Chapter 2 #9
—No tenía nada mejor que hacer.
Se mantuvieron la mirada por unos instantes, en silencio, sumidos en sus recuerdos, en lo que podía haber sido y no fue.
Jeff apretó los labios. Leslie asintió rompiendo la intimidad del momento.
—Ya es casi la hora de comer. Tus padres se estarán preguntando por qué no has vuelto.
—Bueno, sabían que iba a pasar por aquí. Habrán supuesto que me he quedado contigo.
Volvieron a sostener su mirada. ¿Qué les impedía estar juntos? Solo debían acercarse un paso más, un poco más, rozarse las manos, buscarse la boca… Ambos recordaron sus razones. Todo había acabado, incluso antes de empezar.
—Será mejor que me vaya —aceptó Jeff, incómodo.
No podía estar comprometido con Trixie mientras estuviera sintiendo lo que sentía por Leslie.
¿Por qué había aparecido justo en ese momento?
¿Para evitarle un error que podría marcarle la vida?
Tenía que hablar otra vez con Trixie y dejarle más claro todavía que no iba a casarse con ella.
Lo hacía por ser honesto consigo mismo, pero también por ella que merecía un hombre que la amase y la hiciera feliz.
Leslie lo siguió con la mirada. ¿Por qué todavía le afectaba tanto estar con él? ¿Sería capaz de pasar todo un año esquivando esa atracción que sentía y que iba más allá de lo físico? Por lo visto, no, se lamentó.
El cajón se resistió al principio. Bryan tiró un poco más fuerte, frunciendo el ceño, hasta que finalmente cedió con un leve golpe seco. El sonido resonó en la pequeña oficina trasera de la cafetería.
—Genial… —murmuró—. Otro trasto viejo.
Estaba buscando unos papeles que su madre le había pedido, algo relacionado con los permisos. No encontraba nada.
Removió carpetas, facturas antiguas, recibos… hasta que encontró un sobre amarillento, más gastado que el resto de los documentos que había allí. No tenía etiqueta. Lo abrió casi sin pensar.
Dentro había una fotografía. Era antigua. Se notaba en los bordes y en el tono ligeramente apagado de los colores. Bryan la sacó con cuidado, por miedo a romperla.
En la imagen aparecía su madre, mucho más joven, con un vestido de fiesta de color claro, sonriendo de una forma que él no le había visto nunca.
Y a su lado… Bryan sintió cómo algo se tensaba en su estómago.
Parecía que fuera él, pero, por lógica, era imposible.
Lo miró más detenidamente. ¿Era Jeff? No podía ser cierto.
Su madre nunca le había hablado de su padre. Si alguna vez, cuando era muy pequeño, le había preguntado por él, ella siempre le decía que se había ido. Sin embargo, esa foto, ese parecido…
Acercó la foto a la luz. No había duda. Era Jeff. Más joven, sí, pero inconfundible. La puerta se abrió detrás de él.
—¿Has encontrado los papeles?
Bryan no se giró de inmediato. Seguía mirando la foto.
—¿Bryan?
Se dio la vuelta despacio, con la foto aún en la mano.
—¿Quién es? —preguntó confundido.
Leslie se quedó quieta al ver su expresión y lo que tenía en la mano. El color desapareció de su rostro. ¿Qué hacía esa foto allí? No le gustó la mirada desconfiada y confusa de su hijo. Había crecido muy bien sin necesidad de saber quién era su padre.
—Bryan… yo…
—¿Quién es? —repitió él, más firme.
—Esa foto es de hace tiempo —respondió Leslie intentando mantener la calma.
Bryan soltó una risa corta, incrédula.
—¿De hace tiempo?
Levantó la foto, mostrándosela. Leslie no necesitaba verla para saber que era una foto del día de su graduación, la noche en la que lo habían concebido.
—¿Te vuelvo a preguntar quién es él o no hace falta?
Leslie no respondió. La angustia había anudado su garganta, impidiéndola hablar.
—Es Jeff —continuó Bryan—. No soy idiota.
—Lo sé.
—Entonces no me trates como si lo fuera.
Leslie dio un paso hacia él.
—Escúchame.
—No —retrocedió Bryan—. Escúchame tú a mí.
—Es él, ¿verdad? Es mi padre.
Leslie contuvo la respiración. Sintió que su corazón se rasgaba a cámara lenta. No había pensado en que Bryan descubriría la verdad. Era demasiado tarde. Ya no podía evitarlo. Respiró profundamente. Ese día tenía que llegar y había llegado.
—Sí. Jeff es tu padre.
Bryan se quedó inmóvil. Se pasó una mano por el pelo, dando un paso atrás.
—¿Y no pensabas decírmelo?
—Quería hacerlo… algún día.
—¿Cuándo?
Leslie intentó acercarse. Sentía el corazón en un puño. Bryan retrocedió dos pasos poniendo más distancia entre ellos.
—¿Por eso viene tanto o no lo sabe? Por tu cara veo que tampoco se lo dijiste a él. Qué bien. No soy el único que no sabía nada —explotó.
—Nunca se lo dije —le confirmó en un susurro con voz temblorosa. Y tampoco quería decírselo. No tan pronto.
Bryan se quedó quieto. El silencio que siguió fue aún peor.
—¿No se lo dijiste?
—No pude.
—¿No pudiste o no quisiste?
La pregunta le dolió. ¿Cómo explicarle lo que sentía entonces? ¿Las decisiones que tomó cuando tenía los mismos años que él en ese momento? Era una cría.
