Siempre Seremos Nosotros (Sempiterno 3) Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

Noto la tensión en todo mi ser al tenerlo aquí conmigo, tan cerca que huelo su perfume, tan cerca que veo las canas que ahora salpican su pelo negro, tan cerca que siento el deseo y el anhelo que su cuerpo desprende hacia mí.

No puede estar haciéndome esto. Quiero llorar, quiero dejar que la ansiedad que vive en mi pecho desde entonces salga con las lágrimas y los temblores del llanto. Estoy perdiendo la cabeza.

Aparto la mirada de la suya y, cuando se mueve, intento avanzar hacia la puerta. Al acércame inevitablemente a él para llegar a mi destino, su movimiento me detiene. Ahora está muy cerca, muchísimo más que antes, y su voz se cuela por mis oídos.

—Me alegro de verte.

Estrecho los ojos, si estiro la mano podría tocar la suya, enredar nuestros dedos.

Sería tan fácil como girarme del todo, ponerme de frente y terminar con estos míseros centímetros que nos separan.

Parpadeo cuando le miro los labios. Soy una persona horrible, una prometida horrible.

Aprieto los dientes y hago acopio de las pocas fuerzas que tengo ahora mismo para responderle.

—No puedo decir lo mismo —asevero, cuando en realidad echo chispas por la efusión del momento.

Suelta aire por la nariz en una risa casi irónica y me revuelve el estómago, pero me obligo a ignorarlo dando un paso atrás —dos— y toco el mueble de los lavabos con la espalda.

No puedo permitir que mi reacción le afecte, ¿por qué le importa si me abandonó?

Su mirada es puro hielo negro, está molesto.

—Lo entiendo.

—No es para menos, después de lo que pasó —respondo intentando no parecer inquieta.

Dolida, enfadada, desesperada, enamorada…

Siento tantas cosas cuando se trata de él…

Necesito salir de aquí. Me muevo de nuevo, esta vez pienso salir.

Cuando se da cuenta de mi intención alarga la mano para cogerme del brazo y me tambaleo al intentar evitarlo.

Si me toca… Me aparto como si me quemase y su rostro se endurece.

—¿Qué te crees que haces? —Observo, horrorizada, cómo intenta acercarse más. Respiro hondo, con firmeza—. No, Zeus.

Tanto él como yo nos sorprendemos de la misma manera por lo que he dicho.

Hace demasiado que no pronuncio su nombre en voz alta, al menos no delante de nadie, mucho menos de él.

Hace tiempo lo decía cuando estaba sola, era una forma absurda de sentirlo cerca.

Estoy mirándome el bajo del vestido cuando aparecen las puntas de sus zapatos casi rozando la tela en el suelo.

Levanto la cabeza, si respiro hondo nuestros pechos se tocarían.

Se inclina un poco como si fuese a… ¡Dios!

¿Va a besarme? Su pelo está degradado como cuando lo conocí, aunque algo más largo por la parte de arriba.

Lo suficiente para que mis dedos se enreden cuando…

Me aparto y salgo de la jaula que es su cuerpo y el resto de la estancia. Creo que tengo taquicardia.

—Ni lo pienses, maldita sea —le grito, con la respiración descontrolada—. Déjame salir ahora mismo, no quieras problemas.

—¿Me estás amenazando?

Su semblante sigue igual de desafiante que siempre. Me recorre de arriba abajo con un movimiento de ojos depredador, deseándome, desnudándome con la mirada y no puedo evitar apretar los muslos ante el deseo que me atraviesa.

—Mi prometido está fuera —explico, despejándome la mente de todo lo que quiero hacerle, decirle, preguntarle, suplicarle… Soy patética. Lo señalo con un dedo tembloroso—. No quiero arriesgarme a que nos vea salir de aquí y piense que ha pasado algo que jamás ocurrirá de nuevo.

Ojalá pudiera mandarlo todo a la mierda y tomar lo que realmente quiero. Sin embargo, niego con la cabeza y él asiente.

—No quiero ocasionarte problemas, solo te he seguido para hablar.

Ha pasado mucho tiempo. —Cierro los ojos, tragándome sus dolorosas palabras.

Cuando los abro, su calor me envuelve—. Solo quería saber cómo te va, si tu…

tu prometido te hace feliz. —La palabra en sus labios es desgarradora, jamás creí que Zeus pudiera referirse a otro hombre como mi prometido.

Estaba convencida de que él sería mi marido. Fui demasiado soñadora—. Nosotros…

Me pongo rígida al oírlo y levanto la mano para que se calle de una maldita vez. ¿Es que no tuvo suficiente dejándome atrás, olvidándome, no buscándome? ¡Necesito dejar de temblar como un puñetero flan!

—Nada que se refiera a nosotros es buena idea, un simple cuento de hadas donde ella no es suficiente para él.

Donde ella deja que el pasado sea eso, pasado, donde conoce al hombre que de verdad la hace feliz y forman una familia preciosa.

—Su mandíbula parece acero y se tensa al escucharme.

Ni siquiera sé cómo retengo las lágrimas, ni cómo soy capaz de estar diciendo todas estas mentiras.

Zeus asiente despacio—. Deja que siga con mi vida como llevas haciendo tan bien todos estos años.

Se hace a un lado, así que paso y agarro el pomo de la puerta.

No quiero irme, no quiero volver a la vida en la que él no está.

Bien sabe Dios que lo único que realmente amo de estos últimos cuatro años es a mi hijo, es lo único por lo que estaría dispuesta a arriesgarme a sufrir de nuevo, incluso si eso implicara perder al hombre al que he entregado todo mi ser, pero sigo sin poder superar que ya no forma parte de mí.

Abro el pestillo y giro el pomo cuando siento su aliento rozar mi sien.

—He vuelto para quedarme, honey .

Respiro hondo, con el corazón en carne viva, y abro la puerta para salir de allí sin mirar atrás.