Capítulo 7
—¿Qué te pasa? Te noto tenso.
El silencio reina en nuestro espacioso salón mientras se escucha de fondo uno de esos programas de entrevistas a famosos de Hollywood que a mí tanto me gusta.
Bueno, eso y los ronquidos de Cronos, que está tirado en su enorme cama morada con estampado de tortuguitas.
Sonrío por lo bajo al ver su lengua fuera.
Vuelvo a mirar a Jayden, que hasta hace quince minutos quería comerme, pero le ha pasado algo que se me escapa y se ha aparatado enseguida, dejándome casi muda.
Le doy con los dedos del pie derecho en las costillas para llamar su atención.
—No me pasa nada, Ava. No le des tanta importancia.
Parpadeo, colocándome bien la camiseta y espero a que reaccione. Normalmente cuando se ofusca suele arrepentirse, pero esta vez no está siendo así.
—Hombre, algo te ha pasado para que hayas cambiado de actitud tan rápido —digo, perdiendo la paciencia.
Entonces clava sus iris verde bosque en los míos, pero se desvían hasta la zona de mi escote, después a mi mano y, con un vistazo rápido, a mis costillas. Malo, malo, malo. Está apretando los labios y sus ojos arden en esas zonas de mi cuerpo.
—Cada día los soporto menos —bufa.
Se mueve incómodo en el sofá, pero no entiendo muy bien a lo que se refiere. O, más bien, no quiero hacerlo.
—¿Qué quieres decir?
Cuando se gira hacia a mí de nuevo tiene cara de «¿Te ríes de mí?».
—Sabes perfectamente a qué me refiero.
Sí, claro que lo sé. Pero ¿qué hago? Me aguanto las ganas de soltar mi incomodidad en forma de un bufido.
—No puedo deshacerme de ellos, Jayden. —Es lo único que puedo decirle.
Se ríe con amargura y se levanta del sofá como un rayo. Hasta Cronos ha levantado la cabeza unos segundos para observarlo. Empieza a subir las escaleras y desaparece por ellas. Necesita espacio. Pero, de pronto, vuelve al salón y suelta de malísima gana:
—¿Solo de ellos?
Parece histérico y se me instala un mal presentimiento en la boca del estómago. No sé cómo interpretar lo que sea que está pasando por su mente.
—¿Qué quieres decir? —repito, ahora con la voz un poco insegura.
—No me hagas decirlo en voz alta, Ava.
Odio que me hable como si fuese una niña pequeña. Me pongo de pie porque siento que la situación empieza a ponerse fea y estar tumbada en el sofá no es la mejor postura para discutir.
—Pero ¿qué te pasa? Llevan años en mi piel, ¿a qué viene esto?
Me tiemblan las manos, siempre que hablamos del tema me pongo así.
—Mi prometida tiene tatuajes por otro tío. Dime tú cómo debe hacerme sentir verlos.
Aprieta la mandíbula, me mira enfadado y me estremezco al sentir su ira. Lo entiendo, de verdad que sí, pero son parte de mi historia, de mi vida, y no me arrepiento de absolutamente nada de lo que he hecho a lo largo de ella. Y mucho menos de lo que he hecho con Zeus.
—No deberías darle importancia. Es el pasado, no tienen nada que ver con nuestro futuro. Solo somos nosotros tres.
Intento ir hacia él, calmarlo y hacerle ver que somos una familia, pero su mirada ahora me trasmite algo peor que enfado, es una sensación de resentimiento que me asusta.
—Mi puta alianza de matrimonio está sobre la de él.
Sobre esa que no deberías seguir llevando y de la que no podrás deshacerte nunca porque está grabada en tu piel.
—De repente, abre los ojos, sorprendido, y se me corta la respiración.
Se lleva las manos a la cabeza y se tira del pelo, doliéndome en el alma su gesto.
Me acerco a él e intento coger sus manos, pero da un paso hacia atrás—.
¡No me toques! ¡Dios! Tendría que haberme dado cuenta antes.
Asustada porque está gritando y nuestro hijo está durmiendo, susurro en un hilo de voz:
—¿De qué hablas? Jayden, por favor, esto está llegando demasiado lejos.
Se detiene de golpe y con una pena arrastrante me suelta:
—Tú lo has dicho, demasiado lejos hemos llegado.
—Yo no he dicho eso.
Se ríe de forma estrepitosa, como si fuese un viejo investigador que ha descubierto el mensaje encriptado que lleva décadas intentando descifrar.
—Tenía que haberlo visto antes. Lo tenía delante de mis narices todo el maldito tiempo y nunca he querido verlo.
—Me señala con la mano y vocifera—: ¡Si he aguantado los tatuajes es porque te amo, Ava!
Estoy enamorado de ti y por eso nunca he querido decir nada al respecto.
Pero no los quiero en tu piel, no quiero ni rastro de ese cabrón en tu piel.
Sin embargo, sigue estando en todas partes.
El corazón me va a mil por hora, ni siquiera sé por qué está pasando esto.
Los ojos empiezan a picarme por la realidad tan cruda que desprenden sus palabras. No quiero perder a Jayden, es el padre de mi hijo. No puedo hacerle esto a Aidan por culpa del pasado. Sin querer, una lágrima se escapa y recorre mi mejilla.
—No, cielo. Es pasado —insisto.
Me da la espalda, lo hace siempre porque dice que no le gusta mirarme enfadado.
Normalmente se queda así hasta que sus hombros se relajan y se acerca para besarme, pero esta vez es diferente.
Sin girarse del todo, me mira de reojo, levanta el brazo derecho para señalarme, dejándolo caer poco después como si fuese un peso muerto. Ver a Jayden derrotado es terrible.
—Nunca será pasado, mi amor. Lo vuestro nunca lo será. —Cierro los ojos conteniendo mis lágrimas y, cuando los abro, empieza a caminar hacia las escaleras para detenerse en el primer escalón—. Dormiré en la habitación de Aidan.
Al quedarse en silencio el salón, puedo oír el latido de mi corazón.
Asustado, aterrado. Escucho cerrarse la puerta del dormitorio de nuestro pequeño y entonces dejo que las lágrimas caigan.
Me siento en el suelo. Somos adultos, sé el significado de lo que ha ocurrido esta noche y me rompe el corazón.
Lo último que he querido siempre ha sido que Jayden se sintiera así, no quería que descubriera lo que sigue viviendo en mí a pesar de haber luchado con todas mis fuerzas para que no siguiera anclado.
He intentado rehacer mi futuro sin pensar en él , de hecho, siempre he creído que lo conseguiría.
¡Dios, iba a casarme! Pero entonces ha tenido que volver y desarmar mi vida de nuevo.
Lo peor de todo es que Jayden no ha sido el primero en verlo.
No soy capaz de ocultar cómo reacciona mi cuerpo, no he tenido tiempo para poder hacerme a la idea y controlar mis emociones en el momento en que lo tuviera delante.
¿Por qué no ha podido Jayden aguantar un poco más para que pudiéramos seguir como si tal cosa?
«¿De verdad, insensata? ¿Más? Lleva años rodeado de él », me regaño a mí misma.
¿Cómo puedo pensar que no ha aguantado lo suficiente?
Vive con Cronos, su hermana es nuestra amiga, sus sobrinos están creciendo con Aidan como si fueran primos, James sigue presente en nuestras vidas, Marc es uno de nuestros mejores amigos… Jayden ha tenido que pasar un infierno.
—¿Por qué? —me pregunto a mí misma entre lágrimas en un tono no demasiado alto, sintiendo el frío del suelo debajo de mí—. ¿Por qué no puedo olvidarte?