Siempre fuiste tú (Hermanas Maxwell 4) Chapter 2 #8
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Chapter 2 #8

—Acabo de comprometerme —le explicó—. Trixie es buena persona. Y creí que eso era suficiente. Que era lo correcto, lo lógico. Y entonces apareces tú —añadió, casi en un susurro—. Como si nada. Como si no hubieran pasado los años. Tan bonita, tan valiente, tan dulce…

Leslie sintió un leve temblor en el pecho, pero lo ignoró. No iba a caer en sus redes, en la tentación de besarle de nuevo, en aceptar su arrepentimiento, aparentemente real. Ella no iba a ser un juguete para nadie.

—Y todo se descolocó —terminó él, abatido—. Todo.

Ella negó lentamente.

—Eso no justifica nada.

—No estoy intentando justificarlo.

—Pues lo parece.

—Estoy intentando explicarlo.

—No necesito explicaciones, Jeff. Necesito límites, saber que esto no va a volver a pasar —le pidió Leslie, seria y firme, obligándose a mantener la calma.

Jeff asintió triste. Sentía el corazón en un puño.

Podía comprenderla, incluso sentir su dolor.

Pero era él el que tenía que dar un paso adelante.

Trixie no era la mujer correcta para él, era ella.

Lo sabía. Cada día lo tenía más claro. Había sido verla y que toda su vida se volviera del revés.

Quizá debería ir más despacio y darle tiempo a Leslie para que se hiciera a la idea de que podía quedarse a vivir allí.

Quizá así podrían continuar donde lo dejaron, incluso mejorarlo todavía más.

—No va a volver a pasar.

Su voz fue firme. Inflexible. No apartó la mirada. Se la mantuvo convencido.

Ella dio un paso atrás, marcando distancia.

Su corazón parecía querer llorar. Le hubiera gustado que él hubiera insistido un poco más, que la hubiera valorado, incluso que le hubiera dicho que la quería y que nunca la había olvidado.

No hubiera cambiado de idea en su postura…

probablemente, pero se hubiera sentido un poco mejor.

Volvía a demostrarle que no era suficiente para él, que era solo una más. Así lo tendría más fácil para mantener la distancia con él, se recriminó, contundente.

—Pero podemos ser amigos —sugirió Jeff.

—No se nos ha dado especialmente bien eso —le respondió. De hecho, nunca lo habían sido.

—Pues tendremos que aprender.

Se mantuvieron la mirada más relajados. Jeff espero su respuesta. No quería que se alejara de él. Quería tenerla cerca, apoyarla, ayudarla y, con el tiempo, convencerla para que se quedara allí y formara una familia con él.

Leslie le miró pensativa. No tenía fuerzas para luchar contra nadie y viendo lo bien que se llevaba con Bryan, era posible que fuera una buena influencia para él… aunque no en tema de mujeres, desde luego.

—Podemos intentarlo —se rindió Leslie.

Jeff la miró fijamente. No quería que la relación fuera tan tensa entre ellos, porque no pensaba dejar de verla.

—¿También la parte en la que fingimos que no pasa nada cuando estamos cerca?

Leslie sostuvo su mirada, extrañada por el brillo burlón que lucía en ella.

—Esa es la parte difícil.

Un leve gesto, casi una sonrisa, se asomó al rostro de Jeff.

—Genial. Solo amigos.

Leslie no apartó la mirada. Asintió en silencio. Solo amigos, se repitió.

Jeff le tendió la mano para sellar el acuerdo. Leslie la aceptó tendiendo la suya. Se mantuvieron la mirada, cómplices. Ambos sabían que había entre los dos mucho más que una simple amistad, que sus manos encajaban a la perfección y que sus besos les encendían el alma.

Les costó soltarse y romper el vínculo que unía su mirada.

—Será mejor que me marche si no me necesitas para nada más —le dijo Jeff.

Leslie asintió. No estaba totalmente convencida de que pudieran mantener las distancias entre ellos, pero, por lo menos, lo intentarían.

A la mañana siguiente, el olor a café recién molido flotaba en el aire, haciéndole recordar a Leslie cuando era adolescente y pasaba las tardes allí. No recordaba que hubiera habido averías o su abuelo siempre solucionaba lo que fuese antes de que ella llegara.

Todo se había apagado de repente. El horno había funcionado solo una vez aquella mañana y no había habido ningún problema hasta una hora antes, y no sabía muy bien cómo actuar al respecto.

La puerta se abrió y, para su sorpresa, Jeff entró con las manos en los bolsillos.

—¿Qué haces aquí, Jeff?

—Pasaba por la calle.

—¿De camino a dónde?

Jeff la miró con una sonrisa burlona. Vivía y trabajaba en el mismo lugar.

Salir de allí era siempre intencionado. Sí, se lo había inventado, pero quería verla.

La noche anterior había discutido con Trixie.

Había intentado dejar la relación, pero ella no parecía querer escucharlo.

Él estaba más que dispuesto a romper. No sabía por qué finalmente, no lo había hecho.

Debería haber sido más rotundo o contundente, pese a sus lágrimas, y razones para no hacerlo.

—Solo quería saber qué tal iba todo.

—No lo sé —le respondió Leslie, abatida—. Las luces se han apagado. No funciona ningún aparato conectado a la corriente —murmuró disgustada mirando el cuadro eléctrico. No sabía ni por qué lo hacía, porque no era capaz de entenderlo—. Solo he usado el horno una vez. Una.

Jeff echó un vistazo rápido sin descubrir el motivo de la avería. No entendía mucho de electricidad, pero sí lo básico como para encontrar una explicación.

