Siempre Seremos Nosotros (Sempiterno 3) Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

Como siempre, Jess y yo vamos juntas hasta casa. Hace un tiempo Dan y ella se compraron una vivienda familiar por la zona, no muy lejos de donde vivo. Así que vamos de camino, cada una sumida en sus pensamientos mientras nos mezclamos con la gente.

—Sabes que irá, ¿verdad? —dice a mi lado, sin aminorar el paso. La ignoro, no pienso hablar de ello. Sin embargo, insiste—. ¿Lo has hablado con Jayden? Sabes que podría armarse una buena como se encuentren en el mismo espacio que tú. Sobre todo por parte de Jayden.

Ni quiero ni pienso responder. Claro que no lo he hablado con Jayden, no hay nada de lo que hablar. No tengo nada que decir con respecto a ese imbécil que decidió abandonarme como me juró mil veces no hacer. Cojo aire mientras noto una tensión agobiante en la garganta.

—Tía, ¿no vas a decir nada? —repite Jess.

Me detengo de tal forma que escucho cómo las personas que venían detrás se quejan por mi repentina decisión, pero me da igual, estoy de los nervios en este momento. Me pego a Jess.

—¿Qué quieres que te diga? No he hablado con Jayden porque lo veo innecesario. Yo voy con mi prometido y él que vaya con quien tenga que hacerlo.

Odio lo que me hace sentir cuando solo es un recuerdo en mi mente. Odio que siga en mi cabeza.

—Irá solo. —Resopla y me mira muy de cerca—. No sale con nadie. De hecho, creo que no ha vuelto a tener una relación desde…

—¡Basta! —suelto un quejido tan lastimero que resulta ridículo a estas alturas. ¿Qué coño me pasa?—. Me da igual. Me da igual todo lo que tenga que ver con él. Entiendo que vosotros mantengáis el contacto, pero no quiero saber nada sobre él. No me importa.

—No digas gilipolleces y reconócelo de una vez.

Los ojos de mi amiga están más vivos que nunca, siempre hace lo mismo. Me lleva al límite, me trae de nuevo los recuerdos, me nombra cosas que provocan en mí emociones indebidas. Siempre está poniéndome a prueba.

—¿Qué quieres que reconozca, Jessica? —pregunto en un tono más alto de la cuenta. Tengo el corazón alteradísimo.

Jessica respira con fuerza, alterada por la situación.

Parece molesta porque no le digo lo que quiere escuchar, eso que yo también me muero por decir en voz alta, pero que no haré nunca.

Me toco la cadena en mi cuello, sintiendo cómo el oro blanco, donde una tiempo su inicial estuvo junto a la mía, me quema la yema de los dedos.

Mi amiga clava la mirada sobre mi dedo anular, donde el anillo de compromiso de Jayden tapa el tatuaje que me hice hace cuatro años.

No me arrepiento de haberlo hecho, pero me sentí desleal cuando Jayden se arrodilló delante de todos, en el primer cumpleaños de nuestro hijo, y tuvo que poner su anillo sobre el tatuaje de mi alianza con... Me trago mis palabras. Fue dolorosa la mirada de Jayden, me dolió muchísimo hacerle eso.

Jess da un paso hacia mí.

—Asume de una puta vez que no eres feliz, Ava.

Que no estás a gusto con la vida que te empeñas en mostrarnos a todos.

Ya bien sea por Zeus o por ti misma, pero sal de esa relación.

—Sus palabras me escuecen como la sal en una herida abierta—.

Reconoce que si fuera por ti no seguirías con Jayden porque, aunque sea un padrazo y un tío cojonudo, no es tu alma gemela.

No sé qué me duele más, si sus palabras o que haya dicho su nombre en voz alta.

No lo sé, pero algo me presiona los hombros, me oprime.

Cada vez que hablamos de este tema termino comiéndome la cabeza y no creo que sea justo para nadie.

Mucho menos para Jayden, no se merece mis dudas ni mis remordimientos. Ha estado ahí para mí siempre.

—Así que ahora sabes mejor que yo lo que necesito y me hace feliz.

Jess chasquea la lengua y retomo la caminata. No me apetece hablar.

—Faltaría más. —Se queda unos segundos en silencio—.

Hace más de veinte años que somos amigas.

Sé que no estás enamorada de tu prometido y que piensas que le debes algo, pero no es así.

—Vuelvo a detenerme. No quiero seguir con esto.

Jess llega a mi altura y se coloca delante de mí; no hago nada, solo la observo sin moverme—.

Lo último que deseo es que seas infeliz.

No puedo continuar viendo como interpretas un papel que no mereces.

Tú eres salvaje, soñadora, te encanta enfrentarte constantemente a la incertidumbre de qué te deparará la vida.

Hace mucho tiempo que has perdido ese brillo.

No articulo ni una palabra, sé que podría llorar si lo hago.

—Déjame decirte que no pasa nada si crees que te has equivocado, si tu pareja no te hace feliz o si quieres separarte. —Se me estremece el cuerpo al oírla y me aprieta los brazos con las manos—. No vas a estar sola. Jayden no te hace feliz, no te hace brillar de emoción, de deseo, de anticipación.

No puedo responderle porque, si lo hago, lloraré como una magdalena, y ella respeta mi silencio. Me como la cabeza con toda la charla hasta la entrada del altísimo edificio en el que vivo. En la puerta, nos abrazamos para despedirnos. Ya no insiste, no me presiona para que diga algo al respecto.

—Hasta mañana, bonita. Te quiero mucho.

—Yo también te quiero, Jess.

En cuanto entro en el ascensor, meto la llave del ático.

Mi cabeza no deja de darle vueltas a la fiesta de mañana y a todo lo que me ha dicho Jessica.

De repente, creo que debería haberlo hablado con Jayden, pero no quiero que crea que estoy dándole importancia.

Por eso, una vez más, me centro en que no es justo para él que dedique ni un segundo a pensar en el causante de todo mi dolor; así que decido no darle más vueltas al tema y, cuando las puertas del ascensor se abren, voy directa a mi familia. Tengo que olvidarme del pasado.