Siempre fuiste tú (Hermanas Maxwell 4) Chapter 2 #7
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Chapter 2 #7

¿Quién era? Le resultaba conocida. ¿Trixie?

Frunció el ceño, molesta. Desde luego que era ella.

Culpaba a Jeff de haberla besado mientras estaban juntos.

Era él quien le debía fidelidad, no ella, aunque ella supiera que eran pareja.

Pero aunque la justificara, no le caía bien.

No le gustaba. Siempre la había mirado por encima del hombro, justo como estaba haciendo en ese mismo momento.

—¿Cuándo vas a abrir?

—¿Qué quieres?

—Nada, Leslie. No estés a la defensiva. Solo me preocupo por ti.

Leslie asintió, incrédula. ¿Cuál era el mayor nivel de hipocresía que podía mantener?

—Oh, pues estoy muy bien… Y pretendo abrir en cuanto pueda. Muchas gracias por tu interés.

—Me dijeron que tenías un hijo.

—Sí, así es, Bryan. Ya lo verás cualquier día por aquí.

De hecho, había salido solo hacía un momento a dar una vuelta.

—Por cierto, ¿sabrías hacer una tarta?

—Claro que sí, pero hay una pastelería especializada en…

—Las de la señora Hammer son muy clásicas y me gustaría alguna más moderna y elegante. Voy a casarme, no sé si te habías enterado.

—No, enhorabuena.

—Ah, creí que lo sabías porque como Jeff está todo el tiempo contigo… Pensé que te lo habría dicho.

—No… y no sé por qué Jeff iba a decirme que te casabas.

—Porque él es el novio.

Leslie sintió esas palabras como si le hubiera arrojado un jarro de agua fría. ¿De verdad? Contuvo la respiración y apretó los labios ante el brillo malicioso de su mirada victoriosa y su sonrisa fría y falsa. Trixie estaba disfrutando al compartir la noticia.

¿Jeff iba a casarse con ella? ¿Y por qué la había besado en casa de sus padres? Podría ser cosa del karma ya que ella había participado en el beso, se dijo con ironía, pero no iba a caer tan bajo de decirle lo que había ocurrido dos días antes.

—Espero que seáis muy felices y como comprenderás no voy a hacer la tarta.

—Oh, vaya, seguro que a Jeff le hubiera encantado que la prepararas.

—Probablemente —le respondió con una sonrisa más falsa que la de Trixie.

La siguió con la mirada hasta que desapareció tras la puerta.

La rabia bullía en su interior. Cuando volviera a ver a Jeff, porque tenía claro que volvería a buscarla por una excusa u otra, le diría lo que pensaba de él realmente.

Ahogó las ganas que tenía de gritar de rabia.

Había estado a punto de volver a enamorarse, de volver a caer ante él.

Menos mal que no lo había hecho, que no había olvidado lo sucedido, que no había soñado con un futuro a su lado.

Reprimió la furia que se había apoderado de ella y pugnaba por salir.

No volvería a suceder, se ordenó tajante e inflexible. No.

Esa tarde, el sonido metálico de algo cayendo al suelo resonó en toda la cafetería.

—Genial… —murmuró Bryan, removiéndose incómodo para recoger la llave inglesa que se le había escapado de las manos—. Justo lo que faltaba.

Estaba tumbado medio de lado bajo el fregadero, con una expresión de absoluta concentración… y cero resultados.

—¿Seguro que sabes lo que estás haciendo? —preguntó Leslie desde la barra, cruzada de brazos, sin perder de vista ni uno de sus gestos ni movimientos.

—Totalmente —respondió él sin convencimiento—. Solo… necesito un segundo.

En ese mismo instante, la campanilla de la puerta sonó.

—¿Puedo ayudar en algo? —preguntó Jeff entrando a la cafetería.

Bryan asomó la cabeza desde debajo del fregadero. Desde esa posición no podía verlo.

—Depende —replicó con una mueca.

Los ojos de Leslie se encendieron de repente, comenzando a echar chispas.

Creía que se había tranquilizado. Hubiera jurado que lo había hecho, pero había sido verlo y que todo se le revolviera por dentro.

Estaba Bryan. Debía comportarse, se recriminó apretando los labios para no decirle lo que pensaba en ese mismo momento.

Jeff se acercó mirando a Leslie. Parecía enfadada. Bastante. Después de haber hablado con una celosa y furiosa Trixie, él tampoco estaba en su mejor momento.

—¿Sabes algo de tuberías? —le preguntó Bryan conforme vio que se acercaba a ellos.

Jeff se inclinó ligeramente para observar la situación. ¿El muchacho sabía algo de fontanería? No le daba la impresión.

—Lo suficiente como para saber que eso no va a funcionar.

—Eso es justo lo que quería oír —respondió Bryan, saliendo de debajo con un suspiro—. Todo tuyo.

Leslie dudó un segundo.

—No hace falta que…

—Déjale —interrumpió Bryan, apartándose—. Total, peor no puede quedar.

Jeff esbozó una sonrisa leve y se arrodilló frente al fregadero.

—Pásame la llave.

Bryan se la lanzó sin miramientos. Jeff la atrapó al vuelo.

—No está mal —comentó—. Buen lanzamiento.

—Juego al baloncesto.

—Se nota.

Leslie los observó en silencio. Daba gusto verlos juntos, se dijo muy a su pesar.

Parecía que hubiera una conexión especial entre ellos.

Iba a recriminarle a Jeff que le hubiera mentido cuando ella se había callado que Bryan era su hijo, se ruborizó.

Aunque, una cosa no tenía nada que ver con la otra, se dijo convencida.