—Aunque lo hubieras utilizado más de una vez tampoco debería haberse apagado todo —le comentó Jeff con el móvil en la mano y expresión seria y concentrada—. Voy a llamar a la compañía eléctrica.

Leslie asintió sin mirarlo. Lo podría haber hecho ella, pero agradecía que lo hiciera él. Llevaba tanto tiempo haciendo todo sola que apoyarse en alguien era un respiro que, en ese momento, aceptaba darse.

—Sí… dirección del local… —Jeff hizo una pausa—. No, no ha habido aviso previo de corte ¿verdad?

Leslie negó con la cabeza.

Una pausa hizo que su mandíbula se tensara un poco y la mirara extrañado.

—¿Cómo que no hay ninguna incidencia registrada?

Leslie levantó la vista de inmediato. ¿Qué significaba eso?

Jeff frunció el ceño.

—Entiendo… sí, lo sé. Pero aquí no hay luz desde hace más de una hora y el cuadro eléctrico se supone que está encendido.

Otra pausa. Más larga esta vez.

—De acuerdo. Gracias.

Jeff colgó. Durante unos segundos no dijo nada. Solo se quedó mirando la pantalla apagada del móvil.

—No hay ninguna incidencia —dijo finalmente.

—Pues aquí no funciona nada.

Jeff la miró intranquilo.

—Lo sé.

Leslie cruzó los brazos.

—¿Entonces qué es? ¿Una avería del cableado o del horno… o de otro electrodoméstico conectado a la red?

Jeff no respondió de inmediato. Observó el cuadro eléctrico otra vez. Luego el horno. Después el cableado visible bajo la barra. Todo parecía correcto.

—No parece nada de eso—dijo al fin.

—Entonces, ¿qué puede ser?

Jeff dio un paso hacia el cuadro eléctrico, lo examinó con más atención.

—Habrá que llamar al señor Degrass, el electricista.

—¿El padre de Billy?

—Sí, iba a mi clase. ¿Te acuerdas de él?

Leslie asintió recordando a uno de los jugadores de rugby. ¿Qué chica del instituto no los recordaba? Vivir allí era tan distinto a vivir en la ciudad. Eso quería para Bryan, un lugar donde todos se conocieran y formaran parte de algo más grande que ellos mismos.

—Le llamaré —le dijo buscando su teléfono en la agenda del móvil.

Poco después, el electricista, un hombre de mediana edad, con manos manchadas de grasa y una linterna en el bolsillo de su viejo uniforme azul, revisó el cuadro, abrió conexiones y estuvo un tiempo comprobando cables.

Leslie y Jeff lo observaban desde detrás de la barra.

—No hacía falta que te quedaras —le comentó Leslie, mirándole de reojo, pese a que agradecía su compañía.

—No tengo nada que hacer que no pueda esperar a más tarde.

Leslie le sonrió. Seguía siendo tan atento, y sabía que no solo con ella. Siempre era el brazo en el que cualquiera podía apoyarse.

—Qué raro… —murmuró el señor Degrass.

Jeff dio un paso adelante.

—¿Raro cómo?

El señor Degrass no respondió de inmediato. Se inclinó otra vez sobre el panel, moviendo algunos cables con cuidado.

—No es un fallo típico —dijo por fin—. Alguien ha intervenido los cables.

Leslie sintió que se le tensaba el estómago.

—¿Intervenido? —repitió—. ¿Qué significa eso?

El hombre asintió lentamente.

—Sí. Esto no falla solo así de repente. Hay manipulaciones en la instalación. Pequeñas, pero suficientes para provocar cortes intermitentes.

Jeff entrecerró los ojos.

—¿Estás diciendo que alguien lo ha provocado?

El señor Degrass se encogió de hombros, despreocupado.

—Digo que parece un sabotaje técnico. No una avería. Lo voy a dejar funcionando, pero prestad atención. Nadie tendría por qué acercarse a esto.

Leslie sintió cómo esas palabras se quedaban flotando entre los tres. Jeff se giró hacia ella lentamente. Leslie no supo qué decir.

El señor Degrass guardó sus herramientas poco después.

—Si quieren, puedo revisar toda la instalación a fondo —añadió—. Pero yo aquí no veo un fallo natural.

Leslie miró el horno que había vuelto a encenderse. Luego el cuadro eléctrico ya en correcto funcionamiento y después a Jeff.

—Si ya está todo bien no hace falta —decidió Leslie acompañándole hasta la puerta—. Si vuelve a fallar algo le llamaré.

El hombre asintió convencido.

Cuando se quedaron a solas, Leslie miró a Jeff. ¿Quién lo había hecho? ¿A quién le molestaba que abriera la cafetería? ¿A Trixie? No se la imaginaba entrando a hurtadillas por la noche y amañando los cables. La imaginaba más montando en cólera a plena luz del día y arrancándolos.

—Esto no es normal —comentó en voz baja, volviendo junto a Jeff.

Jeff se encogió de hombros. Sabía que tenía que mantener las distancias con ella y que, probablemente, no debería estar allí, pero le costaba dejarla sola.

—No —respondió él—. No lo es. ¿Alguien más tiene las llaves de este sitio?

—No que yo sepa.

—Y la puerta de atrás no se quedó abierta, ¿no?

—Creo que no. Ahora no sé qué pensar, pero no estaba forzada.

—Estate atenta por si vuelve a pasar.

Leslie asintió preocupada. Quizá fuera solo una broma de mal gusto de no sabía quién y fuera algo puntual.

—Gracias por quedarte conmigo.