que quedarse con nuestro hijo, sino por irme con Zeus, a quien, por cierto, no veo desde hace varios días porque hemos estados muy ocupados.

La última vez que nos vimos habíamos quedados para tomar unas copas todo el grupo y, en medio de una conversación que empezaba a ponerse íntima, tuvo que marcharse tras recibir una llamada que me dejó con mal sabor de boca.

No le he preguntado de qué iba, creo que si él no me lo ha querido contar será por algo, aunque no es que me tranquilice pensar eso.

He hablado hace un rato con Jayden, aunque se ha llevado al niño hace apenas unas horas, y le he recordado que solo tiene que hacer una llamada si ocurre algo y estaré de vuelta inmediatamente.

Me hubiese gustado llevarme a mi pequeño, pero estos días han coincidido con los que Jayden ha cogido de vacaciones y me ha parecido justo que se lo quede él.

Cuando llega la hora, cojo mi maleta y bajo a la calle, donde me espera un Uber.

De camino al aeropuerto, por un momento tuve la absurda idea de que Zeus se ofrecería para recogerme, pero ya se ve que no.

También llamo a mi abuelo para comprobar que estará bien; por suerte, James se lleva muy bien con él y pasan mucho tiempo juntos.

Me paso todo el camino hablando con Williams hasta que veo el edificio frente a mí y una nueva sensación de alegría me invade por ver otra vez a Zeus.

Cuando llego al hangar, están todos menos él.

Lo esperamos unos minutos hasta que por fin aparece y sonrío encantada de tenerlo delante, pero su comportamiento me hiela la sangre porque casi pasa de largo por mi lado.

Si no fuera por la fugaz sonrisa que me regala diría que no me ha saludado.

Jess me observa desde un lado y hago como que no me he dado cuenta, ahogando la furia de mi interior en lo más hondo de mis pensamientos.

Me obligo a no seguir sus pasos, pero me es imposible y soy consciente de cómo se acerca al piloto para hablar con él.

Poco después, el hombre nos pide que subamos.

Al ver que no va a decirme nada, me siento en un sillón vacío y me abrocho el cinturón, intentando controlar mis emociones.

Si, de repente, quiere hacer como si no nos hubiéramos besado varias veces, así será.

Al fin y al cabo, ¿qué son un puñado de besos?

Cuando el avión despega, como si quisiera volverme loca, Zeus me estudia con atención sentado junto a Marc.

La piel me arde por la intensidad con la que repasa mis piernas desnudas por los shorts vaqueros que llevo.

¿A qué coño está jugando? Para dejar de pensar en él, saco un libro de sopa de letras y me concentro en buscar palabras mientras escucho cómo las chicas hablan del último lío amoroso de Maddie.

—En la cama es un experto y qué músculos tiene —cuchichea Maddison, atrayendo mi mirada.

Echo un vistazo de reojo al asiento al lado de Marc y, luego, me concentro de nuevo en buscar la siguiente palabra.

—Alguien con experiencia en la cama siempre es bienvenido, ¿verdad, Maddie? —apunto.

Levanto la mirada de nuevo y encuentro a Jess sonriéndome de forma malvada antes de inclinarse hacia mí.

—Cuidado con lo que dices. No le ha hecho ni pizca de gracia.

Casi que evito mirar allí, pero tampoco me hace falta, siento el fuego ardiente de sus ojos furiosos sobre mi persona. Cuando, sin poder evitarlo, lo compruebo, un escalofrío me calienta la piel. Pero estoy molesta con él, así que vuelvo a la sopa de letras.

—Me da igual. Un día me come y otro ni me saluda.

Las chicas se sumen en un silencio y maldigo por bocazas. Ellas solo saben que hemos hablado, no que nos hemos liado. Jess es la primera en sorprenderse.

—¿Os habéis acostado?

Cierro los ojos un poco, menos mal que no lo ha preguntado gritando como una desquiciada.

—No, solo nos hemos besado.

—Pues sí que quiere hacer las cosas bien —se queja Amber, sorprendiéndome—. Habíamos hecho una porra, a estas alturas pensamos que ya os habíais acostado.

—¿Disculpa? —pregunto atónita, dejando el bolígrafo sobre el libro.

—Pero no ha servido de nada, todos dijimos que acabaríais en la cama —suelta Maddison, sacando sonrisas a las demás.

—De verdad, no me lo puedo creer —murmuro, volviendo al pasatiempos que tengo en el regazo. Ahora no puedo concentrarme solo de imaginar a Zeus poseyéndome de mil formas a cuáles más placenteras.

***

Afortunadamente el trayecto pasa rápido, aunque, por un momento, necesitaba levantarme e irme para desprenderme de la tensión entre Zeus y yo.

En cuanto bajamos del jet , le envío un mensaje a Jayden, para saber cómo está Aidan.

Le vuelvo a recordar que estaré operativa y le informo de que le llamaré más tarde.

Los coches de alquiler están esperando fuera del aeropuerto, pero, cuando nos repartimos para el viaje, me subo en el que no va Zeus.

