Siempre Seremos Nosotros (Sempiterno 3) Capítulo 3
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Capítulo 3

Hoy hemos venido a la boutique para probarnos la ropa del evento, pues teníamos cita.

Como siempre que venimos, nos atiende Sharon en exclusiva y deja a una dependienta a disponibilidad de otros clientes.

Nos acompaña a la zona de vestuarios privados y nos invita a entrar.

Igual que otras veces, un carrito con botellas de agua y champán en una cubitera nos espera dentro, junto al perchero con la ropa que le hemos encargado.

—¡Tres copitas bien cargadas! —exclama Jess.

Soltamos una carcajada y dejamos nuestras pertenencias sobre uno de los sillones caros que hay a mi lado. Aceptamos la copa que nos entrega Jess a cada una, ella coge una botellita de agua y brindamos por nosotras antes de dar el primer sorbito.

—Exquisito —observa Madison al probarlo y coge la percha del carro donde está colgado el precioso vestido negro que ha elegido.

Mientras ella entra primero a probarse el vestido, las demás revisamos nuestras prendas y nos quedamos charlando hasta que la cortina del probador se abre y la vemos con un vestido negro de seda, con tirantes de pedrería y un escote cuadrado que cae sobre sus pechos.

Le queda increíble. Maddison se mueve como haría una modelo y vuelve dentro para cambiarse. La siguiente es Amber.

—Te queda genial —Jess aplaude.

El traje rosa le queda ideal, lleva la chaqueta abierta y un chaleco del mismo color le realza el escote y marca su cintura.

Recorro con la mirada sus facciones, aferrándome a esa forma de sonreír y de afinar los ojos al mirar.

Tomo aire, tengo que controlarme y dejar de buscarlo en su hermana.

¡Me voy a casar con Jayden, por el amor de Dios!

—Creo que el plateado te iría genial. —Escucho que le dice Maddie, enseñándole unos complementos que nos han dejado hace un momento.

—Tenemos toda la tarde para decidirlo —intervengo, intentando despejar la mente.

Cuando Amber se cambia de nuevo, entra Jessica.

Minutos después, en los que nosotras hemos hablado de trabajo al interesarnos por el de la peque, sale del probador.

Está realmente guapa con el vestido camisero de cuero que lleva y tan bien se ajusta a su cuerpo, los botones que decoran la parte del pecho ofrecen un bonito escote.

—¡Guau! —gritamos las tres al unísono cuando la vemos.

—Vamos, Ava, pruébate ese vestido azul —me anima Amber.

Entro en el probador mientras las escucho hablar y reír.

Me quito la ropa y, al ponerme el vestido suave y ligero, me observo en el espejo durante unos segundos.

El recuerdo demasiado nítido con Zeus en aquel probador, hace ya tantos años, me coge de sorpresa, robándome el aliento y disparando las pulsaciones de mi corazón.

Me paso las manos temblorosas por el pelo para tranquilizarme.

Las imágenes se vuelven tan claras hasta el punto de creer que podría ser real.

Cojo aire, lo expulso y salgo para que me vean con la esperanza de que no noten nada.

—¡Di-vi-na! —Aplaude Jessica.

—Estás preciosa.

Maddie me inspecciona de arriba abajo y Amber se levanta para tocar la tela.

El vestido tiene una sola manga larga, es ajustado a mis curvas y cae hasta el suelo abriéndose en mi pierna izquierda.

Me miro al espejo y me gusto. La verdad es que el vestido realza mi cuerpo y el azul hace un contraste precioso con el negro de mi pelo.

Con una sonrisa cómplice en los labios bebemos de nuestras copas y vuelvo al probador para ponerme de nuevo mi ropa.

Al salir, las encuentro bailando Aeropuerto de Camilo, que suena por el altavoz que la alocada de mi amiga Jess se ha traído a escondidas.

Ella sabe que esta canción, aunque es movidita, me eriza la piel sin poder evitarlo y por eso está sonriéndome como una psicópata mientras baila.

—¡Vale, vale! Creo que voy a dejar de dar vueltas antes de que me caiga contra esta moqueta ultrasuave y aparentemente cara. —Jess nos hace reír a todas.

Sharon aparece al rato, cuando estamos más calmadas y nos enfocamos en los accesorios. Mete una segunda botella de champán en la cubitera, la última, y nos deja solas otra vez.

—Pienso comprarme una de estas botellas.

—Maddie —le dice Amber—. ¿Has cambiado a los hombres por el vino?

Ella hace un gesto con los hombros al tiempo que le da otro sorbo a la burbujeante bebida.

—Es que es mejor. Te hace divertirte, te calienta y sabe exquisito. Pocos hombres me hacen sentir estas tres cosas a la vez, como mucho llegan a divertirme alguna vez.

Todas soltamos una risita.

—¿Dónde está la peque de veinticinco años tan callada? —pregunta Amber haciéndose la sorprendida y parpadea con gracia.

—Chica, se quedó en la recepción del edificio hace años —responde la más joven del grupo y las demás soltamos unas carcajadas.

Pasamos una tarde increíble con la cháchara y los cotilleos. Nos hacía mucha falta, entre el trabajo y los problemas que cada una lidiamos, apenas podemos reunirnos de esta forma.