Durante unos segundos, el único sonido que se escuchaba era el leve chirrido del metal y el agua goteando.

Bryan se apoyó en la encimera, observando cada movimiento con atención.

—Lo estás girando al revés.

—No.

—Sí.

—No.

—Te digo que sí.

Jeff se detuvo un segundo, alzó la vista hacia él… y sonrió.

—Ven aquí.

Bryan dudó un instante, pero terminó acercándose y agachándose a su lado.

Leslie contuvo la respiración. Era una imagen demasiado impactante.

Padre e hijo sin saber que lo eran. ¿Había hecho bien en ocultarle a Jeff que tenía un hijo?

La había engañado con Trixie, se recordó.

Apretó los labios con fuerza. No estaba muy segura de estar en posición de recriminarle nada.

Sin embargo tenía ganas de gritar y de exigirle respuestas.

¿Por qué la había besado si iba a casarse con otra? ¿Qué clase de hombre hacía eso?

—Mira —le dijo Jeff a Bryan, señalando la pieza—. Si lo giras así, lo aflojas más. Lo que queremos es que ajuste.

Bryan frunció el ceño, observando de cerca.

—Vale… eso tiene sentido.

—Claro que lo tiene.

—Podrías haberlo explicado antes.

—Podrías haber preguntado antes.

Bryan soltó una pequeña risa por lo bajo.

—Tienes respuesta para todo, ¿no?

—No para todo —replicó Jeff—. Pero para esto, sí.

Le pasó la herramienta.

—Prueba tú.

Bryan la tomó, imitando el movimiento. Esta vez, la pieza encajó mejor.

—Vale… —admitió—. Esto ya es otra cosa.

—¿Lo ves?

Sus hombros casi se rozaban mientras trabajaban, concentrados en lo mismo. Leslie los observaba en silencio con el estómago revuelto y cierta culpabilidad a flor de piel.

—Ya está —dijo Bryan al cabo de unos segundos, incorporándose—. Creo que lo he arreglado.

Jeff se levantó y abrió el grifo para comprobarlo.

El agua salió limpia, sin fugas.

—Muy bien —reconoció Jeff.

Bryan sonrió, esta vez sin disimular. A Leslie se le encogió el corazón. ¿Cuándo lo había visto tan satisfecho? Ese gesto le confirmó que, aunque no le gustara aparentemente vivir allí, no se había equivocado al tomar la decisión de quedarse.

—No ha sido para tanto —respondió Bryan con aparente indiferencia.

—No —respondió Jeff—. Pero la próxima vez, empieza por ahí.

—La próxima vez no voy a necesitar ayuda.

—Eso lo veremos.

Se quedaron mirándose un segundo, desafiantes, pero con una media sonrisa compartida.

—Gracias —intervino Leslie, rompiendo el momento, incómoda.

Jeff se limpió las manos con un trapo.

—Para eso estamos.

Pero sus ojos volvieron a Bryan un instante más. ¿Qué años tendría? ¿Nunca había estado por allí? Se le hacía conocido. ¿Y dónde estaba su padre? ¿Cómo se podía ser tan idiota de haber perdido a Leslie y a su hijo?

Bryan también lo miró, con curiosidad, antes de mirar a su madre.

—Iré a dar una vuelta.

Leslie fue a reclamar, pero Bryan la miró burlón.

—Acabo de arreglar un grifo, necesito un descanso.

—¿Un descanso?

—Tengo que acostumbrarme a este lugar —le replicó dejándoles a solas.

Le siguieron con la mirada hasta que salió por la puerta. Entonces, ambos, se miraron a la vez.

—¿Estás comprometido? —preguntó directa Leslie.

Jeff no respondió de inmediato. Sabía que iba a enterarse, que él mismo debería habérselo dicho, pero jamás hubiera imaginado que le costaría tanto arrancársela del corazón.

Ese silencio fue suficiente para Leslie que, sin humor, negó con la cabeza. «El que calla, otorga» se dijo, dolida

—Increíble… —murmuró—. De verdad que es increíble.

—Leslie…

—No —lo cortó, alzando una mano—. No digas mi nombre como si eso fuera a arreglar algo.

Sus ojos brillaban de decepción y rabia contenida.

—Me besaste —continuó, más bajo pero mucho más firme—. Me besaste sabiendo que estás comprometido con otra mujer.

Jeff apretó la mandíbula. ¿Qué podía decirle si era cierto?

—No sabía cómo decírtelo.

—¿Cómo decírmelo? —repitió ella, incrédula e irónica a partes iguales—. ¿Qué tal con un simple «estoy comprometido» antes de besarme? O directamente, no haberlo hecho.

Jeff la miró serio. El reproche fue tan directo que le llegó al corazón. Pensaba que solo iba a ser un beso, pero había sido mucho más. Exhaló despacio, pasándose una mano por el pelo.

—Tienes razón.

—Claro que la tengo.

Jeff alzó la mirada.

—Lo siento.

—Es un consuelo saberlo —le respondió cargada de ironía.

—No solo por no habértelo dicho —añadió él, con voz más grave—. También por haberlo hecho, aunque no me arrepiento en absoluto.

Leslie frunció el ceño.

—¿Qué?

Jeff bajó la mirada un instante, antes de volver a centrarse en su bonito rostro, en sus ojos brillantes y en su sonrisa triste.

—Pensé que… —empezó, dudando—. Pensé que ya había pasado página, que te había olvidado…

Leslie tragó saliva, pero no dijo nada. Esa disculpa quizá podía compensar la que había esperado hacía tanto tiempo, por lo ocurrido entonces, pero en ese momento...