Marc es el que conduce y lo oigo silbar cuando tenemos delante la casa en la que volveré a pasar unas vacaciones cuatro años más tarde, y a la que ellos seguro que han venido más veces sin mí. Ese pensamiento me lanza una punzada dolorosa al pecho.

—Nunca me cansaré de este sitio —dice Marc. Sonrío, yo tampoco.

El coche se detiene, nos bajamos y vamos al maletero para sacar nuestras cosas. Me quedo la última y estoy a punto de sacar la maleta cuando su mano se apoya sobre la mía y me detengo. La sensación de su piel me atraviesa.

—¿Te ayudo?

Un calor me recorre la columna. De repente, me molesta. ¿De verdad cree que puede venir a mí siempre que le plazca? Ha sido un capullo todo el viaje, ¡que le den!

—No me hace falta tu ayuda —asevero apartando su mano y sacando yo misma mis cosas—. He estado muy bien este tiempo sin ella, puedo con eso.

Soy consciente de mi frialdad, pero es de la única forma en que me atrevo a afrontarlo.

No me ha gustado su actitud, estaba convencida de que habíamos avanzado, de que empezábamos a…

no sé, joder. Cuando sus ojos se topan con los míos, me doy la vuelta y uno a los demás.

Sé que sigue cada uno de mis movimientos.

Jess me abraza cuando llego hasta ella.

—Estoy muy emocionada de volver, ¡y por fin tú también estás! —Aunque debería estar muy feliz, el comportamiento de Zeus me ha fastidiado los ánimos. Aun así, para que no me acribille a preguntas, fuerzo una sonrisa.

Llega el momento de elegir habitación, así que me alejo un poco de los demás.

Me tomo mi tiempo en observarlo todo, rememorando los viejos tiempos.

Lo bien que lo pasamos años atrás, la vez que los niños y yo corrimos delante de Zeus por aquí, de las caricias a escondidas, los besos, los te quiero …

—¿Dormirás conmigo, no? —Me sobresalto al oír su voz en mi oído. Cuando me vuelvo, me percato de que me he parado en el que es su dormitorio.

No deseo otra cosa, me muero de ganas de pasar las vacaciones con él de esa forma. De que volvamos a ser los mismos del pasado, como si no hubiera un abismo entre nosotros, pero sé que es imposible. Aquella Ava ya ha madurado, tiene un hijo y el corazón roto por su amor verdadero.

Observo con detenimiento a Zeus, a pesar de tener casi cuarenta años sigue igual de fuerte, atractivo y sexy .

Más incluso ahora con el pelo salteado de canas y apenas algunas arrugas de expresión.

Me rompe el corazón haberme perdido todo eso por su culpa.

He sido una tonta al creer que todo podría ser como antes, que podíamos hacer como si nada hubiera pasado, pero está claro que eso no puede ser.

Mucho menos después de su actitud de hoy, ¿es que no ha madurado?

Con una templanza que no siento ni de lejos, afronto su cercanía inesperada.

—No creo que sea buena idea. Me quedaré con Maddie en el dormitorio de tu padre.

Frunce el ceño, en desacuerdo. Pero ¿qué esperaba? Quizá, si no hubiese sido un capullo, ni siquiera me lo habría pensado.

—¿No crees que sea buena idea? —Su tono está cargado de incredulidad. Da varios pasos hasta mí y me acorrala entre su cuerpo y el marco de la puerta. Por suerte, los demás están ahora abajo. Sus ojos me recorren con detenimiento y tanto deseo que me deja sin aire—. Yo creo que es muy buena idea.

—Claro. —Río frustrada por lo que me hace sentir y aparto la mirada antes de lanzarme a sus labios—. Una idea cojonuda para poder follar con alguien.

Lo empujo para que se aparte, con intención de irme, pero sigue ejerciendo presión contra mí. Dios… sus líneas se amoldan a la perfección a mi cuerpo.

—¿A qué viene eso? —Se le tensan los músculos de la cara, pero no deja de analizarme—. Pensaba que estábamos bien.

—¿Bien? He parecido una idiota esperando a que te alegraras de verme después de dos días con mensajes.

—Me agacho entre su cuerpo, sujeto mi maleta y dejo que mis ojos caigan sobre los suyos de nuevo.

El corazón me late a mil por hora. Cojo aire, luchando por no soltar todo lo que siento, todo lo que llevo años reprimiendo.

Me esfuerzo por no dejarme llevar por lo que mi cuerpo me grita, anhelando su contacto, su regreso.

Pero cuando sus dedos tocan mi labio inferior, sé que tengo que apartarme antes de que vuelva a reírse de mí—.

¿Ir bien el qué, Zeus? Si entre nosotros no hay nada.

Sus músculos se ponen rígidos y me doy cuenta de cómo intenta aguantar las ganas de besarme. Puedo parecer una cría, pero estoy agotada de que, incluso después de los años, los secretos sigan haciéndonos daño. Me libera y, añorando su roce, me voy en busca de mi habitación.