***

Unas horas después, cargadas con bolsas y sin dejar de reír, llegamos a una terracita que nos llama la atención de inmediato.

Cuando nos sentamos, aunque está bastante concurrida, el camarero no tarda mucho en llegar a nuestra mesa para apuntar nuestro pedido.

Después, nos enfocamos en el tema de conversación que siempre acaba siendo el foco de entretenimiento en nuestras reuniones: sexo y hombres.

—Hace dos fines de semanas, cuando fuimos a Seattle para una boda, conocí a George. Altísimo, moreno, ojazos oscuros y un torso que era digno de ver. —Maddie cierra los ojos, disfrutando del recuerdo, y luego fabrica una sonrisa—. Solo diré: ¡Colosal!

Nos reímos por su efusividad y, sin poder evitarlo, pienso en ese George de Seattle.

Todos los hombres que Maddison ha conocido desde hace años —justamente desde que la hicieron fija en Golden Petals, donde ella es la jefa de equipo de todo lo relacionado con decoraciones florares y cuyo puesto la hace viajar constantemente— son morenos, no muy ejercitados y sumamente sonrientes.

Ninguno rubio, grande o serio. Ninguno como Marc.

—Malcolm sigue siendo increíble en la cama. Pasan los años y cada vez es más fogoso —confiesa Amber, perdidamente enamorada.

Pienso en mi relación. Nuestro sexo es normal… es un hombre atento, cálido, pero no muy amante de la innovación en la cama. Nada tiene que ver con… «¡Dios, basta!».

—Nosotros seguimos en nuestra línea —murmuro, cuando me doy cuenta de que las tres me miran. Es un tema latente en el grupo—. Disfrutamos como siempre.

Jessica clava sus impresionantes ojos en mí.

Jayden le cae bien, se llevan de escándalo y hay muy buen rollo entre ellos; pero ella conoce todos mis sentimientos guardados, mis pensamientos, lo que anhelo.

Y sé que no está de acuerdo conmigo en cómo estoy haciendo las cosas.

En realidad, ninguna lo está y eso hace que casi siempre yo sea el otro tema de conversación en nuestras reuniones.

—Siempre que hablamos de esto tienes la misma respuesta. ¿La relación sexual con tu prometido se basa en meter y sacar? —me chincha Jess, dice que es como una especie de terapia. Yo creo que está como una regadera.

Me escondo detrás de la taza donde me estoy tomando el té caliente, no sé qué responderle porque, literalmente, eso justo es lo que nos define a Jayden y a mí en la cama. Por no innovar, no lo hemos hecho ni sobre la encimera de la cocina.

—No —miento y le doy un sorbo a mi té.

Las miradas de las chicas me juzgan porque conocen de sobra el temita. Las tres son mis confidentes, aunque a Jess y Maddie les cuento cosas que Amber no puede saber.

—¿Ni siquiera cambiáis de postura? —me sorprende Amber, con media sonrisa en los labios que me crispa todo el cuerpo.

—Por supuesto. —Ahora no miento. Solemos intercambiarnos uno arriba y otro abajo. Eso es variar de postura, ¿no?

—No sirve cambiar de arriba abajo.

Maddie asiente ante las palabras de Jess y aprieto los labios, es como si me leyese la mente.

—Bueno, pues a mí me gusta. ¿De acuerdo? No voy a cambiar a mi prometido porque mi sexo sea menos innovador que el vuestro.

—Nadie ha dicho que…

Miro a Jess de alguna forma que la hace dejar la frase a medias, pero para que quede bien claro insisto:

—Se acabó el tema.

Inmediatamente, cambian de tema.

—¿Creéis que conseguirá reunir mucho dinero? —se interesa Maddie, que se ha encargado de la decoración donde se realizará el evento.

—Por supuesto, Crystal conoce a mucha gente. Es increíble que de trabajar en el Vitality haya pasado a fundar su clínica privada.

El nombre del hospital me pone los pelos de punta.

No he vuelto a ir desde la última vez que estuve allí.

Intento evitar pensar en nada que tenga que ver con él y me centro en la clínica de Crystal.

Es bastante conocida ya después de tres años haciéndose hueco en el mundo de la Medicina tras la mancha que dejó su padre sobre el apellido Lewis.

Obstetrics and Gynecology Medical Clinic —también conocida como OGMC— se centra en la importancia de la salud de la mujer durante el embarazo, el parto y después de este.

También en la ginecología en general. Crystal ha reunido a un gran equipo médico y tiene a algunos de los mejores especialistas.

—La verdad es que sí. Crystal ha cambiado mucho.

La voz de Amber me trae de vuelta de mis pensamientos y le doy la razón.

Ella ha notado el cambio mejor que ninguna, porque la conoce desde mucho antes que nosotras.

Al volver a sumergirme en el odioso pasado, pongo los ojos en blanco sin poder evitarlo y las chicas lo notan.

Cuando veo la reacción en sus rostros, me regaño mentalmente. Tengo que superarlo.

—¿Y esa cara? —pregunta Jess.

—Sí, ¿porque has puesto los ojos en blanco? —insiste Maddie.

—Dios, ¿podemos concentrarnos en la fiesta de mañana? —me quejo.

Miro a Amber, por si ella también tiene algo que objetar, pero aparta la mirada. No suele inmiscuirse en temas Crystal/Vitality/Innombrable.

***