—Bryan, yo…
—Así que él no sabe que yo existo… —murmuró, más para sí mismo que para ella. Sus ojos se endurecieron poco a poco—. Genial.
—No es genial.
—No —replicó él con ironía, manteniéndole la mirada—. No lo es.
Apretó la foto con fuerza.
—Porque ahora resulta que tengo un padre que ni siquiera sabe que lo es. No es que él te hubiera abandonado, es que ni se lo dijiste. No le diste opción de… de… de que se hiciera cargo de mí.
Leslie sintió un nudo en la garganta. ¿Cómo justificarse sin parecer una egoísta?
—No tenía otra salida.
Bryan negó con la cabeza.
—No. Te fuiste de aquí. Me alejaste de mi padre sin pensar en mí, ni en él.
Las palabras fueron como un golpe en la boca del estómago.
¿Qué podía haber hecho? ¿Quedarse? ¿Suplicar a su abuelo que no la echara de casa?
¿Rogar a Jeff que dejara a Trixie, que no la engañara...
que la amara como decía que hacía? Ni entonces ni en ese momento mendigaría cariño.
Había salido adelante sola y se sentía orgullosa de ello.
—Bryan…
—No —dijo él, retrocediendo hacia la puerta—. No te acerques.
—Déjame explicarme.
—Ahora no.
Abrió la puerta y sin añadir nada más, salió dejando a Leslie sumida en una desgarradora angustia.
¿Por qué su abuelo guardaba esa foto? ¿Por qué no había pensado que Bryan averiguaría quién era su padre?
Eran demasiado parecidos. ¿Por qué se sentía tan mal?
Había sido cuestión de supervivencia. Debía explicárselo.
Ella era poco más que una niña. ¿Lo entendería?
Lágrimas de dolor y de impotencia empezaron a rodar por sus mejillas. Se las secó con rabia. Lo había hecho de la mejor manera que había sabido, pero no se podía huir de las consecuencias, aceptó.
La mañana siguiente había empezado muy mal.
Leslie no había podido conciliar el sueño por la noche.
Bryan había llegado tarde. No había querido hablar con ella, ni escucharla al respecto de lo que pudiera decirle.
Se sentía agotada física y emocionalmente.
Se había duchado muy pronto y había llegado temprano a la cafetería.
Se aseguró de que no hubiera entrado nadie, de que funcionara el sistema eléctrico y, buscando cierta tranquilidad, encendió la cafetera. No sabía cuándo abriría definitivamente, pero inundaría la cafetería y su tramo de la calle de aroma a café y a repostería recién horneada.
Se mantendría entretenida para no dar vueltas a la cabeza.
Tenía una lista de tareas pendientes perfectamente organizada en una libreta nueva: revisar café, leche y azúcar, preparar bollería del día, colocar servilletas, comprobar productos de limpieza…
Todo calculado al detalle. Todo preparado para que, por fin, el sueño de tener su propia cafetería, aunque fuera en Polson, se hiciera real.
Solo tenía que dejar de pensar en Bryan y en esa conversación pendiente, suspiró.
Jeff no tardó en presentarse frente a la puerta, esperando que ella le abriera. Quería verla. Lo necesitaba, reconoció. La noche anterior había vuelto a hablar con Trixie. Parecía que le habían quedado las cosas claras y la relación se había roto definitivamente.
Después de la colección de insultos e improperios que habían salido por su boca, y que no esperaba, le había dicho que no volvería con él cuando Leslie se fuera.
Él aceptó. Después de ver su reacción, le había quedado claro que no era la mujer con la que quería pasar el resto de su vida.
Prefería estar solo. Sería Leslie o ninguna.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó cuando fue a abrirle la puerta. ¿Habría ido Bryan a pedirle explicaciones? No tenía ganas de hablar con él ni con nadie.
—Pasaba por… No, no es cierto —reconoció tranquilo con una media sonrisa relajada—. Quería asegurarme de que nadie hubiera entrado y de que todo estaba bien. Vaya, no llevas buena cara. ¿Ha pasado algo?
Leslie negó con la cabeza, agradecida por su preocupación, mientras lo invitaba a entrar. No iba a contarle nada, de momento. Aunque si en los pocos días que llevaban allí, Bryan lo había descubierto, sería solo cuestión de tiempo que Jeff también lo hiciera.
Se había quedado para llevar la cafetería y resolver su situación económica, pero la personal parecía que se iba por el desagüe.
—Estaba preparando café…
El sonido de su teléfono móvil la interrumpió. Lo miró extrañada. No esperaba ninguna notificación a esas horas. Frunció el ceño. Tenía tres mensajes nuevos. Los abrió sin pensar demasiado.
El primero era del proveedor de café. «Lamentamos informarle que no podremos realizar la entrega de hoy por un error logístico en el reparto.»
Leslie parpadeó aturdida.
—Vaya… —murmuró ligeramente frustrada.
Jeff levantó la vista.
—¿Qué pasa?
Ella le enseñó la pantalla. Jeff se encogió de hombros. No se podía hacer nada al respecto más que aceptarlo.
Leslie ya estaba leyendo el segundo mensaje, recibido esta vez, del proveedor de la leche. «Problema en almacén. Entrega aplazada a mañana.»
—Pero…
Leslie apretó los labios. ¿El café y la leche? ¿Los dos se retrasaban? ¿Era una broma?